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Ingenieros del 8th New York State Militia – 1861

Capítulo XVII: El Alleghany, el Shenandoah y el Potomac hasta Ball’s Bluff

Mientras estos sucesos se producían más al Oeste, en los mismos montes Alleghany la campaña ideada por Robert Lee se resolvía en una serie de acciones, que se ha dado en llamar batallas aunque fueron más, esbozos o inicios de verdaderas batallas que no llegaron a librarse y que acabaron dejándola empantanada.

La primera de tales acciones fue la llamada “Batalla de Carnifex Ferry”, aun el 10 de Septiembre. En ella William Starke Rosencrans llegó a marchas forzadas a la posición creada por el confederado Jonn Buchanan Floyd justo al Norte de Carnifex Ferry para desalojarlo de ella, y probablemente encelado con la idea de que, al menor descuido de su contrario y si lograba apoderarse de la pasarela que aquél había instalado sobre el río Gauley, podría atrapar su tropa contra la fuerte corriente y causar verdadero daño.

Se ha dicho que Rosencrans llevaba consigo 7.000 hombres, pero es obvio que había dejado parte por el camino, pues no parece que llegara ante el enemigo con otros que los regimientos 9º, 10º, 13º, 23º, 27º, 28º y 69º de Ohio, a los que se incorporó por el camino el 12º del mismo Estado, del mando unionista de Jacob Dolson Cox y se adelantó a última hora el 7º del Coronel Tyler, del mismo Estado y el mismo mando.

Los del 7º de Ohio estaban obviamente deseando borrar el recuerdo de la derrota que habían encajado el 26 de Agosto, e hicieron un valiente despliegue de reconocimiento y tanteo, muy adelantados, buscando revelar los nudos de la resistencia enemiga. Por desgracia, también fue una maniobra cara sobre todo porque el 22º de Virginia enemigo del Coronel Tompkins, que ya había sido la principal Nemesia del 7º en la acción de Agosto logró ocultarles parte de sus fusileros hasta el último momento, para segarles una compañía en una sola andanada a 30 pasos.

Floyd había llamado a los regimientos de Wise, pero éste y el grueso de su fuerza, no se habían presentado aún, con lo que contaba con sólo los 22º, 36º, 45º, 50º y 51º de Virginia, con poco más de 3.000 hombres frente a 6.000 unionistas. Pero su posición, aunque complicada por la existencia de una sola línea de retirada, era sólida, y resistió cómodamente un ataque de los 10º y 12º de Ohio. Se habían desplegado en las inmediaciones de la granja Patterson, aprovechando las estrecheces que provocaban el terreno y los bosques adyacentes. Además del río Gauley River Canyon. Durante éste ataque, el 13º de Ohio del Coronel William Sooy Smith se infiltró en su flanco oriental pero, como no tenía órdenes y había semiperdido el contacto con los suyos, se retiró a continuación, para desesperación de Rosencrans.

Patterson House, Nicholas County, West Virginia

Aunque ya era muy tarde, y los confederados cubiertos en un bosque, estaban causando bastante daño y encajando muy poco, Rosencrans decidió hacer un último esfuerzo para llegar a la noche con un regimiento en el mismo flanco enemigo. Y al amparo de un ataque fintado por los 27º, 28º y 69º de Ohio, se logró introducir allí el 23º de Ohio del Coronel E. Parker Scammon, una unidad elite, dos de cuyos capitanes de compañía eran los futuros Presidentes Rutherford Birchard Hayes y William McKinley. Y así se llegó a la noche.

Y la noche trajo un brusco cambio porque John Buchanan Floyd, que se había declarado capaz de resistir cuanto fuera preciso en aquella posición y tenía órdenes específicas de Robert E. Lee de retener a Rosencrans todo lo posible, sufrió un repentino desfallecimiento moral y dio orden de retirada. Por lo visto, se acordaba de las granujadas que había cometido como Secretario de Defensa y tenía pánico a ser capturado, temiendo ser juzgado como un delincuente común y tal vez ahorcado. Lo curioso es que el combate había ido hasta entonces bastante bien para él, contándose entre 150 y 220 bajas unionistas por 20 confederadas. Aunque Rosencrans había conseguido emplazar su artillería, la cual ya al final del día había comenzado a ser muy molesta, lo cual presagiaba un segundo día más complicado.

Y más curioso aún es que su jefe de Estado Mayor, Coronel Henningsen, que ya había aprendido lo bastante para escoger y preparar una excelente posición defensiva, seguía sin saber redactar y repartir órdenes, y la retirada estuvo a punto de resultar desastrosa. En efecto, y una vez retirados sus regimientos favoritos (45º y 50º de Virginia), las restantes tropas debían aguardar que se retirara la artillería antes de cruzar la pasarela; lo que hubiese sido excelente si no se hubiese olvidado de enviar sus órdenes de retirada a dicha artillería, e incluso advertirla de que había una retirada en marcha. Fue así, que tres regimientos permanecieron inmovilizados al Norte del Gauley casi tres horas, entorpeciendo la retirada de unos artilleros que no sabían que tenían que retirarse, mientras aquéllos dormían a pierna suelta. ¡Y todo ello sin que nadie del mando de Floyd, que no seguía la operación, llegara a enterarse! Por fortuna, la noche era larga y las tropas pocas.

El desaguisado hubo de ser arreglado al fin por los propios mandos interesados, (principalmente, el que afrontó el problema fue el Coronel Tompakins, ayudado por su segundo, el joven Mayor Isaac Noyes Smith), y hasta el último hombre fue retirado, un poco en el último minuto. (A causa de las prisas de última hora, en la oscuridad llena de niebla, justo antes del amanecer, algunos hombres cayeron a las aguas rápidas y heladas del Gauley, pereciendo una decena de hombres).

Terminado el cruce, Floyd ni siquiera trató de encelar a Rosencrans permaneciendo en la otra orilla, sino que hizo quemar la pasarela y huyó hacia lo más agreste de las montañas a marchas forzadas. De camino lo encontraron los correos de Henry Wise, que llegaba con tres regimientos a unirse a la defensa de una posición ya abandonada, y la enemistad entre ambos alcanzó nuevas cotas. Floyd acusaba a Wise de haberle obligado a abandonar la posición por no haber llegado a tiempo con sus refuerzos. Wise respondía que el mismo Floyd tenía la culpa del retraso, por tener a sus unidades yendo continuamente de un lado a otro a marchas forzadas y sin un objetivo claro, con lo que la orden de converger sobre el Carnifex Ferry les había alcanzado lejos y estando agotadas. (En parte tenía razón, pero era obvio que él tampoco se había esforzado mucho).

Su enfado llegaba a cotas tan absurdas que finalmente, temiendo ser perseguidos por Rosencrans, crearon dos y no una posición defensiva en las montañas, Wise en Camp Defiance y Floyd en Meadow Bluff.

Robert Lee comenzó en estas fechas su primera campaña de la guerra. Había estado avanzando hacia el Norte por el Valle del Greenbrier, amparado por las nieblas de otoño, con la esperanza de sorprender la posición de flanqueo de Joseph Jones Reynolds en la que sería llamada “Batalla de Cheat Mountain”. Así como a las fuerzas del Coronel Natham Kimball en un ataque simultáneo. Pero desde el 10 de Septiembre, las cosas comenzaron a torcerse cuando la niebla se convirtió en una lluvia continua y penetrante. Y para colmo, al día siguiente fueron descubiertos por la caballería unionista.

George Stoneman, USA

En efecto, Rosencrans había escogido bien los jefes de su cobertura de flanco. Reynolds y George Stoneman, el jefe de su batallón de caballería, permanecían atentos, y no habían descuidado la vigilancia por el mal tiempo. Además, y aunque muchos mandos de caballería habían interpretado la orden de estandarizar los regimientos como que habían de ser convertidos en caballería pesada a la europea, equipada sólo con el sable y el revólver o un par de pistolas, (tal había sido el equipo de la caballería en Bull Run), Stoneman no tenía tales ideas, y había equipado a toda su tropa con excelentes carabinas de cartucho Maynard, con las que paquearon concienzudamente y desde distancia segura a las vanguardias de Lee, causándoles varias bajas.

Joseph J. Reynolds, USA

El mismo caballo de Lee cayó muerto entre sus piernas, dando un pésimo inicio a la operación. Y cuando el 12 de Septiembre, la fuerza de su mando dirigida por el Coronel Albert Rust inició un tanteo hacia Cheat Mountain, con unos 1.500 hombres junto al Brigadier General Samuel R. Anderson, fue eficazmente detenida por una defensa que Rust consideró muy numerosa, estimándola en unos 3.000 hombres . En realidad los defensores de la zona atacada eran apenas 300 hombres, pero en posiciones muy bien escogidas y fortificadas, y apoyados por un sabio cruce de fuego artillero.

En todo caso Lee, preocupado por las noticias de la “espantada” de John Buchanan Floyd en Carnifex Ferry y por la creciente cifra de sus hombres que estaban quedando fuera de combate por afecciones pulmonares tras tres días de aquélla lluvia, además de las dificultades del terreno. La campaña se realizaba con un clima pésimo a lo que hay que añadir lo accidentado del terreno y los bosques, lo que obligaba a encontronazos entre las tropas y descargas de fusilería a corta distancia, además de la dificultad de maniobra. Incluso Lee llegó a perder a todo sus asistentes mientras estos realizaban labores de reconocimiento. Ante esta situación decidió suspender el ataque. Y así la batalla, como la de Carnifex Ferry, quedó truncada.

El 13, Lee se dirigió a uña de caballo hacia el Sur a comprobar lo que ocurría con Floyd y Wise, mientras su fuerza principal, mandada por William Wing Loring y con unos 9.000 hombres, le seguía a marcha moderada para dar oportunidad de reponerse a los enfermos. Detrás quedaba con otros 4.000 hombres Rust, fingiendo mantener la presión sobre las posiciones unionistas de Cheat Mountain y Elkwater.

Lo curioso es que su camino se cruzaba con el de William Rosencrans, que en cuanto tuvo noticia el 11 del inicio de la acción en Cheat Mountain, dejó tras de sí a sus hombres reparando la pasarela del Carnifex Ferry, y a los de Cox cruzando el Gauley en Gauley Bridge a través del ferry que habían instalado entre los pilotes del puente destruido, para unírseles, y corrió hacia el Norte. En este movimiento no se llevó, como se ha dicho, “su tropa”, (ni un solo regimiento empeñado en Carnifex Ferry sería visto en acción en el Norte los días siguientes), sino que fue recogiendo por el camino fuerzas que obviamente había dejado dispuestas para poder reforzar alternativamente el Norte o el Sur. Y llegado al sector de Cheat Mountain, embistió a Lee sobre la marcha.

El confederado había vigilado sin embargo su llegada y salvo alguna escaramuza, pudo replegarse a posiciones más seguras sin tener que librar combate alguno. (Es por tanto ampliamente exagerada la afirmación, que a veces se lee, de que Rosencrans derrotó a Lee). En el conjunto de los días transcurridos desde el día 11 hasta el 15, toda esta serie de acciones había venido a sumar 19 muertos y 60 heridos unionistas por no menos de 90 bajas confederadas.

Llegado entretanto a la zona Sur, Lee hubo de empezar por mediar entre los empecinados Wise y Floyd, escoger un nuevo emplazamiento para la posición defensiva del ejército, en Little Sewell Mountain la ladera de la cima Este de una montaña de dos picos y obligar a ambos, no sin dificultades a tomar posición en ella. Justo a tiempo porque para el 16 de Septiembre, Rosencrans había vuelto del Norte y con su fuerza de Carnifex Ferry y la de Cox, tomado posición en Big Sewell Mountain, en la ladera de la cima Oeste de la misma montaña, y a apenas una milla de la posición confederada. Antes del 20 había agrupado su fuerza, que se aproximaba a 9.000 hombres frente a menos de 5.000 confederados, pero después alcanzó Sewell’s Mountain el Brig. Gen. Loring, elevando a los confederados a 14.000 y obligándole a recabar nuevos refuerzos, aunque no lograría alcanzar los 12.000. Y ambos ejércitos permanecieron largos días observándose frente a frente, entre un clima infernal, (el tiempo, como en el Norte, había empeorado mucho), mientras sólo se producían algunos tiroteos entre las avanzadillas por más que en uno de ellos, el 29, muriese el Coronel Spaulding de la fuerza de Wise.

No hubo por consiguiente tampoco una Batalla de Sewell’s Mountain, (de la que a veces se habla). Así finalmente Rosencrans renunció, replegándose con cautela sobre Gauley Bridge el 10 de Octubre.

Buena parte del motivo de que Lee, (que luego iba a revelarse un general enormemente agresivo), no atacara, es que su Estado Mayor estaba convertido en una verdadera jaula de locos a causa de las disensiones internas. Primero fueron las disputas entre Wise y Floyd hasta que el primero fue llamado a Richmond y destinado a la costa nordcarolina el 29 de Septiembre. (Del grado al que habían llegado las cosas entre él y Floyd son indicio las primeras palabras que cambió con el Presidente Davis al ser recibido por aquél a su llegada a Richmond. “Tengo aquí unos informes, general” le embromó aquél señalando sobre su escritorio los enviados por Floyd, “según los cuales debería hacerle fusilar”; “No me importaría que lo hiciera” respondió Wise, “¡Con tal de qué primero me dejara ver cómo ahorca a ese sinvergüenza de Floyd!”).

John B. Floyd, CSA

Después fue el bonito número de “Floyd contra todos”, porque el hombre era tan sumamente ruin, importuno y cargante, que iba creándose enemigos a cada paso, y en vez de tratar de reconciliarse siquiera con algunos de ellos, parecía disfrutar atesorándolos como otros hombres atesoran riquezas y honores. Y como muestra véase su tratamiento a los regimientos de West Virginia. Esta tropa de West Virginia estaba mirada con cierta prevención entre los confederados, a causa de la rápida defección al enemigo de su zona de origen. Así, de sus regimientos, sólo el 8º de Caballería de Virginia, que Albert Gallatin Jenkins estaba formando más al Norte, estaba mandado por un verdadero natural de la región. Los coroneles de los 22º y 36º, Christopher Quarles Tompkins y John McCausland, eran hombres del Este que habían cambiado recientemente su residencia a la región, y el 23º, (del mando de H. R. Jackson), estaba mandado por el Coronel William Booth Talliaferro, el fire-eater de Virginia Oriental que en Abril tomara el Gosport Navy Yard.

Pero para Octubre estaba claro que los hombres de aquellos regimientos eran bien fieles, (se habían seleccionado a sí mismos al sentar plaza por un Sur odiado por sus vecinos), y hasta el mismo Talliaferro, entre sus muchos motivos de discusión con Jackson, sumaba el que éste siguiese tratando a “sus chicos” con prevención. Pero la actitud de Jackson era cosa de broma comparada con la de Floyd, que sistemáticamente les envió siempre los primeros en el avance y los últimos en la retirada, les dejaba siempre los últimos a la hora de repartir provisiones, (con lo que a menudo se habían acabado o eran insuficientes al llegar su turno, dejándolos en ayunas o a media ración), e incluso no les había entregado capotes y repuestos de calzado, aunque el Otoño venía frío, sus otras unidades ya los habían recibido y como jefe políticamente recomendado, él los tenía de sobra en sus carros de ordenanza.

Tompkins, hombre bien relacionado en el Ejército y la alta sociedad de Richmond chocaba continuamente con él por ésta causa, y Floyd reaccionaba con profundo odio, buscando en todo momento cómo zancadillearle a él y a su regimiento sin tener en cuenta que era un regimiento del propio Floyd. Para el 10 de Octubre, las disputas habían llegado tan lejos que nadie parecía hacer su trabajo, y hay evidencias de que el propio Lee era quien escuchaba y evaluaba los informes de patrullas y escuchas. Caballero de estilo tranquilo, era incapaz de empezar a fusilar a mansalva, lo que probablemente era ya el último remedio posible para que aquel desgraciado ejército funcionase.

Se habían hecho entretanto intentos de apartar la atención de los contendientes del desafío de Sewell’s Mountain. Tropas del antiguo mando de Wise habían realizado por ejemplo dos intentos, el 25 de Septiembre y el 2 de Octubre, de introducirse en el valle del río Guyandotte, apoderándose de Chapmansville. Pero ambos fueron rechazados por dos nuevos regimientos del mando de Jacob Dolson Cox, desplegados en aquella zona, el 1º de Kentucky y el 34º de Ohio. (Este último era un regimiento de zuavos brillantemente uniformados y que para completar el absurdo y por motivos que ignoro, iba tocado con pequeños tricornios. Tenía incluso un destacamento montado cuyo aspecto, uniformado de esa guisa y a lomo de caballo, había por fuerza de ser bastante regocijante).

Pero con todo su disparatado aspecto, los zuavos y sus compañeros lucharon bien, cortando las intentonas confederadas y causando en la acción de Septiembre, que fue la más reñida, una cincuentena de bajas por 4 muertos y 9 heridos propios. Otra acción mejor planeada y con el mismo propósito la llevó a cabo en el Norte el unionista Joseph Jones Reynolds, que el 3 de Octubre realizó una profunda incursión en el valle del Greenbrier River, donde se había refugiado el mando enemigo de Henry Rootes Jackson, con los regimientos 24º, 25º y 32º de Ohio y 7º, 9º, 13º, 14º, 15º y 17º de Indiana (más de 6.000 hombres y casi toda su fuerza), apoyados por dos baterías. Por 8 muertos y 32 heridos propios, causó 175 bajas al confederado y regresó a su base con un gran botín de caballos y diverso ganado de carne.

Al fin, lo que acabó restando importancia al desafío de Sewell’s Mountain no fueron estas acciones, sino la creciente actividad que se estaba produciendo en Romney y la boca del valle del Shenandoah, hacia Harper’s Ferry, mucho más al Norte. Allí, infantería y caballería confederadas se mostraban cada vez más activas. Ya se había producido un choque importante el 14 de Septiembre en Pritchard’s Mills, cerca de Darnestown, en que los 28º de Pennsylvania y 13º de Massachusetts unionistas causaron más de 80 bajas a los confederados, y el domingo 23 los 4° y 8º de Ohio, del mando subordinado a Rosencrans del Brigadier Frederick West Lander (uno de los coroneles de Philippi), libraron una acción en Hanging Rock, cerca de Romney, con no menos de 50 bajas en cada bando.

Y la caballería confederada no paraba de actuar, con un continuo aguijoneo que culminaría con un brillante raid de Turner Ashby sobre el Harper’s Ferry el 13 de Octubre, acabando con la captura de cerca de 200 hombres y buen número de caballos y material, convirtiéndose en uno de los héroes del Sur. Y más aún por su aspecto que describieron entonces y le otorgaría el título de “Caballero Negro de la Confederación”.

Él solo comenzó una carrera que pronto lo convirtió en un carácter heroico en la historia de la Guerra civil. Vestido ahora en el color gris Confederado, con el cordón dorado sobre sus mangas y cuello, llevando botas altas con espuelas y un amplio sombrero de fieltro negro con una pluma larga negra que corre detrás, su aspecto era asombroso y atractivo. Él medía aproximadamente casi 2 metros de altura y probablemente pesaba de 68 a 73 kilogramos. Él era musculoso y nervudo, bastante delgado pero robusto. Su pelo y barba eran tan negros como el ala de un cuervo; sus ojos eran suaves y color caoba; un bigote largo y amplio ocultaba su boca, y una barba espesa y larga cubria completamente su pecho. Su tez era oscura de acuerdo con sus otras tintas. Totalmente, él se parecía a los cuadros que he visto de los tempranos Cruzados, un tipo insólito entre muchos hombres en el ejército, un tipo tan distintivo que, una vez se ha observado, no puede ser olvidado” Carta de un civil del valle Shenandoah

Turner Ashby, CSA

Mientras el día 16 del mismo mes la División de Banks, con casi los mismos regimientos que el mes anterior en Pritchard’s Mills, perdía un par de docenas de soldados en Bolivar Heights, muy cerca de Harper’s Ferry otra vez.

Lo cierto es que los unionistas, reorganizados tras el caos que creó en sus filas el fin de los alistamientos de tres meses, comenzaban de nuevo a asomarse a Virginia en el Alto Potomac, y el mando confederado de Joseph Eggleston Johnston tomaba sus medidas para pararles los pies. En Leesburg, el antiguo solar de los Lee, se había destacado la brigada mandada por Nathan Evans. Y en Winchester, la posición clave del Norte del valle del Shenandoah, “Stonewall” Jackson, fresco aún su nombramiento como Mayor General, estaba creando una división.

Era Jackson un tipo curioso, hipocondríaco y con propias y extrañas ideas sobre dietética, capaz de disertar largo rato sobre ese tema o sobre la caridad cristiana (de la que tenía ideas muy amplias), y empeñado en dirigir siempre él mismo los oficios dominicales de sus tropas. En cambio, su capacidad de trabajo y su amor por las tropas bien preparadas eran proverbiales, sus arrebatos de furor temibles y llegada la batalla se mostraba incongruentemente sanguinario. (Por lo que solía decirse de él que “vivía por el Nuevo Testamento y luchaba por el Antiguo”).

“Stonewall” Jackson, CSA

De todas formas, el Jackson de aquellos días no era el de siempre. Soltero de 37 años, acababa de casarse con Mary Ann, una chica de Winchester de 20 años escasos. Como resultado sus uniformes, habitualmente llenos de raspaduras, roces y lamparones (era poco cuidadoso con su aspecto personal, incluso algo sucio), aparecían inmaculadamente limpios, cuidadosamente repasados y con todos los botones en su sitio. Además el gran hombre (que normalmente trabajaba sin horario), miraba de vez en cuando a su reloj y se iba rumbo a la casita que había adquirido en la ciudad a las horas debidas. Y cuando por algún motivo, el Estado Mayor se quedaba trabajando hasta tarde, se podía contar con que Mary Ann aparecería, envuelta en una capa con capucha y llevando a su marido la cena en una cestita, como una buena Caperucita. (Y los jóvenes e iconoclastas oficiales intercambiarían codazos, conteniendo la risa, mientras al terrible Jackson prácticamente se le caía la baba ante su esposa).

Otro personaje que en aquella zona era por entonces casi más popular que el mismo Jackson era su jefe de caballería, Turner Ashby, para el otoño ya al mando del 7º de Caballería de Virginia. Sus golpes de mano y escaramuzas alcanzaban casi un cien por cien de éxito, y cada vez se hacía notar su presencia en la acción, inconfundible sobre un enorme caballo blanco. (Detalle notorio pues los caballos de ese color, no son muy apropiados para la guerra en un paisaje boscoso como el de aquella zona. Probablemente sólo otro hombre usaba un caballo blanco en todos los frentes de Virginia: El recientemente nombrado Brigadier unionista Philip Kearny, que aunque era hombre de recursos y disponía de varias monturas, tenía como favorito a un gran semental blanco llamado “Moscow”).

Lo que tenía locos a los unionistas es que, pese a su llamativo caballo, que atraía a las patrullas de vigilancia y destacamentos de persecución unionistas como un imán, Ashby parecía protegido por un sortilegio, nunca había sido alcanzado, y varias veces acorralado, se había esfumado en el aire como un fantasma. Y eso sin citar el pequeño misterio de porqué siempre se le veía solo, sin escolta ni ayudantes.

Al menos, estos pequeños misterios iban a quedar desvelados aquel otoño, un día en que una patrulla montada de la Unión se topó de frente con Ashby, solo como siempre, en un recodo de un camino del bosque. De inmediato lo hicieron prisionero, y ya regresaban muy contentos, llevándolo en el centro de su formación para que no pudiese escapar cuando, al pasar junto a una de las omnipresentes y altísimas vallas características de la región (que ya habíamos citado, respecto a la Batalla de Falling Waters, de principio de Julio), Ashby la saltó con su caballo casi sin tomar carrerilla, desapareciendo entre los árboles del otro lado antes de que alguno de sus captores pudiera montar a horcajadas sobre ella para dispararle.

Así se descubrió que el gran caballo de Ashby (sin duda un macho castrado, que son los mejores saltadores), era un campeón de salto y el truco del confederado para “hacerse invisible” era saltar las grandes vallas de la región que, debido a su gran altura, todo el mundo veía como insalvables. (Lo que explica también porqué se movía solo. Sus escoltas y ayudantes no hubiesen podido saltar como él). Y si este descubrimiento acabó con la incipiente fama de Ashby como mago no hizo sino incrementar su prestigio como jinete.

Fue la influencia de éstas acciones más al Este la que hizo que al retirarse Rosencrans de Sewell’s Mountain, Robert Lee no hiciera siquiera mención de seguirle. Por el contrario el General Federal, tenía instrucciones de enviar cuanto antes el grueso de su fuerza hacia el Norte, y hacia allí lo despacha, aún mandado por William Wing Loring. Entretanto, la “paradita de Sewell’s Mountain” había costado a cada uno de ambos ejércitos no menos de 600 muertos, causados por la pulmonía, el dengue o gripe y una epidemia de sarampión, que había causado gran mortalidad entre los hombres debilitados tras pasar la gripe. (Floyd observaría que “aquellos días de calma habían costado más muertes que la Batalla de Bull Run”).

No muchos días después, a finales de Octubre, Lee era llamado a su vez a Richmond para hacerse cargo del mando de la costa atlántica al Sur de Carolina del Norte. (El mando sureño comenzaba a tener avisos de que se preparaba una operación anfibia: la de Samuel Francis Dupont). En cuanto a West Virginia, quedaría dividido en dos mandos militares: el septentrional bajo William Wing Loring y el meridional bajo John Buchanan Floyd, (para desgracia de sus subordinados). El prestigio de Lee salió bastante “tocado” de aquella campaña; el de Floyd no hizo sino crecer, pues sus acciones eran pintadas por una Prensa deseosa de enaltecerle como maravillas estratégicas.

Pero Lee se fue sin duda satisfecho de aquellas tierras que tantos sinsabores le habían dado. Hay autores que atribuyen a estos días el que Lee, que no mucho antes de la guerra tenía aún fama de buen mozo, se convirtiese en aquel anciano debilitado y de pelo y barba blanca que todos conocemos por las fotografías. Y aunque esta versión es sin duda exagerada, (la exasperación al verse cada vez más cerca de tener que elegir entre sus dos Patrias, la Unión y Virginia, le puso sin duda en aquel camino de decadencia), no cabe duda de que fue entonces cuando su barba y cabello devinieron del color de la nieve.

Su otro consuelo fue que, al perder el caballo en Cheat Mountain, le habían prestado otro que uno de sus oficiales acababa de comprar en la región. Se trataba de un animal que había ganado años antes un concurso de potros, pero no había alcanzado luego total aceptación por haberse quedado un poco corto de estatura. Sin embargo, las imágenes que quedan de él sugieren que se trataba de un salto atrás hacia la sangre árabe de muchos caballos virginianos. Y Lee, que aunque amante de la equitación no era especialmente afectuoso con los caballos (uno de sus favoritos llevaba el nombre simplemente descriptivo de “Bayo Castaño”), quedó prendado de su mezcla de valor, resistencia e inteligencia y no paró hasta adquirirlo, convirtiéndolo en su número uno. Era un animal gris acero, con crines y calcetines oscuros, y parcialmente tachonado de minúsculas manchas negras, al que su nuevo amo llamaría “Traveller”.

Lee & “Traveller”

Al Este, reinaba entre las tropas unionistas George B. McClellan, nuevo comandante del ahora llamado Ejército del Potomac desde, oficialmente, el 27 de Julio. En el momento en que tomó el mando, contaba con sólo 50.000 hombres de Infantería, 1.000 de Caballería y 650 artilleros, aunque junto a él, la fuerza de cobertura de Washington de Joseph King Fenno Mansfield rebosaba de artilleros. Y la primera dificultad a la que hubo de hacer frente fue a una creciente indisciplina, pues si la disciplina nunca había sido el fuerte de aquel Ejército, la reciente derrota de Manassas había causado casi un colapso de ella.

Su punto álgido fueron dos serios motines que se desencadenaron los días 14 y 15 de Agosto respectivamente en el 79º de la Milicia de New York y el 2º de Maine. Logró sin embargo reducirlos y los cabecillas fueron capturados. Astutamente, McClelland no los convirtió en mártires fusilándolos, pero supo buscarles un castigo que, sin producir el mismo tipo de rechazo instintivo, pusiera un escalofrío en la espalda del soldado común: los envió condenados a trabajos forzados en las fortificaciones de Fort Jefferson en las Dry Tortugas.

Después procedió a restablecer el ambiente general de disciplina con un recetario de castigos para faltas menores que, si bien draconiano desde el punto de vista de las milicias estadounidenses, resultaba relativamente suave comparado con equivalentes europeos. Curiosamente, en vez de la tradición europea de los golpes (latigazos, “pasillo de baquetas” y similares), McClellan seguía más bien la hispanoamericana de sobrecargas e inmovilizaciones (las primeras de origen español, las otras locales). Con todo ello, los ánimos se fueron aquietando y la oficialidad que se había visto al borde de perder el control de la tropa, pudo recuperarlo en forma sólida y le quedó muy agradecida.

50th of New York

Para fines de Agosto, la Unión ya tenía en aquel frente unos 147.000 hombres, y la fuerza de McClellan estaba absorbiendo casi la mitad de las tropas y del orden del 80% del material nuevo disponible. (Lo que, por cierto, no dejó de aumentar su popularidad entre sus oficiales). De las fuerzas citadas, 35.000 pertenecían al mando de Joseph K.F. Mansfield y 112.000 al de McClellan, aunque no todos estaban encuadrados y 13.000 carecían de armamento. A las cinco divisiones originales se iban sumando otras bajo el mando de Brigadieres como Charles Pomeroy Stone, Philip Kearny (de aquélla había abrazado la carrera militar, había perdido un brazo en Mexico, dejado por un tiempo el Ejército y “visto mundo”, llegando a ser por algún tiempo oficial de la Guardia Imperial de Napoleón III. Servicio en el que obtuvo la Legión de Honor por su carga de caballería en la Batalla de Solferino). Y Joseph Hooker, ex-soldado y ricohombre de California, era célebre por haber competido en la subasta de un caballo con el mismo Napoleón III y un lord inglés, venciéndolos y por su insaciable sed de amor mercenario, que había hecho que, desde su llegada, las prostitutas de Washington recibieran el apodo de “la División de Hooker”. Incluso hoy en día se mantiene la costumbre de llamarlas “hookers”.

JKF Mansfield, USA

Charles P. Stone, USA

Philip Kearny, USA

Joseph Hooker, USA

Maryland ya estaba en tanto lo suficientemente pacificado para que el orden público fuera mantenido por la Provost Guard o Policía Militar local, (literalmente “Guarda del Preboste”), que mandaba el Coronel John Reese Kenly, jefe del 1º de Voluntarios de Maryland. Así, los 10.000 hombres de que disponía el Mayor General John Adams Dix constituían una división de reserva disponible, que dependía administrativamente del Ejército del Potomac y está incluida en los 112.000 hombres, pero en los planes de Winfield Scott figuraba más como reserva de Mansfield.

Así McClellan, calculando que debía restar de su fuerza las tropas aún sin armas, esta División y 13.000 hombres más de las divisiones de Nathaniel Banks y Charles Stone, que no consideraba totalmente disponibles, afirmaba disponer en su fuerza de 76.000 hombres “efectivos” y mantenía la necesidad de 150.000 para avanzar contra Richmond.

Para ello y manteniendo siempre 13.000 hombres Potomac arriba, 35.000 en Washington y 10.000 en Maryland, la fuerza total en aquel frente debía llegar a 208.000. Y proponía que se alcanzaran los 240.000, como seguro ante los probables medros por deserciones, permisos, bajas por enfermedad y causas similares. Su capacidad para pensar a lo grande y fijar cifras concretas tenía impresionados a políticos y periodistas (aunque era en realidad un truco de ejecutivo y sus cifras estimaciones muy toscas). También le dio mucho prestigio su aparente prontitud y energía dando órdenes y tomando decisiones, aunque en realidad ninguna orden dada, ni decisión tomada, había revestido hasta entonces importancia.

Eran de nuevo trucos de ejecutivo, y el futuro iba a demostrar que se trataba en realidad de un hombre bastante indeciso, y a la hora de la verdad sus órdenes solían brillar por su ausencia. Pero mostrándose exigente y mandón en cosas pequeñas, logró dar esa impresión de hombre seguro de sí, que tanto adoran masas y Prensa, de forma que se depositó en él una enorme y un tanto exagerada fe.

También se ocupó de la caballería, hasta entonces muy olvidada en el campo unionista. Esto se debía en parte a que, desde luego, los periodos típicos iniciales de 3 meses no daban en absoluto tiempo para crear unidades de caballería (que implican complicados problemas de equipamiento, encuadramiento e instrucción). Pero también a que la caballería pasaba en el Ejército de los Estados Unidos por una época de desprestigio, considerada como un arma semicolonial, buena para la vigilancia de fronteras amplias y zonas poco pobladas, pero con poco sitio en un campo de batalla moderno.

Carl Schurz, USA

Parte de ello era producto del propio informe de McClellan sobre la Guerra de Crimea, en que había destacado su papel relativamente poco relevante en aquélla, y desastres como el de Balaklava. Así que los primeros “profetas” de la caballería en el Norte, como el Mayor Innis Palmer que condujera la de Bull Run o Carl Schurz otro de los generales alemanes revolucionarios de 1848, encontraron poco público. (Schurz, que era amigo de Lincoln y había sido su agente electoral entre los emigrantes alemanes, había renunciado a la Embajada en España a cambio de una Coronelía de Voluntarios, en su afán de ayudar a ganar la guerra).

Innis Newton Palmer, USA

Pero McClellan, que aunque no resultara el genio militar que sus exégetas esperaban no era tonto, se daba cuenta de que los amplios frentes americanos dejaban mucho más espacio a la maniobra de caballería que Crimea (uno de las pocas regiones relativamente “angostas” en el inmenso Imperio de los Zares). Además, él mismo era el autor del famoso informe y sabía bien hasta qué punto había exagerado la nota. (Probablemente bastante, siendo un oficial joven y ambicioso, que quería llamar la atención). De forma que para finales de Agosto, dio vía libre a la Caballería Voluntaria, poniendo como único límite que los regimientos habían de estar formados por hombres que hubiesen sentado plaza por tres años, el periodo máximo en los voluntarios.

(Personalmente, McClellan era un hombre interesado por el Arma Montada, que incluso durante su permanencia en el Estado Mayor había diseñado un nuevo modelo de silla de montar para la caballería. Se trataba de la naturalmente denominada “Silla McClellan” en 1859 inspirada en las utilizadas en Crimea por los húsares y modelos mexicanos, y especialmente adecuada para recorrer distancias mucho más largas que las habituales en Europa. Hacia principio de la guerra, comenzaba a sustituir al modelo anterior, silla “Jennifer”, sobre todo en el Oeste, donde las distancias eran mayores).

Silla McClellan

Por todos estos trabajos e innovaciones, McClellan había logrado crear tal impresión que, aunque no hubiese pasado aún la prueba del fuego, se le empezó a considerar de inmediato “presidenciable” para 1864. Y sin embargo, su labor fue en realidad muy pronto criticable desde varios puntos de vista.

Un primer punto negro en su obra era la escasa atención que desde el comienzo prestó a los problemas sanitarios en general. En ello seguía realmente la tradición del Ejército, cuyo “Servicio Médico” (con color de Servicio verde), era en realidad un servicio quirúrgico. Sus miembros eran “Cirujanos” (con el grado de Mayores) y “Asistentes Cirujanos” (con el de Capitanes), que debían tomar como camilleros, enfermeros y otros auxiliares a soldados de las unidades a las que se les asignara. Esa organización tendía a confundir medicina militar con cura de heridas, y no dejaba lugar para ocuparse de dietas, epidemiología, higiene y otros temas no quirúrgicos, que se tendía a ignorar.

Instrumental medico durante la guerra.

Debe aquí anotarse que, sin embargo, se veía mucho más interés por estas cuestiones al otro lado del Alleghany, en el mando de Grant, y más aun en la división de George Henry Thomas del de Sherman. Y tenía un profundo interés en ellas la Comisión Sanitaria Civil a cuya creación nos hemos referido en un capítulo anterior. Impulsada por personajes por entonces poderosos entre la sociedad y la política norteamericana, como Henry Whitney Bellows y William B. Van Buren, y bien aprovisionada por su activo tesorero George Templeton Strong, que había acumulado cinco millones de dólares en un tiempo francamente breve, la Comisión tenía la disposición, y los medios, para efectuar labor complementaria en esas áreas descuidadas.

Henry Whitney Bellows

Durante la contienda llegaron a gastar 25millones de dólares e inspirados en la British Sanitary Commission, que actuó en Crimea, fundaron United States Sanitary Commision. Crearon un cuerpo de enfermeras, cocinas de campaña, barcos hospitales, uniformes, etc. Incluso siguieron prestando sus servicios a los veteranos de guerra una vez concluida la contienda.

Y he aquí que McClellan, quizá temiendo perder parte de su control, se dedicó básicamente a imponerle límites, lo que redujo mucho la efectividad de su acción. Así su principal labor en 1861 se redujo a seguir argumentando el número de enfermeras de regimiento y personal médico de retaguardia, así como a la creación del bizcocho que sería denominado “hard-tack” por la tropa. Desde el punto de vista moderno era una fábrica de colesterol y los soldados se quejaron, asegurando que era tan duro que “podía parar las balas”; pero al ser pequeño, muy llevadero y enormemente energético, constituía una muy válida ración de emergencia en condiciones de campaña. (Su origen proviene de su utilización de las galletas utilizadas por los marineros europeos, y alcanzaron fama durante la guerra con México y la Fiebre del Oro de California, por su capacidad de durabilidad. Durante esta contienda se le añadieron más ingredientes para aumentar a 100 calorías por cada 24 gramos de galleta. Hoy en día se pueden conseguir en cualquier Walt-Mart).

hard-tack

Otra objeción que podía hacerse al liderazgo de McClellan era que desde un principio había escogido un estilo totalmente autoritario y vertical. Ese tipo de mando no carece de virtudes y es aprobado por muchos militares, pero tiende a primar la pasividad y ahogar la iniciativa. Los ejércitos del Oeste, de estructura jerárquica menos monolítica y disciplina no tan draconiana, iban a ser inferiores al del Potomac desfilando, pero al menos sus iguales en el combate y claramente superiores en la maniobra, por su superior inventiva.

Incluso respecto a la caballería que había impulsado. McClellan iba a cometer un serio error. En decadencia como arma “de línea”, la destinaba acertadamente a exploración y explotación del éxito. Pero como realizaría tales funciones para las grandes unidades de infantería, la subordinó físicamente a éstas, repartiéndola entre ellas en pequeños “paquetes”. Cosa que el Sur no lo haría y que se iba a revelar la aceptada.

Pero el aspecto más negativo del mando de George Brinton McClellan todavía permanecía ignorado, aunque iba revelándose en forma paulatina: su casi patológica falta de agresividad. La primera muestra de ello empezó a entreverse cuando, recién llegado a su mando, el Secretario de Marina Welles y el Capitán Graven, de la Flotilla del Potomac, le expusieron el problema presentado por las baterías enemigas al Sur del Firth del Potomac.

McClellan reaccionó fingiendo no comprender que le estaban pidiendo una operación anfibia contra ellas, e informándoles que tenía suficientes fuerzas en Maryland para impedir al enemigo invadir su costa, a la vez que les recomendaba, una idea de perogrullo, bombardearlas con asiduidad. La Marina pensó que lo que le ocurría era que consideraba su fuerza demasiado limitada, y de poca confianza para realizar la operación. Pero según las semanas iban pasando, y el Ejército del Potomac era cada vez mayor y mejor equipado e instruido, se vio que lo que realmente faltaba era la decisión del mando.

Por dos veces se iniciaron preparativos para la operación solicitada por la Marina. La primera se le asignó a la División de Joseph Hooker. La segúnda al ahora Brigadier John Gross Barnard, jefe de Ingenieros del Ejército del Potomac y el comandante R. H. Wyman, que mandaba el “USS Pawnee” tras Paulding y había sustituido a Thomas Graven en el mando de la Flotilla del Potomac cuando aquél fue enviado a capitanear el “USS Brooklyn”, perdieron varios días inspeccionando la costa a invadir. Pero en ambas, el mando de McClelland acabó cambiando de idea.

En tanto, la Flotilla del Potomac intentaba mantener alguna presión con bombardeos desde el Firth. En el último, el 3 de Octubre, los buques “Pocahontas” y “Seminole” intentaron bombardear las baterías de Evansport, encajando el “Seminole” cuatro impactos peligrosísimos, que obligaron a ambos a retirarse con el rabo entre las piernas. Y cuando, a los pocos días, varias unidades de la flotilla fueron reasignadas en la reorganización precisa para crear el grupo de ataque anfibio de Dupont la navegación en el firth del Potomac quedó definitivamente interrumpida para el resto del año.

Y la timidez de McClellan era también obvia en el campo. Así, los confederados del cuerpo principal del mando de Joseph Johnston mantenían adelantada una brigada en Munson’s Hill, Hunter’s Hill y Herndon’s Station bajo el mando del ahora Brigadier James Ewell Brown Stuart. Y éste, observando que salvo rechazar el 12 de Septiembre un tímido reconocimiento unionista hacia Lewinsville, causándole una veintena de bajas, con 6 muertos, sin sufrirlas a su vez, no había tenido trabajo en casi dos meses, se hizo tan atrevido que adelantó sus piquetes hasta Fall’s Church, donde eran visibles con un catalejo desde las mismas calles de la capital.

Aquello era demasiado, y Lincoln y el General Scott presionaron a McClellan hasta que aquél consintió en enviar una fuerza de Brigada en dirección a Lewinsville bajo el mando del ahora Brigadier William Farrar Smith, (conocido como “Baldy” o “Calvito”), el hombre que había mandado la fuerza de desembarco de Butler en Cabo Hatteras. Smith llevó su fuerza a Lewinsville el 23 de Septiembre, librando tan sólo una mínima escaramuza en Fall’s Church, (que sí suele ser recordada es porque se produjo a la vista de los habitantes de la capital). Fall’s Church quedó en manos de los unionistas, y los confederados de Stuart renunciarían también a Munson’s Hill, que evacuaron el 27. Por cierto que el día 29, al ocuparla los unionistas, se produjo una tragedia en el antiguo campamento enemigo de Camp Advance. Por culpa de los famosos uniformes grises, el 69º de Pennsylvania hizo una descarga sobre el 71º del mismo Estado, causando por su error 9 muertos y 25 heridos.

William Farrar Smith, USA

Pero Lincoln y Scott quedaron decepcionados ante la inmovilidad absoluta en que McClelland congeló de nuevo a sus tropas tras estos sucesos y deseando comprobar como se comportaba el “nuevo” Ejército, solicitaron más acción y tuvieron la desgracia de obtenerla. McClelland llevaba un mes al mando del mayor ejército jamás visto por esas tierras, con cerca de 100.000 hombres a sus órdenes, y al menos en apariencia era una formidable máquina perfectamente engrasada, aunque comprobaremos que estaba en pruebas.

Desde el Departamento de Guerra, en Washington, McClellan había reorganizado el renombrado Ejército del Potomac en once divisiones y comenzó a posicionarlas en un cinturón defensivo de la capital. Pues tras la derrota de Bull Run aún cercana, y sabiendo que Johnston se encontraba en Leesburg, no era descabellado que los confederados pudieran intentar cruzar el Potomac y avanzar sobre Washington.

Al mismo tiempo al Sur del Potomac, el General Joseph E. Johnston y su ejército de 40.000 hombres esperaban órdenes. Tras su victoria en Manassas, Johnston estaba estudiando una campaña ofensiva que inavadiendo Maryland, buscaría amenazar Washington o Baltimore. Pero para realizarlo había estimado que necesitaría al menos 60.000 hombres, por lo que consultó con Richmond sus planes al mismo tiempo que solicitaba esos refuerzos. Pero para finales de Septiembre, el Estado Mayor Confederado comunicó a Johnston que no podía proporcionarle sus refuerzos y que por tanto los planes ofensivos quedaban aplazados. Ante esta situación el Ejército Confederado comenzó un repliege, su cuerpo principal se posicionaría en Centreville, en donde se crearían los cuarteles de invierno. Al mismo tiempo, en Leesburg, Johnston colocó una brigada vigilando los vados del río Potomac y mantener una línea de comunicaciones entre Winchester y Manassas.

Vigilando esos mismos vados se encontraba la División del Brigadier Charles P. Stone acampada en Poolesville, Maryland. Esta división de 6.500 hombres, y aún en formación, consistía en las siguientes unidades:

División de Stone, Ejército del Potomac, USA (Brig. Gen. Charles P. Stone)

1ª Brigade (Brig. Gen. Willis A. Gorman)
2º de New York Milicia Estatal (renombrado 82º de New York)
1º de Minnesota
15º de Massachusetts
34º de New York
42º de New York (RegimientoTammany)

2ª Brigada (Brig. Gen. Frederick W. Lander)
19º de Massachusetts
20º de Massachusetts (Regimiento Harvard)
7º de Michigan
1ª Compañía, Massachusetts Sharpshooters (Andrew Sharpshooters)

3ª Brigada (Col. Edward D. Baker)
1º de California (renombrado71º de Pennsylvania)
2º de California (renombrado69º de Pennsylvania)
3º de California (renombrado72º de Pennsylvania)
4º de California (renombrado106º de Pennsylvania)

Caballería
3º de New York Cavalry (seis compañías)
Putnam Rangers (Voluntarios de D.C, renombradoCompany L, 1º de Maryland Cavalry)

Artillería
Batería I, 1º United States Artillery
Batería B, 1º Rhode Island Light Artillery
Batería K, 9º New York State Militia (renombrado 6ª Batería Ind, New York Light Artillery)

El que respondió a la petición de Washington, fue el Brigadier Charles Pomeroy Stone, al mando de una división algo incompleta y situada entre la de Nathaniel Banks, con mando en el Harper’s Ferry y la de la Reserva de Pennsylvania de George McCall en Langley, en el extremo Oeste del Distrito Federal de Columbia.

Frente a él, la brigada confederada de Nathan George Evans se había limitado a levantar una pequeña fortificación de batería (inevitablemente llamada “Fort Evans”), frente a Edward’s Ferry, confiando en fijar así su centro con pocas fuerzas, y disponer de una buena masa de maniobra. Y como veremos, el sistema iba a funcionar.

7ª Brigada, I Cuerpo, Ejército del Potomac, CSA (Coronel Nathan G. Evans)

13º de Mississippi
17º de Mississippi
18º de Mississippi
8º de Virginia

Caballería (Tte. Coronel Walter H. Jenifer)
Compañías B, C, y E, 4º de Virginia Cavalry
Compañía K, 6º de Virginia Cavalry

Artillería
1ª Compañía, Richmond Howitzers

Viendo las cosas “a posteriori” es fácil comprender que el Brigadier Stone, que era un soldado muy cortesano y bien relacionado socialmente, se dispuso a operar tan sólo para complacer al Presidente y el Jefe de Estado Mayor, pero sin tener una idea clara de qué iba a hacer. De entrada, no tenía el menor deseo de hacer frente a Fort Evans, y descartó operar en su centro, (como el astuto confederado había supuesto). Dio por tanto vagas instrucciones a Lander para que cruzara el Potomac sin tener en cuenta la dificultad de cruzar un río.

Nathan G. Evans, CSA

Guardando los vados del Norte se encontraba la División del Mayor Gen. Nathaniel P. Banks, con su cuartel en Darnestown, Maryland, con piquetes desplegados en la zona de confluencia de los ríos Potomac y Monocacy. A 23 millas al sur de Leesburg se encontraba la División del Brigadier Gen. George A. McCall, con su cuartel en Langley, Virginia. Simultáneamente los confederados de Evans vigilaban los vados del Potomac desde Conrad’s Ferry a Edward’s Ferry. Encontrándose a medio camino Ball’s Bluff. Esta posición era un peñasco de unos 30 metros de altura cubierto de árboles que domina Harrison Island, la cual tenía unos 325 metros de ancho por 4500 metros de largo.

Esta isla sería el puente utilizado por los federales para su paso a Virginia, pues en la cara Oeste de la misma sólo había entre 60 y 80 metros de distancia. Así que se decidió ocuparla con tropas del 15º de Massachusetts y a la construcción de trincheras, para protegerse del fuego de los piquetes rebeldes. Es cuando Stone siguiendo las indicaciones del Alto Mando realizó una operación de tanteo en la zona de Edward’s Ferry y el camino hacia Leesburg. Comprobando la práctica ausencia de tropas confederadas en la zona.

Entonces, es claro que Stone decidió utilizar la brigada en formación, para realizar un ataque sobre Leesburg e intentar ocuparla si era posible. Un grave problema era que la zona del río próxima a Leesburg era de las más profundas y la brigada en formación disponía de sólo tres regimientos: el 19º de Massachusetts y el 20º de Massachusetts, a cargo de los coroneles Lee y Cogswell frente a Harrison Island, y el 15º de Massachusetts del Coronel Devens en Harrison Island, punto próximo a Leesburg, situado en la zona en que casi toda la ribera virginiana está cubierta por el acantilado llamado Ball’s Bluff, pero frente a una zona de playa fluvial llamada Harrison’s Landing. Todo lo cual no daba mucho espacio a la elección.

A fin de conocer el terreno, se envió al Capitán Philbrick a internarse desde la isla, avanzó alrededor de una milla entre los bosques y cerca de una granja, Jackson House, divisaron unas sombras blancas entre unos árboles. Avisando seguidamente a Stone de su descubrimiento de un campamento y que además no habían visto ningún enemigo. Así que Stone se dispuso a trazar el plan a seguir. Y viendo la oportunidad de una incursión rápida para destruir el campamento rebelde y aunque McClellan no lo había pedido, Stone vio la oportunidad de complacer a Lincoln. Así que redactó las órdenes y el Coronel Devens con cinco compañías del 15º de Massachusetts se dispuso a cruzar el río para destruir el campamento rebelde.

Cubriendo la retirada de Devens, el 20º de Massachusetts del Coronel William R. Lee se posicionó en Harrison Island y destacó a dos compañías al peñasco de Ball’s Bluff. Además de dos howitzers del 12 al mando del Teniente Frank S. French, del 1º US Art, en la orilla de Maryland que habían venido desde Edward’s Ferry y cuatro cañones del 12, Batería B del 1º de Art. Ligera de Rhode Island. También se órdenó ponerse en alerta a los regimientos 1º de California, del Tte. Coronel Isaac J. Wistar, y 42º de New York, del Coronel Milton Cogswell, posicionados en Conrad’s Ferry.

Así nos encontramos al Coronel Devens cruzando el río a medianoche del 20 de Octubre de 1861 con cerca de 300 hombres de las compañías A, C, G, H e I. Hacia las 6 de la mañana Devens avanzó por un sendero camino del campamento confederado, mientras el Coronel Lee esperaba en el peñasco con sus dos compañías.

Pero al llegar a las inmediaciones de Jackson House, Devens descubrió que no había tal campamento que atacar. Sino que se trataban de unas piedras blancas que situadas bajo unos árboles daban la impresión de tiendas de campaña. Así que el Coronel Devens, a fin de salvar la misión, se dirigió junto con los tenientes Philbrick y Church Howe (Intendente del regimiento) hacia Leesburg, con la intención de localizar las fuerzas rebeldes. Puesto que no localizaron ninguna, decidió cumplir la segunda parte de las órdenes de Stone, la cual era montar una posición fuerte y mantenerla a la espera de nuevas órdenes. Simultáneamente, Stone había ordenado al Brigadier Gorman que hiciese una incursión desde Edward’s Ferry, para la que se destacaron dos compañías del 1º de Minnesota y una trentena de jinetes del 3º de New York Cavalry. La infantería cubriría el vado mientras los jinetes explorarían el camino de Leesburg para informar de la posición de enemigo.

Para las 7:30, los hombres de la Compañía K del 17º de Mississippi, que venían de Smart’s Mill, localizaron al 20º de Massachusetts en el peñasco. Y tras una descarga informaron al Coronel Evans y se dirigieron hacia Jackson House. Pero allí se toparon con los hombres de Devens y ante la superioridad de los unionistas, el oficial confederado Capitán William L. Duff, decidió tomar posiciones defensivas tras una valla a la espera de refuerzos.

Así el sonido de la lucha había alertado al Tte. Coronel Walter H. Jenifer que se encontraba en las inmediaciones, por lo que tres compañías del 4º de Virginia Cavalry y una compañía del 6º de Virginia Cavalry se dirigieron en apoyo de Duff. Ante esta aparición Devens se replegó hacia Jackson House.

Aquí apareció el resto del 15º de Massachusetts, incrementando la fuerza del Coronel Devens a 650 hombres. Así como también el resto de los hombres del Coronel Lee, cruzaron desde Harrison Island para colocarse en el peñasco junto con los dos howitzers que se habían cruzado. También aparecía el Coronel Baker y su 1º de California a la altura de Conrad’s Ferry. El cual recibió órdenes de Stone de apoyar a Devens en caso necesario.

Al mismo tiempo, la División de McCall, que suponían avanzando hacia Dranesville, se encontraba de regreso hacia Langley. Pero a falta de información, Devens ordenó a Gorman que cruzara por Edward’s Ferry a fin de avanzar hacia Leesburg.

La Brigada de Gorman llega a Edward’s Ferry

Para las 11 de la mañana, Baker cruzaba hacia Harrison Island con su regimiento. Y Stone informaba a McClellan de las escaramuzas producidas, por lo que este ordenó a las divisiones de los Brigadieres Banks y McCall que se dispusieran para un posible apoyo a Stone en su avance hacia Leesburg. Pero en esos momentos, el Coronel Jenifer volvía de Fort Evans con dos compañías del 18º de Mississippi y una del 13º, para junto a las fuerzas anteriores en Jackson House, enfrentarse a los hombres de Devens.

Y al tiempo que Devens se enfrentaba a los confederados, el Tte. Howe llegó con las noticias de que la Brigada de Baker se encontraba cruzando el río. Pero este en vez de reconocer el terreno e informarse de la situación, se dedicó a supervisar el cruce de sus hombres.

Las tropas de Baker cruzan de Harrison’s Island a Ball’s Bluff, 21 de Octubre de 1861

Pero como los medios disponibles para cruzar eran sólo de tres botes planos, la situación de Devens comenzaba a ser precaria para cuando sólo habían cruzado ocho compañías a Harrison Island y sólo una a Virginia. Al mismo tiempo llegaba junto a Jenifer el Coronel Eppa Hunton con sus 400 hombres del 8º de Virginia, por lo que los confederados alinearon a 700 hombres frebte a Devens y su 15º de Massachusetts. Por lo que la situación se volvió insostenible y hubo de replegarse hacia el peñasco.

En Edward’s Ferry, la Brigada de Gorman comenzó a cruzar el río en dirección a Leesburg, pues contaban con que Baker estaría ya avanzando. Pero a la una de la tarde, sólo el 1º de California había cruzado y el 42º de New York del Coronel Cogswell junto a la batería B del 1º de Art. Ligera de Rhode Island comenzaba a cruzar a la isla. En este momento, Baker era informado por Stone de que se estimaba la fuerza rebelde en unos 4.000 hombres, por lo que se esperaba que sus hombres mantuviesen la posición. Y si era posible que avanzasen hacia Leesburg, hacia donde se dirigía Gorman desde Edward’s Ferry.

Baker entonces respondió que avanzaría en cuanto sus tropas hubiesen cruzado en número suficiente para enfrentarse a los confederados. Pero para cuando comenzó a inspeccionar a las tropas situadas en Ball’s Bluff se encontró con la aparición de Devens regresando. Por lo que se determinó establecer una línea defensiva junto al peñasco, para proteger el vadeo del resto de tropas. El 15º de Massachusetts se situó al Norte, mientras el 20º se situaba perpendicular y haciendo frente al Oeste. También se situaron los dos cañones en la cima así como a dos compañías del 1º de California en cada uno de los extremos.

En este momento nos encontramos a los hombres del Coronel Jenifer junto al 8º de Virginia, que siguiendo los pasos de Devens llegaron al borde del claro. Y viendo la disposición de los federales se desplegaron desde el norte y buscando la desenfilada del 15º de Massachusetts. Comenzando un intenso fuego de fusilería.

Y aquí estaría el punto de inflexión de la batalla. Stone informó a McClellan de que Baker estaba avanzando, aunque con fuertes combates, pero que Gorman también avanzaba por la izquierda y era posible un flanqueo del enemigo. McClellan respondía con un mensaje cifrado, es clave este detalle, ordenando “Toma Leesburg”. Pero Stone no tenía la clave para descifrarlo y nunca fue descifrado aunque se informó de que carecían de esta. Por lo que apreciamos que es continua la falta de comunicación entre las tropas. Por lo que nos encontramos con un flanco derecho unionista totalmente atascado al borde de un río, sin botes suficientes para un vadeo rápido y con sus mandos sin tener clara su situación y mucho menos la del enemigo. Y el flanco izquierdo no presenta mejor pinta, pues aunque no ha contactado con el enmigo, sólo ha avanzado una milla para detenerse a la espera de órdenes.

Y para complicar más la situación nos encontramos con el Coronel Cogswell llegando a Ball’s Bluff con más hombres y parte de la batería B de Rhode Island. Y para cuando llegó a la cima les notificó a los Coroneles Baker y Wistar el mensaje de Stone, que estimaba la fuerza confederada en unos 4.000 hombres, llegaron a la conclusión de que con el tiempo transcurrido esa fuerza debía de encontrarse ya encima de ellos. Y ante la necesidad de información, desplegaron dos compañías del 1º de California, que al acercarse a los árboles tras cruzar el campo abierto, fueron recibidos por una descarga cerrada de todo el 8º de Virginia.

Ya para esos momentos, Evans había enviado a los regimientos 17º y 18º de Mississippi, de los Coroneles Erasmus Burt y Winfield Scott Featherston para apoyar a Jenifer. Por lo que los confederados sumaban otros 1.500 hombres en las inmediaciones de Ball’s Bluff.

Los rebeldes entonces se lanzaron al asalto de los cañones, pero tras dos intentos hubieron de retroceder con numerosas pérdidas, siendo una de ellas el Coronel Burt, que finalmente moriría. Baker decidió reforzar su posición artillera y colocó allí a la recién llegada Batería B de Rhode Island. Pero en ese momento, el Tte. Coronel Thomas M. Griffin, que había asumido el mando del 18º de Mississippi, ordenó una descarga cerrada con la que eliminó a varios artilleros y desbocaron a los caballos que salieron huyendo junto con el avantrén de las municiones.

En ese momento tomaba posiciones el 17º de Mississippi y se completaba la línea confederada, encerrando totalmente a los federales.

Ya eran las 3 de la tarde para cuando todos los artilleros fueron eliminados y los cañones quedaron mudos. Cuando lo que ya crecía era el fuego de fusilería y comenzaron a escasear las municiones. Todo esto con Stone informando a McClellan de que casi toda su división había cruzado el río con Baker a la derecha y Gorman avanzando desde Edward’s Ferry por la izquierda.

Pero la situación no podía ser más crítica, Ya eran las 5 de la tarde y Baker apenas se sostenía en la cima de Ball’s Bluff, para desencadenarse la catástrofe. Wistar caía herido por tercera vez y era evacuado hacia Harrison Island, el Coronel Baker fue muerto a continuación.

Descripción contemporánea de la muerte del Coronel Baker

Aquí se produjo un pequeño vacío de la cadena de mando, lo cual añadió más incertidumbre al caos de las fuerzas federales. El Coronel Cogswell tomó el mando y ordenó formar una columna con la intención de avanzar para contactar con las fuerzas de Gorman que habían cruzado por Edward’s Ferry. Este movimiento fue advertido por el Coronel Hunton que redistribuyó la munición restante entre sus hombres y ordenó el ataque con la intención de apoderarse de los cañones que los federales dejaban abandonados.

Y he que en este momento con los virginianos atacando a la bayoneta se hicieron con los cañones y acto seguido fueron seguidos por los regimientos de Mississippi. Hecho que izo que Cogswell comprendiera que todo estaba perdido y ordenó a Devens que abandonase el peñasco y comenzara a cruzar el río de vuelta a Maryland. Orden que al ser comunicada a la tropa consiguió el efecto de provocar una desbandada general hacia la orilla. Por lo que toda defensa hacia el avance de los confederados fue eliminada.

Es en este momento cuando los unionistas comenzaron a precipitarse al río escenificando el clásico “Salvese Quien Pueda” Lo cual, ante la usencia de botes suficientes, la llegada de la oscuridad y la acción de piquetes rebeldes, desembocó en un auténtico caos y con numerosos soldados que acabaron ahogados en la corriente, el propio Devens llegó a Harrison Island gracias a una rama de árbol.

Retirada de los federales desde Ball’s Bluff hacia el Potomac

Para el final de la tarde, las noticias llegaron hasta McClellan el cual ordenó a Stone de que cubriese a los soldados que intentaban llegar a Harrison Island y que esa posición debía ser mantenida hasta la completa evacuación de las tropas a Maryland. Por lo que el Coronel Edward W. Hinks del 19º de Massachusetts se dirigió con sus hombres hacia la isla acon la intención de organizar la travesía. Y Stone, temiendo que los confederados se dirigiesen a enfrentarse a la fuerza de Gorman, ordenó a este que volviese a cruzar por Edward’s Ferry, pero manteniendo una cabeza de puente en la orilla virginiana.

Hacia las 9 de la noche, casi todos los unionistas en Ball’s Bluff habían sido capturados y con Gorman retirándose, Stone pidió a McClellan que la División de McCall debía regresar de Dranesville para cubrir el vado de Goose Creek. Pero fue en ese instante cuando supo que McCall nunca había llegado a esa posición.

Artillería apoyando a los unionistas desde Edward’s Ferry, 22 de Octubre de 1861

Durante la noche, se produjeron algunas escaramuzas pero con el amanecer del 23 de Octubre, McClellan se presentó en Poolesville y tras estudiar la situación decidió que se abandonase Harrison Island. Y ya por la tarde se decidió que también se retirasen las tropas de Edward’s Ferry.

Regreso de los unionistas a Edwards’ Ferry, Maryland, en la noche del 23-24 de Octubre de 1861

Aquí vemos que una acción que comenzó como una escaramuza, se acabó convirtiendo en un completo desastre. Al final la “Batalla de Ball’s Bluff”, también llamada de Leesburg, del Harrison’s Landing o (muy impropiamente), de Edward’s Ferry, costó a la brigada confederada de Nathaniel George Evans (apodado “Shanks”, “Zancas”), 36 muertos y unos 113 heridos y a la Unión 1.002 bajas, de las que al parecer, 226 eran heridos que se había evacuado antes del desastre final, o que en éste lograron alcanzar la orilla unionista, 400 prisioneros (muchos de ellos también heridos) y 376 muertos. De cinco Coroneles dos habían muerto y otros dos caído prisioneros, (uno seriamente herido), y sólo Charles Devens, también herido, había logrado ponerse a salvo.

Naturalmente “Shanks” Evans, que pese a su brillante papel en aquélla, no había ascendido tras la Batalla de Bull Run, recibió al fin su despacho de Brigadier del Ejercito Provisional. Y Charles Pomeroy Stone hubo de capitanear por largo tiempo una mesa de despacho. La derrota unionista quizá no había sido la mayor del año, pero si era una bien sangrienta y sufrida a manos de una fuerza relativamente modesta. Evans, con su brigada incompleta, no reunió más de 1.700 hombres, y los unionistas llegaron a hacer cruzar hasta 2.000 pero al sufrir bajas tan rápido, tampoco alinearon más de 1.700 a la vez. Esto iba a dar lugar a una tempestad política en Washington.

A esto debemos añadir la muerte de un Senador, y aún con el recuerdo de Bull Run, se produjo una clara protesta pública y con la prensa reclamando una investigación de los hechos. Lo cual derivó en una comisión de investigación que encontró en Stone su “cabeza de turco”, pues Baker al haber muerto en combate no podía ser acusado de desobedecer las órdenes. Por lo que Stone fue arrestado en Febrero de 1862 y encarcelado en Fort Lafayette, NY, durante seis meses. Nunca se le acusó formalmente por lo que fue readmitido al servicio activo, aunque nunca volvió a dirigir tropa alguna, y dimitió en Septiembre de 1864.

Después de Ball’s Bluff, ambos ejércitos se retiraron a sus cuarteles de invierno quedando tranquilo el frente de Virginia hasta 1862. Los confederados se replegaron tras el río Rappahannock y los unionistas se concentraron en Fort Monroe, con la intención de mantener su amenaza sobre Richmond desde el Este.

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