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Bandera Confederada de Gillis

Capítulo XVI: Principios de Otoño de 1861 en el Oeste

Vamos a comenzar yéndonos muy al Oeste. Tan al Oeste como California donde, por mucho que el Estado cumpliera sus obligaciones económicas con la Unión y sus delegados aprobaran las decisiones del Gobierno en las sesiones extraordinarias del Congreso, no se había creado ni siquiera un mínimo ambiente de guerra, ni movilizado una sola unidad hasta bien entrado el verano. El motivo era que la mayoría de los californianos estaban enfurruñados porque su gran favorito. Frémont, no hubiese sido el candidato republicano en las elecciones. Y entre esto y el que la guerra les parecía muy lejana, la veían como algo ajeno. Y desde luego el Gobernador John Downey no deseaba correr riesgos políticos azuzándolos.

Pero la autoproclamación del texano John R. Baylor como “Gobernador de Arizona” rompió esa placidez. De golpe, los californianos se encontraron con que la confederación reclamaba llegar hasta sus fronteras, (porque en Richmond nadie desautorizó a Baylor). Y eso les trajo a la memoria que, hacía poco más de diez años, los actuales confederados habían reclamado el derecho a formar un Estado esclavista en el Sur de California, Y, a la vista de que la Confederación iba actualizando incluso las exigencias esclavistas más descabelladas, era de temer que una posible rebelión triunfante se pusiera “insistente” en cuanto a establecer algo parecido. La idea cambió radicalmente el humor de los californianos.

En el acto, comenzaron a reclutarse los primeros regimientos de Voluntarios de California que serían los 2º, 3º, 4º y 5º. Siendo el 4º de California una unidad mixta de caballería y artillería. Que finalmente sólo actuarían en campañas indias, aunque muchos californianos que se habían desplazado al Este como voluntarios combatirían en unidades de allí, llegando algunos de ellos a altos cargos en el generalato unionista. Es de destacar historias como la del 1º de California, que oficialmente sirvió durante la guerra como el 71º de Pennsylvania organizado en Oregón por el Senador Edward D. Baker en las pasadas fechas de Agosto de 1861, cayendo Baker en combate durante la batalla de Ball’s Bluff. Pero esto ya lo contaremos más adelante. Otro detalle a destacar de californianos en el este es el caso de 5 compañías del 2º de Caballería de Massachusetts, siendo conocidos como el Batallón de California.

Company A (‘California’ 100), 2º Massachusetts

Además, se cortó de inmediato la actividad de los agentes secesionistas, a los que se les había estado permitiendo incluso reunir dinero y reclutar voluntarios públicamente. Por el contrario, ahora eran deportados o encarcelados. Y después, al filo de Octubre, cuando se supo que grupos prosecesionistas se estaban concentrando en la hacienda llamada “Rancho Temécula”, en los Montes Santa Ana, al Sur de Los Angeles, se organizó rápidamente una considerable tropa de milicianos y voluntarios civiles para ir a desalojarlos. Cuando esa fuerza alcanzó Rancho Temécula el sábado 5 de Octubre, tales rebeldes se habían esfumado. Probablemente parte se dispersó, y el resto cruzó la ya no muy lejana frontera de México, para poder alcanzar libremente territorio confederado.

Desplazándonos ahora hacia el Este, llegamos a Nuevo México, donde el recién llegado Coronel Edward Canby ya había iniciado la labor de intentar recuperar la moral de los soldados regulares de aquel territorio, mientras se comenzaba a reclutar unidades locales. Lo cierto es que dada la escasez de estadounidenses en aquellas zonas, se trataba básicamente de regimientos hispanos, con algún oficial “gringo”.

Y el momento para reclutar hispanos era bueno, a causa de los miles de ellos que habían sido desplazados por la rebelión apache y debían buscarse el sustento. Por otra parte, había una vieja inquina entre los hispanos de Nuevo México y los “gringos” texanos, que habían intentado anexionarse Nuevo México varias veces mediante expediciones militares, durante sus años de independencia. (Y a la vista del trato recibido en general por los hispanos en Texas, tenían mucho más interés en parar los pies a la Confederación que los habitantes “gringos” de Nuevo México, muy pocos de los cuales se alistaron).

Se estaban formando cinco regimientos, todos ellos mandados por coroneles también hispanos salvo el 1º llamado “Taos Mounted Rifles”, cuyo jefe era una leyenda viviente, el Teniente Coronel de Voluntarios Christopher “Kit” Carson, En efecto, este famosísimo ex-cazador, explorador, guía e “Indian Agent” había acabado su vida aventurera instalándose como terrateniente en la región de Taos. Tenía ya 53 años, pero pertenecía al género durable, y con su famosa melena mucho más recortada, (no menos que por debajo de las orejas); las facciones acusadas por la edad y un bigote caído que antes no estaba allí, aún seguía siendo un tipo notable y carismático.

Kit Carson, USA

Frente a los unionistas, la tropa de Baylor permanecía bastante quieta, por más que al haber ordenado Canby ocupar de nuevo Fort Craig, una pequeña acción se produjo al filo de Octubre en Cañada Alamosa no lejos de él, con 10 bajas confederadas, con 2 muertos, y quizá 8 unionistas, (Una aún menor acción anterior se había producido el 15 de Agosto, cuando el Capitán Thomas Helm, antes comandante de la Batería confederada de Texas y ahora encargado de la exploración del Sendero de la Mariposa hasta Tucson y más allá, encontró resistencia en el Cañón de Cook).

De todas formas, la principal preocupación de Canby no era ya Baylor. En efecto, el mando confederado había creado una brigada para que se encargase, cuando el tiempo fuera favorable, de la guerra en Nuevo México. Esta brigada contaba por supuesto con la unidad de Baylor, pero reforzado por los Regimientos 4º, 5º y 7º de la Caballería de Texas, bajo el mando del Brigadier del Ejército Provisional Henry Hopkins Sibley.

Se trataba de un militar de cierto prestigio. Coronel al mando de un Regimiento de Caballería en la anteguerra e inventor de la tienda de campaña “Sibley”, (lejanamente inspirada en los “tipis” indios), que era uno de los modelos típicos del Ejército, Hombre bigotudo, con grandes patillas y mandíbula prominente hasta lo caricaturesco, tenía una tendencia al “impulso adelante” por sí mismo, que iba a ser a la vez su fuerza y su debilidad en la campaña que se prometía.

Henry Hopkins Sibley, CSA

Sólo que ésta se encontraba aún lejos porque, en lo más seco del Verano y en regiones poco pobladas y aún más desertizadas por las correrías apaches, sus relativamente numerosos refuerzos no iban a encontrar fácilmente el sustento que la más pequeña fuerza de Baylor aún podía procurarse. Por tanto, su concentración y avance sobre el enemigo fue detenido en espera del aire frío, las pozas y manantiales rebosantes y la hierba crasa del invierno.

Pero si el verano suponía una barrera para las tropas confederadas, no lo era para los frugales y sanguinarios apaches. Antes bien, les daba ventaja al multiplicar los tramos vadeables en los ríos y facilitar la localización de sus enemigos, siempre mucho más dependientes del agua, y por tanto atados a ríos, manantiales y pozas que decrecían en número, que ellos. Aquel verano, la sublevación liderada por Cochise y Mangas Coloradas alcanzó su máxima extensión. Para el final del verano, las víctimas de los apaches eran ya 3.000, y lo que hoy es Arizona se estaba vaciando de norteamericanos e hispanos velozmente, de forma que hasta los pueblos quedaban abandonados e incluso la ciudad más importante, Tucson, iba quedando vacía.

Ecos del terror creado por los chiricauas y sus aliados occidentales llegaban incluso, quizá vía México, más allá del Río Grande, donde en Nuevo México oriental y Texas occidental se registraba una creciente actividad también en tribus apaches locales, como los Mescalero, Concho y Lipán. En el Llano Estacado de Texas occidental, no lejos de la Escarpada Mescalero, una patrulla de caballería texana tuvo un mal encuentro el 12 de Agosto con una fuerte banda apache, que la emboscó y casi aniquiló, causándole 15 muertos. Los apaches eran seguramente mescaleros de la tribu de los “Llaneros”; los confederados debían ser tropa del 1er Regimiento de Fusileros Montados de Texas que el Coronel Henry Eustace McCulloch, hermano de Ben McCulloch y ex-ranger como él, había creado para vigilar la frontera india.

Los unionistas de Nuevo México y en especial sus nuevos soldados hispanos, que pertenecían al grupo de población sobre el que recaía la inmensa mayoría de las muertes, no dejaban de inquietarse ante las brutalidades de los apaches, y muchos de ellos hubieran deseado olvidar momentáneamente la amenaza confederada y atacar a los indios en una campaña de represalia. Este ambiente de violencia estuvo a punto de dar lugar a un peligroso incidente en Septiembre, durante la carrera de caballos que tradicionalmente se celebraba todos los años en Fort Faultneroy, al Norte, entre hispanos y navajos.

Casi formaba parte de la misma tradición el que ambas partes trampeasen y se emborracharan, terminando todo con una fenomenal batalla campal a golpes y silletazos, en la que acababan por salir a relucir cuchillos y botellas rotas, para saldarse cada año con algún muerto y una larga lista de heridos. Sólo que aquel año el Coronel de uno de los regimientos hispanos en formación, José Francisco Chaves, que estaba al frente del fuerte, perdió los nervios al ver la pelea y estuvo a punto de disparar, contra la masa de navajos que peleaban, un cañón del doce cargado de metralla. Por fortuna, los artilleros se opusieron, impidiendo semejante salvajada, que podía haber puesto también en la senda de la guerra a los navajos. (Y no se debe olvidar que éstos, aunque mucho más pacíficos y peor armados que los apaches, eran en el territorio casi 13.000, lo que se trataba de triplicar el número de todos los apaches).

El propio Coronel Canby hubo de intervenir al fin para desautorizar a Chaves y levantar los castigos que había impuesto a los artilleros. Desgraciadamente, esto no hizo sino ensombrecer aún más el clima de sospechas que se estaba creando entre los voluntarios y los regulares, cada uno de cuyos grupos temía que el otro se desbandase bajo el fuego de un enemigo medianamente serio.

Más al Este, un curioso personaje llamado Albert Pike estaba haciendo lo posible por mejorar las relaciones de la Confederación con los pieles rojas. Nacido en Boston y de profesión abogado, pero residente en Arkansas, era pese a sus sólo 52 años quizá el mayor erudito norteamericano sobre tradiciones legales e historia de la jurisprudencia, y había publicado libros de poemas, enseñado en universidades y encontrado tiempo para explorar el Llano Estacado, llegar a Gran Oriente de la francmasonería, servir como Indian Agent, dirigir un periódico, participar en la Guerra de México e incluso batirse en duelo con John Selden Roane, otro notable personaje de Arkansas y futuro general confederado.

Albert Pike, CSA

Todo parecía hacerlo por espíritu deportivo, entusiasta pero no absorbido, y así, siendo en principio Whig de izquierda y antisecesionista, se había unido para no disgustar a sus vecinos a la causa confederada, siendo nombrado Brigadier General y Comisario de Asuntos Indios. Para eso estaba especialmente preparado, porque conocía a muchos Jefes indios e incluso había sido el abogado en repetidas causas legales de las tribus indias contra la Unión, logrando para ellas varias sentencias favorables.

Pike se puso manos a la obra con su habitual entusiasmo, y el 12 de Agosto, en un gran paw-paw con los jefes de los Wachita y Comanches, logró que los Comanches, enemigos tradicionales de los texanos, se comprometieran a no realizar incursiones en Texas mientras los jóvenes texanos estaban lejos de su tierra, luchando en los frentes de la Guerra Civil. Los texanos se han quejado más tarde de que éste acuerdo no se cumplió, pero lo cierto es que fue respetado casi al cien por cien durante cerca de dos años, al final de los cuales Pike ya no estaría presente para renovar sus términos.

Después se dirigió al Territorio de las Cinco Naciones, que con su civilización agrícola sumaban ya la cifra, altísima para un grupo de población india, de 70.000 individuos. (Mientras, por ejemplo todas las ramas de los cazadores Sioux, que ocupaban lo que hoy son cinco grandes Estados, no sumaban seguramente en conjunto ni 20.000), Pike confiaba atraerlos al área de influencia de la Confederación, aprovechando sus excelentes contactos, en particular entre los Cherokee, (la tribu más numerosa con más de 30.000 individuos), y el hecho de que muchos jefes prestigiosos, como John Ross de los Cherokee o George W. Stindham de los Creek, poseían ya pequeñas plantaciones de algodón trabajadas por esclavos de color.

John Ross, CSA

Pike culminó su labor el 21 de Agosto con un gran acto político o asamblea en Tahiege, donde se adhirieron a la causa confederada los jefes Cherokee John Ross y Stand Watie y 4.000 jóvenes y cabezas de familia de la tribu. En Septiembre, la asamblea de las Cinco Naciones comenzó a crear milicias locales secesionistas, fundando a la vez una organización de alarma local similar a los “minutemen” de los blancos, y una especie de pequeña Brigada Montada de intervención, que contaría con dos pequeños batallones Cherokee y uno Chocktaw.

Jackson McCurtain, Tte. Coronel del 1º Batallón Chocktaw Oklahoma, CSA

El Gobierno Provisional Confederado quedó muy agradecido por los éxitos de Pike, y le nombró Brigadier al frente de la unidad de intervención, por más que las obligaciones de su cargo de embajador plenipotenciario ante los pieles rojas no le permitían tomar el mando, que fue asumido interinamente por el Coronel Douglas Hancock Cooper, jefe del Batallón Chocktaw; (los dos Cherokee estaban mandados por John Drew y Stand Watie con el grado de tenientes coroneles).

Sin embargo, y aunque la rápida acción de Pike había atraído al grueso del territorio al campo confederado, la reacción favorable no fue unánime, apareciendo pronto un claro foco de disidencia entre los Seminole. Esta dura nación piel roja había permanecido en guerra más o menos abierta con los Estados Unidos desde 1808, (las primeras fuerzas estadounidenses empezaron a realizar incursiones en Florida prácticamente desde que la sublevación española contra Napoleón les aseguró que España, que luchaba con uñas y dientes por su supervivencia, no iba a disponer de reservas que enviar a aquel territorio), hasta 1857. Y finalmente había sido virtualmente aniquilada sin llegar nunca a rendirse.

Por ello, los Seminole eran los últimos y con diferencia los menos numerosos de las tribus deportadas al Territorio, y no habían llegado como una nación compacta, sino en varios paquetes, durante las Guerras Seminoles Segunda y Tercera, según el Ejército aprisionaba a algún grupo, en general formado por no combatientes, con una alta proporción de mujeres, niños y ancianos y muy pocos hombres adultos. Así, entre su escaso número, su llegada en pequeños grupos, y la necesidad de casar mujeres con hombres de otras tribus, casi no habían aumentado en largo tiempo, viéndose en peligro de perder su identidad.

Esto había cambiado cuatro años atrás, con la rendición y consiguiente deportación al territorio de la partida de guerra del jefe Opothleyahola o “Old Gouge”, que había aportado cierto número de hombres jóvenes y un mito viviente en torno al que los Seminole podían agruparse. Ahora bien, aunque el “Old Gouge” había recibido los habituales sutiles sobornos, en forma de algunas tierras y esclavos de color, estaba aún demasiado cerca de ser un “salvaje rebelde”, (y no un “indio civilizado” como Ross o Stindham), para aceptar el ideario sudista.

Como muchos guerreros no demasiado primitivos, aceptaban con naturalidad el hecho de la esclavitud, (que era una suerte clásica del prisionero de guerra). Pero el que hubiese “esclavos naturales”, o el que una u otra raza estuviera “naturalmente destinada a la esclavitud”, era para él una noción comprobadamente ridícula. Los Seminole, precisamente, siempre habían admitido en sus filas a esclavos negros fugitivos que demostraran ser fuertes y valientes. Y sabía perfectamente que él mismo había capturado y esclavizado a blancos, indios y negros, y que al entregarse a los blancos, él mismo había devenido en cierta forma en esclavo.

Además, aunque no dotado de las dotes diplomáticas de su antecesor Osceola, no carecía del clásico instinto político que los blancos encontraban increíble e innatural en un “salvaje”, y tenía el convencimiento de que había sido el Sur el que había estado empujando durante cincuenta años a los blancos contra Florida y los Seminole, dando lugar al calvario de su pueblo para luego no aprovecharla (en 1861, Florida era aún uno de los Estados menos poblados de la Unión, y seguiría estando escasamente poblada hasta que, ya avanzado el Siglo XX se encontraran nuevas formas de combatir sus fiebres endémicas). Y todo, según juzgaba no sin razón, con el ruin objeto de tener dos votos esclavistas más en el Senado de Washington.

De manera que Opothleyahola odiaba ferozmente al Sur y a los confederados, y desde el primer momento opuso su veto terminante a cualquier acuerdo que significase unir el Territorio de las Cinco Naciones a ellos. Los otros jefes no le hicieron sin embargo caso, (al ser el último llegado, el más pobre de todos ellos y el líder de la con mucho más pequeña de las naciones, que de seguro no llegaba aún a los 3.000 individuos). Pero el viejo jefe no se dejó acallar y, según los acuerdos que había vetado iban entrando en vigor, abandonó su finca y las tierras “civilizadas” de las Cinco Naciones, retirándose a la pradera con sus partidarios. Estos no eran aún muchos, incluyendo tan sólo el grueso de los Seminole y algunos disidentes Creek y Chocktaw con unos 2.500/3.000 individuos, pero representaron el nacimiento de una oposición, y el origen de una guerra civil en las Cinco Naciones que iría incorporándose a la gran Guerra Civil general.

Siguiendo nuestro recorrido hacia el Este, en Missouri los comienzos de Septiembre estuvieron llenos de acontecimientos, porque la fuerza principal del confederado Sterling Price estaba ascendiendo rápidamente hacia el Missouri, y había enviado instrucciones de entrar en acción a las tropas menores secesionistas que permanecían en la zona y sus alrededores. Incluso al Norte del río hubo agitación, y las tropas secesionistas de Martín Oreen parecieron en los primeros días del mes quererse abrir paso hacia Hannibal, en la orilla del Mississippi al Norte de Saint Louis. El día 2 logró batir a dos regimientos unionistas en Shelbina, pero pronto, al acudir refuerzos, hubo de retirarse con bastante apresuramiento, perdiendo parte de los carros de su tren.

James A. Mulligan, USA

Las vanguardias de Price se aproximaban una semana más tarde a Warrenburg, sobre la línea Leavenworth-Jefferson City-Rolla-Ironton-Cape Girardeau que Frémont intentaba defender, provocando el repliegue sobre Lexington en la orilla del Missouri y muy al Oeste en el Estado, de las compañías de Home Guards que la protegían. Tuvo así noticia Price de que Lexington, en principio un centro secundario de recluta de la Home Guard, se había convertido en el centro principal del dispositivo defensivo unionista en la zona. Así, a los dos batallones de Home Guards que originalmente la defendían, se había unido una Brigada de reciente creación y mandada por el Coronel James A. Mulligan, que contenía los regimientos 23º de Illinois y 8º, 25º y 27º de Missouri, con un total de menos de 3.600 hombres en la defensa de la plaza. Por si fuera poco interesante su captura, se sabía que en ella los unionistas habían estado acumulando donaciones en oro para ayudar al pago de los gastos de guerra, hasta un total no muy lejano de un millón de dólares.

Sterling Price no pudo resistir tanta tentación, y el 12 de Septiembre sus avanzadillas tomaban contacto con las patrullas de la defensa lejana de Mulligan, haciéndolas retroceder sobre Lexington, a la que se intentó asaltar el 13. La fuerza disponible no era sin embargo aún sino la vanguardia de Price, con unos 5.000 hombres, y Mulligan rechazó el asalto, llevando al confederado, que estaba corto de hombres y aún más de municiones para asediar la ciudad a la espera de unos y otras.

Los defensores no tenían posibilidad de romper el cerco: poseían cañones pero no podían sacarles partido por falta de artilleros y como armas individuales, estaban mal armados con mosquetes de pedernal en número insuficiente para equipar a todos ellos. Eso suponía que era peligroso mantener al más numeroso ejército secesionista del Estado inmovilizado junto al Missouri, en una posición que facilitaba al mando de John Charles Frémont interceptarlo con las fuerzas que estaba concentrando en Saint Louis.

Audazmente, Price decidió intentarlo confiando en la capacidad de su numerosa caballería para romper las comunicaciones del enemigo, y en la de sus contingentes secundarios para crear distracciones que apartaran la atención de Frémont de lo que ya era la “punta de lanza” de la campaña. Así, el mismo día 12 se registraría una escaramuza en Black River, cerca de Ironton, con ventaja para el 1º de Caballería de Iowa unionista, que causó cinco bajas sin sufrir pérdidas, el 13 la Home Guard libraba una furiosa acción en Booneville, teniendo 5 bajas y causando 42 al enemigo y el 15 a la noche la 4ª División de la State Guard, con unos 3.500 hombres y un número no determinado de bushwhackers (confederados irregulares) y mandada por el Brigadier de Milicia D. R. Atchison, (en realidad “Atkinson”), marchaba de Lexington hacia el Oeste y cruzaba el Missouri por Liberty, ya cerca de Independence y Kansas City, tratando de incrementar la presión al Norte del río.

El 16º de Illinois y el 39º de Ohio estaban posicionados en el puente ferroviario de Platte River, que fue saboteado el pasado 3 de Septiembre por los bushwhackers, en donde murieron 100 personas y los unionistas juraron ejecutar a todo bushwhacker que apresaran. Fue el inicio de una guerra sucia que se desarrollo en Missouri y Kansas especialmente. Que ya trataremos en un capítulo a parte.

El 17 de Septiembre, Atchinson fue atacado, en la llamada “Batalla de Blue Mills” o “de Liberty”, por el Regimiento 3º de Iowa, mandado por el Teniente Coronel John Scott, y compuesto por unos 600 hombres. Los de Iowa obtuvieron cierto éxito inicial a merced de su impulsiva carga, pero los confederados se desplegaron al borde del río, pues su general había vivido en Liberty y conocía el terreno. Scott emplazó sus cañones y realizó una descarga de metralla, pero la aplastante superioridad numérica de la State Guard, se fue imponiendo al matar de una sola descarga de fusilería a casi todos los artilleros, obligándoles a recular hacia Liberty. Atchinson intentó flanquear el ala derecha unionista y tras una dura lucha los federales debieron retirarse. En su abandono del campo debieron dejar atrás su tren de municiones. La acción ya había terminado, con los unionistas dejando el campo, y sus enemigos se disponían a seguir su movimiento, cuando apareció en escena la vanguardia de una brigadilla unionista de menos de 1.500 hombres, mandados por el Coronel Andrew Jackson Smith, un veterano oficial de caballería de 46 años y barba entrecana, que había sido un héroe del Ejército en las guerras indias del Columbia Bassin.

El veterano Smith traía consigo una batería de cuatro cañones que se apresuró a emplazar y apenas tuvieron tiempo de hacer disparos. Ante su visión, Atchison decidió que ya había enredado bastante al Norte del Missouri y ordenó la retirada, en la que perdería parte de su impedimenta pero apenas hombres. En el conjunto de la acción de Blue Mills o Liberty, parece que las pérdidas unionistas alcanzaron 11 muertos y 45 heridos, y las de sus contrarios 10 muertos y casi 60 heridos.

El mismo día, mucho más al Sur, la Brigada de Caballería de Kansas unionista del Coronel Lane, (esta vez con los 5º y 6º, y elementos del 9º de Caballería de Kansas, amén de su batería, sumando no menos de 1.200 hombres), chocaron con Caballería de la State Guard aparentemente mandada por John Sappington Marmaduke, en una breve escaramuza en Morristown, cerca del río Osage. Las bajas fueron igualadas, con 8 unionistas y 7 confederadas, aunque con mayor proporción de muertos entre las últimas. Pero según ambas fuerzas siguieron acechándose varios días, su forcejeo culminaría el 22 en Papinsville, en la misma orilla del Osage, donde los secesionistas lograron al fin emboscar a sus rivales, causando a la Brigada de Kansas 20 muertos y una buena cuota de heridos sin sufrir bajas propias.

Entretanto, las distracciones secesionistas, y la pantalla de caballería establecida por Sterling Price, estaban dando su fruto. John Charles Frémont, que no recibía ni uno de cada cinco correos que le enviaba Mulligan (siendo el resto muertos o capturados), y estaba organizando su fuerza de contraofensiva con absurda parsimonia, no se hacía idea de cómo se estaba complicando la situación en Lexington. En consecuencia, se limitaba a enviar hacia allí minúsculos refuerzos o pequeñas caravanas de aprovisionamiento y municiones, que eran fácilmente rechazadas o capturadas por la pantalla de cobertura confederada.

Al fin, para el 18 de Septiembre Price había incrementado su fuerza hasta 12.000 hombres y mejorado su amunicionamiento, y reanudó el ataque contra Lexington. Curiosamente y dado lo inadecuado del armamento unionista, disponía por una vez de ventaja en ese campo, y decidió aprovecharla para ahorrar sangre a sus hombres; llevó por tanto a inicio un sistema de aproximaciones indirectas, que sacaban partido de la dificultad de las armas de pedernal para acertar en un blanco que presente un movimiento relativo importante. Su pieza maestra eran unos cientos de “rifle-muskets” con munición “Minié”, capturados en el campo de batalla de Wilson’s Creek y que, en manos de tiradores de elite, iban siendo colocados en ubicaciones cada vez más próximas a las líneas unionistas, cruzando su fuego sobre ellas. La fuerza de ataque contaba con casi 6.000 hombres y avanzaba oblicuamente por los sectores Este-Noroeste, donde dirigía las operaciones confederadas el Brigadier Gabriel James Rains, y Sudoeste donde las dirigía Mosby Parsons, convergiendo hacia el interior del perímetro defensivo.

Gabriel J Rains, CSA

Mosby M Parsons, CSA

Para la noche del 18, varias posiciones defensivas ya habían sido desbordadas, forzando su evacuación, y durante el 19 la situación de los asediados se hizo rápidamente dramática. Los secesionistas avanzaban ahora protegidos por parapetos móviles hechos con balas de heno. Y sus tiradores de elite pronto impidieron totalmente el paso a los aguadores de la fuerza de defensa, de forma que los defensores debieron combatir sin agua. Durante el día, un vaporcito que Frémont había enviado con cartuchos y pólvora de cañón fue hecho varar casi justo fuera del alcance de los unionistas por la artillería enemiga, y los hombres de Mulligan hubieron de presenciar impotentes cómo el enemigo lo saqueaba y se repartía sus municiones. Al fin, las fuerzas de los Brigadieres de Milicia McBride y Harris, (que se había agregado al contingente de Price durante su avance hacia allá), hasta entonces en reserva, lanzaron un masivo asalto sobre la pequeña colina que, al Norte del perímetro interior, lo dominaba, apoderándose de ella.

Esta colina que estaba dominada por Anderson House, resultaba ser una posición estratégica significativa, por lo que Thomas Harris ordenó su asalto. Una vez tomada la posición descubrieron que se trataba del hospital federal y que contenía una centena de heridos. En esas condiciones, la resistencia era imposible. Mulligan aguardó a la noche, y lanzó un último y desesperado contraataque, tratando de recuperar la colina al abrigo de las sombras. Este ataque realizado por hombres del 23º de Illinois, 13º de Missouri y 1º de Caballería de Illinois consiguió recuperar la colina. En ella se produjo el más controvertido incidente de la batalla. Los federales consideraron el ataque rebelde una violación de las Leyes de Guerra, por lo que se procedió al fusilamiento sumarial de tres soldados confederados a los pies de la escalera. Los confederados protestaron por que no fueron tratados como prisioneros de guerra y en respuesta realizaron fuego artillero y de fusilería contra la casa. Sufriendo los unionistas grandes bajas.

Anderson House

Mulligan ya rechazado a las dos de la tarde del miércoles 20, pidió condiciones de rendición. Solicitando inmunidad para sus hombres especialmente tras el incidente de Anderson House. Lexington iba a ser la más clara e importante victoria de Sterling Price y la Confederación en Missouri en toda la guerra. Le había costado tan sólo 25 muertos y 75 heridos y había causado al enemigo 42 muertos y 108 heridos, más la captura de no menos de 3.200 prisioneros ilesos, 3.000 mosquetes, varios cañones y otro armamento, amén de 900.000 $ oro.

El Ejército Federal intentó disminuir el golpe falsificando las cifras, e hizo dar la cifra oficial de 1.600 prisioneros, que aún hoy es repetida por la mayoría de los relatos, y que escamotea alegremente la mitad de los defensores en pleno cerco. Sin embargo, esta cifra menor carece de la mínima credibilidad. (La misma National Geographic Society en sus mapas del centenario de la Guerra Civil, señalaba la captura de “una guarnición de 3.500 hombres”).

En realidad, las cifras que anteriormente se han dado parecen corresponde alas bajas de los últimos tres días, y estrictamente en el perímetro defensivo de Lexington. Si incluimos las de los primeros días, y las del perímetro exterior, con los correos interceptados y los elementos de refuerzo rechazados o capturados, el total de la batalla se aproximará más a 200 bajas confederadas por cerca de 4.000 unionistas.

En el momento de culminar esta operación de asedio, llamada “Batalla de Lexington” o a veces y por los confederados, “Batalla de las Balas de Heno”, Sterling Price estaba en la cumbre más alta de su carrera profesional, y su tropa en uno de sus más altos momentos de fuerza. En efecto, con todas las tropas empleadas en Lexington, incluyendo la División de Atchinson, la caballería que cubría su flanco derecho, hacia Jefferson City y Saint Louis y la que mucho más al Sur cubría su flanco izquierdo del río Osage, hacia Fort Scott, amén de la fuerza de Martin Green, que por aquellos días cruzó el Missouri y se le unió, contaba con quizá más de 15.000 hombres.

Sterling Price, CSA

Sin embargo, se vio obligado a emprender una rápida retirada. Su problema era la falta de munición pues, al plantear la toma de Lexington como una acción económica basada en el fuego, había aceptado un enorme gasto de munición que luego no pudo reponer. Quizá esperaba capturar grandes cantidades de munición en Lexington, pero, aunque las había, toda estaba en los clásicos cartuchos militares, en uso desde principios del Siglo XVIII. Como Mulligan no había tenido armas de percusión, no había una sola cápsula de fulminante. Y los mosquetes y rifles-mosquete con que iba equipada la mejor mitad de su tropa eran de percusión y no disparaban sin una cápsula de fulminante, de las que al final de la acción apenas quedaban 300 en todo su ejército. Así que, con la mejor parte de su fuerza virtualmente desarmada, Sterling Price tuvo que retroceder apresuradamente sobre Neosho y Springfield, al otro extremo del Estado, que era la zona más próxima donde podía procurarse fulminantes.

Como un buen jugador de póker, no había dejado traslucir en ningún momento esta debilidad, (que hace aún mucho más meritoria su acción en Lexington), y los unionistas ignoraban hasta que punto era aquél el mejor momento para perseguirle. De todas formas, comenzó a formarse un cierto descontento hacia Frémont cuando se vio que dicha persecución no se emprendía, después de no haber hecho ningún intento serio de levantar el cerco de Lexington. Como además Frémont había llamado a John Pope a Saint Louis al producirse la ocupación confederada de Columbus, en Kentucky, y lo retenía allí pese a haber pasado el peor momento de tal crisis, flotaba la sospecha de que pensaba darle el mando del ejército de maniobra, lo que unido a todo lo demás, hacía sospechar si el unionista no temía medirse con Price en una batalla campal.

Al fin el ejército de maniobra de Frémont, con cinco divisiones mandadas por el ahora Mayor General David Hunter y los brigadieres John Pope, Franz Sigel, Alexander Sandor Ashbot (húngaro, y “hombre de Sigel”), y Justus McKinstry, se puso en marcha, con abundante artillería, pero sólo 13.000 hombres, (se dejaban sentir las pérdidas de Lexington), tan tarde como el 7 de Octubre. Y sí, Frémont llevaba el mando.

David Hunter, USA

John Pope, USA

Franz Sigel, USA

Alexander S. Ashbot, USA

Justus McKinstry, USA

Para entonces, la posición de John Charles Frémont en el esquema militar de la Unión se deterioraba rápidamente. La polémica principal giraba, por supuesto, en torno a su famosa ampliación de la Ley Marcial del 30 de Agosto, que era inaceptable para los propietarios de esclavos y para muchos que no lo eran. Se recordará que Beriah Magoffin la había empleado en Kentucky para apalabrar votos de cara a la aprobación de un arbitraje desfavorable a la Unión. Y lo que era peor, Frémont se había empecinado en ella, haciéndose el sordo cuando el Presidente le telegrafió solicitando que la corrigiese.

En efecto, el telegrama de Lincoln no había sido respondido sino con la repentina aparición días después en la Casa Blanca de la esposa de Frémont, (obviamente llegada de Saint Louis saltando de un tren a otro), para informarle, “off the record” y con bastante malos modales, de que su marido en ningún caso rectificaría los términos de su orden, y si Lincoln deseaba tal rectificación, debería lograrla dictando públicamente la correspondiente contraorden, (lo que obviamente pondría aún más en su contra a los círculos abolicionistas del Partido Republicano).

Los motivos de Jessie Benton Frémont eran sin duda de un sincero abolicionismo, y puede que los de su marido fuesen también relativamente puros, pero Lincoln no pudo menos de sospechar que el “hombre de Saint Louis” creía estarse preparando la denominación republicana para las elecciones de 1864, y para ello no le importaba jugar con los acontecimientos de la guerra y las vidas de los soldados unionistas.

Jessie Benton Frémont

De forma que envió la orden formal que se le exigía, el 11 de Septiembre y llevada en persona, para mayor formalidad, por el ex-Secretario de Defensa de los últimos días de la administración Buchanan, Joseph Holt, cuyo oficio era el de juez. Pero a la vez comenzó a considerar a Frémont en el campo enemigo. Ya el 5 de aquel mes había consultado sobre él con el Teniente General Scott, descubriendo con alegría que el Ejército oponía muchas objeciones a su estilo de mando. Después, dejó entender que le retiraba la protección de la parte del partido que él controlaba. Y en el acto una verdadera bandada de buitres cayó sobre Frémont.

Para el 9 de Septiembre, había delegaciones políticas enteras haciendo antesala en la Casa Blanca para solicitar su destitución, y eso era antes de su criticable actuación en todo el asunto de Lexington. Lo cierto era que John Charles Frémont se había creado muchos enemigos. De hecho, demócratas, No-Se-Nada y republicanos moderados le detestaban y aunque fuese adorado por parte de la población del Lejano Oeste, (California y Oregón). Y apoyado por muchos abolicionistas, incluso los abolicionistas del Este, menos vocingleros pero con mucho más apoyo financiero, preferían recortarle las alas para que en su día no diera molestias a su propio candidato, que era el Secretario del Tesoro Salmon Portland Chase.

En principio, Lincoln no tenía aún intención de defenestrar a Frémont, sino sólo de marcarle límites. Así, aprovechó las peticiones de destitución para nombrar Mayor General a David Hunter, ya medianamente repuesto de su herida de Bull Run y enviarle el día 9 a Missouri como segundo en el mando y carabina oficiosa del Comandante del Oeste. Así se le advertía y se ponían un par de ojos a mirar sobre sus hombros, pero sin “apretarle” demasiado. (Incluso, Hunter fue elegido por ser él mismo conocidamente abolicionista).

Pero la actuación de Frémont en la crisis de Lexington y una serie de pequeños y grandes escándalos que fue destapando la Prensa, fueron empeorando su posición. No parece que en realidad, el mismo Frémont se dedicara a enriquecerse en Saint Louis, pero no faltaban pasajes económicamente turbios en su historial anterior. Y efectivamente, su administración se mostraba corrupta y prepotente, no faltando episodios que indicaban que él mismo alentaba esa corrupción, como forma de control. Así, había hecho relevar en el cargo de Intendente General del Mississippi al Coronel Rufus Saxton, nombrado por Lyon y absolutamente honrado y competente, por Justus McKinstry, que arrastraba en el Ejército una bien ganada fama de urraca ladrona. (Al ir estallando los escándalos, trató de camuflarlo nombrando a McKinstry Brigadier y Comandante de una división, aunque aquel perillán llevaba muchos años sin mandar tropa).

Para colmo, y como quiera que el Saint Louis Evening Post criticara agriamente su pasividad ante el cerco de Lexington y la posterior retirada de Sterling Price el 24 de Septiembre lo hizo cerrar, encarcelando al editor. Ese fue el principio de su fin, pues la Prensa, indignada, juzgó no sin motivo que una cosa era emplear la suspensión temporal del “habeas corpus” para evitar interpretaciones sesgadas o propaganda enemiga y otra para acallar críticas más que fundadas. (Lincoln siempre iba a permitir aún las más infundadas, dejando que los periódicos que le eran adversos imprimiesen verdaderas bestialidades sin fundamento contra él sin inmutarse).

Los periódicos apuntaron ahora contra Frémont toda su artillería pesada, lanzando contra él viejos pecados, y desde grandes escándalos a anécdotas sin importancia, que malignamente explotadas pueden dar mucho juego. Así, le ganó infinidad de odios el hecho de tener una escolta de caballería exquisitamente uniformada y montada, compuesta de centroeuropeos y mandada por un Mayor “Charles Zagonyi”, (húngaro según unos, cosaco para otros). En realidad, McClellan tenía una escolta de caballería tan brillante como aquélla, y nadie le odió por ello, (quizá por ser anglosajona, pero seguramente más porque la Prensa no se esforzó en hacerla interpretar como un símbolo de soberbia. Por cierto, la guardia de Frémont combatía, y la de McClellan no). Era difícil notarlo desde el mismo Missouri, donde aún era casi omnipotente pero mientras se internaba hacia el Sur con sus divisiones, a Frémont la Prensa le estaba comiendo el terreno bajo los pies como la resaca arrastra la arena bajo los pies de un bañista.

Károly Zágonyi, USA

En el Mississippi, aún antes de tomar el mando el Mayor General confederado Albert Sidney Johnston, había aceptado la realización de una operación con la que Leonidas Polk esperaba minimizar los resultados del desaguisado creado por sus primeras acciones en Kentucky. Se trataba de que una columna formada principalmente por milicianos de Kentucky y mandada por Simón Bolívar Buckner avanzara rápidamente sobre la capital estatal, Frankfort, procurando capturar al grueso del Legislativo para intentar obligarle a retirar su recién pronunciada declaración de guerra a la Confederación.

Sólo que la misión era bien difícil, y más aún puesto que no se podía avanzar directamente, debiéndose dar un rodeo por el nudo ferroviario de Bowling Green para evitar una posible tarascada al flanco lanzada desde la base unionista de Paducah. (En ésta, John Eugene Smith había vuelto al mando de su regimiento, sustituido por Charles Ferguson Smith, militar de activo que había formado parte últimamente de la “Expedición de Utah” de A. S. Johnston. Y había sido nombrado Brigadier de Voluntarios en Illinois a la vez que Grant).

Y como era de temer, el Legislativo tuvo noticia de la aproximación de Buckner y evacuó Frankfort, trasladando provisionalmente el día 17 de Septiembre de 1861 el Gobierno Estatal a Louisville, sobre el Ohio, donde cuatro días después comenzaron a desembarcar a su propia petición tropas unionistas procedentes de Ohio e Indiana, (allí fueron a parar algunos de los regimientos que echaba en falta en West Virginia Rosencrans). También a su propia petición, venía a su mando Robert Anderson, el “héroe de Fort Sumter” y hasta la fecha principal héroe unionista de Kentucky. Había sido ascendido a Brigadier de activo en Mayo, y traía como segundo a William Tecumseh Sherman ascendido a Brigadier de Voluntarios en Agosto. Sus tropas eran elementos para la formación de dos divisiones, para mandar las cuales le acompañaban George Henry Thomas, (a quien recordaremos de Falling Waters), y Don Carlos Buell, (que había llevado mensajes a Fort Sumter y actuado en la fuerza de Patterson), ambos también Brigadieres de Voluntarios.

Robert Anderson, USA

William T. Sherman, USA

George H. Thomas, USA

Don Carlos Buell, USA

Los kentuckianos pretendían que su héroe mandara el Ejército que iba a formarse, pero eso no fue posible porque la salud de Anderson había que dado muy quebrantada en Fort Sumter y aunque ahora parecía en mejor estado, sus males le atacaron de nuevo al intentar las largas jornadas de trabajo que exigían la formación y mando del Ejército. Una revisión médica lo declaró enseguida “inútil para el servicio activo”, y el 8 de Octubre fue honrosamente enviado a retaguardia, mientras Sherman tomaba el mando en Louisville.

Mientras, las tres cañoneras creadas por el esfuerzo del Comandante John Rodgers habían aparecido ya operativas en el Mississippi. Eran las:

NOMBRE                       TONELAJE                     ARMAMENTO

USS Conestoga”            572 Tn.               4 cañones de 32 libras.

USS Lexington”             448 Tn.               4 cañones 8 pulgadas y 2 de 32 libras.

USS Tyler”                     575 Tn.               6 cañones 8 pulgadas y 1 de 32 libras.

Las tres eran bastante rápidas, siendo vapores de ruedas laterales, y tenían una superestructura, blindada con grandes grosores de madera dura, en forma de casco de buque oceánico.

El 4 de Septiembre las dos mejor armadas, “Lexington” y “Tyler”, se “probaron” bajo el fuego tratando de bombardear una batería fluvial confederada, a la que acudió a apoyar el remolcador armado sureño “CSS Jackson”. El encuentro fue inconcluso al romper el contacto enseguida los unionistas. (Se dieron cuenta de que habían tomado posición en un lugar de corriente demasiado rápida, que les hacía derivar, de forma que sus disparos siempre quedaban demasiado largos).

“USS Lexington”

“USS Conestoga”

“USS Tyler”

El 10 volvieron a entrar en acción, contra una de las baterías que el enemigo estaba organizando en torno a Columbus y de nuevo apoyada por el “CSS Jackson”. La acción fue mucho más prolongada y satisfactoria para ellos que la anterior, y el “Jackson” tras recibir uno de sus proyectiles de 8 pulgadas, hubo de ser enviado río abajo a media máquina, para recibir reparaciones mayores en la misma New Orleans.

El nuevo jefe naval unionista Capitán Andrew Foote no estaba sin embargo de acuerdo con las especificaciones de esta clase de cañoneras. Y encontró en Saint Louis un alma afín en el armador, fabricante de barcos y millonario James B. Eads, que había iniciado su fortuna sacando pecios del peligroso Mississippi con una gabarra de fondo plano, y desde entonces iba diseñando varios tipos de desacostumbrados barcos, para ésta y otras faenas especiales. Foote encontraba las cañoneras de Rodgers en exceso voluminosas y poco blindadas, e innecesariamente rápidas. Él lo que quería era algo más blindado y mejor armado, pero con un tamaño y calado incluso menor, que pudiese hacer frente a los fuertes y acorralar a los buques armados enemigos casi hasta la frente de los ríos.

Andrew Foote, USA

Y Eads le dio la respuesta: una cañonera de rodillo trasero, (mucho menos prominente que las ruedas laterales, y por tanto más sencilla de proteger), bastante más ancha que los vapores normales, y dotada de tan sólo el casco (casi todo obra viva), y una superestructura baja y de costados y delantera inclinados, de madera gruesísima y recubierta de plancha de hierro. De inmediato, se vio contratado para fabricar para Foote, 9 de las nuevas cañoneras. Una sería un ensayo sobre un vapor comprado, (que podía estar lista en menos de dos meses), y sin el blindaje de hierro. Las otras ocho, mayores, se harían sobre un especialmente ancho buque de recuperación de dos quillas que Eads acababa de fabricar el primer catamarán blindado de la Historia, y sobre siete cascos fabricados exprofeso por el constructor. Y todo debía estar terminado para antes de Marzo de 1862.

James B. Eads

Mientras, la “Conestoga” había debutado a su vez el 15 de Septiembre en el río Cumberland, capturando dos vaporcillos que llevaban “contrabando” para los rebeldes en Kentucky, y a la vez fracasado el avance sobre Frankfort. Simón Bolívar Buckner había retrocedido el 19 sobre Bowling Green, donde comenzó a levantar posiciones permanentes. En el Mississippi, donde se habían reunido en Columbus Benjamín Franklin Cheatham, Gideon Johnson Pillow y hasta John Porter McCown, como jefe de Artillería, para formar el equipo de defensa del confederado Leonidas Polk, se había ocupado Belmont. (Justo enfrente de Columbus en la orilla missouriana del río), y se fortificaba febrilmente la ciudad y sus zonas próximas, instalando baterías en lugares como Hindman y los famosos acantilados sobre el río llamados “Chalk Bluffs”.

A la vez, el mando de Albert Sidney Johnston había ordenado al Brigadier Felix Kirk Zollicoffer, al frente de la fuerza operativa confederada en Tennessee oriental, que marchara hacia el monte y cerrara a cal y canto los estratégicos desfiladeros del Cumberland Gap, por los que se podía acceder desde Kentucky Oriental a Tennessee Oriental, al extremo Sudoeste de Virginia, al Este del Alleghany y al Sur del Big Sandy River, e incluso a los montes de North Carolina. Y de inmediato, le autorizó a realizar incursiones en Kentucky para molestar la movilización en la región prounionista de Kentucky Oriental, (justo al Norte del Cumberland Gap), y para que el occidental no fuese el único frente de Kentucky.

Así el 19 de Septiembre, una columna confederada de 800 hombres, proveniente del Cumberland Gap y mandada por el Coronel Joel A. Battle, alcanzó Barbourville, (condado de Knox), desalojando sin mucho esfuerzo a 200 ó 300 minutemen de la milicia local, que trataron de defenderla a las órdenes del Capitán Isaac J. Black. Su objetivo era un centro de reclutamiento de Voluntarios, en aquellos días vacíos, situado en la ciudad y denominado “Camp Andrew Jackson”. Tal campo fue arrasado, y el armamento y material guardado en él, incautado por Battle, que después regresó hacia el Cumberland Gap. Había sido la primera acción de la guerra en Kentucky, y dejó un saldo de 15 bajas unionistas por 7 confederadas.

Las acciones continuarían cuando, el día 23, una tropa de caballería unionista de Ohio procedente de Paducah comenzó a reconocer los caminos que ascendían el curso del río Cumberland, teniendo varios contactos con patrullas de la Milicia secesionista de Buckner. En uno de ellos, el 26, los unionistas dieron muerte a 4 confederados en el Lucas Bend.

Pero las más serias eran en el Este, donde las nuevas incursiones que partían del Cumberland Gap encontraban creciente resistencia. Así en una escaramuza especialmente dura en Buffalo Hill el 4 de Octubre, (sobre la que parece haber pocos datos, pero en la que sin duda se luchó cuerpo a cuerpo), se saldó con más de veinte muertos para cada bando y nuevas acciones de cierta importancia se libraron el 8 de Octubre en Hillborough, (una treintena de bajas confederadas y menos unionistas), y el 18 en Upton Hill, donde ya intervino uno de los regimientos del mando de George Henry Thomas, el 39º de Indiana, causando 8 bajas a los confederados sin pérdidas propias.

La un poco prematura intervención de la división de Thomas se debía a que Zollicoffer, cada vez más encelado en sus acciones en Kentucky oriental, comenzaba a traspasar los desfiladeros con prácticamente toda su fuerza, y el unionista había decidido reconocer la situación para averiguar si esto realmente ocurría, y procurar batirle en caso afirmativo. Otra de las tropas destacadas por Thomas fue el 7º de Kentucky, mandado como Coronel por el notable local Theophilus Toulmin Garrard, que había sido subordinado a su mando.

Esta fuerza fue enviada con objeto de crear un campamento en la ladera de Wildcat Mountain, (Camp Wildcat), en el Condado de Laurel, desde el que se pudiese vigilar el vado próximo sobre el río Rockcastie y cortar un sendero forestal que era casi la vía principal de aquella salvaje región. Y apenas iniciada su tarea, Garrard envió mensajes pidiendo refuerzos sustanciales, por estar la zona plagada de fuerzas enemigas, “que lo superaban en siete a uno”.

Albin F. Schoepff, USA

El informe podía pasar por la típica fantasía del novato, pero Thomas sabía estudiar a sus subordinados y decidió que Garrard era de confianza. (Acertó; en realidad su subordinado había estado asombrosamente cerca de la exactitud total, pues la fuerza enemiga en su zona era, como sospechó Thomas, la totalidad de la Brigada situada en Cumberland Gap de Zollicoffer, que había descendido de los desfiladeros imprudentemente. Y alineaba 6 regimientos y 1 batallón). Thomas mandó a toda prisa a Camp Wildcat su Brigada más operativa, mandada por el Brigadier Albin Francisco Schoepf (o “Schoepff”, pues aunque el Ejército le dio finalmente el anterior deletreo, los informes que le presentaban sus subordinados iban dirigidos al “Brigadier Albin Schoepff”, y tal parece la correcta ortografía alemana del apellido). Se trataba de un ex-oficial del Ejército Austrohúngaro nacido 39 años atrás en Podgorz (actual Polonia).

Schoepff llegó a Camp Wildcat la noche del 20 de Octubre y enterado por Garrard de que el enemigo había establecido a su vez un campamento no lejos, envió a las 7 de la mañana del 21 una fuerza de reconocimiento y tanteo, compuesta por un batallón de caballería de Kentucky de 250 hombres, y otro de 350 de infantería del 33º de Indiana, mandados conjuntamente por el Coronel de éste último, John Coburn.

Y he aquí que, no lejos de su base fueron a topar con los elementos de otro reconocimiento de la fuerza enemiga, dos regimientos de Tennessee bajo los Coroneles Bowler y Newman, que les atacaron de inmediato. Coburn buscó una posición defensiva aceptable y formó línea, con su tropa y la caballería desmontada, y lograron detener el primer ataque, lanzado en condiciones de superioridad. Luego, cuando el sureño trató de aprovechar tal superioridad para desbordar su flanco, el grueso del regimiento de Garrard fue a colocarse no a su lado, sino en un punto, al otro lado de una cañada, en que impedía tal flanqueo. Y como, avanzada la mañana, los confederados aportasen algunos refuerzos a estos intentos de flanqueo por la derecha de Coburn, a mediodía un batallón del 17º de Ohio fue a reforzar posiciones hacia la zona de Garrard.

Curiosamente, parece que Zollicoffer y Schoepff se pasaron todo el día cada uno vigilando y calibrando la fuerza principal del otro, y tratando de adelantarse a sus movimientos mientras mandaban los refuerzos con cuentagotas a la zona del combate, en el que no se llegaría a alinear ni la mitad de ninguna de ambas fuerzas.

En tal zona, el tiroteo siguió prolongándose hora tras hora. Pero la llegada al anochecer del grueso del 14º de Ohio del Coronel James Blair Steedman, (veterano de West Virginia), elevó los efectivos federales a unos 7.000 hombres. Pasado mediodía los unionistas repelieron algunos ataques intensos lo que hizo ponerse a los confederados a la defensiva, para retirarse a las 10 de la noche, tras 15 horas de acción, dando la victoria en la “Batalla de Wildcat Mountain” o “Camp Wildcat” a la Unión, aunque una vez más es difícil conocer las bajas reales.

La versión oficial apunta 45 bajas unionistas por 53 confederadas, pero el informe de John Coburn admitía 6 muertos y 23 heridos de la Unión de entre los 600 hombres de su mando directo. Curiosamente, también parecen reducidas las bajas rebeldes, pues el mismo Coburn hizo enterrar, en la zona frontal del choque, 19 cadáveres de confederados. Quizá una estimación realista daría no menos de 45 unionistas por 70 confederados.

Los confederados levantaron el campo a las 2 de la madrugada, pero los más de 7.000 hombres de Schoepff lograron cortar el acceso a los apenas 5.000 de Zollicoffer a los caminos de vuelta al Cumberland Gap, notificándoselo de inmediato a Thomas, para alegría de los refugiados de Tennessee Oriental, que comenzaron a verse ya de vuelta en su tierra.

Cumberland Gap desde el pico Pinnacle Overlook

Aunque no era del tipo entusiasta, George Henry Thomas era un profesional demasiado serio para no intentar cobrar aquel premio inesperado, y tras solicitar permiso de Washington (donde el Secretario Cameron estaba ausente, pero Lincoln y Scott se lo concedieron encantados), puso el grueso de su aún en buena parte bisoña división en marchas forzadas, tratando de alcanzar el Cumberland Gap antes de que fuera cubierto.

Libró al paso 3 escaramuzas, dos el 23 de Octubre en West Liberty y Hodgville, otra en Saratoga el 25, en que los regimientos 2º y 1º de Caballería de Ohio, 9º de Illinois y 6º de Indiana, (otro veterano de West Virginia), causaron un total de 48 bajas por 9 propias, y para el 28/29 estaba en London, habiendo recorrido 2/3 del camino, y encontrándose más cerca del Cumberland Gap que ninguna fuerza rebelde. (Aunque en la Unión se ignoraba este último dato).

Y entonces, en una de las dos decisiones estratégicas más erróneas de 1861, su superior inmediato, Sherman, le ordenó regresar a su base.

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