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“New Orleans Mint 1862”

Capítulo XXXI: Abril-Mayo de 1862: New Orleans

Como ya vimos anteriormente a la Batalla de Shiloh otra victoria importante se había producido ya en la Isla Nº 10. Allí, el mando unionista de Pope y el Flag Officer Foote había visto perfectamente la ocasión para asaltar las posiciones enemigas que les daba el que Beauregard hubiera marchado hacia el Este con la Brigada de Stewart. Pero para hacer cruzar el Mississippi a las tropas de Pope seguía haciendo falta apoyo de cañoneras, y las defensas fluviales seguían cortando el paso a los buques de Foote.

El 7 de abril se inició ya el cruce en masa, pero no habría combate. El Brigadier John Porter McCown, que no se había atrevido a contratacar, pidió a Pope condiciones, y entregó su mando al día siguiente, cuando se le concedió la libertad bajo palabra para él y sus hombres. Así terminó la campaña por New Madrid y la Bear by Island Nº 10, que dio a los unionistas la captura de casi 5.000 prisioneros, incluyendo los brigadieres McCown, William Mackall y William H.T Walker, y más de un centenar de cañones, en buena parte pesados.

Salvo en cuanto al total de prisioneros, la victoria parecía incluso más absoluta que la de Grant en Fort Henry y Donelson, y lo que es mejor con apenas 100 bajas de coste, incluyendo las de la flotilla. Coincidiendo con Shiloh, hizo palidecer la estrella de Grant y convirtió a Pope en el héroe de la Unión. El mando confederado pareció en cambio asumir que se había dejado demasiado solo a McCown y, para demostrar que no se le reprochaba la rendición, fue de inmediato ascendido a Mayor General. En cuanto a Foote, calculando que el río estaba ya libre hasta Memphis, pedía a gritos zarpar para allá.

Lo hizo al día siguiente, pero a mitad de camino de Memphis iba a encontrar en la ribera de Tennessee un obstáculo inesperado, Fort Pillow. Recordaremos que éste estaba incompleto y por largo tiempo sin guarnición. Sin embargo, al evacuarse Belmont en febrero, la Brigada de Missouri del Brigadier de la State Guard M. Jeff Thompson, (que por cierto nunca pasaría de Coronel en el Ejército Provisional), se había retirado a Arkansas y recientemente se le había llamado de allá a que cruzara el río para guarnecer Fort Pillow.Y poco después había llegado, de Mobile, la Brigada de John Bordenave Villepigue. Como experto en fortificaciones, éste había procedido a terminar apresuradamente las obras y emplazar algunos cañones, ya ahora estaba preparada para hacer frente a la flotilla de Foote.

Al llegar, un rápido tanteo mostró a éste que, aunque aparentemente era un obstáculo menor, con apenas 3.500 hombres y media docena de cañones pesados, Fort Pillow era un hueso duro de roer, en una excelente posición y con cañones muy bien emplazados y servidos. Cedió la iniciativa a Pope, que a su vez veía Fort Pillow rodeado de un círculo de pantano que hacía difícil el asalto directo, mientras lo que menos le apetecía era iniciar otro asedio. Cuando aún dudaba le llegó la orden de Halleck de dejar todo y acudir al Pittsburg Landing con toda su fuerza.

Foote, amargado por no haber tomado Memphis, se alejó río arriba, e hizo algo que ya debía de haber hecho, pidió el relevo por motivos de salud, pues sus heridas mal curadas no cesaban de torturarle. La Marina le dio una larga baja y después, para que entrara “suavemente”, le nombró Jefe de Reclutamiento y Personal. Éste era uno de esos cargos habitualmente considerados secundarios, pero en realidad de importancia, para los que el Secretario Wells y el Capitán Fox estaban seleccionando cuidadosamente a sus ocupantes.

Así, para finales de 1861 habían sacado del retiro al Capitán William B. Shubrick para ponerlo al frente del Departamento de Faros, y recientemente habían pasado al Capitán Dahlgren, como experto en tecnología del Arsenal de Washington al mando de Ordenanza y Construcción Naval, para que apresurara la fabricación en serie de navíos tipo “Monitor”.

La llamada de Henry Wager Halleck venía de que, eliminado todo riesgo estratégico para el avance sobre Corinth por la victoria de Shiloh, se disponía a dirigirlo personalmente. Y para evitar también riesgos tácticos reunía bajo su mando una fuerza impresionante. Tenía ya el West Tennessee Army de Grant, aunque reducido a cinco divisiones por la pérdida en Shiloh, y que aún se deduciría a cuatro cuando la División de Lewis Wallace fuera enviada al Mississippi para sustituir la presencia de Pope. Tenía también cinco divisiones del Army of The Ohio de Buell, las empleadas en Shiloh más la de George H. Thomas, que ya había llegado, e iba a añadir las tres de Pope, que entretanto había ascendido con todos los honores a Mayor General.

El total, ya ahora, pasaba de los 85.000 hombres, y cuando se cubriesen bajas y Halleck hiciera reforzar “sus” unidades convenientemente se iban a aproximar a los 100.000. (El propio Halleck alardearía de haber acumulado 105.000 hombres contra Corinth, contando sin duda los mandos del ejército). Beauregard, que aún unido por fin a los refuerzos de Van Dorn no alcanzaba los 55.000, y cuya máxima capacidad de acumular tropas se cifraba en unos 65.000, no podía en modo alguno contenerlo.

Para mitad de abril se puso así en marcha la Campaña de Corinth del General Halleck, que mantenía subordinados tres mandos de ejército. Por fortuna para Beauregard, el unionista era cauto hasta la exageración, y se detenía ante cualquier contratiempo. El confederado le “tomó la medida”, e inició una táctica defensiva flexible, con contínuas fintas y pequeñas emboscadas, ante la que el enorme ejército enemigo sufría mil dilaciones, de manera que pasaron semanas antes de que se atravesara las pocas millas entre el Landing y los arrabales de Corinth.

Las escaramuzas que entretanto se habían estado librando en Kentucky terminaron para Marzo-Abril, desplazándose a territorio de Tennessee, Mississippi y Alabama. Kentucky era ya unionista y, aunque la caballería confederada realizaría con frecuencia “raids” en él, e incluso sería brevemente ocupado en parte aquel verano por un ejército confederado, los propios secesionistas tendieron en adelante a mirarlo como “campo enemigo”.

Otra cosa era Kansas-Missouri, sobre todo éste último, donde guerrilleros, infiltrados y francotiradores seguirían siendo una amenaza contínua. De diez escaramuzas libradas por las tropas desplegadas en la zona en Marzo, sólo una lo fue por el Ejército del Sudoeste y en la zona oficial de combate, la de Spring River (Arkansas), en la que participaron los veteranos de caballería de Pea Ridge del 6º de Missouri y el 3º de Iowa.

Los otros eran encuentros de retaguardia, a menudo muy a retaguardia, contra los irregulares. Y en Abril se repetiría la cifra de nueve combates con éstos. En alguna ocasión los libraba la milicia local, pero más a menudo eran tropas de línea, como los regimientos de caballería 1º, 2º, 4º, 7º, 8º y 10º de Missouri, los 2º, 5º y 6º de Kansas, y los 1º y 4º de Iowa. El 1º de Iowa del Coronel Fitzhenry Warren tuvo un encontronazo con los irregulares el 12 de Marzo en Lexington y otro el 14 de Abril en Montavallo (Missouri).

Estos irregulares no sólo distraían importantes contingentes de fuerzas, sino que apestaban la retaguardia llevando a cabo destrucciones y sabotajes, apropiándose de dinero, bienes y en ocasiones asesinando. Disparaban con tanta frecuencia contra los buques que recorrían el río Missouri que el tráfico fluvial en el Oeste se resintió mucho.

No es por ello raro que, al ser aliviado de algunas de sus más perentorias necesidades militares por el paso de los 20.000 confederados de Earl Van Dorn al Este del Mississippi, Samuel R. Curtis, comandante del Ejército del Sudoeste, no se planteara acciones más ambiciosas contra Little Rock o Van Buren. Más bien maquinó que parte de su tropa podía retirar ahora de primera línea para perseguir a aquellos endiablados irregulares.

Más al Oeste, aquel mismo Abril terminaba la Campaña de New México. En primer lugar la Columna de California del Brigadier Carleton, con 8 compañías de infantería, dos escuadrones montados y tres baterías, estaba en marcha habiendo colocado a principios de mes su base en el abandonado Fort Yuma, entre California y el Territorio de Arizona, y tanteando el Sendero de la Mariposa con patrullas de jinetes.

Una de ellas fue emboscada el 15 de Abril por los confederados del Sargento Henry Holmes en Picacho Pass, sufriendo tres muertos y tres heridos en uno de los escasos combates de la Guerra Civil en Arizona. En tanto, el Coronel unionista Canby volvía a la carga a lo largo de Río Grande. Allí el confederado Henry Sibley, habiendo debido evacuar Santa Fé, se mantenía aún precariamente en Albuquerque, y Canby lo atacaba indirectamente, molestando sus intentos de procurarse los alimentos y el forraje de que su tropa andaba tan necesitada. No iba mal en relación de bajas a los confederados, pero demostró que Canby podía entorpecer en exceso su acceso a los suministros, obligando a Sibley, ya preocupado por la presencia de la Columna de California en su flanco, a dar orden de retirada general.

El último combate de alguna importancia de Abril de 1862 en los frentes centrales se produjo en Bridgeport, Alabama, el día 29. La unionista División de Ormsby Mitchell, que continuaba aferrándose a sus conquistas en la orilla norte de la curva del Tennessee, lanzó allí un contrataque para disolver una concentración confederada, dirigida contra ella. Esta vez, Mitchell se salió con la suya, causando 400 bajas a los sudistas por un coste irrisorio. Pero el mando de Kirby Smith en el Tennessee Oriental confederado seguía reuniendo fuerzas contra él. Y con las fuerzas principales del mando de Halleck empantanadas en su lentísimo avance contra Corinth, acabaría por verse obligado a evacuar, retirándose más al Norte para primeros de Mayo.

Así que nos dirigiremos hacia el Golfo de México en donde los acontecimientos inmediatos marcarán otro hito en este conflicto. Al centrar nuestra visión en este escenario sobresale con clara diferencia la bella ciudad de New Orleans. La acción unionista más brillante de la segunda mitad de Abril de 1862 fue sin la Expedición del Golfo de Benjamin F. Butler y el Escuadrón de Bloqueo del Flag Officer David G. Farragut contra New Orleans y el Bajo Mississippi. Butler no contaba con una tropa proporcionalmente nutrida en comparación con el ambicioso objetivo que le había sido asignado conseguir.

New Orleans (Louisiana), era la ciudad más importante de la Confederación. Ya en 1850 era la 6ª ciudad más grande los Estados Unidos con más de 160.000 habitantes y la única del Sur que superaba los 100.000. Su gran población aportó miles de soldados e importantes oficiales al ejército, pero su ubicación en la desembocadura del río Mississippi la convertía en uno de los objetivos principales para la Unión y al alcance de la mano. Su captura sería un duro golpe moralmente así como económicamente para el Sur. Era uno de los principales puertos del mundo con 33 rutas regulares y un montante de 500 millones de dólares al año que circulaban por sus calles.

Su éxito se basaba en el comercio, sólo del comercio de esclavos en los años previos a la guerra había generado unos 10.000 millones de dólares. Pero la mercancía principal era el algodón, el tan mencionado Cotton King, que en 1857 se estimó por un valor de 78.000.000 $, a lo que añadiríamos el tabaco y el azúcar con otros 78.000.000$. La mitad del algodón del Sur embarcaba en el puerto de New Orleans hacia los telares de medio mundo en 1.4 millones de balas de 500 lbs (226 kgs). El triple que su inmediato competidor, el puerto de Mobile (Alabama).

Louisiana votó por la secesión el 22 de Enero de 1861 en Baton Rouge, y una semana más tarde se publicaba una ordenanza que convertía a los funcionarios federales en funcionarios de Louisiana. Pero no siendo hasta Marzo cuando se aceptó la Constitución de los Estados Confederados, por tanto no se les podía considerar rebeldes al gobierno federal. La Casa de la Moneda Federal (United States Mint), que había en la ciudad, siguió produciendo monedas de medio-dólar, pero sin cambiar los troqueles, lo que les hacía indistinguibles del auténtico medio-dólar federal.

Así el 31 de Enero de 1861 la Milicia de Louisiana ocupó las instalaciones que guardaban 5.000.000 de dólares en plata y oro, continuando con la producción de monedas de medio dólar de plata y 20 dólares de oro. Acuñándose 1.570.000 $ siendo la mitad para Louisiana y la otra mitad para el Gobierno Confederado. Ya el 28 de Febrero de 1861 la Casa de Moneda pasó totalmente al control del Gobierno Confederado, acuñándose otros 962.633 $, por lo que tres gobiernos acuñaron la misma moneda.

En Abril de 1861 el Secretario del Tesoro Confederado Christopher Memminger ordenó que se realizasen nuevos troqueles para un Medio Dólar Confederado. Aprobándose un nuevo reverso, pero la falta de lingotes obligó a que nunca se iniciara su fabricación. Sólo 4 monedas fueron acuñadas que fueron enviadas al Presidente Davis, al Catedrático de la Universidad de Louisiana Biddle, al Doctor E. Ames de New Orleans y la cuarta se la guardó el Jefe de la Moneda Confederada B.F. Taylor. La New Orleans Mint fue cerrada el 30 de abril de 1861 hasta 1879.

Nueva Orleans pronto fue una fuente importante de tropas, armamento, y provisiones para el Ejército de los Estados Confederados. Entre las primeras unidades estuvo la Compañía de Artillería “Washington Artillery”, milicianos antes de la guerra y que derivaron en uno de los batallones de artillería del futuro Ejército de Virginia del Norte. También en Enero de 1862 se formó un regimiento de soldados negros que se integraron en la Guardia Nativa de Louisiana y que estaba destinado en las defensas de la ciudad. También había ciudadanos de New Orleans que destacaron en las filas confederadas como P.G.T Beauregard, Braxton Bragg, Albert G. Blanchard o Harry T. Hays, el comandante de la famosa Brigada Louisiana Tigers, compuesta por irlandeses del Estado.

También fue destacable la aportación de New Orleans a la CS Navy, pues en su puerto se disponía de un Depósito de Artillería Naval, por lo que de sus muelles salieron algunos de los más conocidos barcos de guerra como el “CSS Manassas” o dos submarinos “Bayou St. John” y el “The Pioneer”, aunque estos no participaron en combate.

Estos son algunos de los motivos por lo que New Orleans pronto estuvo marcado por la Unión como un objetivo prioritario para anular una de las principales vías de oxígeno para la Confederación. Esa importancia de New Orleans en la Confederación así como su posición estratégica que dominaba el Golfo de México y dominaba el sur del Río Mississippi, con lo que era un punto clave si se quería dividir a la Confederación.

La acción unionista más brillante de la segunda mitad de Abril de 1862 fue la Expedición del Golfo de Benjamin F. Butler y el Escuadrón de Bloqueo del Flag Officer Farragut contra New Orleans y el Bajo Mississippi. Para Enero de 1862 el Capitán David G. Farragut fue designado para el mando del Escuadrón de Bloqueo del Oeste del Golfo, que comprendía la costa desde el río Mississippi hasta el Río Grande, llegando a su puesto el 20 de Febrero en Ship Island. Las tareas encomendadas a Farragut eran dos: reorganizar sus escasas y poco armadas unidades navales al tiempo que conjuntamente con el Ejército preparar una operación para tomar New Orleans.

La idea nació en la cabeza del Subsecretario de la Marina Gustavus V. Fox al demostrarse que esa creencia de que las fortalezas costeras eran invulnerables para la Marina había sido refutada en la Batalla de Port Royal (S.Carolina) el pasado 7 de noviembre de 1861. Su propuesta era que las fortalezas fuesen debilitadas mediante morteros embarcados y a continuación una fuerza terrestre las tomase al asalto.

Cuando este plan de la Marina fue presentado al Ejército, el propio McClelland como General en Jefe se opuso al plan. Estimaba que esta operación requeriría al menos entre 30 y 50.000 hombres, los cuales eran imprescindibles para su tan planeada Campaña de la Península que estaba preparándose. Pero el Secretario de la Marina Gideon Welles convenció al Mayor General Benjamin F. Butler, que recordemos tenía aspiraciones políticas, con el detalle de denominar a la operación Expedición Butler. Finalmente el apoyo dado por Lincoln puso en marcha la operación el 23 de Febrero de 1862. Aunque no se dispondría de más de 18.000 hombres.

Butler no contaba con una tropa proporcionalmente nutrida en comparación con el ambicioso objetivo que le había sido asignado conseguir. Se le dieron unos escasos 20 regimientos, como a las expediciones anteriores en los Sounds y Port Royal, pero incluyendo los 4 ya desplegados en Ship Island y Pensacola, que debía de seguir manteniendo con guarniciones, con lo que iba a verse en problemas para acumular más de diecisiete regimientos en el frente principal.

El primer “escollo” que tuvo que superar Farragut fue que el Ejército Federal no puso ningún empeño en realizar los planes presentados por la USNavy. El segundo aunque en apariencia sencillo era un handicap a tener en cuenta. Parte de su flota era la flota semi-autónoma de bombardas comandadas por su hermanastro David D. Porter, el cual era un maestro de la intriga y no quería renunciar al control de sus unidades. Y ya sabemos que a veces entre hermanos cuesta marcar una jerarquía clara.

El Flag Officer Farragut contaba con una fuerza bastante seria, con un total de 49 buques de combate. Esto incluía 22 bombardas de mar, 17 cañoneras (casi todas nuevas), tres fragatas de vela y siete cruceros de vapor, incluyendo el nuevo “USS Hartford”, enseña de Farragut, y el “USS Mississippi”. (Que puede dar lugar a confusiones porque el gran buque de transporte que el Brigadier Butler usaba como puesto de mando flotante y uno de los “ram” que los confederados estaban poniendo a punto en Algier, también se llamaba “Mississippi”)

Las bombardas, llamadas oficialmente por la Marina “ketch-bomb”, eran veleros de dos palos, de cubierta corrida, armados exclusivamente con un monstruoso mortero de 13 pulgadas. Por otra parte se notará que algunos cruceros clásicos del Escuadrón del Golfo, (“USS Montgomery”, “USS Shantee”, “USS Powhatan”, “USS Preble” y “USS Vicennes”), no tomaron parte en la acción.

“ketch-bomb Mortero 13 pulgadas”

Llegado para tomar el mando del Escuadrón a finales de Febrero, Farragut estaba ya haciendo pasar la barra del Mississippi a sus buques desde mediados de Marzo, mientras esperaba la llegada de Butler. Y allí mismo tuvo su primer obstáculo, pues el crucero “USS Colorado” no logró cruzarla, se esperaba un calado superior a los 5.5 metros pero las riadas del invierno lo habían dejado en 4.5 metros, y hubo de proseguir sólo con seis barcos y doce cañoneras. (Fue una hazaña, que requirió desmontar parte de su superestructura, lograr que la cruzase el crucero “USS Mississippi”)

Estos trabajos acabaron con el secreto de la misión, mantenido hasta entonces bastante a rajatabla. Entre la tropa de tierra se había guardado tan a fondo que, aparte del mismo Butler, sólo habían conocido el destino del ataque el Jefe de Estado Mayor, Mayor George Strong, y el aún Teniente Godfrey Weitzel, traído de Pensacola para unirlo a la acción. Lo ignoraban hasta los segundos de Butler, Brigadieres J.W Phelps, T. Williams y T.W Sherman. (Cuando se fabricó años atrás los fuertes que se pretendía ahora reducir, Weitzel había sido el segundo de Beauregard cuando éste dirigía los trabajos. Por ello conocía al dedillo las fortificaciones y la topografía de su entorno). Pero había pasado el momento del secreto.

Desde luego, los confederados siempre habían sabido que en el Golfo de México los objetivos para una operación anfibia eran contados: Brownsville, Corpus Christi, Galveston, Sabine City, New Orleans, Mobile y Pensacola. (Ni siquiera existía aún una población mínima en Tampa). Y Pensacola era ya unionista, quedando como objetivos más jugosos Mobile y New Orleans. Ahora el forcejeo para pasar la barra, que había durado desde Marzo al 8 de Abril, demostraba que el objetivo era New Orleans.

Como es bien conocido y ya se comentó tiempo atrás, el famoso “Plan Anaconda” de Winfield Scott consistía en dividir la Confederación tomando el control del río Mississippi tras bloquear sus puertos. Por tanto el primer paso se había dado y tras la batalla de Head of Passes en la boca del río había anulado a la CSNavy y llegó el momento de atacar. En el norte las victorias de la Unión estaban despejando el camino, llegaba el momento de tomar New Orleans.

New Orleans pertenecía al Departamento Nº 1 del Golfo confederado del Mayor General David E. Twiggs, que tenía precisamente en ella su cuartel general. Y dentro de éste, al mando del Bajo Mississippi del Mayor General Mansfield Lovell. Pero Twiggs solicitó la baja aduciendo problemas de salud, ya contaba con 70 años y el 11 de Octubre de 1861 fue relevado por Lovell. El cual aunque originario del Distrito Columbia y perteneciente a una familia destacada en la Guerra de la Independencia cuando estalló el conflicto abandonó New York para alistarse en el ejército confederado. Donde fue nombrado Mayor General el 7 de Octubre de 1861. Tanto Twiggs como Lovell compartían el convencimiento de que ninguna flota norteña podría pasar a través de la barrera formada por los fuertes Jackson y Saint Philip, 75 millas al Sur de la ciudad y a otras 25 millas de la barra, en el canal principal del Mississippi.

Mayor General Mansfield Lovell, CSA

Fort Jackson, en la orilla Oeste y montando 74 cañones, casi todos pesados, y una batería de 6 cañones en la orilla opuesta, mantenía una cadena que cruzaba el río. Un poco más corriente arriba y en la orilla Este se encontraba Fort Saint Philip, aprovechando un meandro, enfilaba directamente el canal con otros 40 cañones, cruzando su fuego con el de Fort Jackson justo a la altura de la cadena que cerraba el río y ante ella. Además de los cañones, los fuertes disponían de cohetes incendiarios Congreve, (una forma primitiva de cohetería muy usada por los ingleses en la segunda mitad de las guerras napoleónicas), morteros pesados y el apoyo de una flotilla al mando del Capitán John K. Mitchell, un segundo del Comodoro Hollins, con muchos brulotes, algunos cañoneros improvisados y de momento dos “ram” blindados, el “CSS Manassas” y el mayor y más reciente “CSS Louisiana”.

La cadena, partida aquel invierno por las riadas, había sido renovada mejorando sus sistema de sujeción, ahora consistente en ocho cascos de buques desarbolados, cargados de madera para hacerlos insumergibles y anclados en línea. Mandaba los fuertes el oficial de carrera Coronel Edward Higgins, y la zona el Brigadier Johnson K. Duncan, nacido en Pennsylvania pero casado en el Sur, que previamente a la guerra era el Jefe de Ingenieros y Obras Públicas del Estado de Louisiana.

Disponía de un total de 3.000 hombres en la zona de los fuertes y 500 más unas millas río arriba, en Chalmette, donde en 1814-15 estuvo emplazada la batería que disuadió a la Royal Navy de remontar el río, llevando a los ingleses a atacar New Orleans trasladando su ejército en barcazas por el llamado Lago Borgne, en realidad una gran albufera, al Nordeste.

Este ejemplo parecía tener obnubilado a Lovell, aparentemente convencido de que, si la batería de Chalmette había frenado a la flota inglesa en 1814, Fort Jackson y Fort Saint Philip no podían dejar de hacer lo mismo en 1862, y el ataque final de Ben Butler llegaría por el Lago Borgne. Por ello su fuerza principal, más de 4.000 hombres bajo el Brigadier Paul Octave Hébert, (de una de las mejores familias francesas y con más abolengo de New Orleans), se concentraba hacia el Borgne, al Sur de New Orleans pero lejos de los fuertes y no junto al río.

Y es que nadie en la Confederación había esperado que la amenaza sobre New Orleans llegase por el Sur, razón por la cual el territorio había sido paulatinamente vaciado de hombres y cañones que habían sido enviados a las fortalezas río arriba como la Isla Nº 10, Fort Pillow, Memphis, y ahora engrosaban las listas de bajas de la reciente derrota de Shiloh. Razón por la cual el ahora interés de conseguir refuerzos para esta amenaza no encontraba los recursos solicitados por Lovell, todo dependía de Fort Jackson y Fort St. Philip. En donde quedaba una tropa de poco entusiasmo confederado, los más aptos habían partido hace tiempo y los que quedaban muchos eran soldados nacidos en el extranjero, por lo que no se esperaba que realizasen ningún esfuerzo extraordinario.

Lovell tampoco tenía en cuenta otro dato. Acababa de publicarse el proyecto de Ley de Conscripción confederado, y aunque su aprobación llevaría discusiones, las Cámaras de Richmond habían aceptado hacer aplicable de inmediato una de sus partes. Se trataba de que, para evitar que las nuevas unidades estuvieran sólo compuestas por novatos, los voluntarios apuntados para un año en 1861 y que estaban terminando su plazo, fueran de inmediato reclutados de nuevo “por la duración del conflicto”.

Los fuertes estaban llenos de hombres a punto de terminar su servicio de un año, muchos de ellos felices pensando que su expiración les evitaría la batalla que se avecinaba. Y aquel mismo Abril se les anunció que eran reclutados sin apenas un permiso. La mayoría estaban indignados y con la moral muy baja.

El principal apoyo de las fortalezas quedaría en manos de la CSNavy a las órdenes del Flag Officer Hollins. Ante la proximidad del ataque federal se reunión cuanto buque estuviese disponible, así a sus tres ironclads (“CSS Manassas”, “CSS Lousiana” y “CSS Mississippi”) se sumaron dos mercantes adaptados en buques de guerra, eran los “CSS McRae” y “CSS Jackson”. El Estado de Louisiana envió dos buques más de su Louisiana Provisional Navy, los “CSS General Quitman” y “CSS Governor Moore”. Por último el Ejército Confederado envió seis “cottonclad” gobernados por capitanes y tripulaciones civiles, estos eran: “CSS Warrior”, “CSS Stonewall Jackson”, “CSS Defiance”, “CSS Resolute”, “CSS General Lovell” y “CSS General Beckinridge”. El total de embarcaciones eran unas 25 si contamos con las diferentes naves de apoyo y barcazas de río.

Pero Farragut y Butler estaban decididos a no imitar el ejemplo de los ingleses, que les había llevado a tener que atacar desde una ciénaga pantanosa donde no lograban emplazar su artillería. Tenían instrucciones de forzar el paso con las bombardas y, de fallar éstas, atacar los fuertes con infantería. Por eso le interesaban tanto a Butler los conocimientos de Teniente Weitzel sobre dónde el terreno era firme y dónde no lo era en torno a los fuertes.

Además, entrevistándose con Butler en Ship Island, Farragut había anunciado su intención de sobrepasar las órdenes. Si las bombardas fallaban, forzaría el paso a cualquier precio con el grueso de sus buques artillados y tomaría New Orleans. De seguro, el sentirse desbordados haría presa más fácil a aquellos fuertes.

Con la flota de Farragut ya en el río llegó el turno para la Flotilla de Morteros de Porter. Las 26 bombardas comenzaron a cruzar el 18 de Marzo y de inmediato comenzaron los trabajos para calibrar el alcance de los cañones confederados, descubrir los obstáculos sumergidos, posicionar las bombardas,… Todo esto bajo el fuego intermitente por parte de los confederados.

La flota unionista estuvo lista ante los fuertes el 14 de Abril, procediendo a preparar la acción de las bombardas. Porter con sus bombardas posicionadas al ancla una por una, cubriendo sus mástiles con ramas y guirnaldas de lianas para que no destacaran de los árboles de la orilla y enviando patrullas para establecer puestos de observación y señales, colocar referencias de tiro indirecto y medir cuidadosamente las distancias a los blancos, unidad por unidad.

Esto llevó lógicamente a choques con las patrullas de Duncan y a las primeras bajas. El día 17, un solitario brulote descendió el río siendo desviado con pértigas por los hombres de un bote de vigilancia hasta que encalló en la orilla, donde ardió hasta consumirse sin resultados. Y a partir de ese momento los brulotes siguieron bajando día y noche, aunque sin gran resultado, mientras la artillería de los fuertes realizaba un esporádico fuego indirecto, tratando de regar de metralla las orillas para borrar las referencias y hacer la vida dura a observadores y señaleros.

Y con la presencia de la flota unionista en el río comenzaron los despropósitos confederados. Quiero llamar vuestra atención al detalle de que cuando hemos repasado las fuerzas navales confederadas estas estaban encuadradas en tres diferentes organigramas: CSNavy, Louisiana Provisional Navy y CSArmy. Además el oficial de mayor rango, Flag Officer George N. Hollins se encontraba esos días en Memphis, pues siguiendo las órdenes del Ministerio de la Guerra Confederado se estimaba que el siguiente ataque unionista sería en ese punto, aunque Hollins no lo compartía. Incluso Hollins reclamó tan isistentemente a Richmond el permiso para regresar al Golfo que finalmente fue llamado a Richmond. Pero no para analizar la amenaza de Farragut, sino para ser relevado del mando.

Así Lovell perdía a su mejor oficial de marina, siendo sustituido en el mando por el oficial del Arsenal de la Marina en New Orleans el Comandante William C. Whittle. Pero sintiéndose incapaz para asumir la responsabilidad que se le presentaba, renunció al mando de las unidades de la CSNavy al Comandante John K. Mitchell. Pero el principal detalle, agrupar las fuerzas navales en un mando único, siguió sin resolverse. Lovell intentó resolverlo, pero chocó con la idiosincrasia de la propia Confederación y el Capitán John A. Stephenson que comandaba la Flota de Defensa del Río (River Defense Fleet) y que estaba bajo las órdenes del CSArmy, por lo que no aceptó recibir órdenes de la CSNavy.

Despliegue de morteros navales

Pero Porter ya tenía sus bombardas en posición, 16 de ellas en la orilla occidental, protegidas por una curva del río, y otras 6 en la opuesta y más alejadas, haciendo un blanco más obvio pero difícil para alejar el fuego de sus compañeras. Y en la mañana del día 18 de Abril se inició el bombardeo. Por todo el día los proyectiles se elevaron en lo alto, buscando sus blancos, se lanzaron 1.400 proyectiles el primer día, mientras los brulotes seguían bajando y siendo apartados por los botes de vigilancia. (Destacable es el uso de estos brulotes, que se lanzaban sin coordinación y casi en solitario, lo que favorecía el trabajo a los unionistas).

El bombardeo no era todo lo eficaz que se esperaba, muchos proyectiles explotaban antes de tiempo y cuando las mechas fueron alargadas los proyectiles llegaban al suelo en donde se enterraban por la tierra blanda, lo que amortiguaba la explosión. Para la noche, las bombardas de la orilla oriental habían sufrido un par de impactos, una bombarda hundida, 1 muerto y 3 heridos, y los fuertes resistían bien con sólo 7 cañones inutilizados y dos muertos. Tan sólo, a última hora un tiro de suerte había alcanzado los almacenes de Fort Jackson, perdiéndose toda la ropa y muchas provisiones almacenadas en un feroz incendio, y las llamas se aproximaban ahora a un gran depósito de municiones.

Pero una suerte equitativa quiso que los observadores unionistas, que ya habían visto algún accidente similar, atribuyeran las señas de incendio a algún brulote que hubiese encallado prematuramente junto al fuerte. Así Porter interrumpió el bombardeo al caer la noche, que borraba las referencias y cegaba a los observadores, y los confederados pudieron dedicarse a sofocar el incendio sin ser molestados.

El Brigadier Johnson K. Duncan nos muestra la situación en Fort Jackson, la más castigada, en su informe al final del día 18 de Abril de 1862:

“Todos los barcos y barcazas próximas al fuerte han sido hundidas salvo tres pequeñas. El puente levadizo, los hornos para “tiros calientes” y las cisternas de agua han sido destruidos. El dique ha sido roto y el agua inunda el suelo de las casamatas. Todas las plataformas para las tiendas han sido destruidas a causa del fuego o los impactos de mortero. Las casamatas tienen el techo agrietado o destruido… Los muros exteriores están agrietados de arriba abajo. Cuatro cañones desmontados, once carros y treinta armones dañados. 1113 proyectiles en 87 rondas impactaron contra la fortaleza y el patio. 3.339 en las zanjas y defensas exteriores. 1.080 explotaron en el aire. 7.500 han disparado”

Los cuartos de los bastiones se han incendiado al inicio del día, así como los cuartos aledaños a la fortaleza. La ciudadela se incendió y extinguió el fuego varias veces a lo largo de la primera parte del día, pero más tarde ante la imposibilidad de apagar las llamas debido al fuego enemigo se dejó que el fuego se que el fuego se consumiese. Mucha tropa y la mayor parte de los oficiales han perdido su impedimenta y camas, añadiendo más incomodidades al producido por las inundaciones. El fuego de mortero ha sido exacto y terrible, caen por todas partes en la fortaleza e impactado en algunos de nuestros mejores cañones”

Fort Jackson tras el primer bombardeo

La lluvia de proyectiles convirtió la vida en Fort Jackson en prácticamente miserable, el único refugio posible para los hombres era en las inundadas casamatas. Si a esto añadimos la pérdida de la impedimenta, la comida e incluso agua potable. Pues esta parte del río está afectada por la pleamar y por tanto eran aguas saladas. Rápidamente el desánimo se adueñó del espíritu de los confederados.

La acción siguió cinco días más en el mismo tono, pero sin producirse otro golpe de suerte similar. Al final las bombardas de la orilla Este habían tenido varias bajas, e incluso una de ellas se fue a pique, desfondada de un cañonazo. Y en los fuertes, aunque aparecieron grietas y se hundió algún baluarte, no había aún daños realmente graves. La moral de sus ocupantes si que había sufrido mucho el continuo martilleo artillero y algunos desertores se pasaron a los unionistas. Justificaban su huída con fantásticas historias sobre la angustiosa situación en los fuertes, que animaron a Porter a continuar con su acción.

Pero no engañaron a Farragut, que diagnosticaba exactamente lo que estaba ocurriendo. Para la tarde del sexto día, 23 de Abril, se habían empleado miles de granadas, descendiendo en forma alarmante la cantidad disponible y sin mucho efecto pues el fuego artillero confederado se mantenía. Aquel día Farragut decidió que las bombardas habían fracasado y era preciso pasar a su plan sustitutivo. Envió por tanto aviso a los transportes de tropas para que avanzaran y organizó el cruce del bloqueo para aquella misma noche. Ya el día 20 Farragut había ordenado que las cañoneras “USS Kineo”, “USS Itasca” y “USS Pinola” rompieran la cadena que cerraba el río logrando abrir un hueco en ella lo suficientemente grande como para que cruzasen los buques.

El Ingeniero de Máquinas del “USS Richmond” propuso colgar por las bordas todo el cable de acero que hubiera en los buques, como un improvisado blindaje, y Farragut ordenó que los 17 buques que iban a tomar parte en la acción lo hicieran. Además, cada cual reforzó sus defensas con medios improvisados, como hamacas, sacos terreros, carbón sacado de los pañoles y hasta parapetos de escoria de las calderas mezclada con barro.

El plan era que el Capitán Porter, que iba a permanecer guardando la retaguardia con el resto de la flota, continuara bombardeando después de oscurecer, pasando además las 5 bombardas que aún eran plenamente operativas de las posicionadas en la orilla Este a la Oeste, pero muy cerca de Fort Jackson, de manera que la mayor precisión de su tiro obviase los problemas del bombardeo nocturno. Y en medio de ese bombardeo, la flotilla saldría a cambiar disparos con los fuertes abiertamente mientras el Capitán Bell se encargaría de cortar la cadena.

En el otro lado de la batalla los confederados habían esperado que los “acorazados” de la CSNavy, y especialmente el “CSS Louisiana”, fueran capaces de cerrar el curso del río a cualquier incursión naval. Pero el “CSS Louisiana” ni siquiera estaba completamente operativo y aunque el Comodoro Whittle fue reacio a su puesta en servicio antes de tiempo, cedió a las presiones de los brigadieres Lovell y Duncan. Fue puesto en servicio el 20 de Abril, segundo día de bombardeo a las fortalezas, y los problemas aparecieron desde el primer momento. El “CSS Louisiana” hubo de ser remolcado, pues sus motores eran insuficientes para superar la corriente del río, así que se decidió que fuese fondeado en un banco de arena cercano a Fort St. Philip para terminar convirtiéndose en una batería flotante.

Así el día 24 de Abril Farragut ordenó que se realizase el avance de la flota, siendo dividida en tres divisiones mandadas por Farragut, el Capitán Theodorus Bailey, su segundo y hasta poco antes Jefe de la División de Pensacola, y el Capitán Henry H. Bell, al mando del “USS Hartford” y por tanto Capitán de Escuadra. Su composición era la siguiente:

Primera División (Bailey)
Cruceros: “USS Mississippi” y “USS Pensacola”.
Cañoneros: “USS Cayuga”, “USS Katahdin”, “USS Kineo”, “USS Oneida”, “USS Varuna” y “USS Wissahickon”

Segunda División (Farragut)
Cruceros: “USS Hartford”, “USS Brooklyn” y “USS Richmond”

Tercera División (Bell)
Cañoneros: “USS Iroquois”, “USS Itasca”, “USS Kenebec”, “USS Pinola”, “USS Sciota” y “USS Winona”

A ese fin y mientras el cañoneo iba en crescendo, Bell adelantó sus cañoneras, haciendo que los “USS Iroquois”, “USS Kennebec”, “USS Sciota” y “USS Winona” atrajesen la atención desafiando a Fort Jackson, mientras los “USS Itasca” y “USS Pinola” ponían proa a uno de los cascos flotantes del centro de la cadena. El “USS Pinola” llevaba un voluminoso ingenio explosivo que arrojó en el casco, si éste se desintegraba, toda la sección central de la cadena se hundiría, dejando el centro del río libre. Pero el sistema de ignición falló, haciendo que el “USS Itasca” se ocupara del asunto.

Este cañonero abordó el casco, sujetándose a su costado, y envió a él un pequeño ejército de herreros y carpinteros que, con picos, cinceles, martillos y hachas, lograron seccionar la cadena en media hora, (debe observarse que los confederados, cegados por el “show” que la flota había montado ante él, no pareció notar estas maniobras y apenas disparó contra los “USS Itasca” y “USS Pinola”). Al cortarse la cadena ésta se abrió mientras el casco derivaba, con el “USS Itasca” aún unido a él, costándole al “USS Pinola” no pocos esfuerzos para ayudarle a zafarse, y toda la fuerza de ataque de Farragut se lanzó hacia el hueco.

Los confederados enviaron a su encuentro a la flotilla del Capitán Mitchell, que navegaba a favor de una corriente de 4 nudos. Esta constaba de los “ram” “CSS Manassas” y “CSS Louisiana”, y 13 vapores armados, parte de ellos equipados como “ram”: los “CSS Anglonorman”, “CSS Breckinridge”, “CSS Galveston”, “CSS General Quitman”, “CSS Governor Moore”, “CSS Jackson”, “CSS Lovell”, “CSS McRae”, “CSS Defiance”, “CSS Resolute”, “CSS Star”, “CSS Stonewall Jackson” y “CSS Warrior”.

Estos buques navegaban junto a la orilla oriental, en la que habían estado al ancla más allá de Fort Saint Philip, y como los unionistas cruzaron la cadena en dos columnas, la división de Farragut a la izquierda y la de Bailey, con los cañoneros delante, a la derecha, chocaron con los cañoneros de Bailey. El propio Bailey, que encabezaba su columna con su insignia en el “USS Cayuga”, se encontró enzarzado en el acto con una turba de buques confederados. De inmediato se pusieron a su lado los “USS Oneida” y “USS Varuna”, y el combate se hizo menos desigual, decantándose por la Unión en quince minutos, entre un infierno de espoloneamientos mutuos y andanadas a bocajarro.

Al parecer, entre los tres cañoneros hundieron o hicieron embarrancar en la orilla seis enemigos. No se trataba tanto de diferencias en artillería y desplazamiento, (el “USS Varuna”, que había comenzado a construirse para el mercado civil siendo requisado por el Gobierno, era el más ligero de los 12 cañoneros implicados en la aventura), sino de la solidez de los cascos y el entrenamiento de los hombres, en el que los confederados no lograron competir con los profesionales de la US Navy.

“USS Varuna”

A cambio se perdió el pequeño “USS Varuna”, que prácticamente se desencuadernó de tanto espolonear a los confederados, acabando por hundirse. Entretanto y a la cabeza de la división de Farragut, el crucero “USS Hartford” acababa de cruzar, intercambiando fuego vivo con las baterías de Fort Jackson, cuando un gran brulote que se movía de forma extraña se pegó a él, incendiando su cordaje. Sólo a última hora, la dotación del “USS Hartford” distinguió tras el brulote un feo casco en casamata pintado de negro, era el “CSS Manassas”, que lo había dirigido empujándolo contra su navío.

Mientras el “USS Hartford”, luchando contra el fuego tocaba fondo, el “USS Brooklyn”, que lo seguía y se había enredado en la cadena, recibiendo en tanto el vapuleo de los fuertes, fue a su vez espoloneado por el “CSS Manassas” al liberarse. Con una vía de agua y parcialmente incendiado, penetró entre los vapores confederados causando grandes destrozos con el espolón y disparando andanadas por ambas bordas, pero después chocó accidentalmente con el “USS Kineo” y embarrancó a su vez.

El “CSS Manassas” no perdía tiempo y se apresuró a espolonear asimismo al “USS Mississippi”. Pero Farragut, cuyo “USS Hartford” ya había logrado en tanto dominar el fuego y ponerse a flote, dio una orden al “USS Mississippi”. Éste virando de bordo sin hacer caso de su vía de agua, persiguió al confederado a toda máquina y, aprovechando a favor de corriente su mayor velocidad, línea hidrodinámica y gran masa, lo espoloneó por detrás con un impacto masivo, que arrojó al “CSS Manassas” contra un banco de fango, dejándolo clavado en él. Incapacitado para seguir combatiendo, el Capitán Warley ordenó abandonar el barco e incendiarlo.

Al final el “USS Brooklyn” logró reflotarse a su vez y, mientras el “USS Pensacola” mantenía un brutal duelo artillero con Fort Saint Philip para cubrirle, la fuerza de penetración de Farragut fue pasando río arriba. Llevaba los cinco cruceros y ocho de los cañoneros, aunque muchos de ellos con vías de agua, piezas fuera de combate, bajas y destrozos varios.

Atrás quedaba Porter con sus bombardas, las fragatas, de las que sólo la “USS Portsmouth” había tomado parte en la acción, y los cañoneros “USS Clifton”, “USS Harriet Lane”, “USS Owasco”, “USS Uncas” y “USS Westfield”. A ellos había que agregar los “USS Winona” y “USS Kennebec”, que habían quedado detenidos en la cadena, viéndose obligados a retroceder al amanecer, y el “USS Itasca”, que había derivado corriente abajo, inutilizado, después de recibir un impacto directo en las calderas.

De las últimas acciones fueron las del “CSS Gobernador Moore” enfrentándose al “USS Varuna” pero que a la vista de la situación que tomaba la batalla terminó embarrancado e incendiado por su tripulación. El “CSS McRae” que tras enfrentarse a diferentes barcos federales terminó con su capitán Thomas B. Huger herido mortalmente y aunque logró regresar a New Orleans terminó hundiéndose en los muelles.

La única pérdida definitiva de la Unión era el “USS Varuna”, mientras que doce vapores confederados se habían hundido o embarrancado, y el “CSS Manassas”, evacuado por la tripulación y arrancado al final del barro por la corriente, derivaba río abajo humeando, para acabar deshaciéndose en una gran explosión. El resultado no podía ser más claro, quedando sólo en manos de los confederados las unidades “CSS Jackson”, “CSS Defiance” y el transporte “Diana”, la situación naval de la Confederación en el río Mississippi quedaba totalmente en precario.

Farragut se detuvo al otro lado del bloqueo, intercambiando un par de últimos mensajes con Porter a través del Tte. Comandante Charles S. Boggs, del “USS Varuna”. Este oficial, que acababa de librar un duro combate y perder su buque en él, tuvo aún humor y fuerzas para tomar un bote de remos y cruzar dos veces a través del bloqueo. Su sistema era internarse en la red de pequeños canales y bayous que plagaban las orillas del Mississippi, contorneando los fuertes.

Antes del amanecer, Farragut siguió río arriba, sorprendiendo, capturando, desarmando y poniendo en libertad bajo palabra al regimiento enemigo acantonado en Chalmette, y siguiendo ruta hacia New Orleans. En ésta ciudad ya avanzada la mañana del día 24 cuando comenzaron a filtrarse rumores de que dos cañoneros de la Unión habían cruzado el bloqueo.

El terror no estalló hasta la tarde, cuando Mansfield Lovell, que había viajado corriente abajo para averiguar el fundamento del rumor, regresó a uña de caballo y excitadísimo, asegurando que toda la flota enemiga ascendía el Mississippi. El mando confederado abandonó la ciudad, mientras Lovell se llevaba cuanta tropa pudo reunir para formar un nuevo bloqueo, tres millas río abajo, en el escenario de la antigua batalla contra los ingleses. Y mientras muchas gentes acomodadas huían, presas del pánico, numerosos marginales de los que abundaban en New Orleans se apoderaron de la calle, saqueando inmuebles y prendiendo varios incendios.

El Alcalde John T. Morgan hubo al fin que declarar la Ley Marcial, poniendo en movimiento un regimiento de residentes extranjeros que poseía la milicia ciudadana, (dos tercios de la población eran residentes extranjeros), y que lógicamente no había sido movilizado para la Guerra Civil. Y tras una noche de incendios, humo y bayonetas en las calles, apareció remontando el río la flota unionista.

Lovell había reunido en su línea casi 2.000 hombres y 20 cañones de campaña, pero la flota los bombardeó y atravesó su posición sin ninguna dificultad, llegando a los muelles a mediodía del 25 de Abril. La tropa de Lovell se retiró, mientras éste declinaba toda responsabilidad de rendir la ciudad, y Farragut necesitó 72 horas de negociaciones con el marrullero alcalde para lograr la rendición oficial, por lo que el día oficial para la rendición de New Orleans quedó registrado como el 29 de Abril de 1862, cuando dos destacamentos de marineros e infantes de marina fueron desembarcados y tras arriar la bandera del Estado colocaron en el edificio de Aduanas la bandera de los Estados Unidos. Desde el comienzo de la acción hasta la caída de la ciudad la Unión había sufrido exactamente 37 muertos y 149 heridos.

Se registraron algunos incidentes, como manifestaciones contra la Unión en los muelles. Incluso, un grupo de marginales dirigidos por un jugador llamado William B. Munford arrancó la bandera unionista, (sin centinela), que Farragut había hecho poner en el inacabado edificio de la Aduana, que luego una pequeña multitud arrastró, despedazó y quemó a la vista de la flota. Sin duda los extremistas buscaban provocar un bombardeo de la ciudad indefensa, buena carnaza para su propaganda, pero Farragut sólo puso otra bandera y la guardó mejor. Esperaba a Butler.

Río abajo, Butler estaba llegando con su tropa que guiada por el Teniente Weitzel, rodeó e incomunicó de inmediato los fuertes con fuerzas que se movían en pequeñas embarcaciones por canales y bayous. Y mientras, Porter seguía mostrando la bandera con sus bombardas, 7 cañoneros útiles y tres fragatas, poco útiles en el río pero de aspecto impresionante.

La moral y el entrenamiento de los confederados de los fuertes no eran buenos, (en el combate de la noche del día 23, sus cañones casi siempre tiraron alto), y otra acción de Weitzel lo vino a confirmar. Éste surgió de pronto con un grupo de asalto junto a un reducto confederado de Fort Jackson que no lo habían visto llegar y los confederados del reducto, aterrados, se amotinaron y detuvieron a sus oficiales, arriaron las banderas y lo entregaron. Ante tal ejemplo Fort St. Philip debido a la dependencia mutua de las dos fortalezas inclinó a que Higgins y Duncan perdieron la esperanza y el día 29 de Abril, mandaron banderas de tregua a Butler.

Mitchell, el Comandante Naval sureño, no estaba incluido en estas conversaciones de capitulación, pero se veía impotente para hacer algo por impedirlas. Sólo le quedaban en servicio tres vapores y el “CSS Louisiana”. Éste último tenía que haber sido su carta de triunfo, pero como todos los navíos blindados confederados fabricados en Algier y otros astilleros sureños del Mississippi, sus calderas tenían una potencia ridícula respecto a su considerable masa, resultando delicados. La noche el día 23, cuando se intentar forzarlas para el combate, todo el grupo motor se fue al garete. No se podía reparar con los medios disponibles, y así el día 29, cuando Butler y los jefes sureños ya estaban en conferencia, Mitchell soltó río abajo al “CSS Louisiana”, incendiado como un gran brulote.

Su idea era que explotara más allá de Fort Jackson entre los navíos de la Unión, causando destrozos, pero lo hizo prematuramente a la altura de Fort Saint Philip, y su única victima fue un soldado confederado de esa guarnición, que resultó muerto. Tras este intermedio dramático, Higgins y Duncan acabaron rindiendo los fuertes el mismo día 29, y al día siguiente la flotilla de Porter, cruzaron ante ellos, acorraló y obligó a rendirse a Mitchell y sus vapores supervivientes.

No fue por tanto hasta bien entrado el día 29 que los transportes de tropas de Butler, dejando sus propias guarniciones en los fuertes y escoltados por Porter, reemprendieron la ascensión del Mississippi. Llegarían a New Orleans a mediodía del día 1 de Mayo, siendo el 4º de Wisconsin y el 30º de Massachusetts los primeros regimientos en desembarcar.

La caída de New Orleans conmovió a la opinión pública mundial, y causó entusiasmo en el Norte. Butler renovó así sus glorias y encantado con la actuación de Geofrey Weitzel, le obligó casi a punta de revólver a dejar el servicio regular por el voluntario, dándole seguidamente una coronelía de voluntarios y comenzando a buscarle de inmediato la estrella de brigadier.

Pero fue sobre todo Farragut el que se convirtió de una figura oscura, sólo conocida en medios profesionales, en una auténtica “vedette”. Y es que la carrera del Flag Officer David Glasgow Farragut es digna de admiración.

Flag Officer David Glasgow Farragut, USN

Nacido en Lowe’s Ferry (5 de Julio de 1801), Tennessee, que aunque distante del mar por sus venas corría sangre de marino. Pues su padre Jorge Farragut era un marino menorquino que los avatares de la vida le habían llevado a participar en la Guerra de Independencia en la marina de Carolina del Sur, en donde haría amistad con otro gran marino David Porter. Y así a la edad de 8 años David Farragut, nacido como James Farragut, quedó huérfano de madre y David Porter se ofreció a cuidar del joven, posteriormente Farragut adoptaría el nombre de David en honor a su padre adoptivo. Comenzaba así a la edad de 9 años su carrera militar que ya a la edad de 12 años, y embarcado en la fragata “USS Essex” del Capitán David Porter, participó en la Guerra de 1812. En donde tomó parte en la captura del “HMS Alert”, el primer barco de guerra capturado durante el conflicto.

Así y tras diferentes destinos fue ascendiendo en la USNavy como Teniente (1822) durante su servicio contra los piratas en el Caribe, luego Comandante (1844) y finalmente Capitán (1855) tras su servicio en California. Donde fue el encargado de crear la primera base naval de los Estados Unidos en el Pacífico, Mare Island Naval Yard, en Vallejo.

Para cuando estalló la guerra Farragut se encontraba viviendo a las afueras de New York y tras ofrecerse a la Unión, sólo recibió un puesto en la reserva. Su “procedencia” sureña por nacimiento y por su mujer hizo que la USNavy dudase de su lealtad. Pero finalmente su hoja de servicios y los contactos familiares de los Porter le otorgaron el puesto de Comandante del Escuadrón de Bloqueo del Oeste del Golfo, y ya hemos visto como realizó su misión, de una forma impecable. Pero esto era sólo el principio de su dilatada carrera. Aunque su momento de mayor gloria aún llegaría más adelante.

De inmediato se habló de acabar con la antigua figura del “Flag Officer” y crear las graduaciones a la europea de Comodoro y Contralmirante, bien entendido que Farragut encabezaría la primera lista de contralmirantes. Tales planes se iban a hacer realidad en el mes de Julio.

El quebranto para el Sur fue inmenso. Aparte de su ciudad más populosa y su mayor puerto, habían perdido fuertes, 140 cañones, muchas tropas, (aunque aparte cosa de 500 muertos y heridos, la mayoría eran prisioneros puestos en libertad bajo palabra), y una flotilla completa, incluyendo dos buques blindados de primera clase.

Del propio New Orleans se pudo evacuar a última hora algodón y azúcar por valor de 4.000.000 $. Pero no se pudo evitar que fuesen destruidas 15.000 balas de algodón, 12 buques oceánicos, otros tantos vapores fluviales y un buen puñado de cañoneros y buques de guerra en construcción, incluyendo el ya botado aunque inacabado “ram” “CSS Mississippi”, ante la imposibilidad de encontrar remolcadores para llevarlo a Memphis. Incluso el prototipo de submarino del Profesor Hunley, el “Pioneer”, había tenido que ser hundido en el Lago Pontchartrain.

Y Farragut no se detenía allí. Su vanguardia de cañoneros, mandada por el Comandante Palmer, del “USS Iroquois”, estuvo pronto remontando el río. Así el día 7 de Mayo llegó ante Baton Rouge, ciudad sin defensas que tras casi 48 horas de regateo, acabó rindiéndose formalmente el 9 de Mayo de 1862. Y el día 12 de Mayo se aceptaba la rendición de Natchez, donde el recibimiento fue algo menos frío. (Natchez, ciudad que vivía del tráfico fluvial, estaba ahogándose con la guerra y la secesión le causaba un serio perjuicio).

La primera voz de alto la recibieron ya en Vicksburg, donde su intimidación de rendición, enviada el día 18 de Mayo, recibió una respuesta lapidaria del Coronel James L. Antry de la Milicia de Mississippi: “Los hombres de Mississippi no saben rendirse. Y si Butler y Farragut pretenden enseñarles a hacerlo, que vengan a hacer la prueba”

Aunque el Coronel Antry y el Alcalde L. Lindsay, estaban de acuerdo en el mensaje, lo cierto es que Vicksburg tenía más en que apoyarse que la pura hombría. En primer lugar la ciudad se encuentra elevada sobre el río en unas alturas de caliza, bastante escarpadas hacia la corriente, tenía de por sí una excelente posición defensiva. Y además ésta se encontraba potenciada, aunque no por la hombría de Mississipi, sino por el Coronel surcarolino Stephen Dill Lee, (del que ya hemos hablado otras veces), que llevaba meses creando defensas y emplazando cañones, y por el gran refuerzo que su guarnición acababa de recibir al llegar a la plaza la Brigada de Florida del Ejército Provisional mandada por el Brigadier Martin L. Smith.

Su aspecto era lo suficientemente formidable como para que de primeras la flota no se atreviese a reaccionar contra ella hasta estar concentrada y bajo el mando directo de Farragut. A finales de mes éste montaría la operación contra Vicksburg, mientras el mando de Butler enviaba hacia allí la fuerza que había destacado para operar en el Mississippi.

Esta estaba mandada por el Brigadier Thomas Williams, (un hombre barbudo, de cierta edad, y que prefería el uso de sombrero de ala al de los quepis clásicos del generalato unionista en 1862). Constaba de los siguientes regimientos:

9º de Connecticut
21º de Indiana
14º de Maine
30º de Massachusetts
6º de Michigan
7º de Vermont
4º de Wisconsin

Con base principal en Baton Rouge.

A la vez, Butler se enfrentaba en New Orleans a un serio problema. Con más de un tercio de su fuerza río arriba con Williams, y teniendo que dar guarnición a Pensacola, Ship Island, Fort Jackson y Fort Saint Philip (situado en el antiguo emplazamiento del viejo Fuerte San Felipe español), la mayor parte del tiempo no le quedaban ni 6.000 hombres para ocupar New Orleans, lo que creaba una situación delicada.

En efecto Lovell o alguno de sus subordinados, (de los que los principales eran los brigadieres Paul Hèbert y Alfred Mouton), podía intentar recuperar la ciudad en cualquier momento, y la situación interna en ésta no era tranquilizadora, pese al talante conciliador que Butler mostrara en un principio. Aunque la amenaza de un ataque confederado había desaparecido, pues Lovell se había retirado a Camp Moore, 78 millas al Norte, gracias a la línea férrea Northern Pacific.

Es en este momento cuando quedaron demostradas las mejores cualidades del Mayor General Benjamin Butler, que antes que militar era político. Y ya anteriormente había realizado una buena tarea cuando las Revueltas de Baltimore, Maryland, en aquellos ya lejanos inicios de la guerra. Y de propia iniciativa había entrenado con esmero a los seis regimientos de la Milicia de Massachusetts previendo el inicio de la guerra. Por lo que fue uno de los primeros Mayor General de Milicias y recibió como premio el mando de Fort Monroe en la Península de Virginia. Donde volvería a las primeras páginas de los periódicos cuando consideró a los esclavos que huían como contrabando de guerra para negarse a devolverlos a sus propietarios.

Mayor General Benjamin Butler, USA

Así que Butler experimentado en situaciones conflictivas era totalmente consciente de su situación como el mismo comentó:

“We were 2,500 men in a city… of 150,000 inhabitants, all hostile, bitter, defiant, explosive, standing literally in a magazine, a spark only needed for destruction.”

“Nosotros éramos 2.500 hombres en una ciudad… de 150.000 habitantes, todos ostiles, amargos, desafiantes, explosivos, literalmente como un polvorín, sólo necesitaban una chispa para la destrucción”

Su primera medida habían sido permitir el autogobierno a la corporación del Alcalde Morgan, con incluso el brazo armado del regimiento extranjero aún a su disposición, y retirar sus tropas a acuartelamientos fuera de la ciudad, donde sólo permanecía el Provost o Policía Militar y el mismo mando de Butler, instalado en el mismo hotel que empleara antes Lovell.

Pero la ciudad, incluso drenada de los hombres movilizados y las gentes que habían huido ante la llegada de los unionistas, aún sumaba 140.000 habitantes. Era un peligroso hervidero, infestada de población marginal que era contada entre la más violenta de todo el país, y que los extremistas del secesionismo podían tratar de instrumentalizar contra las tropas de ocupación. Y esto era precisamente lo que estaban haciendo.

En efecto, había un claro intento por parte de muchas gentes de buena posición de hacer el antiunionismo moda local, logrando así el enfrentamiento continuo pese a que, en realidad, ni el ciudadano medio ni el hampa estaban muy politizados. Así, muchas damas de sociedad salían a la calle con vestidos que lucían, sobre el pecho o el trasero, la bandera confederada, y provocaban al paso a los oficiales unionistas, (algunas los escupían). Las convenciones de caballerosidad y decoro las protegían, y el “show” y la polémica estaban servidos.

También era obvio quién estaba pagando, (licor gratuito incluido), continuas fiestas en los barrios bajos en honor de W.D Munford, el jugador que retiró la bandera de la Aduana. Para colmo, un grupo de hombres con uniformes unionistas, practicaban registros nocturnos ilegales acabados sistemáticamente en saqueos.

A más largo plazo otra amenaza era la fiebre amarilla, que visitaba New Orleans cada verano, causando a menudo miles de muertes, y ante la que se suponía que los aún no aclimatados norteños caerían como moscas. Butler la atribuía en parte a la desidia y falta de medidas higiénicas del Ayuntamiento, pero el alcalde se negaba a cambiar la política sanitaria.

A las cuatro semanas ya empezaban los atentados contra los unionistas y Butler, ya cansado, destituyó al alcalde (que acabó desterrado en Ship Island), e introdujo grandes cambios. Comenzando por declarar la Ley Marcial en la ciudad y marcando su contundencia al condenar a tres meses de trabajos forzados en Fort Jackson a un ciudadano que pidió aplausos para Jeff Davis y Beauregard. Los saqueadores de uniforme azul fueron detenidos, y resultó haber entre ellos cuatro unionistas que eran los que procuraron los uniformes, y bastante “talento local” asociado. Todos ellos, salvo un par de menores, fueron ahorcados en el acto. Los opositores comenzaron a ser desterrados en masa, y hasta encontró un arma contra las “damas abanderadas”. Era una orden municipal (Butler’s General Order Nº 28) contra la prostitución por la que la mujer que llamara deliberadamente la atención por la calle por su ropa o actitud sería considerada una prostituta ofreciendo su comercio.

Nadie la había relacionado hasta entonces con damas de buena familia pero, como indudablemente las “abanderadas” llamaban deliberadamente la atención, les era aplicable, y sirvió para cortar su juego en seco. La propaganda confederada, y la francobritánica a nivel mundial, hicieron de Butler un monstruo por asuntos como la ejecución de Munford y la “orden de las mujeres”, (que no estaban sometidas a las penas que se insinuaba, sino a una multa y una noche de calabozo… con las verdaderas prostitutas, que fue lo que más las disuadió).

William Munford fue detenido, juzgado sumariamente y condenado a muerte por “incitación a la rebelión”. (Esta condena le supuso a Butler, que en Diciembre de 1862 fuese declarado “criminal”, merecedor de la pena capital en caso de ser capturado según la Orden General 111 firmada por Jefferson Davis). En realidad aunque algo legalista y con cierta tendencia a ahorcar y fusilar, Butler no era demasiado sanguinario, y menos comparado con los roles de la época. Y además hacía cosas en beneficio de la ciudad. Aunque también tuvo su “leyenda negra” siendo conocido como “Spoons Butler” (“Cucharas Butler”) por su presunta costumbre de apropiarse de todas las vajillas de plata de las casas del Sur por donde pasaba.

Con un duro sistema de multas y confiscaciones a los secesionistas notorios, sacó dinero para hacer repartos gratuitos de comida a los más pobres, sosteniendo que el hambre alimenta a las epidemias, y empleó miles de parados en actualizar y ampliar las cloacas y servicios sanitarios. Resultado: en un año de fiebre amarilla particularmente dura en otras zonas, New Orleans no la sufrió por primera vez en más de un siglo.

“Louisiana Native Guard, 1862 USA”

Al mismo tiempo comenzó a ganarse a las clases altas de la ciudad impulsando de nuevo el comercio retomando ese gran negocio del “Rey Algodón” al valerse de sus contactos en el Norte para exportar las primeras 17.000 balas y restableciendo el comercio internacional. Llegaba a la ciudad una bocanada de aire fresco, con un comercio prácticamente estrangulado y que había pasado de un montante de 500 millones de dólares en 1860 a tan sólo 52 millones en 1862. Aunque una de las medidas más destacables fue la creación de tres regimientos, el 1º, 2º y 3º de Guardias Nativos de Louisiana, Cuerpo de Africa, a partir de la base de las unidades de negros libres de la milicia estatal. Estos regimientos estaban bajo las órdenes del Brigadier Daniel Ullmann, pero lo realmente inusual es que los oficiales también eran negros.

Pero también hubo lunares en la actuación de Butler y el principal de todos fue el Incidente Heidsieck.

Charles Heidsieck era un comerciante francés de la región de Champagne, hijo del Charles-Henri Heidsieck que a lomos de un semental blanco entró justo detrás de Napoleón en Moscú seguido de cajas de champán listas para celebrar la victoria y el libro de pedidos para preparar la siguiente celebración. Así que lo llevaba en la sangre el olfato para encontrar nuevos mercados. Y así en 1852 Heidsieck se presentó en New York dispuesto vender su mercancía entre la alta sociedad estadounidense. Y ¡vaya si lo consiguió! Cuando regresó de nuevo en 1857 fue la gran noticia en los periódicos, se celebraban banquetes en su honor y recibió el sobrenombre de “Champagne Charlie”.

Charles Heidsieck, “Champagne-Charlie”

Así para 1861 cuando recibió la noticia del inicio de la guerra y con al menos la mitad de su dinero en activos impagados estadounidenses dejó rápidamente Reims y se dirigió hacia los Estados Unidos. Pero el mejor de los negocios tiene su riesgo, y este para Heidsieck se llamaba algodón. Sus principales clientes no eran otros que los terratenientes sureños los cuales financiaban sus lujosas fiestas gracias al comercio del algodón.

Pero todo saltó por los aires cuando al llegar fue informado que el Congreso de la Unión había declarado nulas toda deuda contraida con el Sur. Y por tanto el agenete comercial de Heidsieck estaba exento de deudas por sus ventas en el Sur, si quería cobrar su mercancía en debía ir a cobrarlo el mismo. Por lo que no le quedó otro recurso que dirigirse a New Orleans si quería recuperar el pago de su champán suministrado.

Pero para cuando llegó a la ciudad ya era Abril de 1862, pues hubo de viajar en secreto a través de Kansas para evitar ser detenido, y en esas fechas se encontró con una New Orleans en bancarrota. La única opción que recibió fue recibir el pago en algodón, pues con los puertos bloqueados este se pudría en los almacenes. Además debido al bloqueo unionista el precio del algodón en Europa se había disparado y si salía bien incluso multiplicaría sus ganancias.

Pero la fortuna no estaba con Heidsieck, y tras contratar dos mercantes en Mobile y enviarlos por rutas diferentes, ambos barcos fueron interceptados y hundidos. Y en vista de su situación se decidió a regresar a New Orleans con la intención de regresar a Europa en cualquier barco que partiese hacia Mexico o Cuba. Pero de nuevo la mala fortuna acompañó a nuestro “francesito”, el cónsul francés de Mobile le pidió que entregase unos documentos en una valija diplomática en el Consulado Francés de New Orleans, pero cuando llegó a su destino ya era 5 de Mayo de 1862, los unionistas habían tomado la ciudad y Heidsieck fue detenido y los documentos incautados. Estos detallaban las transacciones comerciales de fabricantes de telas franceses que suministraban uniformes al ejército confederado. Por lo que fue considerado un espía francés al servicio de la Confederación. Un tema al que Butler dedicó notables esfuerzos creando una red de contraespionaje e intentando impermeabilizar todos los accesos a New Orleans.

El despiste o la ignorancia de Heidsieck respecto a la valija diplomática le costó dar con sus huesos en la cárcel de la recien conquistada Fort Jackson. Comenzaba así el Incidente Heidsieck, en el que incluso intervino Napoleón III contactando con Lincoln para conseguir la puesta en libertad de nuestro comerciante desventurado. Que fue finalmente liberado el 16 de Noviembre de 1862 con su salud afectada, desmoralizado y arruinado totalmente.

Aunque finalmente tuvo un final feliz. Pues a principios de 1863 recibió una carta desde Estados Unidos que era del hermano del agente de Heidsieck en New York, el cual avergonzado por la actitud de su hermano intentó compensarlo mediante la entrega de unos terrenos en Colorado. Terrenos que resultaron ser el tercio de un pequeño pueblo llamado Denver y que en pocos años se convertiría en una populosa ciudad que permitiría a Heidsieck pagar todas sus deudas y refundar de nuevo su bodega de champán, siendo hoy en día considerado el mejor y por tanto el más caro del mundo.

Pero volviendo al tema que nos ocupa vemos que estas y otras medidas lograron que New Orleans permaneciese para el resto de la guerra en manos de la Unión. Y Farragut definió la actuación de Butler con las siguientes palabras:

”They may say what they please about General Butler, but he was the right man in the right place in New Orleans”
“Ellos pueden decir lo que quieran sobre el General Butler, pero el fue el hombre correcto en el sitio correcto en New Orleans”

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