Capítulo XX: Fin de 1861 del Mississippi al Alleghany

El mando de Ejército del Brigadier Ulysses Simpson Grant, en Cairo, había tenido como ya hemos visto bastante trabajo aquel Otoño en Missouri, donde era de su responsabilidad toda la zona de Ironton y Pilot’s Knob al Este, (con Bird’s Point y Cape Girardeau), con lo que había sido responsable de las acciones en torno a las dos primeras localidades mencionadas, entre ellas y Bird’s Point y en éste último punto, y otras incluida la pequeña batalla de Mount Zion.

Pero en el Mississippi, que contemplaba como su principal teatro de operaciones, no vería más acción que el ataque que lanzó el 7 de Noviembre contra Belmont, cumpliendo las instrucciones de “distraer la atención” del Obispo Polk, que Frémont le había enviado un par de semanas antes. En realidad, para el 7 de noviembre Frémont había sido destituido y su sucesor, Hunter, había dado orden de retirada al ejército principal del Missouri. Pero para entonces Grant ya había iniciado días antes sus maniobras y se había encelado con su misión.

A finales de Octubre, Grant disponía en Cairo de una división en grado adelantado de formación y con unos 6.000 hombres bajo el mando de John Alexander McClernand, y en Paducah de otra, aún sin acabar de encuadrar, con unos 4.000 de los que parte acababan de llegar por río de Cape Girardeau, mandada por Charles Ferguson Smith. Como la mitad de la fuerza de McClernand estaba desplegada en campaña en Missouri oriental, incluyendo una brigadilla bajo el Coronel Richard James Oglesby, del 8º de Illinois, que se movía entre Belmont y New Madrid, tratando de impedir su comunicación por tierra. (Era la misma fuerza que en Diciembre libraría la acción de Mount Zion).

John A. McClernand, USA

Frente a ellos, el enemigo disponía de unos 3.000 hombres en Belmont, quizá 8.000 en Columbus y 2.000 más en New Madrid, mas destacamentos de quizá hasta 3.000 hombres más en el interior de Missouri, dependiendo del mando de milicias de Jeff Thompson. En conjunto, los confederados eran superiores en número en una proporción que no aconsejaba iniciar la ofensiva. Pero Grant ya había iniciado sus operaciones, lanzando fingidas tarascadas por el río con las cañoneras pesadas “Lexington” y “Tyler”, realizando repentinos reconocimientos en fuerza por columnas salidas de Paducah, y paseando por el Mississippi en su flotilla de transporte a una fuerza de ataque de unos 3.000 hombres de la división de McClernand, que en alguna ocasión llegó a formar una base avanzada en la orilla del río, para regresar de nuevo a Cairo, abandonándola.

Con todas estas maniobras, logró convencer al Mayor General confederado Leonidas Lafayette Polk de que iba a lanzar un ataque de gran envergadura sobre Columbus, coordinando acciones por el río con otras desde Paducah, de manera que un ataque de segundo orden contra Belmont, que era lo único que podía permitirse, pareciera durante algunas horas una acción de distracción para sacar tropas de aquella plaza.

Campaña de Grant en el Mississippi desde Belmont (1861) hasta Shiloh (1862)

Finalmente, el 6 de Noviembre, Grant recibió un erróneo informe de inteligencia, en el que se le comunicaba que una considerable fuerza enemiga había partido, vía Belmont, para internarse en Missouri. Y en aquel momento decidió definitivamente lanzar un ataque real, y no una finta como se había pensado alternativamente. Después argumentaría que un ataque real era necesario para hacer retroceder a la fuerza enemiga internada, que suponía un grave riesgo para sus tropas en Missouri oriental y en especial para la avanzada de Oglesby, situada tan al Sur.

Pero hay que recordar que tales alegaciones las hizo después de que su ataque fuese muy criticado en el Ejército, que en general lo tachó de arriesgado e innecesario. Es muy probable que su principal consideración fuera que, si una fuerza importante había dejado la zona Columbus-Belmont, sus posibilidades de éxito eran mayores. Y tenía razón aun en este caso, pues sólo un ejército adormilado por las guerras fáciles, frente a indios escasos en número y mexicanos crónicamente escasos de armamento y más aún de munición, podía hacer semejante crítica. Claro que existía un riesgo, pero Grant creía (e iba a demostrar que podía) saberlo controlar. Y el premio era extremadamente interesante. En efecto si tomaba Belmont, Grant apoyado por sus cañoneras pesadas en el río, sería imposible de desalojar. Lo que dejaba la base enemiga de Columbus realmente en jaque mate forzando seguramente su evacuación y poniendo en peligro, por haber alcanzado su flanco, todo el despliegue confederado en Kentucky.

Y así, en la mañana del 7 de Noviembre de 1861, Grant desembarcó su fuerza de ataque a 3 millas de Belmont en la Hunter’s Farm, justo fuera del alcance de los cañones pesados enemigos del otro lado del río, y la desplegó mientras avanzaba sobre aquella plaza. La fuerza atacante de la División de McClernand, constaba de una brigada de ataque, mandada por el mismo McClernand y alineando los regimientos 27º, 30º y 31º de Illinois, dos compañías de caballería y la Batería B del 1º de Artillería Ligera de Illinois, con más de 2.000 hombres, y una brigada de apoyo y refuerzo, mandada por el Coronel Henry Dougherty y compuesta por el 22º de Illinois y el 7º de Iowa, con poco más de 1.000 hombres adicionales. Total 3.114 según estadillo, aunque 5 compañías no participaron en la acción, dejadas en los cuatro transportes como defensa adicional frente a un posible intento de abordaje en botes desde Columbus.

Curiosamente, los últimos informes de reconocimiento habían asegurado a Grant que la guarnición de Belmont era bastante numerosa, (casi tanto como su misma fuerza), y al desplegar para evitar bajas en vez de atacar en columnas, (procedimiento más rápido, aunque más peligroso y sangriento), cometió probablemente aquel único error que iba a costarle la batalla. Diríamos que fue un error inevitable.

Porque, en efecto, la guarnición confederada de la plaza era bastante fuerte, contando con 5 regimientos de Infantería, dos pequeños batallones de caballería y una batería de campaña de Louisiana. El total, que a menudo se redondea en 2.500 hombres, debía estar más en la cota de los 2.700 ó 2.800, lo que justifica las precauciones del unionista, que marchaba a desalojarles de posiciones preparadas con menos de 2.900. Pero es que de lo que Grant no tenía informes es de la desesperada descoordinación del mando confederado en Belmont.

En efecto el General Polk, quizá creyendo poderla manejar desde Columbus, (cosa que se reveló difícil el 7 de noviembre, con las “Lexington” y “Tyler” dando tarascadas en el río), no había dado un mando unificado a la plaza de Belmont, y mantenía su guarnición dividida en tres brigadas, que para colmo no tenían verdaderos comandantes de brigada, sino que estaban mandadas a título provisional por sus coroneles de regimiento más antiguos. La más importante, con un regimiento de Milicia de Missouri, el 13º de Arkansas y el 11º de Louisiana, estaba mandada por el Coronel de éste último, S. F. Marks. La de menor importancia sólo alineaba el 2º de Tennessee y la mandaba su Coronel J. Knox Walker. Y la última, incluía la artillería, la caballería y el 154º “Sénior” de Tennessee, bajo el mando del Coronel de éste último, Preston Smith.

Tal organización parecía estudiada a propósito para fomentar la descoordinacion y la incapacidad de reacción, y hubiera facilitado mucho las cosas a un empujón decidido en columnas, más era demasiado esperar que Grant diese por asegurado un resbalón tan serio del mando de Polk que, si no de genio, tenía al menos fama de jefe responsable. De todas formas y aun en despliegue amplio los hombres de Grant, mandados con energía e ímpetu por él mismo y McClernand, derrotaron con bastante facilidad a la brigada de Marks, causando especiales destrozos en el regimiento de Arkansas del Coronel James Camp Tappan, que protegió la retirada de sus compañeros. Pero mientras, Preston Smith había organizado una segunda línea de defensa, con los elementos en retirada de Marks y su propia tropa en torno a la batería de Louisiana del Mayor Daniel Beitzhoover, y consiguió frenar la penetración unionista ya en el interior de la zona urbana de Belmont. Le ayudó no el hecho de que las tropas de McClernand, aún insuficientemente disciplinadas, si no llegaron a realizar un saqueo a gran escala al menos se entretuvieron recogiendo “recuerdos” del abandonado campamento, demorando su primera penetración en la ciudad propiamente dicha.

Al ser detenidos los unionistas ante la línea de Preston Smith, trataron de flanquearla por la orilla del río y aunque los confederados pudieron contener esa segunda penetración, se vieron de inmediato en apuros cuando el 7º de Iowa del Coronel, de 47 años, Jacob Gartner Lauman, de la brigada de reserva, aprovechó la desviación de su atención hacia el flanco derecho para penetrar en su centro, alcanzando el cuerpo a cuerpo no lejos de la posición de la batería.

Gideon J. Pillow, CSA

Entretanto, y aunque por varias horas el General Polk había seguido convencido de que aquella era una acción secundaria, destinada tan sólo a hacerle retirar fuerzas de Columbus, que luego sería atacada por alguna aún invisible columna procedente de Paducah, el Brigadier Gideon Johnson Pillow, a cuya división parecían pertenecer las brigadas de Belmont, logró hacerle notar que la pura pérdida de tal plaza ya podía resultar muy grave, y estaba a punto de producirse. Con ello, logró permiso para iniciar el cruce del Mississippi con otra de sus brigadas, reforzada hasta bastante más de 2.000 hombres. La mandaba el Coronel más antiguo, R. M. Russell, del 12º de Tennessee, y constaba del suyo y los regimientos 13º, 15º, 21º y 22º de tal Estado. Pillow cruzó con las primeras tropas y tomó el mando unificado de las fuerzas en Belmont.

El cruce se realizó en los transportes confederados “CSS Charm”, “CSS H. R. W. Kill”, “CSS Kentucky”, “CSS Prince” y “CSS Saint Francis”, y no sin problemas, pues sufrieron tanto fuego desde tierra, (de la batería de campaña de Grant), como el más peligroso de las “USS Lexington” y “USS Tyler”, que se adelantaron audazmente, soportando varios impactos, para disparar contra ellos. Concretamente el “CSS Charm”, alcanzado inoportunamente en la timonera, hizo una falsa maniobra y embarrancó, peligrosa situación de la que hubo de sacarle a remolque su compañero el “CSS Prince”. En cuanto al “CSS Kentucky”, fue el primero en cruzar, y enfrentó el fuego con tal gallardía y soportó tantos impactos, que recibiría más tarde una carta de felicitación del Mayor General Polk.

Al llegar a la orilla missouriana, Gideon Pillow encontró una situación caótica. Con un esfuerzo supremo y gran uso de su batería, Preston Smith había logrado empujar hacia atrás al regimiento del unionista Lauman. Pero en tanto, Grant y McClernand habían aprovechado para volver a insistir en su flanco derecho, ganando un buen tramo de la orilla del río y emplazando allí su batería de campaña, mandada por el Capitán Ezra B. Taylor, que por ello había podido tirar contra los transportes.

E incluso a pesar de la presencia de los primeros refuerzos Lauman, reforzado a su vez, volvió a la carga y se apoderó de los cañones del Mayor Beitzhoover. En conjunto, la guarnición original de Belmont estaba totalmente derrotada y muy corta de municiones, (los depósitos de las cuales se encontraban en la zona de los campamentos, y que por tanto habían sido capturados con éstos). Lo único que daba una posibilidad a los sureños era la llegada de refuerzos y por ello Grant dirigía ahora todo su esfuerzo a dificultarla.

John Porter McCown, CSA

Pero iba a resultar imposible. Las “USS Lexington” y “USS Tyler”, ya bastante baqueteadas por las seis watter-batteries de Columbus (compuestas de cañones Columbiad de 10 pulgadas e incluso un cañón-rifle Whitworth de 128 libras), hubieron de retirarse en aquellos momentos y la batería de campaña de Taylor encontró que el Jefe de Artillería de Polk en Columbus, Brigadier John Porter McCown, trasladaba varios cañones rayados pesados a la orilla frente a ella y comenzaba a desmontar sus piezas una a una a través del Mississippi, con una terrorífica contrabatería. Como para disparar contra los transportes no tenía otro remedio que permanecer al borde del agua, su situación era imposible y hubo de pedir permiso a Grant para retroceder.

Cuando éste se lo dio, supo a la vez que había perdido la batalla. Sus hombres aún estaban muy altos de moral y bien provistos de munición, con toda la que habían capturado y disponían de algunos cañones, (mientras el enemigo había perdido todos los suyos), pero ya se enfrentaban a una fuerza que casi les doblaban en número y pese al lamentable estado de buena parte de ellas, resultaban un hueso muy duro de roer. Y en cuanto el enemigo hiciese cruzar el río a otra brigada, estarían atrapadas. Mejor replegarse ahora que, aunque fatigada, la tropa estaba aún pletórica de fuerza y en buenas condiciones para abrirse paso.

Dio pues orden de retirada y, aunque la operación no era sencilla, debido al entusiasmo con que muchas de sus unidades se habían “fajado”, clavándose en las posiciones enemigas, se pudo aprovechar la desmoralización del grueso de los confederados y todas las unidades pudieron abrirse paso. Una vez a seguro y antes de reembarcar, Grant propuso a sus contrarios un intercambio de prisioneros. Para dirigirlo cruzó también el Mississippi el Brigadier Benjamin Cheatham, por cierto en el “CSS Prince”. Y como sí se habían perdido algunos “flecos” en la retirada, acabado aquél resultó que aún quedaron 104 prisioneros de la Unión en manos de los confederados de Polk.

Así, la primera batalla de Grant, esta “Batalla de Belmont”, se coronó con su rechazo, y por tanto con una derrota. Fue sin embargo una derrota muy digna. La Unión perdió 120 muertos, 383heridos y 104 prisioneros, (uno de los muertos y dos de los heridos pertenecientes a la dotación de las cañoneras). Las bajas confederadas son más difíciles de precisar, pareciendo que alcanzaron al menos 105 muertos, 419 heridos y 117 desaparecidos sólo en Belmont. (No se mencionan bajas en Columbus o en los vapores incluyendo esa timonera del “Charm”). En todo caso uno de los grandes cañones rayados de Columbus, que al acabar el combate se dejó con la recámara cargada en caliente, cerrada con una carga en su interior, estalló al ser disparado durante un ejercicio cuatro días después, comunicando su explosión a un tambor de pólvora y causando finalmente siete muertos y bastantes heridos, incluyendo al mismo Leonidas Polk.

De nuevo y aunque Grant lo ignorara, el Presidente Lincoln había quedado muy bien impresionado por su actuación. He aquí un militar que, con apenas una sugerencia a la que hubiese podido desoír, había creado un plan de ataque para emprender una acción extremadamente difícil sobre el papel y se había lanzado a ejecutarlo. De acuerdo, había fracasado pero también había dado un buen susto al enemigo y se había atrevido a atacar con 3.000 hombres a una concentración de en torno a 11.000, causándole serios destrozos y retrocediendo a tiempo para que la proporción de bajas fuese aún soportable. (Y eso que hemos dado la versión más desfavorable a Grant, por considerarla la más exacta, todas las demás dan una relación de bajas a su favor). Poco más se podía pedir, a juicio del Presidente, que desde entonces acostumbraba aludir a Grant, para escarnio de otros, como “el general que pelea”.

Tres de los cinco jefes de regimiento unionistas de Belmont ascenderían más tarde en el escalafón unionista: por supuesto el eficaz Lauman, y además John Alexander Logan del 31º de Illinois, un ex-congresista de 35 años y de grandes bigotes caídos, que de muy joven había servido como soldado raso de milicia en la Guerra de Mexico, y en ésta, tras intervenir como Capitán en Bull Run, había regresado a su Illinois para financiarse un regimiento, y Napoleón Bonaparte Buford, del 27º de Illinois, de 54 años. Este hombre, natural de Kentucky, tenía la peculiaridad de ser primo carnal de Abraham Buford, activista del esclavismo que ya hemos citando interviniendo en las acciones de la “Bleeding Kansas” en 1854-57, y hermanastro de John Buford, un oficial de activo de caballería, que haría un excelente papel en la caballería unionista desde mediados de 1862 a fines del año siguiente.

Entre los confederados, comenzarían a destacar desde esta acción los Coroneles Preston Smith y Tappan, y también comenzaría a sonar el Teniente Coronel Marcus Joseph Wright, que había sustituido a Smith en el mando del 154º de Tennessee mientras aquél se enfrentaba a mayores responsabilidades. (Y por supuesto, Tennessee no había movilizado tantos regimientos; el 154º era simplemente uno de los llamados “Sénior”, cuya numeración comenzaba por 150).

Para fin de año la única novedad en el Mississippi fue la entrada en servicio de nuevos buques unionistas, como el “USS Essex” y el “USS Saint Louis”, primera cañonera clase “City”. Al mismo tiempo lo hacían los remolcadores fluviales “USS Mistletoe” y “USS Mignonette”, que ya hemos citado en otro capítulo, y los primeros de una gran cantidad de vapores que tan sólo recibirían como protección una delgada plancha de hierro en algún punto especialmente delicado, como calderas y timoneras. La primera de éstas en ser alineada sería la pequeña “USS Fairy” de 211 Tn, y equipada como cañonera de segunda línea con 8 obuses de 24 Libras.

Las nuevas cañoneras de fuerte blindaje, como la “USS Saint Louis”, recibirían el nombre de “Ironclads” o “River Ironclads” (Blindados de Hierro). Las “USS Conestoga”, “USS Essex”, “USS Lexington” y “USS Tyler”, con sus gruesas pero menos efectivas protecciones de madera, el de “Timberclads” (Blindados de Leña). Y las unidades ligeras como las que hemos citado, de las que a lo largo de la guerra llegarían a alinearse un centenar, el de “Tinclads” (Blindados de Hojalata).

“USS Essex”

Para fines de año, comentaba a funcionar el mando de Ejército confiado al Brigadier John Pope en Missouri, que se hizo cargo de las unidades en las zonas del Estado hasta el Mississippi. Parte de las unidades que empleaba eran nuevas, llegadas de Saint Louis, parte elementos retirados de lo que ahora era el ejército del Sudoeste y parte cedidas por el mando de Grant, que retiró de la zona el resto de las suyas. Pronto se le denominaría “Ejercito del Mississippi”.

Por su parte, el Ejército de Grant vio su zona de operaciones reducida al espacio entre la orilla oriental del Mississippi y el río Cumberland y centrada en la cuenca del Tennessee, con lo que recibiría el nombre de “Ejército del Tennessee”. Quizás el mejor fruto recogido por él de las acciones del Otoño era que la operación de Belmont le había llevado a cooperar y llegar a un entendimiento amistoso con el mando del Flag Officer Andrew Foote. Así, éste y Grant habían alcanzado un considerable respeto mutuo y como quiera que Halleck no parecía tener la flotilla fluvial en mucha estima, el Secretariado de Marina y el propio Foote tenían al general unionista, poco apreciado por su propio Ejército, por el único soldado del US Army en el Oeste con una verdadera mentalidad “anfibia” y de seguro el mejor de ellos.

Ya en otro escenario, habíamos dejado la situación de los frentes militares en el interior de Kentucky a fin de Octubre, cuando la contraorden de William Tecumseh Sherman cortó la progresión de la 1ª División de su “Ejército del Ohio”, mandada por George Henry Thomas, contra el Cumberland Gap. Esta orden de Sherman fue un error garrafal, pues la posesión del Cumberland Gap habría un abanico de interesantes posibilidades operativas y más aún en aquellos días, en que aún ardía el rescoldo de la rebelión prounionista en Tennessee oriental.

La verdad es que Sherman imaginó la amenaza de una trampa o unas reservas enemigas inexistentes, y obligó a, Thomas a retroceder a su punto de partida, lo que es peculiar porque, aunque tardaría en adquirir un espíritu ofensivo certero, al estilo del de Grant, Sherman ya se distinguía más por su osadía que por su prudencia. Pero parece que su experiencia de Bull Run donde Stonewall Jackson había frenado y diezmado a los suyos con tanta facilidad, le había dejado desacostumbradamente inseguro de sí mismo. Por supuesto que un egocéntrico como él no lo admitía, de seguro que incluso ante sí mismo. De hecho en aquellos días y preguntado acerca de Bull Run, tuvo la desvergüenza de culpar del fracaso de su brigada a los soldados. (Contra esto no sólo se levanta el testimonio de Napoleón: “No existen los malos soldados; sólo los malos oficiales”, sino que el hecho de que su bridada fuese precisamente la que sufrió mayores bajas en aquella acción lo hace especialmente ruin). Y no le había impedido continuar ejerciendo una activa política de pasillos. (El que crea sus afirmaciones de que “odiaba la política”, que observe cómo, siendo originalmente un capitán retirado, había recibido primero el mismo trato y luego trato preferente, respecto a Thomas y Buell, que eran oficiales superiores de activo, ¡y bien considerados en el Ejército de anteguerra!).

Pero eso no impedía que su autoconfianza se hubiese dañado y precisamente por no haber dado señales externas de ello, le estuviera reconociendo aún más. De hecho en la época en que envió la contraorden a Thomas, estaba ya dando ciertas muestras de desórdenes nerviosos serios, que en su Cuartel General eran seguidos con preocupación. Y cuando los periodistas acudieron en manada a preguntarle sobre su orden de retirada, que había sonado como un aldabonazo en toda la Unión, y obviamente sentado muy mal en el Secretariado de Guerra y la Casa Blanca, acabó prorrumpiendo en un discurso extraño, en el que llegó a asegurar que eran necesarios 75.000 hombres sólo para defender Kentucky y 200.000 para llegar al Golfo siguiendo el Mississippi.

Sus exégetas han asegurado después que eso prueba su genial claridad de visión, pues cuando al fin se alcanzó a limpiar el camino del Golfo, en 1863, habría en efecto más de 180.000 hombres desplegados entre Kentucky, Tennessee, el propio Mississippi y su orilla occidental. Sin embargo, éstos cubrían más misiones aparte de las de defender Kentucky y alcanzar el Golfo. Y en todo caso, en 1862 la maniobra se hubiera podido llevar a cabo con menos de 150.000 y en 1861 el enemigo era aún mucho más débil que en 1862.

Los periodistas quedaron asombrados de lo que les pareció una especie de ataque de pánico del jefe de Ejército y cuando, casi de inmediato uno de ellos, Henry Villard del “Commercial” de Cincinnati, descubrió y publicó que el Secretariado de Guerra opinaba que se estaba volviendo loco, el escándalo entalló y la sustitución de Sherman, (que efectivamente, fue presa de inmediato de una terrible depresión nerviosa), se hizo ineludible.

Don Carlos Buell, USA

Los dos candidatos obvios para sucederle eran George Henry Thomas y Don Carlos Buell. Y aunque el primero tenía más experiencia en combate y en el mando de tropa, se le deshechó por ser virginiano, (lo que hacía que los prounionistas más extremados desconfiaran de él), y el Ejercito pasó a manos de Don Carlos Buell. (Debe aquí advertirse que ese “Don” no era diminutivo de “Donald” o algo parecido; simplemente los padres de Buell, sin duda aficionados a la literatura y el teatro románticos, le habían dado “Don” como primer nombre y “Carlos” como segundo). El mando anterior de Buell (2ª División del Ejército del Ohio), pasó al ahora Brigadier Alexander McDowell McCook, que había mandado el 1º de Ohio en Bull Run y la campaña anterior.

Mientras, las escaramuzas proseguían en el interior de Ohio y más en la zona oriental donde, si Felix Kirk Zollicoffer parecía algo más escarmentado tras estar a punto de perder el Cumberland Gap, subordinados suyos como Kumphrey Harshall y John Stuart Williams seguían recorriendo el terreno, reclutando partidarios y complicando la vida a los numerosos prounionistas de la región. Precisamente apenas efectuado el relevo en el mando unionista, la columna del Coronel confederado Williams (de unos 1.000 hombres), que acababa de entrar en acción frente a civiles prounionistas armados en Prestonburg, supo que se le complicaban las cosas al tener noticia de la aproximación de una fuerza unionista que más que le doblaba en número, mandada por el ex-oficial naval y ahora Brigadier de Voluntarios William “Bull” Nelson.

Joshua Woodrow Sill, USA

A W. Nelson se le había encargado formar una división, (que luego sería la 4ª del Ejército del Ohio), y deseando foguear a sus unidades aún en formación, había “salido de caza” al frente de un batallón de cada uno de sus futuros regimientos, (que iban a ser 12, para una división de tres brigadas), superando casi 3.000 hombres. Los regimientos que más tropas contaban eran los 1º, 23º, 33º y 59º de Ohio y el 16º de Kentucky, y Nelson escogió al Coronel del 33º de Ohio, Joshua Woodrow Sill, (que ya había combatido en Julio en Rich Mountain, durante la campaña de West Virginia), para mandar una columna destacada que convergiese con la original sobre la tropa confederada.

Los rebeldes de Williams se encontraron que, mientras se replegaban sobre Pikeville, donde esperaban completar su amunicionamiento, el enemigo les cortaba ya el camino de represo al paso principal del Cumberland Gap, dejándoles Virginia como único refugio posible. Williams tenía nueve compañías de infantería y dos de caballería y envió a éstas últimas a retardar el avance de la fuerza principal de Nelson, que ya había dejado atrás Prestonsburg. Pero, ante su indignación los jinetes, que veían la situación muy oscura, desertaron. Por fortuna una pequeña retaguardia, (que según algunos no pertenecía a sus desmoralizadas tropas, sino que era un préstamo de la columna de su compañero Marshall), pudo tender una emboscada a los unionistas de Nelson en un pasaje entre Ivy Mountain e Ivy Creek, donde el camino se hacía estrecho y formaba una gran curva en un paraje boscoso.

La emboscada sacó buen partido de ésas peculiaridades topográficas, derribando una docena de hombres a la primera descarga y manteniendo después a la tropa unionista detenida y encajonada con un tiroteo no demasiado duro, mientras parte de sus hombres se dedicaban a preparar árboles para ser derribados y puentes para ser quemados: Y en cuando empezó a atardecer los secesionistas se retiraron, derribando los árboles sobre la carretera y dando antorcha a los puentes.

Estos problemas con la ruta, amen de las crecientes sombras, hicieron que el unionista Nelson decidiera pernoctar allí mismo, lo que suponía renunciar a toda esperanza de interceptar a Williams. El Coronel Sill, un oficial de carrera de 30 años, que había tenido la inoportuna ocurrencia de dejar el Ejército a principio de año, aceptando una plaza de maestro apareció sobre Pikeville por el camino de Louisa a la mañana siguiente. Y aunque Williams y el grueso de los suyos la habían abandonado ya y alcanzarían aquel mismo día Virginia, tras una corta parada en Abingdon, Sill logró dar una buena zurra a su retaguardia, persiguiéndola varias millas y capturando bastantes prisioneros (aunque en su mayoría se tratara de rezagados no difíciles de aprisionar, por cuanto ya tenían la deserción en sus mentes) y ocupó Abingdon el 9 de Noviembre de 1861.

La acción sería llamada, (un poco excesivamente), Batalla de Ivy Mountain o de Pikeville, y también de Ivy Creek o de Ivy Narrows. Y en ella la Unión sufrió 4 muertos y 26 heridos, la mayoría en la emboscada, y su oponente 18 muertos, 43 heridos y 204 prisioneros. Y aunque militarmente no había sido muy brillante, se consideró una clara victoria porque los unionistas habían quedado en poder del campo y más sólidamente, por ésta muy favorable proporción de bajas y sobre todo, por el apresuramiento con que los confederados habían evacuado la región.

La huida de Williams a Virginia a través del Pound Gap tranquilizó de momento Kentucky oriental. Pero en Diciembre las fuerzas se movieron de nuevo. Zollicoffer, al parecer sin haber aprendido del susto de Octubre, volvió a avanzar con su fuerza desde el Cumberland Gap, obligando el 10 de Diciembre a Albin Y Schoepff a evacuar Somerset, y fue a instalar su base en Mill Sprints y Beech Grover, a ambos lados de un vado sobre el río Cumberland. Mientras y sintiéndose apoyado por el Humphrey Marshall que había sido ascendido a Brigadier, adelantó su columna hasta Paintville, donde a fin de año estaba reclutando diligentemente.

Al otro extremo del frente del Ejército de Buell, la 2ª División del Brigadier Alexander McDowell McCook se adelantó también hacia el frente en aquellos días, instalándose a principio de Diciembre en Nolin. Los secesionistas tenían a su vez un gran centro defensivo en Bowling Green, donde un “comité de soldados” había creado un más bien áspero “Legislativo Secesionista de Kentucky”; que el día 10 incorporó oficialmente el Kentucky rebelde a la Confederación.

Probablemente para mostrar su desaprobación a tal medida, la división de McCook inició aquel mismo día un movimiento de aproximación a la primera línea de defensa enemiga, que seguía el Green River cerca de Munfordville. En esa zona los secesionistas, no aceptaron aparentemente el desafío, quemaron el puente del ferrocarril Louisville-Nashville que lo cruzaba y abandonaron la orilla del río. Las vanguardias de McCook hicieron cruzar la corriente a dos compañías del 32º de Infantería de Indiana, para que vigilaran ante una posible sorpresa, y se dedicaron calmosamente a instalar un nuevo puente de pontones, para que pudieran cruzarlo las tropas y reparar el antiguo para uso de los trenes.

Mapa de Kentucky, publicado en Harper’s Weekly 19 de Octubre, 1861

August Willich, USA

Finalmente, el 17 de Diciembre los puentes estuvieron completos y McCook ordenó al 32º de Indiana completar su cruce y batir los caminos hacia el Oeste en busca del enemigo. Así el regimiento se internó con una fuerza de 4 compañías y poco más de 500 hombres, mandado por su Coronel, August Willich. Este oficial, (a veces llamado Von Willich), era un ex-capitán del Ejército Prusiano y ex-comunista, carpintero y editor de periódicos laboristas en Cincinnati, de 51 años de edad y obseso con los problemas de concentración del fuego de la infantería, que iba a prestar excelentes servicios a la unión sin recibir nunca demasiadas compensaciones.

Aquel día, Willich hizo avanzar decididamente a sus hombres hasta cerca de Woodsonville, donde se hizo contacto con el enemigo en un bosque. Aún empujó Willich al enemigo con dos de sus compañías, haciéndolo retroceder hasta que aquél reaccionó con un gran ataque de caballería que obligó al unionista a concentrar sus fuerzas, siendo éstas atacadas a continuación por elementos enemigos muy superiores en número.

Thomas Carmichael Hindman, CSA

Se trataba de una brigadilla confederada mandada por el ahora Brigadier del Ejército Provisional Thomas Carmichael Hindman, (al que recordaremos mejor como líder de una facción política extremista en Arkansas), que se había incorporado a la defensa de Bowling Green al frente de una formación de tropas de su Estado. Encargado como Willich de realizar un tanteo, ese día llevaba a su mando sus regimientos de 1º de Arkansas, seguramente el 2º del Coronel Daniel Chevilette Govan, y el 6º del mismo Estado, además de 6 cañones de la Swett Battery. También se encontraban un batallón del 6º de Caballería de Arkansas y el 8º de Caballería de Texas, llamado “Terry’s Texas Rangers” por provenir del escuadrón texano del mismo nombre que combatió en Julio en Bull Run y que estaba mandado por el Coronel Benjamin Franklin Terry.

Este regimiento de texanos se había desplazado desde Virginia hasta Kentucky para seguir bajo las órdenes de Albert Sidney Johnston cuando este fue destinado al Ejército del Departamento Confederado del Oeste.

Los confederados, que tenían el cometido de destruir el puente del ferrocarril que cruzaba el río Munfordville a una milla de Rowlett’s Station se encontraron con las avanzadillas de la Compañía B del Capitán Jacob Glass y acudieron el resto de las dos compañías de alemanes del 32º de Indiana. Pero ante la llegada del grueso de la fuerza confederada optaron por replegarse.Pero en ese preciso momento apareció una compañía del 8º de Caballería de Texas que se lanzaron a la carga.

Rangers de la Compañía C del 8º TX Cav.

Pero estos hombres estaban bien instruidos por el Coronel Willich y en plena refriega consiguieron reorganizarse para formar en cuadro y desplazarse hasta una fuerte posición defensiva. Por tres veces los texanos atacaron a los federales pero estos resistieron hasta que finalmente decidieron que era el momento de retirarse. Decisión que también adoptó Hidman ante la posibilidad de que acudiera el resto de la fuerza unionista.

Benjamin F. Terry, CSA

Los confederados, cosa de 1.350 hombres, más que duplicaban al 32º de Indiana y lo atacaron con furia. Pese a su inferioridad numérica, incluso la relación de bajas fue claramente favorable a la Unión en aquel encuentro, llamado de “Batalla de Rowlett’s Station”, de Munfordville, de Woodsonville o de Green River. Willich tuvo aparentemente 13 muertos y 20 heridos, contra un total confederado de 33 muertos, 50 heridos y 3 desaparecidos. Aunque la mayor pérdida fue la muerte del Coronel Benjamin F. Terry mientras dirigía una de las cargas de caballería.

Esta “batalla” marcó las pautas de los combates en el Oeste a lo largo de la contienda, en la que se producirán combates con gran proporción de bajas entre los dos adversarios. También fue una de las excasas ocasiones en que la infantería se defendió en campo abierto contra la caballería. ¡Y ambos regimientos eran de los que más tarde serian considerados unidades de elite! Pero por motivos que no alcanzo a adivinar, los archivos estadounidenses suelen clasificarlo como inconcluso, pese a ser una de las acciones unionistas más brillantes del año.

Entretanto, la organización unionista en Kentucky ya se iba dibujando para finales de año. En el Ejército de Grant se contaban las divisiones de John A. McClernand y Charles F. Smith, de a tres brigadas y habiéndose creado al fin la inevitable Brigada de Zuavos de Indiana, bajo el mando del ahora Brigadier Lewis Wallace, se había decidido extender éste mando, convirtiéndolo en una división de dos brigadas. En el de Buell apuntaban ya hasta siete divisiones, mandadas respectivamente por Thomas, McCook, Ormsby McKnight Mitchel, (el ex-soldado astrónomo que compartió protagonismo con el ya caído Edward Dickinson Baker en el gran Union Meeting neoyorquino de fines de Abril), William Nelson, Thomas Leonidas Crittenden, Thomas John Wood (otro hombre de Kentucky y soldado profesional, al que sin embargo la guerra había sorprendido en medio de un trienio sabático, que se había tomado en 1859 para viajar a Europa y conocerla a fondo), y William T. Sherman, (aparentemente recuperado ya de su crisis nerviosa, aunque compañeros y superiores seguían mirándole con no poca prevención).

Ulysses S. Grant, USA

                                                                

John A. McClerlland,USA                         Charles F. Smith, USA                                  Lewis Wallace, USA

Don Carlos Buell, USA

                                        

George Henry Thomas, USA   Alexander M. McCook, USA   Ormsby M. Mitchel,USA          William Nelson, USA

                          

Thomas L. Crittenden,USA      Thomas John Wood, USA     William T. Sherman,USA

Frente a estas fuerzas, que rondaban los 90.000 hombres si se contaba con sus escalones retrasados y organizaciones menores, los sureños de Albert Sidney Johnston no pasaban de 45.000, y sólo estaban creando de momento 5 divisiones: las de Benjamin Franklin Cheatham y Gideon Johnson Pillow en Columbus, una mandada por Simon Bolivar Buckner (ya Brigadier del Ejército Provisional), y otra a John Buchanan Floyd a cuyo comandante nos referiremos después en Bowling Green, y la de Kentucky Oriental, que al parecer desconfiando ya de Zollicoffer, fue puesta bajo el mando de George Bibb Crittenden, el hermano mayor del unionista Thomas Leonidas Crittenden.

Quizá para compensar tal parquedad de fuerzas, la línea que estas divisiones formaban estaba apoyada detrás por una segunda línea ya fortificada, que incluía las defensas del New Madrid Bend en el Mississippi, cuya guarnición había quedado bajo el mando del Coronel William Whann Mackall uno de los ayudantes de Albert Johnston, y los fuertes denominados Fort Henry y Fort Donelson, situados justo al Sur de la frontera entre Kentucky y Tennessee, defendiendo los ríos Tennessee y Cumberland en un punto en que sus cauces se aproximan tanto que ambos fuertes solo distaban unas millas: así, la fuerza mixta de milicianos de Tennessee y artilleros que los defendía bajo el mando del Brigadier Brian Lloyd Tilghman, podía trasladar hombres, armas y medios de uno a otro.

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Albert Sidney Johnston, CSA

                  

Benjamin F. Cheatham  Gideon J. Pillow          Simon B. Buckner        John B. Floyd                George B. Crittenden

Estos fuertes, iniciados por Gideon Johnson Pillow y acabados por el Brigadier y antiguo personaje de las milicias de Tennessee Daniel Smith Donelson, debían de haber sido complementados con un tercer fuerte sobre el Mississippi, Fort Pillow, situado a mitad de camino entre Memphis y New Madrid. Pero al crearse las bases de primero el New Madrid Bend y luego Columbus-Belmont, se le había considerado redundante y había quedado abandonado, incompleto y sin guarnición.

Al Este del Big Sandy River, en West Virginia, habíamos dejado el relato de los acontecimientos en el momento en que Robert Edward Lee era relevado del mando confederado de la zona, que se dividía en dos sectores independientes. Por aquellos días, el 26 de Octubre de 1861, el confederado William Wing Loring, al mando del sector septentrional, hizo su primera intentona en el extremo norte del frente, chocando con el mando unionista de Frederick West Lander en Mill Creek Mills, cerca de Romney y siendo rechazado por el enemigo. (Loring sufriría casi 90 bajas, con 20 muertos y 50 prisioneros, por una veintena de bajas del unionista, que esta vez tenía sus regimientos clásicos, 4º y 8º de Ohio y 7º de West Virginia, reforzados con dos pequeñas agrupaciones de batallones de milicia de tres meses, reclutada en zonas próximas; se les llamaba “Brigada del Potomac” y “Brigada de Maryland”).

Mucho más complicada y menos explicable, fue la acción que emprendió entretanto John Buchanan Floyd, comandante de la agrupación confederada meridional que, como para celebrar la partida de Lee, cruzó el 28 de Octubre el New River por Fayetteville para llegar el 27 a Cotton Hill, el montículo que desde la orilla Sur domina el punto más alto de la curva fluvial hacia el Norte donde se extendía la localidad de Gauley Bridge, instalando en él sus cañones para bombardearla.

De acuerdo, Gauley Bridge era el punto donde Rosencrans había instalado sus cuarteles de invierno, pero militarmente hablando, la acción de Floyd no tenía sentido. Con menos de 8.000 hombres, no podía tener la menor esperanza de derrotar siquiera parcialmente a Rosencrans, que había acumulado en la zona tres brigadas, con no menos de 15.000 hombres. De acuerdo de nuevo, las brigadas enemigas se encontraban en campamentos separados. El mando de Rosencrans y la Brigada del Brigadier Robert Cummings Schenk lo hacían en la propiedad llamada Tompkin’s Farm, al Sudeste de Cotton Hill, separada de esta por la corriente del New River y de Gauley Bridge propiamente dicho por la del Gauley, aunque esta estuviese franqueada, por un ferry. La Brigada de Jacob Dolson Cox acampaba en el mismo Gauley Bridge. Y la de Henry Washington Benham aguas abajo de donde el New River y el Gauley se unen para formar el Kanawha, en las mismas Kanawha Falls a partir de las cuales este se hace navegable.

Esto podía haber dado lugar a un ataque por sorpresa si Floyd hubiese intentado aplastar a Rosencrans y Schenk con fuerzas superiores, mientras otra fuerza suya cerraba el cuello de botella del ferry, impidiendo que recibieran refuerzos. Peligroso pero factible. ¡Sólo que Floyd había elegido deliberadamente llegar por la otra orilla del New River, con lo que tal maniobra resultaba imposible!

En realidad, queda claro que Floyd venía tan sólo a bombardear Gauley Bridge. Y en sentido muy literal; ¡desde Cotton Hill no se podían bombardear los campamentos de Tompkin’s Farm y Kanawha Falls! Y ni siquiera el bombardeo de Gauley Bridge era de utilidad. Los unionistas tenían previsto un caso semejante, y en cuanto se inició se trasladaron a la cañada situada detrás del pueblo, por la que un pequeño torrente de montaña llamado Scrabble Creek desembocaba en el Gauley y que les dejaba en total ángulo muerto respecto al fuego artillero proveniente de Cotton Hill. Y sin embargo, este bombardeo inútil se prolongó por al menos 10 días. Y los motivos de Floyd eran, como siempre, estrictamente extramilitares, de hecho, si había llegado tan fácilmente a Cotton Hill era porque los unionistas no vigilaban su ruta, suponiendo que ningún enemigo tomaría posiciones allí ya que: 1º desde allá no se les podía hacer ningún daño y 2º un enemigo situado en Cotton Hill corría el peligro de llevarse un buen susto al menor descenso del nivel de las aguas, pues en ese caso los unionistas de Kanawha Falls y Tompkins Farm podían fácilmente atacar sus flancos y retaguardia.

Gauley Bridge y el pilar del puente destruido por los confederados en 1861

Entonces, ¿para qué hacía Floyd que su gente corriera riesgos para realizar este bombardeo inútil? Es muy fácil: por la gloria, que había de pagar dividendos en poder político en el futuro. Las masas del Sur nada sabían de la topografía local, ni de la inutilidad del bombardeo. Y cuando los amigos que Floyd tenía en la Prensa fire-eater publicaran que él había bombardeado durante varios días Gauley Bridge, donde Rosencrans tenía su cuartel de invierno, en el adecuado tono laudatorio, todo el mundo pensaría que había burlado y vejado al unionista y sin duda le había causado mucho daño.

Una “prima” de satisfacción para él podía devenir del hecho de que, durante todos aquellos días, el bombardeo estuviera exactamente centrado en la mansión de su subordinado-enemigo Christopher Quarles Tompkins, Coronel del 22º de Virginia. En efecto, Tompkins era un gran propietario de Gauley Bridge, siendo suya la Tompkins Farm y teniendo una hermosa casa en el pueblo, en el que vivían su esposa Ellen y una hija de ambos de 16 años. Cuando los unionistas iban a avanzar sobre Gauley Bridge, Tompkins preocupado por ella a causa de la juventud de la chica y la belleza de su esposa (que era claramente notable), envió un mensaje al general enemigo William Rosencrans, encareciéndole que las protegiera. Rosencrans pasó el encargo a su subordinado Cox y éste, (que al contrario que algunos otros abolicionistas era un hombre muy caballeroso y además se encariñó al punto de ambas mujeres al conocerlas), no había tenido mejor idea que instalar su puesto de mando de retaguardia exactamente en torno a la casa, de forma que Ellen Tompkins y su hija vivían con seguridad en el sancta sanctorum más protegido de todo el territorio.

Pero el resultado fue que en el bombardeo de Octubre-Noviembre, John Buchanan Floyd tuvo un motivo perfectamente legítimo para ordenar que se tomara como referencia central del bombardeo la cimera de la casa de Tompkins. (Seguramente lo encontró divertido). El propio Tompkins, muy nervioso, se apresuró a enviar una comunicación con bandera de tregua a Rosencrans, suplicándole que permitiese que su esposa e hija cruzaran las líneas y lograr reunirse con sus parientes de Richmond. Y concedido aquello, pidió y recibió a su vez permiso de Floyd para dejar su unidad y correr a reunirse con ellas. (Una vez en Richmond, presentaría su renuncia al Ejército Provisional, abandonándolo, aunque años después trabajaría en la organización de inteligencia militar).

Eso dejó el 22º de Virginia en manos de su joven segundo, el Mayor Isaac Noyes Smith, que el 6 de Noviembre habría de enfrentarse a la primera señal de reacción norteña, el cruce de una patrulla de la Brigada de Benham por la zona del llamado Montgomery Ferry, aún aguas abajo de Kanawha Falls. Aunque inicialmente sorprendidos, los hombres del 22º lograron rechazar al enemigo al otro lado del Kanawha. Sólo que eso recordó al mezquino Floyd la existencia del Mayor Smith, llevándole a tomarse bastantes molestias para ir desacreditando y atemorizando al que consideraba un “cachorro de Tompkins” y al propio regimiento, al que al parecer también odiaba.

Llegó así a suspender el estatus del regimiento, poniendo sus compañías bajo el mando del 36º de Virginia de John McCausland. Eso sólo se solía hacer con unidades que se habían desacreditado huyendo ante el enemigo, y él lo hizo con quizá el regimiento que más y mejor había peleado de todos los de su mando. (Era ir demasiado lejos y después de la retirada de Cotton Hill retiraría la suspensión y aún daría la unidad a un nativo del Valle del Kanawha, aunque recién llegado del Este e ignorante de los antecedentes: el Coronel William A. Watson).

Entretanto, el unionista William Starke Rosencrans había estado vigilando el nivel del agua en los ríos, esperando que un destino vengador pusiera en sus manos al teatral Floyd. Por desgracia, la suerte protegía a éste manteniendo el agua alta y al fin Rosencrans, desesperado de encontrar una oportunidad adecuada, hizo lanzar el contraataque el 10 de Noviembre, pese a los ríos crecidos. Jacob Dolson Cox debía cruzar directamente ante Cotton Hill, fijando a los confederados, mientras Henry Washington Benham y Robert Cumming Schenk lo hacían a izquierda y derecha, cerrándose a su retaguardia para atraparle.

Robert C. Schenk, USA

Como era de temer, la maniobra no salió bien en aquellas circunstancias. Schenk, simplemente no cruzó, alegando que el agua estaba excesivamente alta. Y Benham, aunque lo hizo, se retrasó no completando medianamente su cruce hasta el día siguiente por la misma causa. Allí el único que cumplió los horarios fue Cox, (curiosamente el único ex-civil de los tres). Y llegando frontalmente y sabiendo que sus compañeros aún no habían cruzado, se dejó contener tras ser rechazado en un ataque que le costó una veintena de bajas.

Curiosamente, Rosencrans amonestó a Benham, pero no a Schenk, pese a que las leyes de la hidrodinámica demuestran que cada gota de agua del New que evitara el cruce de Schenk tenía que ir de inmediato, sumada al agua del Gauley, a molestar el de Benham. Pero es que Schenk, aunque no muy buen soldado, era un hombre con excelentes apoyos profesionales y sociales, y Rosencrans siempre fue un jefe muy sofisticado y urbanita. (Sus contemporáneos lo acusaban a veces de “jesuítico”).

Jacob Dolson Cox, USA

De todas formas, Cox había consolidado sus posiciones en la orilla Sur, frente a Cotton Hill, Benham estaba cruzando en el flanco izquierdo y Schenk, si no podía hacerlo por el derecho, pronto comenzaría a usar el paso de Cox, no tan lejano de Tompkins Farm. De manera que, en la noche del 10, Floyd hubo de dar orden de replegarse ¡pero aprisa! y su tropa abandonó rápidamente Cotton Hill antes de la mañana siguiente. Durante el 11, Rosencrans organizó una fuerza de persecución, dando su mando a Henry Benham, y a la noche siguiente Floyd, considerando que sus tropas no se replegaban, suficientemente rápido, mandó destruir los 15 carros más lentos de su tren de equipaje y muchas Tns de carga para aligerar a los demás. Los 22º y 36º de Virginia, como siempre dejados atrás para hacer el trabajo sucio, a riesgo de ser alcanzados, tuvieron la fortuna de encontrar entre los items a destruir los capotes, zapatos y prendas de ropa que hacía tiempo necesitaban y la ruindad de Floyd les estaba negando, y se aprovisionaron antes de quemar el resto.

Había aún para quemar una gran cantidad de zapatos, capotes, ropa variada y tiendas de campaña, productos todos muy raros en el Ejército Confederado pero de los que Floyd, a través de sus conexiones políticas, había disfrutado y mal usado, en gran cantidad. Para dar un ejemplo, de los capotes de invierno grises confederados no se fabricarían más de 50.000 y todo en aquel primer Invierno, hasta el punto que para el siguiente, el propietario de uno de los escasos supervivientes sería objeto de obvia curiosidad por parte de sus compañeros y podría hacer ventajosos negocios con su venta o alquiler. ¡Y Floyd acababa de mandar quemar varios miles de ellos!

Después de la noche de la gran hoguera, aquello fue una pura huida. El 14, Benham casi les cortó el paso, obligando a la caballería de Floyd a contenerle con una acción desmontada a gran escala, que les costó más de un centenar de bajas, sobro todo en un contraataque montado unionista que, dando un rodeo, capturó sus caballos y a los hombres que estaban a su cargo. El propio comandante de la caballería de Floyd, Coronel Saint George Crogham, sería mortalmente herido en aquel combate, pereciendo poco después en brazos de Benham, que había sido amigo suyo en la anteguerra. Aquel pequeño desastre tuvo al menos la virtud de fatigar a los unionistas, permitiendo a Floyd ganar una distancia importante a costa de sacrificar sus cañones más pesados y todo el resto de su impedimenta. Así pudo alcanzar Raleigh, en el montañoso condado de Monroe, el 23 de Noviembre. Aun allí le siguió Benham dispuesto a continuar el acoso, pero Rosencrans no quería que su subordinado se arriesgara a llevar operaciones de asedio entre las espesísimas nieves de invierno de las montañas, y el 25 de Noviembre le hizo llegar la orden de regresar a Gauley Bridge.

De manera que la Prensa fire-eater pudo seguir dando a su favorito tratamiento de héroe militar invicto, e incluso tuvo Floyd la pequeña satisfacción de ver cómo otro de sus enemigos personales, el Mayor Isaac Noyes Smith, abandonaba también el Ejército, asustado por su persecución. (Le había asustado amenazándole con hacer contra él acusaciones que podían recibir crédito porque, aunque el Mayor fuera leal, su padre, Benjamin Smith, se había hecho muy impopular entre los rebeldes convirtiéndose en un notable del movimiento New State y seguidor del Gobernador unionista Pierpoint).

Daniel S. Donelson, CSA

Pero el Gobernador Letcher, y otros notables virginianos, no se habían dejado engañar por la publicidad que los fire-eaters hacían a Floyd y estaban deseando librarse de él. Así, aprovechando la buena fama militar que sus amigos le habían dado, propusieron un canje a los secesionistas de Tennessee y Kentucky que, engañados por la Prensa, lo aceptaron encantados. Y en pleno Diciembre, John Buchanan Floyd se encontró enviado al frente de Kentucky junto con una de sus brigadas mientras, con una brigada de Tennessee, el Brigadier Daniel Smith Donelson aparecía, en West Virginia para hacerse cargo de su mando.

El mando de Albert S. Johnston y los secesionistas del Oeste, totalmente engañados sobre sus capacidades, le dieron el mando de la segunda de las divisiones de Bowling Green, y estaban convencidos de haber hecho un excelente negocio, puesto que Donelson tenía entre ellos fama de hombre orgulloso y poco tratable. ¡Los pobres no sabían la clase de “joya” que acababan de adquirir!

No hubo mucha mas acción en el resto de aquel Otoño en Virginia Occidental, sino más bien escasa. En Guyandotte, sobre el río del mismo nombre, el mismo domingo 10 de Noviembre en que Rosencrans trataba de atrapar a Floyd en Cotton Hill, una compañía del regimiento unionista en formación 9º de West Virginia fue vapuleada por una fuerte patrulla enemiga, sufriendo una treintena de bajas, con 7 muertos, para causar tan sólo 13 bajas, con 3 muertos. El siguiente 19, tropas del 1º de Caballería de West Virginia causaban 1 muerto y 5 heridos al enemigo en Wirl Wilt Court House. Y el día de Navidad, se luchó en el Norte en dos escaramuzas menores, en Fort Frederick (Maryland), y Cherry.

Robert Huston Milroy, USA

La acción mayor se produjo el viernes 13 de Diciembre, cuando el Brigadier unionista Robert Huston Milroy (jefe con Lander de la zona del Norte, mientras Joseph Jones Reynolds mandaba el despliegue del centro), atacó uno de los campamentos de Invierno de William Wing Loring. Era éste el Camp Allegheny, (y la acción es llamada de Camp Allegheny o Allegheny Mountain). Milroy obtuvo cierta sorpresa, atacando con los 9º y 13º de Indiana, 25º y 32º de Ohio y 2º de West Virginia, pero acabó siendo rechazado por el jefe confederado local, Coronel Edward Johnson, que también contaba con 5 regimientos y se encontraba vigilando Staunton-Parkersburg Pike. Milroy dispuso a sus fuerzas en un claro de la montaña, aprovechando los árboles caidos y arbustos, y al ser esta una buena posición defensiva, el confederado Johnson dispuso a su artillería. Tras una disciplina de fuego continuo, los federales se retiraron hacia su campamento de Cheat Mountain. Las bajas fueron igualadas, totalizando 137 bajas federales y 146 entre los confederados, con al menos 20 muertos en cada bando.

Campo de batalla Camp Allegheny en West Virginia

Edward Johnson, CSA

Edward Johnson fue ascendido a Brigadier General el 13 de Diciembre y en parte fue debido a su actuación en Camp Allegheny, pues tras ella recibió el sobrenombre de “Allegheny” Johnson por su actuación. Como relató un soldado del 31º de Virginia:

“I had a splendid position in this battle and could see the whole fight without having to take any part in it, and I remember how I thought Colonel Johnson must be the most wonderful hero in the world, as I saw him at one point, where his men were hard pressed, snatch a musket in one hand and, swinging a big club in the other, he led his line right up among the enemy, driving them headlong down the mountain, killing and wounding many with the bayonet and capturing a large number of prisoners…”

“Yo tenía una posición espléndida en esta batalla y podía ver la lucha entera sin tener la necesidad de tomar parte en ella, y recuerdo como ví que el Coronel Johnson, que debe ser el héroe más maravilloso en el mundo, como yo lo vi una vez, cuando sus hombres fueron presionados duramente, él cogió un mosquete en una mano, y balanceando un gran palo en el otro, él condujo a su línea derecha sobre el enemigo, conduciéndolos precipitadamente cuesta abajo de la montaña, matando e hiriendo a muchos con la bayoneta y capturando un gran número de prisioneros…”

En tanto, ya el Verano anterior el confederado Henry Wise había detenido a un notable llamado “Coronel Thomas A. Roberts” por miembro de la Convención de Wheeling, y como represalia el unionista Cox detuvo al Alcalde de Charleston, Andrew Parks. Desde entonces, las detenciones y tomas de rehenes, si no muy corrientes no eran raras, fanáticos rebeldes intentaban asesinar a notables prounionistas y los unionistas habían formado una Home Guard a veces combatiente, (como en la “Brigada del Potomac”), pero en general dedicada a vigilar y atemorizar a los prorebeldes.

Sin embarco, y aunque se produjeron algunos crímenes, excesos y ruindades, la situación estaba lejos del dramatismo de la de Missouri. Y militarmente, con los secesionistas posicionados en lo más alto de las montañas, West Virginia podía considerarse sólidamente en manos de la Unión.

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