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“Tomando el café frente a Yorktown, Virginia, Mayo 1862”

Capítulo XXXII: El “Plan Maestro” de McClellan. La Campaña de la Península hasta Williamsburg.

En la mañana del 25 de Junio amanece un día soleado, atrás quedan las intensas lluvias que prácticamente han durado un mes, y la temperatura comienza a subir. La vista es magnífica, un pequeño bosque de robles centenarios rompe la monotonía del paisaje, el cual es atravesado por un arroyo que crea un pequeño pantano, ciertamente es una tierra que sosiega el alma. Es un perfecto día de verano en Virginia.

Pero esta tranquilidad es rota en mil pedazos cuando los fusiles empiezan a hablar en el interior del bosque. Rápidamente los hombres se aprestan al combate, los oficiales aprestan a sus hombres al combate y todos corren hacia el interior del bosque. Rápidamente el griterío y el idioma de la guerra envuelven todo el paisaje.

El día avanza y los fusiles eran sus señores, al atardecer más de mil hombres habían pagado su peaje. Y a pesar del cansancio en los rostros y la fatiga del combate, una mueca de satisfacción se aprecia en el rostro de los hombres, ¡la Confederación! se ha salvado y comienza a levantar su rodilla hincada en la tierra.

Las tornas del destino han girado y es el momento de reclamar un lugar bajo el Sol, pero debemos remontarnos unos meses atrás para entender el porqué de la satisfacción en los rostros de los hombres.

Lo primero que debemos analizar con un poco de profundidad es sin duda a uno de los personajes principales de esta guerra por derecho propio y este no es otro que el Mayor General George Brinton McClellan. Pues muchos de sus aspectos personales nos arrojarán luz para comprender su actuación.

George B. McClellan nacía el 3 de Diciembre de 1826 en Philadelphia. Perteneciente a una prominente familia oriunda de Pennsylvania y nieto del General Samuel McClellan de la Guerra de Independencia. A la temprana edad de 13 años iniciaba sus estudios de Derecho en la Universidad de Pennsylvania, pero tras dos años se decantó por la carrera militar. Su ingreso en West Point se realizó tras una carta de su abuelo al Presidente John Tyler pues la edad mínima de ingreso era con 16 años. El lo lograba con un año de adelanto, corría el año de 1842.

Pronto destacó en West Point debido a su energía y ambición, mostrando especial interés en los principios militares establecidos por Dennis Hart Mahan (padre de Alfred Thayer Mahan, quien crearía la doctrina de la USNavy hasta la actualidad) y Antoine-Henri Jomini. Dos de los principales teóricos militares del s. XIX. Y allí haría amistad con futuros protagonistas de esta guerra como JEB Stuart, Dabney Maury, Cadmus Wilcox y A.P. Hill, todos ellos sureños. Cuando se graduó en 1846 lo hizo en el nº 2 de su promoción, siendo el nº 1 Charles Seaforth Stewart quien sería Capitán de Ingenieros a las órdenes de McClellan en esta campaña y no ascendería a Mayor hasta 1863. (McClellan no olvidaba ese nº 2). Pero esta promoción de 1846 incluía aún más personajes ilustres, Thomas J. Jackson se graduaría en el nº 17 y George E. Pickett en el nº 59.

Con su nombramiento como Segundo Teniente Brevet de una compañía de ingenieros, rápidamente logró que fuese destinado a la guerra contra México, llegando en octubre. Por lo que se quejó de que había llegado demasiado tarde para participar en la Batalla de Monterrey. Un detalle curioso es que se presentó en su destino con su escopeta de dos cañones, dos pistolas, un sable, una espada de gala y un cuchillo “Bowie”. (Claramente tenía tendencia a la excesiva preparación). Al poco tiempo resultó afectado por la disentería y la malaria que lo obligaron a ser hospitalizado durante un mes, en las recaídas posteriores a lo largo de su vida él la llamaría “la enfermedad mexicana”.

Después ya realizaría una buena labor como oficial de ingenieros, siendo ascendido a Teniente por su acción en Churubusco y a Capitán tras la batalla de Chapultepec. Destacando en acciones de reconocimiento a las órdenes del entonces Mayor General Winfield Scott, quien era amigo personal del padre de McClellan.

Fue durante la guerra contra México cuando McClellan apreció el valor de las operaciones de sitio como en la Batalla de Veracruz, donde tras 3 días y noches de bombardeo y tan sólo 13 bajas se tomó la ciudad. O las ventajas del flanqueo frente al ataque frontal, como en la batalla de Cerro Gordo en donde el Cuerpo de Ingenieros comandados por Robert E. Lee habilitó un camino que rebasó la fuerte posición mexicana que empleado por las tropas de Scott lograron una contundente victoria sobre los mexicanos de Santa Anna que precisamente iban en auxilio de Veracruz. También tomó buena nota de la diplomacia de Scott tanto en los asuntos políticos como militares, la estricta orden de mantener la disciplina de las tropas incluso en territorio invadido, pero también la animadversión hacia las milicias y sus oficiales “políticos” por esa falta de disciplina.

Pero tras la guerra hubo de regresar a su destino como oficial de ingenieros en West Point e instructor de los cadetes, alternando misiones puntuales. Por lo dedicó parte de su tiempo al estudio y para finales de 1852 publicaba un manual de tácticas de bayoneta que prácticamente era una traducción del manual francés. Para 1853 el entonces Secretario de Guerra Jefferson Davis le envió para que localizase una ruta apropiada para el ferrocarril hacia el Pacífico. Allí se acentuaría su tendencia hacia la insubordinación con los cargos políticos, como cuando el Gobernador del Territorio de Washington Isaac Stevens le pidió los informes sobre sus trabajos de inspección referente al Paso Yakima. McClellan que había realizado una exploración tan escasa que seleccionó el peor punto. Esto quedó demostrado poco tiempo después cuando se localizaron tres puntos más apropiados en las cercanías de la misma ruta.

Para mediados de 1854, McClellan fue enviado a Santo Domingo, República Dominicana, en misión secreta para evaluar las posibilidades de invasión por encargo de Jefferson Davis, el cual le tenía como un protegido. En marzo de 1855 fue ascendido oficialmente a Capitán y destinado al 1º Regimiento de Caballería. Y de nuevo gracias a sus contactos políticos fue enviado como observador de los ejércitos europeos en la Guerra de Crimea. Esto le permitió relacionarse con lo más selecto de la sociedad europea tanto civil como militar. De su experiencia realizó un extenso informe que describía pormenorizadamente la organización de los ejércitos europeos, y redactó un manual sobre tácticas de caballería basado en el empleado por los rusos. (Después del papel de la caballería inglesa, “La Carga de la Brigada Ligera”, era igual mejor optar por los contrarios). Pero un error claro fue su omisión sobre la importancia que los nuevos rifles rayados habían demostrado sobre el campo de batalla. Aunque el no fue el único, sino que fue la omisión generalizada de todos los observadores que estuvieron en Crimea.

El principal legado de McClellan fue realizado en esta época, pues la caballería estadounidense adoptó su manual, y especialmente un nuevo de silla de montar desde entonces conocida como “silla McClellan” y que es la silla oficial de la caballería estadounidense hasta nuestros días. Aunque de nuevo no es algo original de McClellan, sino una adaptación de las empleadas por los húsares prusianos y húngaros. (Claramente la originalidad no era propia de McClellan).

El 16 de Junio de 1857 McClellan dejaba el ejército para aprovechar su experiencia en los ferrocarriles, logrando una exitosa carrera. Pero esta vida civil no le llenaba en sus ambiciones, por lo que seguía estudiando la estrategia militar clásica y valoró volver al ejército durante la Guerra de Utah contra los mormones e incluso ponerse al servicio de Benito Juárez en México.

Pero su momento llegó con el inicio de la Secesión. Los gobernadores de Ohio, Pennsylvania y New York le ofrecieron el mando de sus milicias, pues estaba considerado como uno de los mejores en logística y ferrocarriles, algo muy necesario ante la urgencia de movilización. Ohio fue su elección y el 23 de Abril de 1861 fue nombrado Mayor General de la milicia estatal. Aunque de inmediato fue llamado por el Ejército Regular y el 3 de Mayo era nombrado Comandante del Departamento de Ohio. Y sólo 11 días después era ascendido a Mayor General del Ejército. Con sólo 34 años era el segundo en rango de todo el Ejército sólo superado por el Tte. General Winfield Scott, que era el Comandante en Jefe. De nuevo esta ascensión meteórica se debió a sus “contactos” políticos, especialmente por el contacto con Salmon P. Chase, Secretario del Tesoro, antiguo gobernador y senador por Ohio.

En estos primeros días de la guerra tenemos uno de los episodios más clarificadores sobre la actuación de McClellan en el conflicto. El 27 de Abril, tan sólo 4 días después de asumir el mando en Ohio, escribió una carta a Scott en la que le hacía dos propuestas estratégicas para ganar la guerra. La primera consistía en que se dispusiera de 80.000 hombres bajo su mando e invadir Virginia a través del valle Kanawha para tomar Richmond. El segundo era con un ejército de iguales dimensiones invadir Kentucky y Tennessee siguiendo el curso del río Ohio. Ambos planes fueron desestimados por Scott al considerarlos logísticamente imposibles de realizar, a pesar de en palabras de Scott a McClellan: “gran confianza en su inteligencia, celo, ciencia y energía”, y le expresaba su intención de emplear esos 80.000 hombres en tomar el control del río Mississippi que junto al bloqueo naval estrangularía a la naciente Confederación. Este plan estratégico que sería “bautizado” por la prensa como Plan Anaconda, requería de paciencia y fue ridiculizado tanto por la opinión pública norteña como por los estamentos militares, aunque fuese finalmente la senda recorrida.

Las primeras acciones militares de McClellan en la guerra fueron bendecidas por el éxito. Sus fuerzas vencieron en la primera escaramuza de la guerra, “las Carreras de Philippi” y posteriormente en Rich Mountain. Aunque ya demostró su sello personal de una extremada precaución. Pero para la prensa unionista McClellan se convertía en su “gran héroe” y rápidamente fue apodado “General McClellan, el Napoleón de la Guerra Presente”, New York Herald.

El 21 de Julio de 1861 la Unión era derrotada en la 1ª Batalla de Bull Run y Lincoln llamó a Washington al héroe del momento. “McClellan era el hombre del momento, apoyado por los acontecimientos y escogido por el aplastante peso de la opinión pública y privada”, Carl Sandburg. El 26 de Julio era nombrado Comandante de la División del Potomac, y por tanto el “Protector” de Washington. Ese mismo día escribía a su esposa explicándole sus sensaciones del momento:

I find myself in a new and strange position here—Presdt, Cabinet, Genl Scott & all deferring to me—by some strange operation of magic I seem to have become the power of the land. … I almost think that were I to win some small success now I could become Dictator or anything else that might please me—but nothing of that kind would please me—therefore I won’t be Dictator. Admirable self-denial!

Me encuentro en una nueva y extraña posición aquí – Presidente, Gabinete, Gen. Scott y todos alrededor mío- y por alguna extraña operación de magia me he hecho con El Poder de la tierra…. Pensaba que podría lograr algún pequeño éxito pero ahora podría hacerme el Dictador o algo más en mi favor – pero nada de esa clase quiero para mí – por lo tanto no seré el Dictador. ¡Autoengaño admirable!
— George B. McClellan, carta a Ellen, July 26, 1861

El 20 de Agosto de 1861 nacía el “Ejército del Potomac” y McClellan era su primer comandante.

Ciertamente McClellan sacó a relucir sus mejores cualidades otorgando a “su” nuevo ejército de una excelente organización y aumentando la moral con sus continuas visitas. Al mismo tiempo convertía a Washington en una fortaleza inexpugnable rodeada de 48 fortalezas, con 480 cañones y 7.200 artilleros para su servicio. En sólo 4 meses “su ejército” había crecido desde los 50.000 a los 168.000 hombres, en noviembre era el mayor ejército jamás visto en el mundo en la Edad Moderna. Era el momento de probar su eficacia.

Pero McClellan no se decidía a moverse. Al tiempo que se acumulaban hombres y armas se acumulaban las tensiones en la Casa Blanca. El Plan Anaconda era abiertamente rechazado por McClellan, mostrando su preferencia por una la tan en boga creencia de la época en que una “batalla decisiva” al más puro estilo napoleónico decidiría toda la guerra, permitiendo salvaguardar el impacto sobre la población civil y terminar el conflicto sin ninguna injerencia sobre el sistema establecido. McClellan “sólo” necesitaba para ganar esa batalla de 273.000 hombres y 600 cañones.

Un aspecto importante sobre McClellan es su postura ante la institución de la esclavitud. La cual el veía amparada por la Constitución y que debía ser protegida por la autoridad federal. (Esta era la postura oficial del Gobierno con Lincoln a la cabeza). Y así lo reflejó en sus escritos en los que era opuesto al planteamiento de los Republicanos Radicales, “no lucharé por los abolicionistas”. Aunque se decantaba por una emancipación gradual en caso de negociar una paz. Esta postura le colocaba en un claro enfrentamiento con los políticos radicales que integraban el gobierno.

Aunque el mayor problema para McClellan cuando tomó el mando el Ejército del Potomac allá por Agosto de 1861 era que mientras el disponía de aquellos 50.000 hombres, la Confederación disponía en Virginia de 100.000 a 150.000 hombres. Estas estimaciones se derivaban de los informes que recibía de su “jefe de inteligencia” Allan Pinkerton, y a las que McClellan daba una total veracidad e incluso incrementaba en sus informes a la Presidencia. (Lo curioso es que esa “inferioridad” era precisamente inversa) Para el otoño de 1861 los confederados sumaban unos 60.000 hombres frente a Washington, por el contrario la Unión tenía en septiembre 122.000 hombres, en noviembre ya eran 170.000 y para final de año se contabilizaban 192.000 hombres.

“Genl Scott is the great obstacle—he will not comprehend the danger & is either a traitor, or an incompetent. I have to fight my way against him.”

“General Scott es el gran obstáculo – él no comprende el peligro y o es un traidor, o un incompetente. Tengo que pelear en mi camino contra él”

Carta de McClellan a su esposa el 10 de agosto de 1861.

Esta confidencia de McClellan a su esposa refleja perfectamente los pensamientos y acciones de nuestro protagonista, además de en fecha tan temprana desde su toma del mando. Scott era claramente menospreciado aunque no sólo por “nuestro napoleón” sino incluso por muchos del generalato. Aunque McClellan lo llevaba al extremo de incluso negarse a informar sobre detalles tan nimios como número de efectivos, disposición de los mismos, etc. Tan tensa se hizo la situación que Scott presentó su dimisión a Lincoln, quien en un principio la rechazó, pero ante los rumores sobre una posible dimisión de McClellan e incluso un golpe de estado si Scott seguía en su puesto, Lincoln aceptó la dimisión el 18 de octubre de 1861.

El 1 de noviembre de 1861, George Brinton McClellan se convertía en Comandante en Jefe de todos los ejércitos de la Unión. Con sólo 35 años. Lincoln le comentó a su nuevo comandante si no era demasiado trabajo ser comandante en jefe y al mismo tiempo comandante de ejército, la respuesta de McClellan fue: “Yo puedo hacerlo todo”.

Pero no todo estaba “despejado” en el horizonte de McClellan. Con la derrota de los unionistas en la Batalla de Ball’s Bluff en octubre el Congreso creó el “Comité Conjunto para la Conducta de la Guerra” (Joint Committee on the Conduct of the War). Este comité estudiaría la actuación de muchos generales acusándoles de incompetentes e incluso de traidores. Y McClellan como comandante en jefe fue llamado como primer testigo, pero el día de su comparecencia se encontraba afectado de fiebre y no pudo acudir. Siendo tomado testimonio a sus subordinados, los cuales declararon que ellos no tenían ningún conocimiento sobre las órdenes dadas por McClellan ni sobre planes futuros. Las primeras alarmas comenzaron a sonar en Washington, pero la respuesta de McClellan fue que en Washington era imposible guardar un secreto y por tanto prefería no comentar nada con nadie.

Y es que la actitud de McClellan hacia cualquier autoridad era deplorable. En privado calificaba a Lincoln como “nada más que un buen babuino”, “un indigno de su alta posición”. La anécdota más conocida se produjo el 13 de noviembre cuando el Presidente acudió a casa de McClellan y tuvo que esperar 30 minutos a que se levantara de la cama.

La respuesta de Lincoln se materializó el 10 de Enero 1862 cuando se llamó a consulta a todos los generales a Washington para que se presentase un plan conjunto de actuación. McClellan no acudió a la reunión y la respuesta de Lincoln derrochó ironía: “Si McClellan no quiere usar el ejército, me gustaría tomarlo prestado un tiempo”. El 12 de Enero McClellan fue obligado por el Gobierno a presentar sus planes de actuación.

Por primera vez comentaba su intención de transportar en barco hasta Urbanna, Virginia, el Ejército del Potomac para flanquear al “enorme” ejército confederado y atacar directamente Richmond. Pero no presentó ningún detalle concreto. El 27 de enero Lincoln, a sazón auténtico Comandante en Jefe según la Constitución, ordenó que el 22 de febrero todos los ejércitos unionistas debieran iniciar operaciones ofensivas. El 31 de enero incluso se redactó una orden expresa para el Ejército del Potomac, debía atacar las posiciones confederadas en Manassas Junction y Centreville. La respuesta de McClellan fue una carta de 22 páginas en las que detalladamente dejaba claro su desacuerdo con la orden recibida y presentaba su “Plan Urbanna”.

Finalmente McClellan accedió a avanzar, pero sólo para encontrarse que los confederados se habían replegado hacia el sur del río Rappahannock, lo cual anulaba totalmente el “Plan Urbanna”. La respuesta de McClellan fue cambiar el punto de desembarco por Fort Monroe en el extremo de la Península de Virginia. Pero este movimiento confederado inició las críticas de la opinión pública contra McClellan. ¿Cómo era posible que los confederados se hubiesen escabullido sin que nadie se diese cuenta? Y lo que era más increíble. ¿Cómo es que los innumerables cañones confederados resultaron ser troncos pintados de negro y que nadie se diese cuenta?

El 11 de Marzo de 1862 McClellan era cesado como Comandante en Jefe, quedando sólo al mando del Ejército del Potomac. La intención era “descargarle” de trabajo para que pudiese dedicarse por entero a la inminente campaña. Lincoln, el Secretario de Guerra Stanton y un grupo de oficiales asumieron el mando conjunto de los ejércitos en el entonces llamado “Consejo de Guerra”. La visión de McClellan era diferente: “se aseguraban del fracaso de la campaña”.

Como vimos en un capítulo anterior, la aparición del “CSS Virginia” en el río James había hecho sonar las alarmas en Washington ante la posibilidad de que los confederados dispusiesen de más de un acorazado que amenazase toda la campaña que iba a iniciarse. Pero la respuesta de la Unión poniendo en servicio el “USS Monitor” devolvió la tranquilidad y la decisión de continuar las operaciones.

El 17 de Marzo de 1862 el Ejército del Potomac comenzaba a desembarcar en Fort Monroe, Virginia. Esta fortaleza que siempre había estado en manos de la Unión controlaba un área de unas 12 millas de terreno, por lo que era un lugar apropiado donde desembarcar las tropas. El esfuerzo realizado por la Unión fue increíble para la época, y especialmente para la USNavy que en unas semanas desembarcó 121.500 hombres, 44 baterías, 1.150 carros y más de 15.000 caballos y mulas.

En el inicio de la campaña las tropas desembarcadas del Ejército del Potomac eran las siguientes:

II Cuerpo, Brig. Gen. Edwin V. Sumner
1ª División, Brig. Gen. Israel B. Richardson
2ª División. Brig. Gen. John Sedgwick

III Cuerpo, Brig. Gen. Samuel P. Heintzelman
1ª División, Brig. Gen. Fitz John Porter
2ª División, Brig. Gen. Joseph Hooker
3ª División, Brig. Gen. Charles S. Hamilton

IV Cuerpo, Brig. Gen. Erasmus D. Keyes
1ª División, Darius N. Couch
2ª División, William F. “Baldy” Smith
3ª División, Silas Casey

En los frentes de Virginia para finales de Marzo de 1862, el esfuerzo acumulado del Norte se hacía tan aplastante que parecía capaz de decidir la contienda por mero peso físico. Los Cuerpos de ejército I y V del Ejército del Potomac, que la Presidencia había hurtado a las órdenes de McClellan, disolviéndolos como tales y convirtiéndolos en Departamentos y fuerzas independientes, avanzaban ya hacia el Sur.

Así el antiguo I Cuerpo, ahora Departamento del Rappahannock y siempre bajo el mando de Irwin McDowell, había cedido su primera división, a las órdenes de William B. Franklin, a la fuerza de la Península, pero sustituyéndola con otra formada de las reservas y mandada por el Brigadier Rufus King. Y con ésta y las de los brigadieres Ord y Shield, que elevaban su fuerza sobre 25.000 hombres, había avanzado hasta la línea del propio río Rappahannock, que se empezaba a sospechar sólo protegida por la confederada División de Richard S. Ewell.

Por su parte el antiguo V Cuerpo, ahora Departamento del Shenandoah y a su vez mandado por Nathaniel P. Banks, se encontraba dispuesto a avanzar hacia el Sur desde la zona de Winchester con las divisiones de Augur y Williams, que añadían al círculo ofensivo cosa de 10.000 hombres. Y más al Oeste el Ejército de las Montañas de J.C. Fremont sumaba unos 25.000 hombres en otras tres divisiones, parte de las cuales se estaban internando enérgicamente en el Alleghany, y contaba con quizás otros 10.000 soldados en fuerzas territoriales.

Otros 50.000 hombres permanecían en torno a Washington: las divisiones de J. A. Dix, George Sykes y G.A McCall, (las dos últimas irían pronto a reforzar a McClellan en la Península), y el mando de Joseph K.F Mansfield, con una brigada autónoma a cargo de Samuel D. Sturgis (traído expresamente desde Missouri meses atrás), y varias fuerzas y guarniciones, incluyendo a las de los fuertes del cinturón defensivo de Washington, como Fort Albany, Fort Corcoran, Fort Lincoln, Fort Runyon, Fort Slemmer, Fort Totten y Fort Woodbury.

El esfuerzo era máximo a todos los niveles, desde la Ayudantía General del Brigadier Lorenzo Thomas, que ayudado por su segundo el Coronel de Voluntarios Charles G. Halpinc (más conocido como poeta bajo el seudónimo de Miles O’Reilly), suplía la inoperancia práctica de la Jefatura de Estado Mayor realizando parte de sus funciones, hasta la Intendencia General del ya Brigadier Montgomery Meigs, que actuaba en estrecha colaboración con el Intendente en Jefe del Ejército del Potomac en la Península de Yorktown, Coronel Rufus Ingalls.

Y también rendía grandes frutos la Comisión Sanitaria, que había creado importantes servicios auxiliares y aportados lujos de material como navíos-hospital, (los primeros del mundo), y cubierto Virginia y la Península con un extraordinario plantel de enfermeras, como Clara Barton, Amy B. Bradley, “Gentle Annie” Etheridge, Isabella Fogg, Helen L. Gibson, Eliza Harris, Charlotte E. McKay o la doctora Mary E. Walker.

Figuraban incluso entre ellas la Princesa Agnes de Salm-Salm, (que resultó una enfermera inesperadamente buena), y la primera doctora en medicina americana, Elizabeth Blackwell, que había obtenido su título en 1849, trece años atrás. A algunas de ellas ya las encontramos en acción en Bull Run, aunque de las que participaron en aquella batalla falta Kady Brownell, enviada con la Expedición de Burnside a North Carolina y que en la Batalla de New Bern, en la que su marido había resultado herido, repitió su hazaña de Bull Run de portar los colores regimentales.

En la Península, el Ejército del Potomac de George B. McClellan sumaba entretanto la recién llegada División de Franklin, las ocho correspondientes a los Cuerpos II, III y IV, y buena parte de la pequeña División de Caballería del Brigadier General George Stoneman, y estaba repleto de extras. Así el Arma de Artillería disponía de brigadas autónomas mandadas por los tenientes coroneles Robert O. Tyler y William Hays, bajo mando directo de su Jefe Artillero, Coronel Henry J. Hunt. Y los ingenieros, mandados personalmente por el Brigadier John Gross Barnard, incluían extras como el Servicio de Ingeniería Topográfica del Brigadier Andrew A. Humphreys, que contaba a su vez con una sección de globos cautivos creada y mandada por el famoso aeronauta Thaddeus Sobieski Constantine Lowe.

Es difícil dar una cifra del personal que todas estas formaciones suponían, aunque no podían bajar de 130.000 hombres, por supuesto sin contar el personal naval, ni los 10.000 suplementarios con que contaba el Departamento de Virginia del Mayor General John E. Wool en Hampton y Newport News. En efecto, dos estadillos realizados a 30 de Abril por distintos métodos dan las cifras de 112.000 hombres en servicio sobre un total de 130.000 y 109.000 sobre uno de 126.000, exclusivamente para el propio Ejército del Potomac. Desgraciadamente algo fallaba en aquel formidable ejército, y eso eran sus oídos y ojos (su Servicio de Información) y su corazón y cabeza (Estado Mayor). Porque Información y Mando estaban fallando de forma clamorosa.

En efecto, el nefasto Pinkerton seguía presentando sus fantasiosos informes sobre el potencial enemigo, (que sólo en sus días más optimistas hacía descender de 200.000 hombres, cuando en aquel momento el volumen real de todas las fuerzas confederadas de Virginia sumaban unos 75.000 hombres en la cuenta más optimista), y el Mayor General McClellan, apoyándose en tales informes, se movía con una lentitud y precaución que iban a dar al enemigo sus mejores oportunidades de victoria.

Cuando los unionistas desembarcaron en Virginia las fuerzas confederadas frente a Fort Monroe eran los 13.000 hombres del Mayor General John B. Magruder. El grueso de las fuerzas confederadas con Johnston al mando eran 43.000 hombres posicionados en Culpeper, a 137 millas. El Mayor Gen. Theophilus H. Holmes con 6.000 hombres en Fredericksburg a 110 millas. Y los 9.000 hombres del Mayor Gen. Benjamin Huger en Norfolk a tan sólo 8 millas, pero en la orilla opuesta del río James.

El Ejército del Norte de Virginia, creado el 14 de Marzo de 1862 (no fue “rebautizado” por Lee al tomar el mando) era en teoría el siguiente:

Ala Izquierda, Mayor Gen. D.H. Hill
1ª Brigada, Brig. Gen. Robert E. Rodes
2ª Brigada, Brig. Gen. Winfield S. Featherston
3ª Brigada, Brig. Gen. Jubal A. Early
4ª Brigada, Brig. Gen. Gabriel J. Raines

Ala Centro, Mayor Gen. James Longstreet
1ª Brigada, Brig. Gen. A.P. Hill
2ª Brigada, Brig. Gen. Richard H. Anderson
3ª Brigada, Brig. Gen. George E. Pickett
4ª Brigada, Brig. Gen. Cadmus M. Wilcox
5ª Brigada, Brig. Gen. Raleigh E. Colston
6ª Brigada, Brig. Gen. Roger A. Pryor

Ala Derecha, Mayor Gen. John B. Magruder
1ª División, Brig. Gen. Lafayette McLaws
1ª Brigada, Brig. Gen. Paul J. Semmes
2ª Brigada, Brig. Gen. Richard Griffith
3ª Brigada, Brig. Gen. Joseph B. Kershaw
4ª Brigada, Brig. Gen. Howell Cobb
2ª División, Brig. Gen. David R. Jones
1ª Brigada, Brig. Gen. Robert A. Toombs
2ª Brigada, Brig. Gen. George T. Anderson

Reserva, Mayor Gen. Gustavus W. Smith
Caballería, Brig. Gen. J.E.B Stuart

Pero como hemos visto la disposición de las fuerzas eran muy dispersas y se vieron sorprendidos. El único dispositivo defensivo de los confederados eran tres líneas defensivas que Magruder había dispuesto tiempo atrás. La primera se encontraba a unas 12 millas de Fort Monroe, pero eran simplemente algunos puestos de tiradores y algún reducto artillero. La segunda línea discurría desde Yorktown hasta Fort Eustis, Mulberry Island, que discurría a lo largo del río Warwick y que su curso era la principal dificultad. La tercera estaba a las afueras de Williamsburg, pero eran también pequeñas obras defensivas, con el objetivo de dar refugio en caso de abandonar las posiciones en Yorktown.

Todas estas líneas no eran impedimento alguno si los unionistas se decidían a avanzar con decisión. Su única utilidad era impedir que las avanzadillas unionistas pudiesen recabar información, especialmente la información más importante, la dispersión y escaso número de efectivos confederados.

El 4 de Abril los unionistas se ponían en marcha con el IV Cuerpo del Brig. Gen. Erasmus D. Keyes a la cabeza. El objetivo era tomar Yorktown que en un principio debía ser rodeada con ayuda de la Marina según el “Plan Maestro”. Pero estos planes debieron cambiarse tras la aparición del “CSS Virginia” y su inconclusa batalla frente al “USS Monitor”. Por lo que la USNavy no podía garantizar el control del río James y tampoco el del río York que estaba cerrado para los unionistas por las baterías confederadas en su desembocadura. La opción que quedaba era llegar por tierra.

Pero Magruder había dispuesto a sus 13.000 hombres a lo largo de su segunda línea defensiva, (algunas trincheras eran aquellas donde los revolucionarios lograron la rendición de Cornwallis en 1781), aunque sin posibilidad alguna de contener a los unionistas si iniciaban un ataque serio. Y el planteamiento de McClellan lo parecía, había ordenado al III Cuerpo de Heintzelman que fijase a los confederados en torno a Yorktown, donde se esperaba que estuviesen todas las tropas confederadas. Al mismo tiempo el IV Cuerpo de Keyes debía tomar dirección al río James para flanquear a los confederados por su derecha y cortarles sus líneas de comunicación.

Cuando los unionistas rebasaron la primera línea defensiva Magruder, que había sido actor aficionado antes de la guerra, realizó una de sus mejores actuaciones. Aprovechando el terreno y el conocimiento del mismo dispuso que sus tropas se replegasen de la forma más ruidosa posible y en múltiples grupos provocando escaramuzas para aumentar el desorden. De esta forma dio la sensación de que eran al menos 40.000 hombres, y lo lograron al menos frente a quien debían impresionar, que no era otro que a McClellan.

El IV Cuerpo hizo contacto con los confederados el día 5 de abril en Lee’s Mill, allí se encontraba desplegada la División de McLaws tras unos parapetos de tierra amontonada. Los primeros en desplegarse fueron los hombres del 7º de Maine a unos 900 metros mientras esperaban la llegada de la Brigada de John Davidson y su artillería. La acción del día se redujo a un duelo de artillería. Y al día siguiente, 6 de abril, la Brigada de Winfield S. Hancock envió a los regimientos 6º de Maine y 5º de Wisconsin hacia un punto conocido como Dam Number One con la intención de reconocer el terreno y calibrar la fuerza confederada. Se tomaron algunos prisioneros y aunque se estimaba que el lugar era propicio para avanzar, McClellan ordenó que se mantuviesen las posiciones.

El mismo parón ante la línea defensiva enemiga de Yorktown, que pretendía ahorrar fuerzas, ni siquiera lo estaba haciendo. En efecto, había apiñado el gran ejército unionista en una franja de tierras bajas e insalubres que, al producirse una larga serie de lluvias primaverales, extendieron las enfermedades pulmonares por él como un fuego de pólvora.

La diferencia entre “fuerzas totales” y “fuerzas presentes” en los dos estadillos que acabamos de citar es significativa, y casi peor es que incluyan específicamente cifras de enfermos (6.000 en el primero y 5.850 en el segundo). Como es obvio que en la Península no se daban permisos, (en todo caso se evacuaban los enfermos graves), significa puramente que las cifras indicadas como “ausentes” (respectivamente 12.135 y 11.040), son casos de evacuados fuera de la zona del ejército, hacia Hampton, los buques-hospital o la retaguardia lejana y probablemente los muertos. Esto coincide con los testimonios de varios de los Jefes de Cuerpo y División de aquellos días, que aseguraron que las bajas por enfermedad durante la detención ante Yorktown habían sido brutales.

Los confederados no salían de su asombro, el mayor ejército jamás visto y tras dos días de avance se había detenido tras el intercambio de unos cañonazos. Y el asombro era casi aún mayor en Washington, no se comprendía la actuación de McClellan. El cual ante los informes que le llegaban por parte de los agentes de Pinkerton y ahora por Keyes ordenó que se dispusiesen las tropas a sitiar Yorktown, y todo el Ejército del Potomac se dedicó a cavar trincheras durante diez días. Tiempo precioso para los confederados que aprovecharon para reforzar a Magruder y aumentar sus fuerzas hasta los 35.000 hombres. (Notorio refuerzo, aunque claramente insuficiente si los unionistas se decidían a atacar). En cambio McClellan recibía la noticia de que el I Cuerpo de McDowell que estaba defendiendo Washington seguiría en sus posiciones y no sería enviado a la Península como McClellan había planificado. (Esto fue sentido por el “pequeño Napoleón” como una zancadilla de Lincoln).

Si de algo se sentía seguro McClellan en estos días era justamente de su superioridad artillera. Por eso dispuso que nada menos que 15 baterías integradas por más de 70 cañones pesados (incluyendo 2 Parrotts de 200 libras y 12 de 100 libras). Además de 41 morteros que iban desde 200 mm. hasta los 330 mm. de calibre. Cada andanada lanzaría más de 3.000 Kg. de munición.

“Batería nº 4 de morteros de 13 pulgadas ante Yorktown 1862”

En la “pausa” provocada por los trabajos de sitio de Yorktown, la unidad de globos aerostáticos se dispuso a comprobar la eficacia de sus equipos. Esta novedosa unidad de observación contaba con dos globos, “Constitution” e “Intrepid”. Y uno de los primeros en comprobar su efectividad fue el Brig. Gen. Fitz John Porter que aprovechando el sitio de Yorktown decidió probarlo el 11 de abril, pero a punto estuvo de salirle caro el ensayo. Unos vientos llevaron el globo hasta las líneas confederadas que intentaron en vano su derribo, pero el viento cambió y regresó a las líneas unionistas.

Pero el tiempo pasaba y ante la inactividad el unionista Hancock volvió a tantear aquella posición del Dam Number One, lo cual llamó la atención de Magruder que ante esta segunda tentativa decidió reforzar la posición con tres regimientos a las órdenes del Brig. Gen. Howell Cobb y otros seis más en las cercanías en reserva. Movimientos que no pasaron desapercibidos para los unionistas, y McClellan ordenó que la División de William F. “Baldy” Smith acosase a los confederados para impedirles reforzar la posición, aunque con una limitación, debía evitar cualquier combate generalizado.

A las 8 de la mañana comenzaba a disparar la artillería para acto seguido la “Brigada de Vermont” del Brig. Gen. William T.H Brooks desplegarse para mantener un fuego de fusilería sostenido sobre los confederados. Y en ese momento se produjo una de las escasas visitas de McClellan al frente, y a la vista de la situación comunicó a “Baldy” Smith que podía cruzar el río si los confederados se retiraban, algo que comenzó a producirse a primera hora de la tarde. A las 3 de la tarde cuatro compañías del 3º de Vermont expulsaban a los últimos defensores confederados.

Pero los confederados no estaban dispuestos a dejar sus posiciones a la primera intentona. El Brig. Gen. Howell Cobb ordenó a su hermano Coronel Thomas Cobb que recuperase la posición con su “Georgia Legion”. Los chicos de Vermont se vieron superados y debieron abandonar la posición aunque tras una excelente actuación, pues tres hombres ganaron en esta acción la Medalla de Honor del Congreso (Tambor Julian Scott con sólo 16 años, Sargento 1º Edward Holton y Capitán Samuel E. Pingree).

El día terminó con la intervención del 4º de Vermont contraatacando la misma posición y el 6º de Vermont realizándolo río abajo, pero fueron repelidos por un intenso fuego confederado. El día se saldaba con una acción aparentemente insignificante pero que arrojaba un conteo de 35 muertos y 121 heridos para los unionistas a cambio de entre 60 y 75 bajas confederadas.

Y así transcurrió el resto del mes de abril, con los unionistas trabajando arduamente para emplazar su ingente artillería trabajos que duraron hasta el 5 de Mayo. Mientras tanto John E. Johnston había llegado junto a Magruder y ahora los confederados ya sumaban 57.000 hombres. Pero el confederado General Joseph Eggleston Johnston no tenía ninguna intención de hacerle frente pues, al contrario que McClellan, nunca había creído en la capacidad defensiva de aquella posición. Así y advertido el día 2 de Mayo de que, con la colocación de la última batería pesada en el sector de Yorktown, los preparativos unionistas parecían haber acabado, dio órdenes de retirada que se realizaron el día 3. Y la primera orden de Johnston fue enviar a sus carros de suministros que iniciasen el camino de vuelta hacia Richmond esa misma mañana, pues tenía claro que no se podría mantener la posición en cuanto comenzase el bombardeo.

McClellan que estimaba la fuerza confederada en 120.000 hombres, recibió noticias obtenidas por esclavos fugitivos que cruzaban las líneas hacia los unionistas de que los confederados se estaban retirando. Pero no creyó esta información pues estaba convencido de que Johnston pelearía con el “inmenso” ejército confederado.

Al menos, para los días 2 ó 3 de Mayo, la línea enemiga estaba a punto de ser asaltada. Frente a 94 cañones de calibres superiores montadas en ella por los confederados, la Unión había emplazado casi 250 y de superior calidad, acumulando en el pequeño sector de Yorktown, por el que se pensaba expugnarla, 111 piezas en 15 baterías. El ataque parecía inminente.

Esa misma tarde del 3 de Mayo, la artillería confederada disparó algunas andanadas y después el silencio. A la mañana siguiente el Brig. Gen. Heintzelman se decidió a “probar” uno de esos nuevos globos de observación y su sorpresa fue mayúscula. ¡Los confederados habían desaparecido!

La noticia corrió como la pólvora por el campamento unionista y McClellan sólo reaccionó ordenando a su caballería bajo las órdenes del Brig. Gen. George Stoneman que fuese en su búsqueda. Mientras la División de William B. Franklin debía embarcar en los transportes fluviales y remontar el río para intentar detener la retirada confederada. Aunque esta maniobra llevaría dos días para embarcar la tropa y sus equipos, lo cual invalidaba a toda una división.

Un mes y medio había transcurrido y el enorme Ejército del Potomac sólo había avanzado unas pocas millas en la que debía ser una fulgurante marcha hasta Richmond.

La cautela de McClellan y lo restrictivo de sus instrucciones en cuanto a patrullas y tanteos, hicieron que el movimiento no fuese confirmado hasta bien avanzado el día 4 de Mayo, que fue cuando se impartieron las primeras órdenes para iniciar la persecución. Pero por desgracia para Johnston, el mismo día 3 había vuelto a llover además a cántaros. Y como llevando consigo el grueso de los elementos empleados en sus posiciones defensivas, su ejército arrastraba un pesado y enorme tren de bagajes, éste acabó empantanado a la altura de la localidad de Williamsburg, dando una oportunidad dorada al enemigo.

Los unionistas empeoraron sus oportunidades, en parte por lanzarse sobre el botín dejado atrás por los confederados, (en general escuálido, pero que incluía 56 cañones pesados obsoletos, de los que sólo 3 habían sido saboteados), y en parte por la extraña actitud de su comandante en jefe.

En efecto McClellan sólo dio una orden de persecución muy genérica, pasando después a Yorktown, muy congestionado, donde se puso a ordenar el tráfico de las columnas y arreglar detalles administrativos para la salida de una expedición, mandada por Fitz John Porter, que remontaría el Clyde de York en barcos para apoderarse de West Point, en la desembocadura del Pamunkey y tratar de cortar la retirada de Johnston.

Pero realizando estas funciones más propias del personal del Estado Mayor que del Comandante en Jefe, no estaba disponible para marcar itinerarios de avance y solucionar conflictos de mandos. Así Samuel Peter Heintzelman, Comandante del III Cuerpo, que había iniciado la persecución con energía, chocó con Erwin Vose Sumner del II, que aunque no tenía aún sus tropas en línea reclamaba la dirección de la persecución como Jefe de Cuerpo más antiguo. Y mientras dirimían su disputa, las divisiones perseguidoras no tuvieron ni informes ni órdenes.

Mientras, el confederado Johnston trabajaba para sacar su tren de bagajes del barro y para ampliar su margen, envió la División de James Longstreet, apoyada por la de Daniel Harvey Hill, a cubrir el cruce donde, al Este de Williamsburg, confluían los caminos de la Península al interior de Virginia. Magruder había erigido allí un fuerte, (naturalmente Fort Magruder), y una línea de obras defensivas en las que, aun inacabadas, se podía apoyar.

Ante ellas llegó en la tarde del 4 de Mayo la vanguardia de la División unionista de Caballería, que constaba de las brigadas de los coroneles George Stoneman, George A.H Blacke y William H. Emory, con un total de 8 regimientos y un escuadrón, y 4 baterías montadas. Su vanguardia era la fuerza de Stoneman, con el 2º US Cavalry (antiguo 2º Dragoons), del Mayor Alfred Pleasonton, los regimientos de voluntarios 3º y 4º de Pennsylvania de los coroneles John B. McIntosh y S.B.M Young y una batería montada (4 piezas de 6 libras).

Pero los caballos, y en especial los de los voluntarios, aún poco duchos en su cuidado, habían sufrido aún más que los hombres ante Yorktown, y es difícil que Stoneman alineara más de 700 sables aquel día. Esta pequeña fuerza fue recibida desde posiciones estables por un infernal fuego de artillería y fusiles, contraatacada por sólidos cuerpos de tropa y perseguida por la caballería confederada que realizaba el reconocimiento para Longstreet. Los unionistas sufrieron más de 100 bajas y si no fue totalmente arrollada se debió a la cobertura que dieron a su retirada los regulares de Pleasonton.

Este Alfred Pleasonton era al inicio de la guerra un Capitán de Caballería más cualificado que Stoneman, con mucha experiencia en estados mayores y precisamente oficial ayudante del ahora difunto Albert S. Johnston en Nevada y Utah. Pero, mientras Stoneman hacía méritos en Texas y West Virginia, él tardó demasiado en aparecer por Washington solicitando un mando.

¿Era acaso un unionista tibio? ¡No! Sólo estaba chiflado por un caballo adquirido hacía poco, (un enorme y espectacular semental bayo de crines y calcetines negros), del que no quería separarse. Por llevárselo consigo y no perderlo de vista, su viaje devino en una interminable odisea, haciéndole llegar con un retraso que quizá le costó dos grados en el escalafón. Pero Pleasonton montaría aquel caballo durante toda la contienda y llegaría a ser quizá el más brillante Jefe de Caballería de la Unión.

La 2ª División de Joseph Hooker, del III Cuerpo, había sido asignada a apoyar a la caballería, pero no empezó a avanzar hasta mediodía, y sufrió un retraso adicional cuando, por falta de itinerarios claros, sus columnas se enredaron con las de la División de William F. Smith, del IV Cuerpo. Así que no apareció ante Fort Magruder hasta la mañana del día 5 de Mayo.

Los jinetes de John B. Hood, demasiado encelados en molestar la retirada de Stoneman, habían descuidado en tanto su misión de vigilancia, y Hooker obtuvo con su llegada cierta sorpresa táctica, encontrando a la División de Longstreet aún mal concentrada. Y Hooker, que cultivaba una imagen agresiva (pronto llegó a ser apodado “Fighting Joe”), decidió aprovecharlo lanzándose rápidamente al ataque.

Por desgracia no se molestó en examinar el terreno y ocupar puntos dominantes, creyendo poder resolverlo todo con un fuerte empujón frontal contra Fort Magruder. Pero aunque logró alcanzar pronto sus defensas exteriores, Longstreet era un hábil oficial manejando su tropa, y logró concentrar la suficiente en aquella obra para no permitirle pasar.

El combate se prolongó durante horas, con Hooker fuertemente asido a sus primeras conquistas, clamando por refuerzos y convencido de que tenía la llave para hacer saltar la posición confederada. Esperaba la llegada de la 2ª División de “Baldy” Smith del IV Cuerpo que avanzaba al norte de su posición por el camino de Yorktown que al oír el ruido de los combates se disponía a acudir. Pero su superior Sumner le había ordenado detenerse a una milla de distancia preocupado por un posible ataque confederado en el camino de Yorktown.

Longstreet, un hombre corpulento y barbudo de aspecto a veces somnoliento, y una cabeza fría y aguda, no trataba de desalojarle, aprovechando en cambio su empecinamiento para desgastarle por el fuego mientras se redesplegaba para el contraataque. Pero ignorando totalmente a Smith o Sumner, el objetivo eran los hombres de Hooker. Finalmente éste se produjo como un latigazo con la Brigada de Cadmus M. Wilcox, y rompió casi en el acto la línea de Hooker, obligándole a retroceder dejando atrás más de 1.000 bajas.

El unionista logró de momento evitar la desbandada mientras las bandas de música tocaban “Yankee Doodle”, pero Longstreet le apretaba duro, y hubiese seguramente sufrido un desastre de no aparecer en su refuerzo la 3ª División de Philip Kearny, que pertenecía a su III Cuerpo. Si Hooker cultivaba su imagen de duro a la antigua con su cara delgada y afeitada, Kearny lucía unos bigotes y perilla a lo mosquetero exageradamente largos, al estilo del Quijote dibujado por Gustavo Doré. Hijo de una rica familia mercantil neoyorquina, había ido a West Point pese a la oposición de sus padres que, para escándalo de la “buena sociedad” tradicional, lo preferían en Yale.

Obtuvo sin embargo en la anteguerra el mando del 1º de Dragones, y lo convirtió en el favorito de los desfiles, gastando de su propia herencia para dotarlo enteramente de caballos tordos. Era el primer regimiento montado estadounidense con todos los caballos del mismo color, cosa que se haría más común a finales de la década de 1870, al estabilizarse y multiplicarse la raza de alazanes “Morgan”, en la que el Ejército ya trabajaba desde antes de la guerra. Como residuo de esos días, Kearny mandaba a veces su división montando “Moscow”, un gran semental blanco, que es el color de los caballos tordos maduros.

Para sacar a Hooker del aprieto, Kearny hizo cargar a su división en orden de marcha, sin detenerse a desplegar sus fuerzas. Eran aproximadamente las 2:30 de la tarde cuando Kearny a lomos de su caballo y con el sable en su único brazo (perdió el brazo izquierdo durante la guerra con México), obligando a los confederados a retirarse del camino de Lee’s Mill hacia los árboles y sus posiciones defensivas. Longstreet hubo de soltar su presa y replegarse ante esta rápida maniobra, pero lo hizo sin perder muchas plumas, e hizo acudir a la División de Daniel H. Hill, aprovechando el intervalo que ambas unidades unionistas, (la de Kearny desorganizada por su improvisada carga, y la de Hooker por el vapuleo sufrido), necesitaban para redesplegarse contra él.

D.H Hill acudió enseguida, restableciendo la paridad en el campo de batalla, pero lo mismo hicieron a su vez las dos primeras brigadas de la División de William F. Smith, del IV Cuerpo, que actuaron como unidades independientes al haber quedado el mando divisionario muy atrás. Las mandaban los brigadieres John J. Peck y Winfield S. Hancock y mientras Peck se enzarzaba en combate, Hancock penetró más profundamente, ocupando unas obras defensivas situadas en una altura.

La Brigada de Hancock que había avanzado unas millas por el flanco derecho unionista cruzando Cub’s Creek hasta una pequeña presa conocida como Jone’s Mill desde donde dominaba todo el flanco confederado comenzó a bombardear el flanco izquierdo confederado. Longstreet que se había dado cuenta de su posible importancia, pero no había tenido primero suficientes hombres, y luego suficiente tiempo, para guarnicionar unas posiciones defensivas que había en la zona envió a la Brigada de Jubal A. Early que pertenecía a la División de D.H Hill a una posición llamada College of William and Mary guiados por el ruido de la artillería unionista. Hooker y Kearny al parecer no lo habían notado y al pedirles Hancock refuerzos para atacar desde allí, le respondieron con la orden de retirarse de aquella posición.

Pero Early pecó de entusiasmo y envió a dos regimientos (24º y 38º de Virginia) de los cuatro que tenía a través de los bosques sin adelantar piquetes. Cuando salieron de los árboles no estaban en el flanco de Hancock sino justamente en frente de sus cañones.

Hancock que seguía siendo llamado por Sumner para que se retirase hacia Cub Creek utilizó el ataque confederado como la excusa que le impedía cumplir la orden mientras Longstreet y Hill organizaban rápidamente una fuerza de ataque de 6 regimientos, de la División de Hill, para subir a desalojarlo a toda costa.

El asalto se produjo por el 24º de Virginia pero fue en vano e incluso Early fue herido en el hombro. Al mismo tiempo D.H Hill salía de los bosques acompañado por el 5º de Carolina del Norte sumándose al asalto sin calibrar la fuerza unionista. La cual estaba compuesta por 3.400 hombres acompañados de 8 cañones, excesivo bocado para los 1.200 confederados y sin apoyo artillero.

Estas tropas forcejearon un rato ladera arriba hasta que, viendo que la fuerza de Hancock desaparecía de la cima, corrieron a ocuparla gritando, agitando sombreros y banderas, y haciendo disparos al aire para celebrar su victoria. Pero Hancock que sólo había retirado su brigada 30 pasos ladera abajo, lo justo para que la línea de máxima cota la ocultara, la tenía desplegada allí en línea de combate, armas listas y bayonetas caladas. En el momento en que la masa confederada alcanzó la cima en desorden, y quedó allí clavada ante la sorpresa de encontrarse con la visión de la línea azul frente a ella, acto seguido se dio orden de fuego.

Hancock estaba junto a Amasa Cobb, Coronel del 5º de Wisconsin, el regimiento más a vanguardia con el 6º de Maine, y pudo apreciar el brutal efecto de la descarga a bocajarro, lanzando a continuación a sus hombres a la bayoneta, de manera que el acero frío acabó lo que iniciara el caliente fuego. En apenas diez minutos la fuerza sureña había sido desmenuzada y diezmada. Sufriendo cientos de bajas por una treintena de la Unión.

Los norcarolinos dejaron 302 bajas junto a las 508 de los virginianos, el recuento total de los unionistas sumaban unas 100 al final del día. Cuando este combate llegó a oídos de la prensa nordista y McClellan lo calificó como un magnífico ataque a la bayoneta, el sobrenombre estaba asegurado, “Hancock el Magnífico”.

Mientras esto ocurría la Brigada de John J. Peck que pertenecía a la 1ª División de Darius N. Couch del IV Cuerpo se situaba a la derecha de la línea de Hooker que para las 3 de la tarde había sido rechazado frente a Fort Magruder, manteniéndose a unos 900 metros de las defensas confederadas. Las tropas unionistas no estaban para más combates, muy bajas de moral especialmente tras la pérdida de dos baterías, aunque la recuperación de una de ellas por los hombres de Peck evitó que los unionistas se retiraran en desbandada.

La presencia de Hancock, ya muy difícil de desalojar en aquella altura, estropeaba la posible ventaja de posición de los confederados. Y puesto que el tren de bagajes de Johnston hacía tiempo que había salido del atasco, Longstreet se retiró aquella noche a través de Williamsburg, donde dejó para que fueran rescatados unos 800 prisioneros que estaban heridos, (y que así no entorpecían su fuga, y sí cualquier persecución), dándose fin a la que se llamó “Batalla de Williamsburg”.

La Unión había perdido una batería montada de la caballería y 4 piezas de una batería de Hooker, sufriendo 2.283 bajas, con 460 muertos, 1.400 heridos y 423 prisioneros ilesos. (Casi 1.600 de tales bajas las habría sufrido Hooker). Las bajas confederadas no llegaban a 2.000 y sin la acción de Hancock ni siquiera hubieran alcanzado las 1.000 bajas.

Entre los brigadieres confederados distinguidos en la batalla estaba el ya comandante de brigada en Bull Run Jubal A. Early, que resultó seriamente herido, así como George E. Pickett y James L. Kemper en la División de Longstreet; y Roswell S. Ripley, Robert E. Rodes y Samuel Garland en la de D.H Hill.

De los unionistas se distinguió el arrojo un poco ciego de otro exjefe de brigada en Bull Run, Oliver O. Howard, de la fuerza de Hooker, la acción de Hancock y la carga de Kearny que, como dos de sus brigadieres, David B. Birney y Hiram G. Berry, no llegarían a ser testigos del final de la guerra.

Hablando de veteranos de Bull Run, el Gobernador de Rhode Island William Sprague, que asistió como civil a aquella acción tras rechazar un mando de brigadier, lo había aceptado ahora y como tal dirigió la artillería unionista en las últimas fases de Williamsburg. A los pocos días se cansaría del juego, colgando el uniforme para lograr un escaño en el Senado, como seguidor del Secretario del Tesoro Salmon Chase.

Así mientras se sucedían los combates en torno a Williamsburg y medio Ejército del Potomac estaba implicado en la persecución de los confederados, la División de William B. Franklin había logrado al fin embarcarse y remontar el río York hasta la desembocadura del Pamunkey donde se encuentra West Point (no confundir con la academia militar, esa se encuentra en el Estado de New York), acompañado por las cañoneras “USS Sebago”, “USS Wachusett” y “USS Maratanza”. Su objetivo era internarse en dirección al río Chickahominy para detener la retirada confederada.

McClellan confiaba en esta maniobra tanto que siguiendo a Franklin fueron embarcadas las divisiones de Fitz John Porter, John Sedgwick e Israel B. Richardson. Su punto de desembarco sería unas 5 millas al sur de la localidad de Barhamsville, donde se encontraba un importante cruce de caminos por donde se retiraban los confederados. Era ya el día 6 de Mayo cuando los unionistas llegaban y debieron emplear sus barcazas de río para construir un embarcadero en el que poder llevar su artillería y bagajes a tierra. El trabajo se prolongó hasta bien entrada la noche mientras algunos piquetes confederados les hostigaban.

Ante la maniobra unionista Johnston ordenó al Mayor General G.W. Smith que protegiese el camino hacia Barhamsville mientras se completaba la retirada. Y para este cometido se envió a la División del Brig. Gen. William H.C Whiting junto con la Hampton’s Legion del Coronel Wade Hampton.

El 7 de Mayo de 1862 Franklin comenzó a desplegar sus fuerzas, ordenando a la Brigada de John Newton que se desplegase en los bosques a ambos lados del camino. Tras el estarían las brigadas de Henry W. Slocum y Philip Kearny. Cuando los unionistas comenzaron a avanzar los piquetes desplegados por Newton se toparon con la Brigada de Texas del Brig. Gen. John B. Hood que se dirigía a su encuentro con la Hampton’s Legion a su derecha.

Hood ordenó a su brigada que se internase en el bosque, pero temiendo que en la confusión sus propias unidades se tiroteasen mandó avanzar con los fusiles descargados. Lo curioso es que según avanzaba, el propio Hood se vio sorprendido por un piquete unionista a menos de 15 pasos de distancia. La suerte se puso de su lado cuando el soldado John Deal del 4º de Texas abatió al unionista cuando éste estaba a punto de disparar sobre Hood. (Bendita desobediencia la del soldado pensaría Hood). Cuando una segunda brigada confederada apoyó a los texanos a su izquierda, los unionistas se retiraron de los bosques hasta las proximidades del río buscando la protección de las cañoneras que les habían acompañado al remontar el río.

Los confederados intercambiaron unos cuantos cañonazos al final de la mañana, pero para las 2 de la tarde desaparecieron totalmente de la zona. Los unionistas volvieron a desplegar sus piquetes en los bosques, pero no avanzaron ni una milla.

Esta escaramuza, aunque llamada “Batalla de Eltham’s Landing” no tuvo más importancia que la de un “pudo haber sido pero no lo fue”. Franklin informaba a McClellan que se encontraba muy satisfecho por haber mantenido la posición, pero lo cierto es que no había hecho nada por entorpecer la retirada confederada y se había dejado 194 bajas frente a las 48 confederadas. Quien sí podía estar contento era por el contrario Joseph E. Johnston, que había comprobado como sus hombres habían realizado a la perfección su trabajo de con un “ligero toque” mantener a los unionistas agazapados sin implicarse en un combate. Incluso Johnston preguntó a Hood ¿que hubiese pasado si le hubiese pedido atacar con contundencia a los unionistas? Y Hood respondió: “Supongo General que los hubiese empujado hasta el río, y nadando tratar de capturar las cañoneras”

Tras Williamsburg, una batalla reñida bajo fuertes lluvias, Ejército y Opinión Pública esperaban una rápida persecución hacia Richmond. Pero McClellan optó de nuevo por la solución más gradual, empezando por aguardar al desembarco de Fitz John Porter en West Point. Éste se realizó el 7 de Mayo, pero tras la escaramuza y el consiguiente barullo típico de todo desembarco todo se ralentizó.

Entretanto el Presidente Lincoln, dejando a Seward al frente del Gobierno, se había presentado el 5 de Mayo en las Hampton Roads, visitando el nuevo buque insignia de Goldsborough, el “USS Minnesota”, y al Mayor General Wool en Fort Monroe. Le acompañaban los Secretarios de Guerra y del Tesoro, Stanton y Chase, y habían llegado descendiendo la Chesapeake Bay en la goleta “USS Miami”, (perteneciente al Tesoro en la anteguerra).

Buscaban reunir información de primera mano y también asistir a un intento del escuadrón de la zona de obligar al “ram” enemigo “CSS Virginia” a aceptar el combate. El buque blindado confederado había hecho acto de presencia realizando tres salidas desde los combates de Marzo, obteniendo resultados sólo el 10 de Abril, en que apoyado por la flotilla del Comodoro Tucker, pudo hundir tres transportes.

El 6 de Mayo, una fuerza de Goldsborough bombardeó las baterías sureñas de Sewell’s Point para hacer acudir al “CSS Virginia”. Pero aunque el “ram” hizo acto de presencia, se retiró sin aceptar el combate. El frustrado Presidente oyó entonces que las fuerzas confederadas dejadas por Huger en la zona de Norfolk se replegaban, acudiendo a la defensa de Richmond. Y de inmediato propuso la posibilidad de tomar Norfolk, con el Gosport Navy Yard y el “CSS Virginia”, con las tropas de Wool.

Un plan de acción fue rápidamente preparado por Goldsborough, Wool, Lincoln, Chase y el Brigadier Egbert Viele, que regresado de South Carolina por motivos de salud, había acompañado a los políticos en el “USS Miami”. Incluso Lincoln, Chase, Wool y Viele, se embarcaron en un bote del “USS Minnesota” para reconocer una playa que parecía adecuada para el desembarco, era Willoughby Point. Allí les recibió alegremente un grupo de esclavas negras, (que no reconocieron a Lincoln, pero sabían lo que significaban los uniformes de los dos generales). Esa misma noche las tropas de Wool se embarcaban en los transportes mientras el propio Lincoln ordenaba al “USS Monitor” se presentase ante la batería confederada de Sewell’s Point para comprobar si estaban activas, comprobando que sólo las ocupaba el más absoluto silencio.

El 10 de Mayo de 1862 Norfolk Navy Yard fue invadida por las llamas, los confederados estaban abandonando la ciudad y los astilleros. Esa misma tarde los unionistas llegaban y el Mayor William Lamb tuvo el “honor” de rendir la ciudad de Norfolk al Brig. Gen. Wool junto con los astilleros. Esta acción le valdría a Wool el ascenso a Mayor General del USArmy.

Destacable es con que facilidad los confederados dejaron en manos de la Unión, acción decidida unilateralmente por el Mayor General Benjamin Huger. Pero aunque ya se había decidido por parte de la Confederación que Norfolk estaba condenada en cuanto los unionistas decidieran su conquista, cierto era que debían realizarse importantes trabajos en el río James para que el “CSS Virginia” pudiese remontarlo. Así ante la aparición de la flota unionista en el horizonte el destino del acorazado estaba marcado. Su calado de 5,5 metros le imposibilitaba para navegar río arriba y puesto que no se podía permitir que cayese en manos del enemigo, fue llevado hasta la isla Craney donde su tripulación procedió incendiarlo.

Sin apreciar las consecuencias de esta acción los confederados habían abierto para la USNavy todas las aguas que rodeaban la Península de Virginia. Que aunque realmente ya sucedía, sólo la posible aparición del “CSS Virginia” era suficiente para ralentizar mucho los movimientos navales en la zona.

Con el río James abierto para la Unión llegaba el momento de tantear las defensas de la propia Richmond. La principal defensa confederada en el río James era Fort Darling situada en Drewry’s Bluff que se encontraba en una pronunciada curva del río a tan sólo 11 Km. De Richmond. Allí estaba desplegada una fuerza conjunta de la CSNavy, mandada por el Comandante Naval Ebenezer Farrand, y del CSArmy, mandada por el Capitán Augustus H. Drewry, propietario de los terrenos donde se encontraba la fortaleza.

Fort Darling contaba con 8 cañones a los que se sumarían 5 cañones navales recuperados del “CSS Virginia” y uno de 200 mm. del “CSS Patrick Henry”. Además se habían dispuesto pozos para tiradores en las orillas del río. Las defensas las completaba una serie de vapores hundidos, escollos de ruinas, barcos unidos por cadenas,… Unos obstáculos que unidos a la estrechez del cauce hacían muy difícil cualquier maniobra.

“Batería Dantzler en Fort Darling”

Pero el 15 de Mayo un destacamento naval a las órdenes del Comandante John Rodgers salió de Fort Monroe con la orden de tantear las defensas confederadas en el río James. El destacamento estaba integrado por el acorazado “USS Monitor”, la cañonera acorazada “USS Galena”, el cañonero “USS Aroostook”, el vapor “USS Port Royal” y el acorazado experimental “USRC Naugatuck

A las 7:45 de la mañana el destacamento se presentaba ante Fort Darling con el “USS Galena” al frente. A una distancia de 500 mts. Rodgers ordenó anclar el barco y acto seguido la fortaleza abrió fuego. Dos impactos perforaron el ligero blindaje del buque, este era el inicio de tres horas de cañoneo durante el cual sumaron 45 impactos. Otros como el “USS Monitor” también fue objetivo de los confederados, pero su blindaje hacía totalmente inútil cualquier impacto. Jeffers, del “USS Monitor”, quiso adelantarse más pero encontró que a menor distancia sus cañones no tenían suficiente elevación para batir la fortaleza, pues al estar elevada 34 mts sobre el río los unionistas no podían lograr la elevación necesaria. Y el “USRC Naugatuck” hubo de retirarse en medio del combate cuando su Parrott de 100 libras explotó.

El “Monitor” sólo recibió tres impactos, que rebotaron en su blindaje, pero sus dos cañones ofrecían una potencia de fuego insuficiente a la distancia en que se produjo el combate. Y el “Galena”, que hacía mejor blanco, sufrió mucho más. Trece impactos perforaron sus delgados blindajes y el buque quedó muy castigado.

Hacia el medio día los unionistas se retiraban con 14 muertos y 11 heridos por los 7 muertos y 8 heridos de los confederados. Lo más destacable de este combate fue la actuación del Cabo Marine John F. Mackie quien a bordo del “USS Galena” mostró su valor manteniendo un fuego sostenido de fusilería y cuando los artilleros navales de un cañón cayeron heridos reunió un grupo de marines para seguir manteniendo el fuego. Esto le convirtió en ser el primer marine que recibía la Medalla de Honor el 10 de Julio de 1863.

Cabo Marine John F. Mackie a bordo del “USS Galena

Esta acción no tendría mayor importancia, ni siquiera dentro de las acciones acontecidas durante la Campaña de la Península sino fuera porque Rodgers informó a McClellan de la posibilidad real de que la USNavy podía desplegar sin ningún impedimento tropas a tan sólo 16 Km. de Richmond. Pero esta probabilidad nunca fue contemplada por nuestro “Pequeño Napoleón”.

La prensa unionista, frustrada por la falta de victorias tras la esperada caída de Yorktown, se cebó contra el mando del Flag Officer Goldsborough, indignado por lo injusto de sus críticas insistió en que se retractaran, (ignorando que la Prensa jamás admite sus errores), y acabó dimitiendo pasándose a la reserva. Como su antigua zona naval estaba ya muy controlada, su escuadrón sería disuelto. Un par de flotillas, en las Hampton Roads y los Sounds, se encargarían de cualquier aparición confederada que saliera de sus ríos, y la pequeña zona del Sur de North Carolina fue agregada a la del Escuadrón Sur Atlántico de S.F Dupont.

Mientras McClellan, que había permanecido en Williamsburg hasta el 8 de Mayo, avanzó lentamente haciendo contacto con Fitz John Porter en West Point el día 13. Luego envió entre el 15 y el 16 de Mayo a la caballería de Stoneman a White House, un minúsculo lugarejo sobre el Pamunkey, casi todo propiedad de la esposa de Robert E. Lee, que había heredado de George Washington la “casa blanca” que le daba el nombre, y un estupendo puerto fluvial donde McClellan planeaba instalar su base logística.

Al fin el unionista había conseguido que se le enviaran las divisiones de Sykes y McCall, y luchaba por obtener también la fuerza de McDowell. Además creó dos mandos más de Cuerpo de las divisiones de Porter y Franklin, reduciendo los efectivos de los cuerpos a dos divisiones, reorganizando el Ejército del Potomac de la siguiente forma:

II Cuerpo. Edwin V. Sumner
División Israel B. Richardson
División John Sedgwick
III Cuerpo. Samuel Peter Heintzelman
División Philip Kearny
División Joseph Hooker
IV Cuerpo. Erasmus D. Keyes
División Silas Casey
División Darius N. Couch
V Cuerpo. Fitz John Porter
División George Sykes
División George W. Morrell
VI Cuerpo. William Buell Franklin
División William F. Smith
División Henry W. Slocum

División de Caballería Philip St. G. Cooke
División de Reserva de Pennsylvania George A. McCall

En cuanto a la antigua División de Porter, había sido canibalizada, yendo a parar una de sus brigadas a la de Sykes, que sólo tenía dos de regulares, y el resto a completar otras formaciones y cubrir bajas varias.

Respecto al esfuerzo de McClellan por obtener las divisiones de McDowell, el Presidente se negaba a enviarlas por mar, afirmando que el camino directo a Washington nunca debía quedar descubierto, y sólo aceptaba que se le unieran cruzando el Rappahannock bajo expresa condición de que su posición en el despliegue nunca las obligara a dejar de cubrirlo.

Sólo que para torpedear un acuerdo de este tipo Robert E. Lee, como consejero militar próximo al Presidente Davis, había logrado que se otorgara a “Stonewall” Jackson sustanciosos efectivos y manos libres para actuar en el Shenandoah, con el encargo expreso de fingir una amenaza que descendiendo el valle contra el Harper’s Ferry, insinuase la posibilidad de una conversión de frente al Este contra Washington.

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