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Capítulo XXV: Roanoke Island, Elizabeth City y Fort Donelson

A pesar del duro cañoneo que se prolongó hasta el anochecer, la lucha del día 7 de Enero de 1862 en Roanoke Island sólo fue en cierta forma preparatoria. Los buques del Flag Officer Goldsborough buscaban esencialmente ir eliminando los obstáculos que se oponían a su enfrentamiento directo con el nudo de la defensa de Croatan Sound, (el conjunto Fort Muger-Fort Blanchard). Los soldados del Brigadier Burnside sólo desembarcaban y se reagrupaban, esperando al fin de la operación de desembarco para reorganizarse y avanzar hacia el Norte.

Con todo, Fort Bartow fue un hueso duro de roer y toda la flota hubo de concentrar su fuego sobre él, hasta que 4 horas de acción, hacia las 17:00, su último cañón quedó acallado. Durante el combate, había molestado bastante a las unidades unionistas las apariciones de las cañoneras de la flotilla confederada del Capitán Lynch, que aparecían disparando y volvían a desaparecer tras los cabos de Weir’s Point, en la isla, y Redstone Point, en tierra firme. Y Goldsborough había decidido, para darles un escarmiento, que en cuanto Fort Bartow enmudeciera, toda la flota se lanzaría hacia sus posiciones de ataque a Fort Forest a toda máquina, tratando de sorprender a cualquier enemigo que acechara en Redstone Point, y por supuesto con las más aviesas intenciones.

Así se hizo, y si bien un solo buque enemigo quedó sorprendido éste fue precisamente el vapor “Curlew”, que con 260 Tn era la unidad más pesada de Lynch. Acribillado por una docena de cañones y embarcando agua, el “Curlew” debió acogerse a varar bajo la protección de los cañones de Fort Forest, que era precisamente el próximo objetivo de los unionistas de Goldsborough.

Y después el bombardeo, ahora contra Fort Forest como objetivo, se reanudó hasta verse interrumpido por el anochecer, siendo en tanto ya desmontado algún cañón e iniciado algún incendio en el fuerte. A la vez, no mucho antes se había dado por concluido el desembarco de las tres brigadas de Burnside, y todo parecía preparado para que la acción se culminara con la luz del día siguiente. Lo peor fue que se reanudó la lluvia, y los soldados desembarcados hubieron de sufrirla estoicamente en mitad de unos pantanos donde todo rezumaba agua y la mayoría de ellos no pudieron encontrar un lugar donde sentarse y no digamos acostarse.

Hacia medianoche fueron alarmados por unas estentóreas explosiones que sonaron hacia el Este, pero la noticia que encubrían acabó siendo buena: los confederados de Fort Forest habían decidido no prolongar su resistencia y huir durante la noche por la marisma costera con sus cañones más ligeros. Las explosiones venían de que previamente y para evitar su captura, habían volado las piezas más pesadas, los polvorines y murallas de su posición y el casco del “Curlew”.

Al amanecer del 8 de Febrero, y mientras la flota de Goldsborough tomaba calmosamente posiciones en el Croatan Sound, esperando que se levantase la niebla matutina para atacar Fort Huger y Fort Blanchard, las tropas de Burnside se ponían al fin en marcha. La brigada más potente, mandada por el Coronel John Grey Foster y que alineaba el 10º de Connecticut y los 23º, 24º, 25º y 27º de Massachusetts, y una batería de Napoleones de 12 libras, con más de 3.000 hombres, avanzaba por el centro, por una embarrada pista forestal que era el único camino en aquellas soledades. A su derecha la brigada del Coronel John Grubb Parke, con los 8º de Connecticut, 9º y 4º de New York y un batallón del 5º de Rhode Island, con poco más de 2.000 hombres. Y a su izquierda la de Jessee Lee Reno, con el 21º de Massachusetts, 9º de New Jersey, 51º de New York y el 51º de Pennsylvania, casi 2.500 hombres. Habían de avanzar por el bosque, que desde luego retrasaba su progresión.

Además, una compañía del 99º de New York servía de escolta a Burnside en la columna central. Y como curiosidad, añadiremos que el Coronel del 51º de Pennsylvania era aquel mismo John F. Hartranft que en Bull Run se irritara cuando la víspera de la batalla, su 4º de Pennsylvania se había disuelto por licenciamiento. La enfermera Kady Brownell, que en aquella batalla hizo ondear la bandera del 2º de Rhode Island, estaba también presente con el 4º. Y otro personaje curioso era el Coronel de 51º de New York, Edward Ferrero, un antiguo oficial de la milicia neoyorquina nacido en la Galicia española y cuya profesión civil era la de maestro de danza.

Hacia mediodía, y no mucho después de haberse iniciado el duelo artillero en el Sound, la columna en que marchaban Burnside y Foster, adelantada, y en marcha desde el amanecer, apareció ante el último obstáculo que se oponía a los unionistas para salir del bosque. Se trataba de una zona más baja del terreno donde las aguas de lluvia se estancaban creando, (obviamente todos los inviernos), una laguna cenagosa en la que desaparecía el camino. Del otro lado de esa laguna, el camino había sido prolongado, elevándolo como un dique para ir a parar a una explanada asimismo elevada, sobre la que se había levantado una fortificación de batería que enfilaba la parte del camino que llegaba del Sur con 6 potentes piezas, cañones y obuses de 24 libras.

Sin dudarlo, Burnside y Foster emplazaron en el mismo camino sus cañones de 12 libras; (que aunque superiores a la mayoría de los de su categoría lo tenían muy negro, tanto por la diferencia de peso de andanada, como porque emplazados en terreno demasiado blando, su tiro iba a ser más errático). Pero su idea era distraer con ellos a las piezas enemigas mientras la infantería intentaba llegar y enderezar el pleito.

Los 23º y 27º de Massachusetts, vadeando con el agua por encima de la cintura, lograron deslizarse por la derecha de la batería hasta quedar desenfilados de su tiro y a punto de rodearla. Pero elementos de la Wise’s Legion contraatacaron entonces contra ellos, empujándolos atrás de nuevo, y produciéndose algunos pequeños y desesperados cuerpo a cuerpo con el agua fría y cenagosa hasta el pecho.

Pero si el confederado Anderson, (al frente allí de la Wise’s Legión), creía haber logrado una victoria importante, era porque, ignorando el volumen de los desembarcos, pensaba que la columna de Foster constituía el total de la fuerza unionista. Poco después vino a desengañarle la columna de la brigada de Parke, que apareció de entre el bosque más a su derecha, guiada por la “voz” del cañoneo.

Su regimiento era el 9º de New York o “Hawkings Zouaves”, que viendo que la Wise’s Legion la daba totalmente el flanco, mientras se desplegaba para hacer frente a otro ataque similar al anterior, cargó a la bayoneta sobre la marcha, con tal ímpetu que la mayoría de los hombres de Anderson, mal colocados para ello, no pudieron ni disparara una vez su fusil antes de que, ante la inminencia del choque, sus formaciones se deshicieran ante el acero frío de los zuavos.

La Wise’s Legion huyó hacia el fondeadero de los botes que la habían traído de Nag’s Head, perseguida por la brigada de Reno, llegada a su vez. Mientras, el regimiento del Coronel Rush C. Hawkings, y los 4º y 5º de Rhode Island y el 8º de Connecticut, que le seguían, contornearon la laguna para atacar la batería por detrás, tomándola junto con 300 prisioneros.

Los hombres de Anderson lograron alcanzar al fin sus botes, perseguidos por el 21º de Massachusetts y el 51º de New York de la brigada de Reno y regresar a Nag’s Head, dejando atrás tan sólo unos pocos heridos. Pero uno de ellos era el Capitán Jennings Wise, hijo del Brigadier Wise, que muy malherido en la laguna, murió aún antes de que los cirujanos militares de sus captores unionistas pudieran echarle un vistazo.

Saliendo ya los unionistas a campo abierto por la retaguardia de los fuertes, ni estos ni el resto de la guarnición confederada tenían esperanzas, (es asombroso que dado el valor estratégico que resultó tener la posición de la laguna, apenas 1.000 confederados hubiesen sido destacados para defenderla, cuando podían haber acumulado más del doble), y al poco tiempo el Coronel Shaw pedía condiciones, rindiendo el resto de la isla, (con Fort Huger y Fort Blanchard aún en condiciones de combatir).

Así fue conquistada la isla de Roanoke, en una victoria que hizo vibrar al Norte y a un coste bastante modesto. En efecto, la flota había sufrido en aquellos dos días de acción sólo 3 muertos y 11 heridos, y el Ejército 37 muertos, 214 heridos y 13 desaparecidos, (probablemente cadáveres perdidos en los tremedales o en el fondo de la laguna). Los confederados, mucho mejor librados en bajas por fuego en la laguna, donde su superioridad artillera había sido aplastante, habían tenido 6 heridos en el “Curlew” y 23 muertos, 58 heridos, 62 desaparecidos (entre los que habría de todo) y 2527 prisioneros en la isla.

Para subrayar la victoria, Goldsborough permitió que el Comandante Rowan organizara una fuerza de cañoneros, con los “Commodore Perry”, “Ceres”, “Delaware”, “Henry Brinker”, “Hetzel”, “Isaac N. Seymour”, “Louisiana”, “Morse”, “Shawaheen”, “Underwriter”, “Valley City” y “Whitehead”; y salieron de caza al Albemarle Sound, llevándose a los “Hawkin’s Zouaves” como infantería embarcada. Los resultados fueron espectaculares.

El mismo 10 de Febrero, Rowan alcanzó a lo que quedaba de la fuerza de William Lynch en Elizabeth City. Perdido el “Curlew” y con el “Forest” en reparación por impactos recibidos en Roanoke Island, Lynch trató valientemente de hacerles frente con el resto de su fuerza armada: “Appomattox”, “Beaufort”, “Black Warrior”, “Ellis”, “Fanny”, “Raleigh” y “Sea Bird”. Con apenas la mitad de buques, de un tonelaje promedio la mitad o menos del de sus enemigos y peor armados. El resultado ofrecía pocas dudas, pero el confederado trató de nivelar más las cosas esperando al enemigo dentro del alcance de una batería situada en Cobb’s Point y colocando sus unidades más pesadas en el centro de la línea. (Los “Sea Bird”, “Black Warrior”, “Ellis” y “Fanny”).

Rowan, que no quería perder el tiempo, lanzó precisamente en cabeza y contra ese centro sus buques más voluminosos, disparando como energúmenos. Pronto el “Ellis” y el “Black Warrior” comenzaron a arder, y el segundo, cuya gran arboladura le hacía especialmente delicada ante las llamas, aprovechó un golpe de viento para ir a varar a la costa, donde el fuego lo consumiría hasta la quilla. La batalla, lejos de ese ritmo majestuoso, casi de ceremonial, que suelen tener los encuentros navales, discurría rápidamente con la carga en cuña de los buques unionistas sobre la línea confederada y pronto sobrevino el choque.

En él, el “Ellis” ya incendiado, se vio abordado por los unionistas que lo capturaron tras un violento combate en el que su mismo comandante, el Teniente J. M. Cook, resultó gravemente herido. El “Sea Bird” del Teniente McCarrick, insignia del mismo Lynch, al maniobrar para evitar un abordaje similar, ofreció su amura al unionista “Commodore Perry”, de más de dos veces y media su desplazamiento, que lo espoloneó con ferocidad, casi partiéndolo en dos y enviándolo al fondo rápidamente.

El resto de la fuerza confederada se dispersó, tratando de huir hacia la desembocadura del río Pasquotank para refugiarse en él. El “Fanny”, que también había recibido “atención especial” por parte de los cañoneros unionistas, no lo lograría, y ante la persecución de las unidades ligeras enemigas embarrancó en la orilla, donde lo consumiría un incendio provocado por sus propios tripulantes antes de huir.

Para entonces era obvio que Elizabeth City iba a caer en manos de la Unión y el confederado “Forest” (antiguo “Edwards”), que tras ser tocado en Roanoke Island se encontraba en reparación en su puerto, fue incendiado para evitar su captura, así como algunos remolcadores sin armas al servicio de la flotilla de Lynch y surtos en el puerto. Mientras, los tres supervivientes del desastre, “Appomattox”, “Beaufort” y “Raleigh”, remontaban el Pasquotank, buscando pasar al litoral virginiano por los canales de las Marismas Dismal. En su apresurada fuga, rebasaron pronto al transporte-tender “M. C. Etheridge”, que había presenciado la batalla de lejos y emprendido la fuga bastante antes que ellos, pero cuya propulsión a vela era poco adecuada a la navegación fluvial.

Varias unidades ligeras unionistas corrían río arriba tras ellos y el “M. C. Etheridge”, en obvio trance de ser capturado, fue a su vez embarrancado y entregado a las llamas por su dotación que huiría por tierra. Los tres remolcadores armados llegaron a la Marismas Dismal, pero para encontrar que como a veces ocurre, las heladas de invierno, (muy duras en aquella zona y más en la parte virginiana), habían producido cierto descenso temporal de las aguas que no permitía cruzar los canales al “Appomattox”. Así que aquel hubo de ser también embarrancado e incendiado. De toda la fuerza de Lynch sólo las dos unidades más pequeñas, el “Beaufort”, de 85 Tn, y el “Raleigh”, de 65 Tn, pudieron unirse al mando del Comodoro Randolph Tucker en Norfolk.

No hay datos, sino muy dudosos, de las bajas humanas que se produjeron en este combate naval llamado “Batalla de Elizabeth City” o “de Cobb’s Point”, pero sus consecuencias resultaron obvias. Rowan quedó convertido en el amo indiscutible del Albemarle Sound, ocupando Elizabeth City y Edenton, más al interior, el mismo 15 de Febrero. Y saliendo el 18 para una larga incursión en su orilla Sur, (siempre con el 9º de New York como infantería embarcada). Rondaría así el curso bajo el río Roanoke, ocupando el 20 de Febrero la villa de Winton, en el Choyan Clyde y junto a su desembocadura. Unicamente, una batería bien emplazada y servida, y la momentánea ausencia de los zuavos, le impidió tomar el importante puerto de Plymouth.

Mientras, el Brigadier Burnside y el Flag Officer Goldsborough daban ya aquella primera fase de la campaña por terminada. Y después de firmar conjuntamente el 18, en Roanoke Island, una proclama dirigida a la población costera, Goldsborough dejó al frente de la fuerza naval de los Sounds a Rowan, ya ascendido a Capitán, y el Flag Officer regresó a Fort Hatteras y de allí a Hampton Roads.

Entretanto, en el Tennessee, la salida de las timberclads del Teniente Comandante Phelps creaba para los confederados su propio pequeño infierno desde la misma noche del 6 de Febrero en que se inició. Esa noche y mientras la “Tyler” desembarcaba 12 millas río arriba de Fort Henry un destacamento del 32º de Illinois, para que quemara un puente ferroviario para aumentar el aislamiento de Nashville, las otras dos cazaban barcazas en el río; (Una de ellas, cargada de pólvora, explotó demasiado cerca de la “Conestoga”, causándole ciertos daños). Mientras, ya la noticia de su correría comenzaba a extender la destrucción, y entre aquella noche y el amanecer siguiente, cuatro vapores fluviales que habían estado al servicio del fuerte, eran quemados en la zona del Duck River, (afluente del Tennessee que desembocaba en él, bien al Sur de la zona donde aún operaban la timberclads).

Así, en el Cypress Creek fueron quemados los “Lynn Boyd” y “Appleton Belle”, y más hacia la boca del Duck River el “Dunbar”, (que había servido de transporte al propio Tilghman), y más tarde el “Samuel Orr”, preparado para su uso en la evacuación de heridos. Y en algún momento de la noche fue también sacrificada la cañonera “Slidell”, casi recién llegada del Tennessee. (El confederado Isaac N. Brown había hecho traer esta cañonera recién terminada desde el Mississippi, con no poco uso de astucia y habilidad: ¡Su paso, sin duda nocturno, ante Cairo había tenido que ser, por fuerza, una hazaña en sí mismo! Pero aún sola, no era enemigo ni siquiera para uno de los timberclads norteños. ¡No digamos para los tres a la vez!).

El 7 de Febrero, los unionistas seguían su correría río arriba, con tal fortuna que en un excelente astillero que Brown había improvisado en Cerro Gordo y prácticamente terminada, aunque aún sin colocar el blindaje que estaba cuidadosamente apilado plancha sobre plancha junto a ella, encontraron un nuevo engendro del ingenio de Brown; la que iba a ser sin duda la mejor cañonera fluvial blindada de diseño confederado, llamada “Eastport”.

Dejando al “Tyler” atrás, con suficiente personal para botar rápidamente la “Eastport”, y cargarla con su propio blindaje, (puesto que estaban seguros de que merecía la pena llevarla a completar a Saint Louis o Carondelet, e incluirla en sus propias filas), Phelps continuó su incursión el 8 con las “Lexington” y “Conestoga”. Internándose cada vez más profundamente en la retaguardia enemiga, se veían a veces sorprendidos al encontrar grupos de prounionistas locales, que saludaban alegremente a la vieja bandera nacional desde la orilla, pero en general lo que presentaban en las riberas eran escenas de odio y pánico.

USS Eastport

En Chickasaw, al Norte de la localidad de Eastport, capturaron dos buenos transportes fluviales, los “Sallie Wood”, de 256 Tn y rueda trasera, y el “Muscle”, (también llamado “Cerro Gordo”), de 125 Tn; y los dejaron con tripulaciones de presa esperándoles en el río, dispuestos a llevárselos consigo. Alcanzaron finalmente Florence (Alabama), junto a la boca del Muscle Shoals River que Grant les había señalado como extremo de la incursión. Quemaron allá dos vapores de río, causando el pánico en el pequeño puerto y emprendieron el regreso.

Volvieron felices, porque habían causado importantes destrucciones y llevaban un voluminoso botín. Además, como Grant había supuesto, su incursión acababa de demostrar que las defensas río arriba eran poco importantes, y se podían obtener aún enormes resultados insistiendo en la ofensiva a lo largo de la vía fluvial. Y ese era un punto en que Grant y los marinos estaban totalmente de acuerdo.

Una pequeña piedra en el zapato de su felicidad fue el descubrir que no podrían llevarse el “Muscle”. Al parecer su tripulación, antes de entregarlo, le habían abierto disimuladamente una vía de agua oculta por los bultos de la bodega, y para cuando la tripulación de presa comprendió que la creciente inmersión y “pesadez” en el timón del barco se debía a que estaba embarcando agua, había tomado ya demasiada, y hubo de permitirse que se hundiera. No obstante, la “Sallie Wood”, que iba a ser empleada como tender y la poderosa “Eastport”, que una vez acabada reforzaría la fuerza fluvial de ironclads, eran dos hermosas presas.

Phelps y sus victoriosas timberclads estuvieron de vuelta en Fort Henry el 10 de Febrero, a la vez que llegaban los transportes ligeros con equipos, provisiones y refuerzos. Y el 11, las primeras tropas de Grant se pusieron ya en marcha hacia Fort Donelson. En tanto, el más bien complicado Halleck, a la vista del éxito inicial de Grant, había realizado un gesto con el que parecía apoyarle sin realmente hacerlo; había ordenado que fueran agregadas a su ejército las divisiones de William Tecumseh Sherman, Stephen Augustus Hurlbut y Benjamin Mayberry Prentiss, de los Ejércitos del Ohio y el Mississippi.

Como ya conocemos a Sherman, que estaba a punto de cumplir los 42 años, y cuya división iba a ser la 5ª del Ejército del Tennessee, sólo diremos que de sus compañeros Hurlbut, de 46 años, y que iba a mandar la 4ª, era un político en estado puro, (y nacido por cierto en South Carolina). Mientras Prentiss, pequeño industrial y oficial de milicia, sólo tres meses mayor que Sherman, iba a mandar la 6ª, habiendo tenido una pequeña experiencia como comandante de división en Missouri, el Otoño anterior. De todas formas, sus nuevos destinos eran un toque muy de Halleck.

Stephen Augustus Hurlbut, USA

En efecto, este no deseaba en absoluto que Grant tuviera éxito en tomar rápidamente Fort Donelson, lo que le impediría aparecer en escena, poniéndose al mando de un gran despliegue que incluiría al menos los Ejércitos de Tennessee y Ohio, para ir empujando a los confederados fuera del fuerte y Nashville. (Que era con lo que obviamente soñaba). Por ello y en vez de darle alguna de las divisiones operativas del Ejército de Buell, (la 1ª de Thomas, la 2ª de J. A. McCook o la 4ª de William Nelson), que estaban activas no muy lejos al otro lado de Bowling Green. Le “favorecía” con un gran refuerzo de divisiones recién creadas, aún sin terminar de organizar y situadas en lugares lejanos, en un momento en que no había más transporte disponible.

Además, Halleck tuvo el detalle de nombrar comandante del refuerzo a Sherman, cuando no es corriente nombrar jefe de un refuerzo y menos si éste tiene que agruparse proviniendo de diferentes lugares. Y es aún menos común dar tal cometido a un hombre como Sherman, que era el Comandante de División con más fama de problemático y conflictivo de todo el escenario de operaciones y últimamente bajo sospecha de mala salud mental.

De inmediato, la impresión que se recoge es que Halleck pretendía producir un choque entre el agresivo Sherman y el tímido Grant, para “poner en su sitio” a éste último.

Entretanto, Grant sin esperar los refuerzos ya había enviado hacia Fort Donelson el 11 de Febrero al mando de John A. McClernand, y el 12 lo seguía con el de C. F. Smith y el suyo propio. Aquí es de nuevo “traicionado” por la historiografía clásica, que suele asegurar que llegó ante Fort Fonelson con 18.000 hombres, lo que es ni más ni menos, el cálculo de los efectivos en plantilla de las unidades que las divisiones 1ª y 2ª iban a acumular allí durante el asedio, presuponiendo unas disponibilidades de personal poco realistas. Así atribuye a los 27 regimientos de estas divisiones casi 360 hombres de promedio, (pese a que parte de ellos habían hecho meses de campaña en Missouri, y tres participando en la Batalla de Belmont, sufriendo más del 20 % de las bajas). En cambio, para las acciones de Roanoke Island, que acabamos de ver, esta misma historiografía da un máximo de 7.500 hombres para los 12 regimientos de Burnside, con poco más de 580 por regimiento. ¡Y eso pese a que llegaban directamente de retaguardia!

En general debemos asumir que, si parece que Grant llegó ante Fort Henry días antes con 22 regimientos y algo menos de 12.000 hombres, de los que debemos descontar el 32º de Illinois, del que sólo una compañía actuaría en Fort Donelson, el refuerzo le aportó más baterías de campaña, otros 6 regimientos y un batallón y nada más, con unos 4.000 hombres suplementarios, y el día 12 y siguientes dispondría de escasamente 15.500 ante Fort Donelson.

Este dato es importante porque los confederados de Fort Donelson, que disponían de una superioridad aplastante en artillería y caballería, habían reunido para la tarde del 12 hasta 18.000 hombres, lo que habla de los riesgos que se estaba atreviendo a asumir Grant, confiando en su capacidad de engañar a un enemigo, rápida y caóticamente concentrado, al que suponía, (con razón), sumido en un caos de mando.

En efecto, la acumulación de fuerzas confederadas en Fort Donelson había seguido un patrón bastante caótico. En la noche del 6, mientras lo alcanzaban desde el Oeste el Coronel Heiman y los 3.000 fugitivos de Fort Henry, llegaban a él del Este tres nuevos regimientos de Tennessee, con unos 1.600 hombres, que con aquellos y la guarnición y los artilleros del propio fuerte hacían elevarse la fuerza acumulada a cerca de 6.500. El 8 comenzaron a llegar ya brigadas completas, como las de Tennessee del Coronel de 35 años John Calvin Brown y el Brigadier de 44 años, proveniente del Arma de Ingenieros, Bushrod Rust Johnson, que tomaría provisionalmente el mando e iba a ser un personaje clave de la defensa.

Bushrod Rust Johnson, CSA

Entre el 10 y el 12 llegó el gran aluvión, con tres mandos de división, el de Gideon Johnson Pillow, y los de Simon Bolivar Buckner y John Buchanan Floyd que llegaban de Bowling Green, pero todos ellos llegaban con fuerzas variadas e incompletas. Buckner llevaba dos brigadas de considerable volumen, Floyd otras dos pero minúsculas, Pillow sólo una. Rápidamente y en su clásico estilo, el ex-Secretario Floyd hizo notar que él era el Brigadier más antiguo y por tanto el jefe supremo, aunque luego apenas se le ocurría nada que ordenar. Pillow, enérgico y algo ampuloso, se conformó con ser el número dos, confiando en ser el que tomara realmente las decisiones, mientras Buckner quedaba relegado al tercer puesto y Johnson, recién ascendido, al cuarto.

Pero antes de profundizar más en los sucesos de la batalla, debemos hacer un alto y contemplar la situación general del teatro de operaciones, observando con detenimiento el mapa que se muestra a continuación.

El mando de todo el frente lo ostentaba nuestro conocido Tte. Gen. Albert Sidney Johnston quien como ya comentamos con anterioridad había dispuesto la línea defensiva confederada confiando en la llegada de la fuerza de Braxton Bragg, pero que aun se estaba formando, y en la pasividad de Grant ante la escasa guarnición de los fuertes Henry y Donelson.

Johnston realizó una reunión de oficiales al mando en el Hotel Covington de Bowling Green el 7 de Febrero, en donde recibió la noticia de la caída en manos federales de Fort Henry el día anterior. Y mantuvo la postura de que la acción de Grant era una maniobra de distracción preparatoria de la acción principal que sería iniciada por Buell con la intención de tomar Nashville. Por lo que decidió que P.G.T Beauregard abandonase Columbus y las fuerzas situadas en Bowling Green se retirasen hacia Nashville para utilizar el río Cumberland como nueva línea defensiva. Aunque también se decidió reforzar las defensas de Fort Donelson con 12.000 hombres, aunque Johnston era muy exceptico sobre su defensibilidad.

El mando de Fort Donelson fue ofrecido a Beauregard, pero este declinó el ofrecimiento alegando una dolencia de garganta, recayendo por tanto en el Brig. Gen. Floyd que acababa de llegar del Este después de una nefasta actuación a las órdenes de Robert E. Lee en Virginia.

En cuanto a las fuerzas confederadas, nunca fueron exactamente contadas, y se han barajado cifras desde 12.000 a 24.000 hombres. Tiempo después y durante la investigación a que fue sometido tras ser liberado, Buckner hablaría de 12.000 defensores, de los que 9.000 habrían caído prisioneros. Pero en el mismo momento de la rendición, se refirió a 15.000 y 12.000 prisioneros. Esto coincide con ciertas declaraciones hechas en la posguerra por Jeremy Francis Gilmer, por entonces Teniente Coronel de Ingenieros del mando del Teniente General confederado Albert S. Johnston, al que éste ordenó acudir al fuerte para encargarse de llevar el Estado Mayor de sus defensores. Y también viene a coincidir con las listas de efectivos de las unidades del Ejército Provisional empleadas en la defensa, publicadas en su momento por el periódico sureño “Nashville Patriot”, y corregidas en su día por el semanario unionista “Harper’s Weekly” con declaraciones de oficiales pertenecientes a ellas.

Por lo que debemos tomar el siguiente orden de batalla como el más aproximado:

CS ARMY

Brigadier General Bushrod Johnson (Feb 9) (1)
Brigadier General Gideon J. Pillow (Feb 9-13)
Brigadier General John B. Floyd (Feb 13-16)
Brigadier General Simon B. Buckner (Feb 16)

Ala Derecha
Brigadier General Simon B. Buckner
2ª Brigada (se unió a la 3ª Brigada)
2º Kentucky
14º Mississippi
41º Tennessee
3ª Brigada (Coronel John C. Brown)
3º Tennessee
18º Tennessee
32º Tennessee

Graves’ Kentucky Battery
Jackson’s Virginia Battery
Porter’s Tennessee Battery

Ala Izquierda
Brigadier General Gideon J. Pillow
1ª Brigada (Coronel Adolphus Heiman)
27º Alabama
10º Tennessee
42º Tennessee
48º Tennessee
53º Tennessee
Maney’s Tennessee Battery
2ª Brigada (Coronel Thomas J. Davidson) (2)
8º Kentucky
1º Mississippi
23º Mississippi
7º Texas
3ª Brigada (Coronel Joseph Drake)
26º Alabama
15º Arkansas
4º Mississippi
4ª Brigada (Coronel John W. Head, Guarnición)
30º Tennessee
49º Tennessee
50º Tennessee
1º Tennessee
Stankiewicz’s Battery
Culbertson’s Tennessee Battery
Ross’ Tennessee Battery
5ª Brigada (Coronel Gabriel C. Wharton)
51º Virginia
56º Virginia
6ª Brigada (Coronel John C. McCausland)
20º Mississippi
36º Virginia
50º Virginia
French’s Virginia Battery
Guy’s Virginia Battery
7ª Brigada (Coronel William E. Baldwin)
26º Mississippi
20º Tennessee

Caballería
Tte. Coronel Nathan B. Forrest
3º Tennesse Ca
9º Tennessee Ca
1º Kentucky Ca (Compañías D, G y K)
11º Tennessee Ca (Compañías E y F)
Milton’s Tennessee Ca (una compañía)

Unidades Libres
Batallón de Tennessee (3)
Green’s Kentucky Battery
Parker’s Battery

(1)Es la fecha en que ostentaban el mando, dejando claro la desorganización que reinaba durante toda la batalla.
(2)A esta brigada pertenecía el Coronel John Gregg del 7º de Texas, que sería capturado y más tarde intercambiado, ascendiendo hasta Brigadier General.
(3)Era un destacamento del 51º de Tennessee.

Pero estamos todo el tiempo hablando de 15.000 hombres del Ejército Provisional, olvidando que entre los defensores se contaban tropas no pertenecientes a esta organización. Estos eran los batallones de Milicia de Tennessee que constituían el grueso de las guarniciones originales. No es que hubiesen desaparecido. Precisamente, su aspecto dio lugar a muchos comentarios de los periodistas norteños presentes en la acción, porque en vez de uniformarlos propiamente, se les había hecho “militarizar” sus ropas civiles cosiendo a modo de galones, a lo largo del costado de sus pantalones, largas tiras de tela de algodón blanca, obviamente obtenida cortando sábanas, lo que pareció chusco a los chicos de la Prensa.

Con éstos hombres, unos 3.000, son con lo que la guarnición llegaba a contar con 18.000 hombres, como apareció en algunas declaraciones de oficiales sureños por aquellos días y llegó a publicarse en el “Richmond Dispatch”, el periódico sureño que más gala hacía de objetividad y seriedad en la información.

En cuanto a Grant, tenía su tropa organizada de la forma siguiente:

US ARMYBrigadier General Ulysses S. Grant

1ª División (Bri. Gen. John Alexander McClernand)
1ª Brigada (Coronel R.J. Oglesby) (1)
8º Illinois
18º Illinois
29º Illinois
30º Illinois
31º Illinois
2º Illinois Ca (Compañías A y B)
4º US Cavalry (Compañías C e I)
2º Illinois Art (Baterias L y D)
2ª Brigada (Coronel W. H. L. Wallace) (2)
11º Illinois
20º Illinois
45º Illinois
48º Illinois
4º Illinois Ca
1º Illinois Art (Baterias B y D)
3ª Brigada (Coronel W. R. Morrison)
17º Illinois
49º Illinois

2ª División (Bri Gen Charles Ferguson Smith)
1ª Brigada (Coronel John McArthur)
9º Illinois
12º Illinois
41º Illinois
3ª Brigada (Coronel John Cook) (3)
7º Illinois
50º Illinois
52º Illinois
12º Iowa
13º Missouri
4ª Brigada (Coronel J. G. Lauman)
25º Indiana
2º Iowa
7º Iowa
14º Iowa
14º Missouri (“Birge’s Sharpshotters”)
5ª Brigada (Coronel M. L. Smith)
11º Indiana
8º Missouri

3ª División (Bri Gen Lewis Wallace)
1ª Brigada (Coronel Charles Cruft)
31º Indiana
44º Indiana
17º Kentucky
25º Kentucky
2ª Brigada (4)
46º Illinois
57º Illinois
58º Illinois
20º Ohio
3ª Brigada (Coronel J. M. Thayer)
1º Nebraska
58º Ohio
68º Ohio
76º Ohio
2º Illinois Art (Bateria D)
32º Illinois (Compañía A)

(1)En esta brigada también estaban encuadrados cuatro compañías independientes de Illinois.
(2)William Wallace, de Illinois, no confundir con Lewis Wallace, de Indiana, comandante de la 3ª División.
(3)El mando de la 2ª Brigada había quedado con caballería, enfermos y hombres fuera de servicio, al frente de Paducah.
(4)Esta brigada fue integrada en la 3ª Brigada.

Sabiendo lo que arriesgaba, Grant trató de mantener la idea del contraataque lejos de la cabeza de sus enemigos mostrándose en todo momento agresivo. Clara muestra de su idea de acción quedó clara cuando tomó Fort Henry el día 6 al informar a Halleck: “Fort Henry es nuestra, tomaré y destruiré Fort Donelson sobre el 8 y regresaré a Fort Henry”. Pero Grant hubo de aprender una lección de logística, y si las inundaciones recientes le habían ayudado a tomar Fort Henry al inundar la fortaleza, eran esas mismas lluvias las que habían convertido en impracticables las 12 millas que había de camino hasta Fort Donelson. Al mismo tiempo, tenía que desviar hombres en mantener abierta su línea de suministros y la Flotilla de Foote necesitaba reparaciones.

Ante esta situación Grant se planteó su plan de acción y convocó un consejo de su estado mayor para comentar las acciones futuras. El 11 de Febrero se realizó la reunión, todos los generales apoyaron sus planes salvo McClernand, este fue el primer y último consejo de estado mayor que Grant realizó durante toda la contienda.

Pero nos estábamos olvidando del “Invitado Principal” que no es otro que el propio Fort Donelson. Esta fortaleza llevaba el nombre de su diseñador que fue el Brigadier General Daniel S. Donelson quien había elegido el lugar de emplazamiento. Su posición era más defendible que su antecesora en esta campaña pues se encontraba sobre un promontorio de 30 metros sobre el nivel de las aguas del río Cumberland, lo cual evitaba recibir el fuego directo de las cañoneras. Disponía de diez cañones de 32 libras, un cañón rifle de 6,5 pulgadas y un Columbiad de 10 pulgadas. También disponía de un sistema defensivo en tierra firme de cinco kilómetros de trincheras que formaban un semicírculo alrededor de la propia fortaleza y la pequeña localidad de Dover.

Baterias del río en Fort Donelson

Así, desde su llegada la noche del 11 de Febrero, la División de McClernand había iniciado la construcción de obras de asedio y ataque, mientras sus tiradores emprendían un continuo y agresivo paqueo de las posiciones confederadas. Este paqueo incluso se incrementó al día siguiente, 12 de Febrero, al adelantarse al resto de la fuerza que Grant llevó hasta Fort Donelson aquel día el regimiento de fusileros 14º de Missouri o “Bridge’s Sharpshooters”, uniformado en gris, equipado con algunos de los escasos rifles de munición “minié” que había por aquellos lares, “Sharps” y otras armas precisas y especialmente entrenados en el tiro.

La agresiva actitud de los unionistas y aquel continuo paqueo, convencieron a los secesionistas de dos cosas. Primera, de que los hombres de Grant eran muy superiores a su verdadero número, (estaban dispuestos a evaluarlos en 25.000 hombres). Segunda, de que iban a atacar de un momento a otro. Y así perdieron dos días, durante los cuales habían dispuesto de ocasiones excelentes para obligar a Grant a abandonar el asedio con una salida bien organizada.

Disposición de fuerzas el 14 de Febrero de 1862 (Fort Donelson)

El siguiente día, 13 de Febrero, Grant les confirmó en sus errores atacando su perímetro con golpes medidos, pero intensos, aunque con la orden expresa de no realizar ningún combate generalizado. Por la mañana lo hizo la pequeña 3ª Brigada de la 1ª División (BG McClernand), cuyo Coronel William R. Morrison resultó enseguida gravemente herido, quedaría al parecer inválido. El Coronel del 17º de Illinois, Leonard Fulton Ross, un veterano de Mexico al que no se le caía de la cabeza la vieja “gorra de plato” de 1839, tomó el mando y continuó con aún más furia. Y junto al 48º de Illinois lograron tomar la Batería Redan nº2.

A la tarde tomaba el relevo la poderosa brigada del veterano Beltmont Jacob Garnet Lauman, con los “Sharpshooters” y sus regimientos de infantería de línea de Indiana y Iowa. El empujón fue tan violento que casi rompió la línea, apoyado desde el río por la ironclad “Carondelet”, que acababa de llegar en solitario ante el fuerte. Finalmente fueron rechazados, principalmente por el fuego cruzado de una batería de campaña de Kentucky mandada por el Capitán R. E. Graves, mientras la “Carondelet” se retiraba tras recibir un impacto bastante espectacular, pero que no le hizo mella.

Aunque aquella misma noche se disparó en forma alarmante la lista de bajas por enfermedad entre los federales, pues aunque se contaba con un tiempo de lluvias, una tormenta de nieve hizo su aparición durante la noche del 13 de Febrero. A esto sumamos unos fuertes vientos que bajaron las temperaturas hasta los -12ºC y dejaron unos 10 cm de nieve. Los carros y cañones quedaron anclados en el antes barrizal y la disposición de las líneas de frente tan cercanas imponía la norma de no hacer fuego para evitar el fuego de francotiradores. Pero antes de que Grant llegara a tener que alarmarse por la situación de sus hombres, a primeras horas del 14 de Febrero y cumpliendo el calendario establecido, arriesgado pero factible, el Flag Officer Foote apareció en el río con las cañoneras ironclad “Saint Louis”, “Pittsburg” y “Louisville” (como la “Carondelet”, una nueva movilización, pues Foote estaba dispuesto a “poner toda la carne en el asador”), las timberclads “Tyler” y “Conestoga” y 14 transportes, que llevaban equipo de campaña y asedio, munición y los 12 regimientos de Infantería de la 3ª División.

Como el oficial de su 2ª Brigada había quedado al frente de la base de Cairo, con los enfermos y tropas de la división, los regimientos de su mando se habían sumado a la 3ª Brigada, formando una especie de reserva general del ejército unionista de 8 regimientos. Sólo traía una batería de campaña, y como quiera que fuera obvio que el espacio de abordo le había sido asignado con una severidad espartana, es una locura pensar que esos regimientos aportaran más personal que los 12 de Burnside en Roanoke Island. Esto establece el total de los hombres del Ejército de Grant empleados en Fort Donelson entre 23.000 y 24.000 hombres como máximo.

Respecto a la composición de este último refuerzo, era:

Grant y el Flag Officer Andrew Foote, habían acordado cubrir la llegada del refuerzo e iniciar el “ablandamiento” de las defensas con un fuerte bombardeo desde el río. Pero el marino, que deseaba liquidar el asunto de Fort Donelson cuanto antes, creyó poder forzar la rendición del fuerte en una sola acción y se fajó demasiado de cerca antes de haber evaluado bien las defensas enemigas.

Así, dejó a las “Tyler” y “Conestoga” en retaguardia, haciendo tiro por evaluación contra blancos secundarios, y tomando sus cuatro ironclads disponibles, fue a intercambiar su fuego con las defensas a una distancia que, aún en aquellos días, era para el fuego de cañón tiro a quemarropa (150-300 yardas). Y resultó un grave error, porque las dos “water bateries” del fuerte, una a nivel del río y otra a unos veinte metros de altura, estaban si no tan bien de bocas de fuego, (sus mejores elementos eran un Columbiad de 10 pulgadas y un 32 libras rayado localmente), excelentemente emplazadas y apoyadas por otros cañones pesados.

Así, la “Pittsburg” y la “Carondelet” sufrieron ciertos daños, (empeorados en la última por la explosión de un cañón rayado que hirió a varios tripulantes), la “Louisville”, muy dañada y con la cadena del timón cortada por un disparo, perdió el control y acabó varando río abajo. Y el buque insignia, la “Saint Louis”, fue la más maltratada de todas, recibiendo más de sesenta proyectiles, varios de los cuales perforaron y acabó también varada. Para colmo, uno de los proyectiles perforó limpiamente su timonera matando al timonel y dejando malherido al mismo Flag Officer Andrew Hull Foote.

De golpe Grant se encontró con que la flotilla de ironclads, con la que contaba para apoyar sus ataques y suplir su falta de artillería pesada, tenía la mitad de sus unidades fuera de combate y había sufrido 52 bajas, el 20% de sus dotaciones. En el momento más bajo de moral de toda la campaña, llegó a la conclusión de que le iba a ser muy difícil de tomar Fort Donelson por asalto, y se pasó la noche haciendo planes para un asedio prolongado con su Jefe de Estado Mayor, Coronel John Aaron Rawlings y el Teniente Coronel James Birdseye McPherson, recientemente cedido a sus ejército por el mando de Halleck para que mandara sus ingenieros, para acudir en la madrugada al galope al lugar donde había varado la “Saint Louis”, a fin de conferenciar con el herido Foote.

En esos momentos ignoraba que le había surgido un aliado involuntario en el mismo centro del mando enemigo. Se trataba por supuesto del Brigadier John Buchanan Floyd, que ya había demostrado el año anterior en West Virginia su capacidad de destruir un ejército mediante la discordia, y ahora estaba destruyendo el de Fort Donelson mediante el miedo.

En la madrugada del 14 de Febrero los mandos confederados se habían reunido para un consejo de estado mayor en el Dover Hotel. En su pánico a ser tomado prisionero, (del que hablamos al referirnos a su actuación en Carnicex Ferry, el otoño anterior), había llegado ya al fuerte manteniendo que su posición estaba mal escogida, y que la primera línea de defensa se debía de haber instalado en Clarksville, más cerca de Nashville. Estaba obsesionado con la idea de que la guarnición debía mantener la capacidad de derrotar al enemigo en campo abierto, y como era el jefe y no se le podía hacer callar, su continua verborrea sobre el peligro que corrían había acabado por hacer que el resto de los mandos confederados de la posición viesen la situación por sus ojos.

Y esto era absurdo, porque la guarnición de una plaza asediada no está allí en principio para salir a campo abierto y derrotar al enemigo, sino para impedir que el enemigo avance hasta que le envíen auxilios desde fuera. Por lo que decidieron que se debía evacuar la fortaleza y proyectaron una acción para romper el cerco. El Brigadier Pillow fue el designado para comenzar el ataque, pero tras los preparativos oportunos, un francotirador mató a uno de los asistentes de Pillow, lo que le metió el miedo en el cuerpo y ante la posibilidad de que su ataque hubiese sido descubierto canceló toda la operación. Pero, después de los refuerzos recibidos aquel día por Grant, (que hacían que su fuerza fuese calculada entre 30.000 y 40.000 hombres), aquella obsesión había dejado la moral de los jefes defensores por los suelos, y una agitada reunión de mandos dentro del fuerte se producía en la noche del 14, simultáneamente a la de Grant con Rawlings y McPherson.

Aparte de Floyd, que no hacía si no gemir, todos estaban seguros de que el bombardeo se iba a reanudar al día siguiente, y muy preocupados porque dos de los 12 cañones de las “water bateries” habían quedado fuera de combate y el fuego indirecto de las timberclads, si apenas había producido bajas, había causado en cambio ciertos conatos de pánico entre las tropas más bisoñas. Por lo que se decidió realizar el ataque el día 15.

El ahora impetuoso Pillow quería salir a campo abierto y tratar de derrotar a Grant, aunque esta vez buscaba más recuperar su recién perdida valentía. Buckner y Gilmer, más profesionales y realistas, convirtieron su propuesta en un plan para romper el cerco y evacuar el grueso de la guarnición hacia Clarksville. Se trataba de acumular seis de las ocho brigadas disponibles, (dejando la de Head a cargo de los otros frentes y la guarnición estática apoyada por la de Joseph Drake), y aplastar la división unionista de McClernand y el extremo de la de Smith. Desplegadas principalmente en la zona boscosa del Sudeste, donde tres cortas carreteras locales llevaban a las localidades de Charlotte y Wynn Ferry y de allí a Clarksville.

Pillow se entusiasmó con el plan y reclamó su mando, a lo que Buckner y Gilmer se dispusieron a perfeccionarlo. Finalmente se decidió que Bushrod Johnson, con cuatro brigadas que sumaban 14 regimientos y dos baterias de campaña, (más de 8.500 hombres, con la caballería), atacaría a la división de McClernand, que alineaba sólo 9 regimientos en dos brigadas y dos baterías, en la zona boscosa, para tomar las cabeceras de las carreteras de Charlotte. A la vez, Buckner con dos brigadas, sumando 8 regimientos y dos baterías, actuaría hacia la carretera de Wynn Ferry y protegería el flanco, frente a la 1ª Brigada de C. F. Smith, en terreno más abierto.

(En realidad parece que esta brigada, mandada por John McArthur, estaba el día 15 asignada provisionalmente a la división unionista de McClernand, compensándole por haber sido despojado de su caballería y su 3ª Brigada, que por cierto ahora, por enfermedad de Leonard Ross, había quedado al mando del Coronel Isham Nichols Haynie, del 48º de Illinois de la brigada de Wallace)

Siguió una noche de frenéticos preparativos por parte de los confederados y una hora antes del amanecer, cuando la artillería unionista inició sus acostumbrados disparos matutinos de acoso, la acción se emprendió cuando fue respondida por una contrabatería inusualmente nutrida, cuyo verdadero fin era acallar el ruido de la fusilería para incrementar el efecto sorpresa del ataque.

Ataque confederado el 15 de Febrero

El primer contacto fue en el sector de la brigada unionista del Coronel Richard J. Oglesby, en el extremo Sudeste del frente. Era una zona muy boscosa, que facilitó a los sureños una aproximación inobservada, pero también ofrecía obstáculos al despliegue. Así, la unidad atacante, la brigada confederada del Coronel William Edwin Baldwin, sólo pudo atacar con tres regimientos, los 20º y 26º de Mississippi y 26º de Tennessee, y Oglesby, advertido a tiempo por sus escuchas, le rechazó con facilidad.

Pero de inmediato se incrementó la presión, al entrar también en acción los restantes regimientos de la 2ª Brigada de Buckner que se habían dispuesto a las órdenes de Baldwin, (2º de Kentucky, 14º de Mississippi y 41º de Tennessee), mientras la brigada de John McCausland, (36º y 50º de Virginia), atacaban el otro extremo de la línea de Oglesby.

Más al Oeste, la brigada de Thomas Davidson, (7º de Texas, 8º de Kentucky y 1º y 23º de Mississippi), tanteaba el hueco entre Oglesby y la brigada unionista de William Wallace, mientras al extremo derecho de ésta actuaba la del virginiano Gabriel C. Wharton, con los 51º y 56º de Virginia.

Buckner parecía mucho menos entusiasta en la ejecución del plan que su camarada Bushrod Johnson, y su sector no se movió hasta que a las 09:00 de la mañana, Pillow y Gilmer se lo exigieron. Y aún entonces tan sólo para lanzar un débil ataque de tres regimientos, que dejó estancarse pronto, pese a que la batería de Kentucky del Capitán Graves había logrado una excelente posición desde la que barría el flanco de McArthur.

Por una serie de causas, como su inicio paulatino y la cobertura del bosque, la importancia del esfuerzo confederado tardó en ser evaluada. Pero antes de las 10:30 el Brigadier unionista McClernand, con las tres brigadas ya en acción y bastante alarmado, comenzó a pedir refuerzos a gritos. Pero aqunque la división de Lewis Wallace no había sido alineada, sólo se le pudo enviar la brigada de Charles Cruft, pues Grant había ordenado que la reserva puesta a las órdenes de John Milton Thayer sólo podía ser empleada por órden suya, y como quiera que la “Saint Louis” había naturalmente varado al azar, y no tenía comunicación telegéfica con su mando, era preciso enviárle un mensajero.

Para cuando Cruft llegó a la zona de combate con sus 4 regimientos, la brigada Oglesby, sobre la que descargaba lo peor del ataque enemigo, estaba retrocediendo poco a poco, mientras Wallace se mantenía a duras penas. El mayor problema de Oglesby era que, a más de la gran presión frontal que resistía, (no menos de 8 regimientos contra los 5 de que disponía), pequeñas fuerzas enemigas aparecían sin cesar en su retaguardia y flancos, derribando hombres y causando no poco desórden con cortas y precisas descargas a corta distancia para volver a desaparecer entre el bosque. Estos súbitos “pinchazos” habían producido sus primeros movimientos de retroceso, (ya que no los lograba detener), y le causaban gravosas pérdidas en hombres. (En el 18º de Illinois, su regimiento más “visitado” por éstos merodeadores, no sólo el Coronel Michael K. Lawler, sino también su primer sustituto, Capitán Daniel H. Brush, habían caído heridos y las bajas se aproximaban ya al 40%).

El autor de esta táctica era el Teniente Coronel al mando del 7º de Caballería de Tennessee, confederado y luego famoso Nathan Bedford Forrest. Hombre de pasado turbulento como guardaespaldas, matón y cazador de esclavos furtivos, pero más listo que los supuestamente profesionales en su oficio, había ahorrado dinero y logrado contactos en aquél tipo de vida, empleándolos para poner un negocio que inmediátamente antes de la guerra y aún sin cumplir los 40 años, le había convertido en un rico y respetado comerciante de Memphis. Al estallar la guerra, había financiado un batallón de caballería. Y aunque algunos ciudadanos más sofisticados habían creído que sería un obstáculo, el batallón presentó pronto para sus presuntos reclutas tres considerables atractivos:

Nathan Bedfort Forrest, CSA

1.Forrest entendía de armas y caballos, y no era tacaño con su propio dinero, con lo que la unidad estaba especialmente bien armada y montada.

2.En ella no se usaba en absoluto, el para muchos enojoso, protocolo militar.

3.La ideología oficial era un patriotismo sureño violento y simple que convenía a muchos.

El único posible problema, la disciplina, se arreglaba solo. Decían que Forrest había matado a más de un hombre en tiempos. Y a los soldados les bastaba observar su silueta alta y delgada, que se movía con la rapidez y la violencia contenida de la comadreja, para perder los deseos de desobedecerle.

Así, el batallón había tenido un poco común éxito de reclutamiento, alcanzando enseguida efectivos sobrados para convertirse en regimiento, (se dice que en Fort Donelson llegó a sumar 1.200 hombres), y fue convertido en el 7º de Caballería de Tennessee. A Forrest no se le había ascendido sin embargo a Coronel y puede que existieran planes para nombrar un Coronel por encima de él. Pero los acontecimientos se habían precipitado.

Ahora estaba al mando de toda la caballería del fuerte, (quizá 1.600 jinetes), y su sistema de infiltración estaba teniendo tanto éxito que Bushrod Johnson, que había dejado el ya encarrilado sector de Oglesby encomendado a Baldwin, y dirigía personalmente el acoso a Wallace, decidió hacer algo semejante. En efecto, y manteniendo el frente con los dos regimientos de Wharton y dos de los de Davidson, había introducido a los otros dos de éste último por una pequeña barranca en el flanco enemigo, y los hacía lanzar desde ella pequeños ataques buscando romper la coordinación de las unidades unionistas.

El ataque confederado parecía que se acercaba al éxito, pues los federales de McClernand habían sido flanqueados, y aunque se retiraban con orden para reagruparse y remunicionarse, los confederados no dejaban de ganar terreno. Ante la situación, McClernand no cesaba en su empeño de pedir refuerzos a la División de Lew Wallace, pero este tenía órdenes directas de Grant de mantener su posición y éste se encontraba ajeno a todo en su reunión con Foote. Pero al poco tiempo y tras otro mensaje de McClernand aún más desesperado, Wallace ordenó avanzar a sus hombres en apoyo del flanco derecho.

Pero no todo marchaba como se había planeado para los confederados. El Brigadier Bushrod Johnson no se decidía a lanzar un asalto general y directo para romper la línea federal, por lo que el tiempo transcurría en su contra. Al tiempo, Buckner no se había movido y hasta que no fue llamado al orden por Pillow no se decidió a atacar, pero lo hacía con dos horas de retraso.

Tal venía a ser la situación cuando, hacia las 10:30 de la mañana, la brigada de Cruft entró en escena, tratando de situarse junto a la de William Wallace. Rápidamente, Bushrod Johnson lanzó contra ella a los regimientos del barranco, que incluían al cadavez más temido 7º de Texas del Coronel John Gregg. Por supuesto, fueron rechazados por los numéricamente muy superiores unionistas, y aún parece que fue en ésta acción en la que resultó herido e incapacitado el jefe de brigada, Coronel Davidson, (lo sustituiría J. M. Simonton del 1º de Mississippi). Pero lograron su objetivo esencial, que era desviar y confundir con la violencia de su acción a los hombres de Cruft, que acabaron tomando posición en un lugar demasiado separado de los hombres de Wallace, con lo que ambas brigadas no podían coordinar sus acciones.

Entretanto y hacia las 11:00 de la mañana, toda la batalla vió su “tempo” rápidamente acelerado cuando la brigada unionista de Richard Oglesby, violentamente probada desde hacía demasiadas horas, encontró que empezaba a quedarse sin municiones. De inmediato, el repliege que ya iban realizando empezó a tornarse más rápido y desordenado. Para su suerte, el Coronel del 31º de Illinois John Alexander Logan, veterano con sus hombres de Belmont y que había sido herido en el muslo al amanecer, volvió junto a su tropa tras una cura precipitada y apoyándose en un bastón, e insuflando a su ya combativa tropa nuevos ánimos con su ejemplo, logró que mantuvieran la línea el tiempo suficiente para proteger la retirada del resto de la brigada y retrocedieran luego calmosamente sin dejar de disparar.

Salida sin embargo de escena la brigada de Oglesby, 8 nuevos regimientos y numerosos jinetes de Forrest quedaban libres para martirizar a la muy baqueteada brigada de Wallace, cuyos regimientos hubieron de retirarse poco protegidos por el que el mismo Wallace había mandado, el 11º de Illinois, ahora bajo el Teniente Coronel Thomas E. G. Ransom, que caería herido en la acción. También habían sufrido gran desgaste y muchas bajas, habiendo resultado muerto el Teniente Coronel Thomas H. Smith, que sustituía al Coronel Haynie al frente del 48º de Illinois. Y de las dos baterías que apoyaban a las brigadas de Oglesby y Wallace, una fue enteramente capturada tras feroz lucha en torno a sus piezas, y la segunda había perdido la mitad de sus piezas.

Ante tamaño desastre, la brigada de Cruft que se quedaba sola, hubo de retirarse hacia el Oeste, siguiendo a la de William Wallace, y las tropas del sector mandado por el cofederado Bushrod Johnson tuvieron acceso libre a las carreteras de Charlotte.

Entre tanto, Gideon Pillow y Jeremy Gilmer habían abandonado este sector en cuanto, a partir de las 11:00, la resistencia unionista empezó a ceder, para pasar al de Buckner. Allí encontraron a éste aún practicamente empantanado en las mismas posiciones que a las 9:00 de la mañana. El motivo era simple, pese a que Buckner contaba con 8 regimientos, contra 3 unionistas, para avanzar, debía lanzar el grueso de sus hombres a través de un par de anchos campos, duros como la piedra y rebaladizos como una pista de hielo a causa de las heladas de la madrugada. Esos campos obligarían a sus soldados a avanzar lentamente y por completo al descubierto ante la fusilería enemiga y, peor aún, ante un par de baterías que los unionistas habían emplazado para barrerlos, para cuyas bolas sólidas, (el proyectil más temido por la infantería al descubierto), las condiciones del terreno eran ideales al permitirles rebotar varias veces.

Pillow ni siquiera se enfadó. Estaba en vena y enérgico, le aseguró que él se encargaba de aquellas baterías si Buckner estaba dispuesto a montar un ataque en toda regla. Y puestos de acuerdo, Buckner preparó su ataque mientras Pillow regresaba al galope en busca de Nathan B. Forrest. Al encontrarlo, como había supuesto, en un tiempo récord entre los dos, organizaron una infiltración en masa que repentinamente y llegando del Este y no del Norte, varios cientos de jinetes confederados aparecieron cargando por sorpresa contra el flanco de las baterías.

Por supuesto, éstas hubieron de ser retiradas de inmediato, aunque no pudiera hacerse a tiempo para evitar que los jinetes de Forrest capturaran cuatro piezas de artillería. Y el ataque de Buckner, perfectamente sincronizado con ésta acción y llevado adelante con gran empuje, obtuvo quizá el éxito confederado más límpio y claro del día. Aprovechando el desconcierto y desánimo de sus contrarios ante lo que estaba ocurriendo con sus cañones, los regimientos cruzaron aquellos peligrosos prados en bloque, cayendo sobre los unionistas que cogidos en su momento más bajo, sufrieron numerosas bajas antes de huir corriendo y dispersándose como una bandada de palomas. (En realidad Buckner era un soldado eficaz, sólo le faltaba una pizca de ese “impulso hacia adelante” que los franceses llaman “elan”). ¡Con lo que todas las brigadas de McClernand quedaron al fin fuera de escena, mientras sus baterías perdían 13 de sus 24 cañones iniciales! A lo que hay que sumar cerca de 1.700 bajas (la cuarta parte de sus efectivos), y de sus tres brigadas, una se había dispersado y el 75% de las otras dos se encontraban sin municiones.

En el momento en que, hacia las 12:30, Simon B. Buckner alcanzó la carretera del Wynn Ferry, Gideon Johnson Pillow tuvo todos sus objetivos en la palma de la mano. Había derrotado totalmente a una división unionista, y abierto una enorme brecha en el dispositivo de Grant. Era el momento de seguir el plan de evacuación que se había trazado en el consejo de estado mayor de la noche anterior. Ahora podía sacar fácilmente por él 12.000 hombres o más, y como el fuerte disponía de un par de vapores y algunas barcazas con capacidad para sacar de él quizas 4.500 hombres más, estaba en su mano evacuarlo, dejando una guarnición mínima de menos de 1.500 hombres que retrasaran a los unionistas antes de ser capturados. (Y de todas formas había que dejar tropas atrás, para impedir que las “baterías del río” impidieran a las cañoneras nordistas perseguir a los fugitivos por el río durante algún tiempo, y para impedir que a su vez la infanteria unionista no penetrara inmediátamente en el fuerte vacío y capturara esa baterías).

Pero Pillow había probado las mieles del triunfo y le habían agradado en demasía. Ahora, ante lo bien que le habían ido las cosas, volvía a pensar en su plan inicial de derrotar a Grant en campo abierto. Y persiguiendo esa quimera, iba a perder a la tarde todo cuanto había ganado en la mañana.

Si se recuerda, la idea original de Pillow había sido derrotar a Grant en batalla campal, y el parcial derrumbamiento unionista le hizo pensar que eso era aún posible. En realidad seguía siendo muy difícil, pues no podía esperar apoyo de los que habían quedado en el fuerte y su tropa estaba ya cansada, (por mucho que lo ocultase la euforia producida por los últimos acontecimientos), y no sobraba la munición.

Pudo ser su oportunidad salir a terreno abierto, capturando o dispersando definitivamente al paso a los regimientos de Oglesby y buena parte de la tropa de McArthur, que habían huído en tal dirección. Eso al menos le hubiese dado una posición central, obligando al enemigo a una batalla en un frente invertido y permitiéndole sacar mayor ventaja de su superioridad en caballería. Pero ni siquiera lo intentó.

Simplemente se dejó arrastrar por la dinámica de sus brigadas, que perseguían ahora a las unionistas de Wallace y Cruft. Así, dejó la brigada de John C. Brown en la carretera de Wynn Ferry, encargada de mantener abierta la salida que habían creado, y prosiguió la persecución tratando de tomar las líneas unionistas de través.

Estaba condenado al fracaso. La 2ª Brigada de la División de Lewis Wallace, mandada por John M. Thayer, giró su frente 90 grados y para las 12:30 horas, estaba conteniendo a las avanzadas confederadas, mientras la de Charles Cruft, que había participado en la huída pero apenas en el combate, y estaba casi intacta, se situaba a su lado. Entre las 13:00 y las 14:00 horas, mientras Pillow reagrupaba su fuerza, llegó del otro lado a unirse a la línea defensiva otra brigada de la Unión, la 5ª Brigada de la 2ª División, comandada por el Coronel Morgan L. Smith.

Como a las 08:00 de la mañana, Pillow se enfrentaba a tres brigadas. Pero hora sólo disponía de cinco y además fatigadas, con menos de la mitad de su dotación de municiones. Además, el frente mucho más angosto ponía mucho más difícil la infiltración. Por otra parte, Grant había llegado al fín, haciéndose cargo del mando del combate.

Y aquí se demostró la validez de una cabeza fría que no se dejaba influenciar por la situación reinante. Rapidamente determinó que las posiciones iniciales debían recuperarse al tiempo que reparó en un detalle, ¡los confederados portaban mochilas con raciones para tres días! Eso sólo podía significar una cosa: No buscaban una batalla, sino una vía de escape.

Por tanto, ordenó a Foote que realizara un ataque con su fuerza disponible con la intención de infundir ánimo a sus hombres desmoralizados y al mismo tiempo hacer temer a los confederados que podían asaltar la fortaleza en la que sólo se encontraba el 30º de Tennessee protegiendo el perímetro y la dotación de las baterías de Fort Donelson.

Confiando en que los sureños, ya empeñados en un esfuerzo tan importante, no atacaran otra zona del perímetro, de inmediato liberó así para el contraataque a la brigada de Jacob Lauman, que había sido reforzada y estaba apoyada por la brigada de John Cook. Y el objetivo del contraataque no debía ser la fuerza de Pillow, sino el otro extremo de la batalla, directos hacia Fort Donelson, donde tendría más efecto y haría más daño.

La maniobra requirió mucha redistribución de fuerzas y el consiguiente tiempo, con lo que el ataque no pudo comenzar hasta las 17:00 horas. Pero Gideon Pillow lo desaprovechó, limitándose a seguir presionando, sin éxito, sobre la línea del Brigadier Wallace. Quizá, al ver que el enemigo no contraatacaba ni aportaba nuevos refuerzos, se hacía la ilusión que aquella era la última resistencia de los unionistas.

En las trincheras, la brigada secesionista de John C. Brown resistió con cierto estilo al principio. Pero Lauman la superaba en número y tras tomar posiciones con una presión calculada, a la media hora de combate hundió su flanco con un asalto a la bayoneta de su regimiento más veterano, el 2º de Iowa del Coronel Jim M. Tuttle, que había combatido en Wilson’s Creek.

Contrataque federal en la tarde del 15 de Febrero de 1862, Fort Donelson

Los contarataques secesionistas, a cargo del 2º de Kentucky del Coronel Roger W. Hanson, fueron rechazados, y por la brecha se introdujo la batería de Missouri mandada por el Capitán Stone, cuyo fuego barrió de enfilada las posiciones confederadas hasta que Brown se vió obligado a retirarse, dejando el campo a los yankees. Los federales habían pasado y se habían clavado al terreno aguantando sin ceder hasta que cayó la noche.

Al tiempo, en la derecha de la Unión, Lew Wallace organizó un contrataque con tres brigadas (M.L Smith, C. Cruft y L. F. Ross) y a la señal del Coronel Smith, se encendió un cigarro, se lanzaron al asalto recuperando todo el terreno perdido y expulsando a la brigada de Drake de la colina que dominaba el camino hacia Wynn’s Ferry. Las fuerzas de Pillow se replegaron a sus líneas de partida ante el asalto que ahora era apoyado por las otras dos brigadas y así nos encontramos de nuevo en el punto de partida del día.

Ataque del Coronel Morgan L. Smith en Fort Donelson, 15 de Febrero de 1862.

Ahora la fuerza princial de Pillow se encontraba de nuevo dentro del cerco y amenazada de ataque por la retaguardia, y aprovechando la caída de la noche, regresó muy desmoralizada a Fort Donelson. Los federales habían sufrido unas 2.100 bajas, por 2.000 confederadas, y en aquellos mismos momentos zarpaba uno de los vapores de evacuación, con 1.500 heridos confederados y unos 300 prisioneros de la Unión.

Esa noche se celebró en el fuerte asediado una segunda conferencia, aún más frenética que la de la noche anterior. Pillow mantenía, sin gran convencimiento, que era preciso aguantar otro día y repetir el intento, ahora con una salida nocturna. Pero Buckner alegaba que eso costaría dos tercios de la guarnición. (Quizá hasta se quedaba corto, teniendo en cuenta el desánimo de la tropa y su falta de entrenamiento nocturno). Su conclusión era que sólo quedaba rendirse.

Floyd daba la razón a Buckner, pero asegurando que él personalmente no podía caer prisionero. (Ninguno de ellos parecía pensar en, simplemente, defender el fuerte). Al fin Floyd dio instrucciones para la rendición, pero pasando para ello el mando a Pillow y asegurando que abandonaba el fuerte. Dicho y hecho, partió aprovechando la noche en el último vapor que quedaba junto al fuerte, con algo más de 1.500 hombres (oficiales, especialistas, y el Coronel McCausland y su brigada que habían llegado con él).

Pillow estalló en furia y aseguró que, odiando la idea de caer prisionero, iba a hacer lo mismo, pasando a su vez el mando a Buckner. Este se había ofrecido para ocuparse de la rendición, pero no esperaba que se lo aceptaran, pues el protocolo militar de la época declaraba lo correcto, que el comandante de una plaza cercada, igual que el capitán de un barco, fuera el último en abandonarla. Y Pillow desapareció también río arriba, usando algunas barcazas que quedaban a mano, llevándose un grupo de oficiales y mandos, además de algunas tropas. Entre ellos estaban los Coroneles William Baldwin y Bushrod Johnson, pero para su número total se barajan cifras entre 200 y 800 hombres.

Todo el fuerte sabía que ya la rendición iba a ser al día siguiente, y a poco se presentó ante Buckner, el Teniente Coronel Nathan Forrest, al que dijo lo siguiente: “No he venido aquí para rendirme”, y obteniendo permiso para huir con cuantos jinetes se ofrecieran a seguirlo. Y así lo hizo, escapando con ellos al galope por la zona embarrada y lisa que las riadas habían dejado junto al cauce del río y los federales se habían olvidado de cerrar.

Nathan B. Forrest escapa de Fort Donelson

Los yankees no esperaban una fuga por aquel lugar tan abierto y apenas lo cubrian. Pero para los jinetes de Forrest, cifrados entre apenas 400 y 600, según las fuentes, presentaba la ventaja de permitirles cabalgar de noche mejor que por el bosque. De manera que lo cruzaron en un abrir y cerrar de ojos y se alejaron hacia sus líneas, con apenas un breve intercambio de disparos con el enemigo.

Grant, que el día anterior no había dejado de pasar apuros, supo el significado de éstas huídas. Y cuando en la mañana del 16 de Febrero de 1862, domingo, Buckner le hizo llegar un parlamentario bajo bandera de tregua para pedirle condiciones de rendición, su respuesta estaba preparada: unicamente podía admitir la rendición incondicional.

Y tras un intervalo decente de deliberación, la fortificación confederada floreció de banderas blancas. Los prisioneros no fueron contados, y hoy se cifran entre 11.000 y 14.000 ó más. Pero la cifra más probable parece ser en torno a los 12.000, lo que con más de 4.000 hombres huidos o evacuados en las últimas horas, más de 2.000 muertos en el combate del día anterior y otras bajas evacuadas anteriormente, nos lleva de nuevo a la cifra de 16.000 ó 17.000 hombres como fuerza original de la defensa.

El botín de los nordistas incluyó además una setentena de cañones, casi 18.000 fusiles (aunque tan anticuados como los que ellos mismos portaban), carros, caballos, suministros, municiones, pólvora de fusil y cañón y gran cantidad de tiendas de campaña, mantas y toda clase de equipos y utensilios de campaña. El Coronel Bausenwein, un ex-soldado alemán algo simple que mandaba el 58º de Ohio, primer regimiento de la Unión que entró en Fort Donelson y por tanto primero en evaluar el botín conseguido, casi fue víctima de un ataque de puro júbilo.

Era la más aplastante victoria jamás lograda por un ejército estadounidense, y la Prensa del Norte se volvió loca. Sólo existía por entonces una foto de Grant vestido de general, (con sombrero “Hardee” y una barba larga y cuadrada, cuidadosamente alisada, con cepillo, y colgando sobre el pecho), pero a la Prensa le encantó la coincidencia de las iniciales de Ulysses Simpson con las de United States y las de “Unconditional Surrender”, (los términos de rendición que había exigido), y lo rebautizó Unconditional Surrender Grant.

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