Etiquetas

, , , ,


Capítulo XIII: De Bull Run A Wilson’s Creek

El desastre de Bull Run, (pues, pese a sus relativamente moderadas bajas, Bull Run fue para la Unión un desastre, sobre todo a causa de la desbandada de tantas unidades), fue un aldabonazo para las Cámaras de la Unión, que continuaban con sus sesiones extraordinarias. Pero inesperadamente, fue un apoyo para Abraham Lincoln, cuya actitud cauta y llena de medidas a largo plazo para la conducción de la guerra, antes a menudo considerada en exceso pesimista, quedó claramente reivindicada. Aunque hubo un conato inicial de terror en Washington, al llenarse la ciudad de fugitivos del campo de batalla, cargados de historias de horror para quien las quisiera escuchar, la actitud serena del Presidente y su Gobierno bloquearon los principios de alarmismo. Y así, la derrota se acabó admitiendo como una desgracia pasajera que se debía sobrellevar, y un acicate para hacer en adelante las cosas con más cuidado.

Las Cámaras, cuya actitud ante las peticiones del Gobierno ya había sido antes bastante positiva; (así se habían aceptado ya todos los presupuestos navales solicitados, incluyendo uno de 1.500.000$ para buques blindados experimentales, y las primeras “cañoneras de 90 días” ya se estaban fabricando), demostraron ahora aún mucho más deseo de colaborar, para vengar la humillación de Bull Run: “El Presidente nos pide 400.000 hombres y 400 millones, ¡démosle 500.000 hombres y 500 millones!”; exclamaría en ellas el inglés californiano Edward Dickinson Baker que, en virtud de una incompatibilidad legal, había renunciado a un despacho de Brigadier para ocupar su escaño. (Ya hemos dicho que, para el oficio de político, era desacostumbradamente honrado y hasta un poco ingenuo. El representante demócrata por Illinois John Alexander McClernand, con quien pronto haremos conocimiento y que era el único Brigadier aún nombrado en aquel Estado, supo soslayar la incompatibilidad y asistir a las sesiones sin por ello perder su graduación).

En este momento, aún reciente la labor del difunto Stephen Douglas y con John Tyler trabajando activamente en apoyo a formar un frente común con el Gobierno, el Partido Demócrata no daba ninguna molestia a Lincoln, si no más bien apoyo. Si algún peligro político había de hacer frente, este venía de su propio partido, donde Seward, aunque comenzaba a apreciar sus cualidades, no había renunciado del todo a su idea original de desplazar de alguna manera a Lincoln, y, sobre todo, los abolicionistas más vocingleros, que tenían un amplio eco en la Prensa, estaban descontentos con lo que consideraban su “excesiva moderación”.

Algunos de estos personajes parecían particularmente cortos de memoria y faltos de cualquier sentido de autocrítica. Así Horace Greely, que había contribuido mucho desde su “Tribune” al lanzamiento de la desgraciada campaña de Bull Run, se acobardó al tener noticia del desastre, llegando a ofrecer al Presidente su apoyo si decidía pedir un armisticio a los rebeldes. Y sin embargo tres días más tarde y a la vista de que los confederados no estaban asaltando las líneas de Alexandría y Arlington, recobró todo su arrojo y su extremismo, y exigió a la Presidencia una declaración de que la guerra tenía entre sus objetivos específicos la abolición total de la esclavitud.

Semejante declaración hubiera probablemente arrojado en aquellos momentos a Kentucky en brazos de los confederados, y creado muchos problemas suplementarios en Maryland, West Virginia y Missouri, de forma que Lincoln le respondió en una seca nota que su objetivo era el mantenimiento de la Unión; para ello añadía, estaba dispuesto a liberar a todos los esclavos, a no liberar a ninguno, o a liberar a una parte y dejar a los otros en la esclavitud, según resultara más conveniente.

El asunto hubo de ser rematado en el Congreso, que el 25 de Julio aprobó la llamada “Resolución Crittenden”, propuesta por John Jordan Crittenden y que declaraba tajantemente que la guerra se hacía por el mantenimiento de la unidad nacional, y no por la abolición de la Esclavitud. Lincoln, que probablemente no hubiese deseado que las cosas fueran tan lejos, se vio así maniatado por la cabezonería de Greely.

“The war was fought not for “overthrowing or interfering with the rights or established institutions of those States,” but to “defend and maintain the supremacy of the Constitution and to preserve the Union.” The war would end when the seceding states returned to the Union with slavery being intact”
Crittenden Resolution, July 25, 1861.

Con todo, y antes que las sesiones extraordinarias se dieran por acabadas el 6 de Agosto, las Cámaras accedieron a votar la primera de las Actas de Confiscación que, siguiendo un poco la línea de la “doctrina del contrabando” del General Butler, daba poder a los comandantes de campo unionistas para confiscar toda clase de bienes, incluidos esclavos, que sus propietarios rebeldes estuvieran utilizando en perjuicio de la Unión.

En el caso de que el bien confiscado fuesen esclavos, se especificaba que éstos pasarían a manos del Gobierno de la Unión, que los manumitiría de inmediato. Y tal Acta quedó aprobada.

En el Ejército, la campaña de Bull Run había gravitado pesadamente sobre el Estado de New York, que había aportado 18 de los 41 regimientos presentes en el campo de batalla y sufrido numerosas bajas. No obstante New York se sacudió rápidamente cualquier actitud pesimista y, como el Congreso, pareció considerar que sólo se trataba de hacerlo mejor la próxima vez. Así, mientras sus regimientos de Milicia se desmovilizaban al terminar sus periodos de tres meses, (algunos, como el 8º Washington Grays, el 71º American Guard y el 79º Cameron Highlanders para no volver a aparecer más en la guerra, mientras otros como el 7º “Old Greybacks”, el 9º New York City Guard y hasta en una ocasión el 69º, aún serían activados por cortos periodos y en misiones secundarias), una gran actividad de crecimiento invadía su organización de Voluntarios.

Cierto que incluso algunos regimientos de ésta desaparecerían, como el 1º de “Zuavos de Fuego”, que había sido despiadadamente señalado por ser el primero en desbandarse, y cuyo resurgimiento nunca se lograría, aunque hallaría cierta continuidad a través de un nuevo regimiento de zuavos: el 44º de New York, llamado “People’s Ellsworth Regiment” o más popularmente “Ellsworth’s Avengers”.

Capitán Thomas Meagher y Coronel Bagley, USA

Pero todo aquello se veía ampliamente recompensado por las actividades como las de Thomas Meagher y Daniel Sickles. Meagher, un nacionalista irlandés que los británicos habían deportado a Tasmania, y que había logrado huir de allí a los Estados Unidos, había sido hasta Bull Run Capitán de la Compañía K del 69º de Milicia de New York, (que estaba equipada como unidad de zuavos bajo el nombre de “Irish Zouaves”). En esa batalla, tras quedar profundamente conmocionado por la explosión de una granada de artillería, había estado a punto de quedar tirado en tierra y caer prisionero, pero un jinete unionista lo había reconocido y sacado del apuro, llevándoselo a Centreville colgado en la cruz de su caballo como un paquete. Ahora, el irlandés había conseguido que muchos veteranos del 69º de Milicia se apuntaran en el nuevo 69º de Voluntarios, convirtiéndolo en otro regimiento étnico, con la intención de crear sobre su base una brigada irlandesa de New York.

Daniel Edgar Sickles, USA

Y Sickles, un rico “socialité” neoyorquino, que había saltado a la fama recientemente baleando en público a un petimetre que se mostraba excesivamente galante con su esposa, y saliendo bien librado pese a la muerte de aquél gracias a un excelente abogado, estaba creando a su vez otra Brigada exclusivamente neoyorquina, que llevaría el nombre de “Brigada Excelsior”, (apodo que solía darse a New York City). Otros regimientos disueltos, en otros Estados, incluían los 1º, 2º y 3º de Connecticut, los 8º y 17º de Pennsylvania y varios más. Pero compensándolo, la creación de unidades voluntarias se multiplicaba por todas partes.

En cuanto al capítulo de los regimientos de zuavos, la fiebre había sido originalmente un fenómeno ante todo neoyorquino, y en New York habían aparecido 6 regimientos zuavos de voluntarios: los 5º y 9º (destinados en Hampton Road), 6º (destinado en Pensacola), 10º (aún no “estrenado” en combate), el desaparecido 11º y el 14º. En cambio, todo el resto de la Unión sólo había “dado a luz” 6 regimientos zuavos más: 19º de Illinois, 11º de Indiana, 2º de Kentucky, 2º de Ohio, 23º de Pennsylvania y 1° de Wisconsin. Ahora la fiebre parecía bajar en algunas zonas, como Illinois, Kentucky y Wisconsin, que no repetían la experiencia, y hasta en New York, donde sólo se crearon nuevos de momento el 44º y el 73º “Second Fire Zouaves”. Pero en otras zonas se incrementaba: así, Ohio creaba el 34º, Pennsylvania los 72º, 76º y 95º, e Indiana, impulsada por el éxito de los zuavos de Lewis Wallace en Romney, recreaba el 11º, (que como su homónimo de New York se había disuelto al final de los tres meses), y le añadía los 24º, 34º y 46º. Wallace, a punto de ser ascendido a Brigadier de Voluntarios, se estaba creando una Brigada de Zuavos.

En honor a los zuavos de Indiana debe advertirse que su aspecto era bastante más discreto que el de los de otras latitudes. En general usaban el quepis y el pantalón del uniforme de faena, y su único distintivo de zuavos era la chaquetilla kabileña azul oscuro, en la que los tombeaux, pequeños y en un azul más claro, apenas destacaban. Como excepción el 11º, al que le quedaban bastantes quepis rojos de los del “Antiguo 11º”, siguió utilizándolos en muchas compañías hasta que se caían de viejos, sustituyéndolos sólo entonces por el de faena.

Otro fenómeno interesante era el de la llamada “Reserva de Pennsylvania”. Este Estado, requerido en Abril para formar 29 regimientos, se había encontrado enseguida entre manos con voluntarios suficientes para formar 45. Y muy orgulloso, los había formado, haciendo que los 16 últimos, que no correspondían a la petición de la Presidencia, y por tanto no formaban parte del Ejército Voluntario de los Estados Unidos, fueran integrados en una organización estatal, un ejército privado pennsylvano, al que se dio el nombre de “Reserva de Pennsylvania”. Cuatro de ellos formarían una “Brigada de Philadelphia”, exclusivamente dedicada a la defensa de la “ciudad del amor fraterno” en una posible eventualidad. Y con los otros 12 se formó una división de a tres brigadas, la “División de la Reserva de Pennsylvania”, que el Estado envió al frente aquel Verano, como un regalo a la Unión.

La unidad, aun después de agregada al Ejército Unionista, guardó largo tiempo celosamente su “diferencia”. Así, recibía todo su armamento y equipo a través de su Estado y no de Washington y si en muchas unidades pennsylvanas se permitía que al deteriorarse los uniformes estatales se les sustituyera por uniformes federales de faena, la División de Pennsylvania mantuvo celosamente sus uniformes grises por cosa de un año. Por otra parte, todo éste apartamiento iba a generar un espíritu de cuerpo notable y la División, originalmente mandada por el Brigadier George Archibald McCali, vería llevar mandos de brigada a varios de los más prestigiosos jefes unionistas del Este en 1863-64.

Entretanto, George Brinton McClellan había tomado en Washington el mando del Ejército del Nordeste de Virginia, al que en el acto cambió ese nombre por el de Ejército del Potomac, (que también empleaba la organización confederada que les hacía frente). No llevaba sin embargo consigo al equipo que tan bien había funcionado en Virginia Occidental. El que había sido su jefe de Estado Mayor, William Starke Rosencrans, quedaba como comandante de aquel teatro de operaciones con la graduación de Brigadier de Voluntarios, y con él su jefe de Comisariado, Coronel William Wallace Burns, y otro personal. El Inspector Escolar Mortimer Dormer Leggett, que había estado haciendo para él, sin sueldo y sin comisión, una ingente cantidad de trabajo de organización, volvió a su Estado natal, donde meses después levantaría el Regimiento 78º de Voluntarios de Ohio, etc.

George B. McClellan, USA

La explicación más probable a esta extraña medida de liquidar un equipo que estaba funcionando bien, puede ser que McClellan, como lo haría enseguida, se había propuesto montar una gran operación de culto a su propia personalidad, y prefería no tener en su entorno muchos hombres de los que le conocían ya demasiado bien. Un indicio inquietante es que, siendo un hombre joven y guapo, con su bigotito y su “mosca” a lo mosquetero, pero de estatura un poco corta, resultó que tanto los hombres que se llevó consigo del Oeste del Alleghany como los que reunió en Washington para su nuevo equipo, eran todos de estatura similar o inferior a la suya. Con lo que creó un curioso Alto Mando de “retaquitos”, con la obvia obsesión de disimular lo que consideraba un defecto físico de su apariencia, cosa que no resulta muy sana.

Inmediatamente tras llegar a Washington, uniendo sus astucias de militar y de ejecutivo, hizo notar su autoridad dictando toda una serie de normativa estándarizadora, (que no siempre se iba a cumplir). Ordenó así que en adelante cada División constara de tres brigadas, y cada brigada de cuatro regimientos. A su vez, cada brigada iría apoyada por una batería de Voluntarios, y el Mando de División dispondría como reserva de una de regulares, cuyo jefe sería el comandante de toda la artillería divisionaria.

En cuanto a los regimientos, que en la anteguerra solían ser de 12 compañías teóricas y 10 reales, con una fuerza teórica por compañía de 90 hombres y un total de 980, también se dispuso a reformarlos. Los de caballería dispondrían de 12 compañías, formando 6 escuadrones, sumando 1.200 hombres. Los de infantería de 8 compañías de 95 hombres, totalizando 840. Pero como los regimientos no solían recibir reemplazos para sus bajas, esto significó que, con compañías típicas de tiempo de guerra de 40 a 65 hombres, la mayoría de los regimientos de voluntarios iban a entrar en adelante en combate con una fuerza de entre 300 y 500 hombres, siendo rarísimos los que pasaran de 600. En cuanto a la caballería, que tenía el problema adicional de las monturas, pese a sus teóricamente superiores efectivos, sus regimientos resultarían aún menos nutridos.

Además McClellan convirtió el antiguo mando del Shenandoah de Patterson, ahora desertizado por el fin de los voluntariados de 3 meses, en una nueva 5ª División del Ejército del Potomac, mandada por el ahora Mayor General Nathaniel Prentiss Banks. (Le sucedió como Comandante del Distrito de Annapolis el ahora también Mayor General de Voluntarios John Adams Dix, miembro del último Gobierno Buchanan, popularizado a principio de año por el “Telegrama de la Bandera”).

A la vez, la hasta ahora 5ª División del Brigadier Ludwig Blenker devino la 4ª. Por cierto, que Blenker tomó como su ayudante a un aristócrata alemán de sangre azul como el cielo, pero algo “tronado”, el Príncipe Félix de Salm-Salm, que había huido a Estados Unidos después de dar el aldabonazo casándose con la ahora Princesa Agnes, una antigua “ecuyére” de circo que en 1861 tenía sólo 21 años. Con ello su división, que era “europea continental”, pareció tomar ciertos aires de respetabilidad social y se vio inundada de oficiales aristocráticos, (entre los que estaba el mismo Luis Felipe Conde de París, pretendiente borbónico al trono de Francia).

Felix de Salm-Salm

Al mismo tiempo que McClellan iniciaba su tarea de “hacerse” con su “Ejército del Potomac”, Washington reorganizaba sus defensas hacia el Sur, uniendo los fuertes de la zona con una línea de casamatas, según el sistema defensivo, (al menos así se aseguró), utilizado por Wellington en la línea de Torres Vedras.

Para realizar esta labor se ocupó un ejército de Ingenieros militares, encabezado por el propio comandante del Cuerpo, Brigadier John G. Totten. Con él trabajaban personajes como el Coronel John Gross Barnard, que había mandado los ingenieros en Bull Run, el Teniente Coronel, enseguida ascendido a Coronel John Newton, que ocupaba en la fuerza de Joseph King Fenno Mansfield una posición equivalente a la que había ostentado Barnard en la de McDowell, y brillantes subalternos como los Capitanes Hotio Gouverneur Wright (al que recordaremos de su misión en el Gosport Navy Yard), y George Washington Cullum. (Ambos eran veteranos de Bull Run, donde sólo Wrigth había hecho trabajo de ingeniero, mientras Cullum mandaba una compañía de caballería).

En realidad hasta se llegó a pedir los servicios del venerable Coronel de Ingenieros Sylvanus Thayer. Este hombre era considerado el “padre” tanto del Arma de Ingenieros como de la Academia de West Point, pero se desconfiaba de él al considerarlo pro-secesionista y ultraconservador, de forma que sus servicios fueron requeridos sólo en esta tarea y un par de cuestiones puntuales, y sería definitivamente jubilado en 1863, a los 78 años, con una habilitación de Brigadier.

También se produjeron relevos en los cargos militares directamente subordinados a la Secretaría de Guerra en Washington. El Coronel Lorenzo Thomas (un aristocrático caballero de cabello blanco), fue ascendido a Brigadier y nombrado Adjutant General, (Jefe de Servicios), mientras el Coronel James Wolfe Ripley, (de 67 años contra los 57 de su compañero, y que no debe confundirse con el surcarolino Roswell Sabine Ripley, ascendido también a Brigadier aquel mes, pero en el Ejército Provisional Confederado), recibió el Departamento de Ordenanza. Y por su parte el Quartermaster General Montgomery Cunningham Meigs, (capitán sólo cuatro meses atrás), recibía el despacho de Brigadier de Voluntarios.

Allan Pinkerton

Por otra parte, el Ejército contrataba a los Ingenieros civiles Thaddeus Lowe y Anson Stager para crear respectivamente, los departamentos de Globos Aerostáticos y Telegrafía de Cuerpo de Ingenieros. Y, por presiones de George Brinton McClellan, contrataba a Allan Pinkerton para la creación y dirección de un servicio secreto de información militar. (Esta elección resultaría a la larga muy desafortunada).

El gran problema que se presentaba ya a medio plazo era el de dotar de armas medianamente modernas a un ejército pronto superior a 500.000 hombres. La fábrica de Springfield desarrolló de inmediato una versión simplificada del Rifle-Musket 1855, para abaratar y multiplicar la producción. Se denominó “Rifle-Musket 1861”, y su principal diferencia externa con el 55 fue la desaparición del “dispensador de cebo Maynard”, produciéndose casi 40.000 aquel mismo año, (contra unos 8.000 “1855” en los primeros meses), y 120.000 en el siguiente.

Además, un grupo de fabricantes de armas encabezados por Remington y Colt, y que incluía otras cinco empresas, se ofreció para realizar una segunda versión de la nueva arma. Se le denominaría “Rifle-Musket 1861 Colt Contract”, al haber sido diseñada por el equipo de Colt, y su diferencia básica con el “1861” estándar sería su sistema de sujeción del cañón, (que, confesémoslo, era bastante peor que el original). De todas formas los quizá 20.000 primeros “Colt Contract” serían entregados ya en 1861, seguidos de cosa de 80.000 más en 1862. Para completar estas producciones se había iniciado a la vez un plan de compras en Europa, por el que entre 1861 y comienzos de 1863 se adquirirían 400.000 fusiles Enfield 1853 y quizá la mitad de mosquetes belgas viejos, alterados ya para llave de percusión. Finalmente y por supuesto, se llevaba a toda marcha el programa de conversión de los viejos mosquetes Modelo 1819 a llave de percusión, que se finalizaría para la segunda mitad de 1862, procurando cerca de 400.000 armas largas adicionales.

Enfield M1853

En cuanto a la Artillería, Columbiad había puesto sobre el tapete dos piezas superpesadas más, de 8 y 15 pulgadas M 1861, y Dahlgren estaba planeando cañones de avancarga “de torreta” de 11 y 13 pulgadas. Los Parrott de 20, 30 y 100 libras comenzaban a producirse en cantidad, y a adquirirse igualmente, y la misma casa ofrecía más aterradoras piezas de 8 pulgadas y 175 libras, y de 10 pulgadas y 250.

Para elevar el nivel general de su Artillería, la Unión estaba además adquiriendo cierto número de Armstrong y Whitworth británicos de los que en su momento hablaremos. Con todo, la gran novedad de la Artillería unionista para aquel Verano fue la entrada en producción de los nuevos Gun-Howitzer “Napoleón” 1857, y de los “Ordenance de 3 pulgadas”, que eran por cierto un diseño Rodman, y serían popularmente conocidos como “Rodman Rifle Guns”. Para fin de año habría ya en uso ocho docenas de estos cañones y cosa de un centenar de Parrott de 10, pero el “Napoleón” seguía siendo muy poco numeroso, (sólo se habían entregado 36, de 179 encargados), a causa de su cara y complicada construcción en bronce.

En el bando confederado, las cosas eran diferentes.

En Richmond, el Congreso Provisional Confederado había reanudado al fin sus sesiones el 20 de Julio, víspera de la Batalla de Bull Run, y uno de los primeros problemas que se le habían planteado había sido el de incluir en el Gobierno Provisional algún político de los Estados agregados a los acuerdos de la Convención de Montgomery desde el mes de Abril. Se lograría hacerlo gracias a que el Secretario de Estado, Robert Augustus Toombs, estaba bien dispuesto a abandonar su plaza en el Gobierno por un despacho de Brigadier en el Ejército Provisional. Lo cierto es que, mucho más fire-eater que el resto de los miembros del Gobierno, se sentía desplazado y solo en él, y además, al ser las relaciones exteriores de la Confederación escasas y preciosas, el Presidente Davis y su equipo intervenían continuamente en ellas, dejando la Secretaría de Estado como un cargo más figurativo que efectivo.

Así, Toombs tuvo su despacho de Brigadier y pasó al Ejército Provisional mientras la Secretaría de Estado pasaba al no muy brillante pero respetado Robert M. T. Hunter, que había presidido bajo James Buchanan el Comité de Relaciones Exteriores, y en las últimas elecciones obtenido junto con James M. Mason, (que presentara años atrás la Fugitive Slave Law), los escaños de Virginia en el Senado.

Pero, si en el Norte Bull Run había acabado galvanizando a la ciudadanía y la clase política, en el Sur parecía haber producido el efecto contrario. La propaganda fire-eater había insistido durante muchos años en el feroz enemigo que sería para el Norte un Sur encabezado por Virginia. Y ahora parecía que, puesto que tal objetivo estaba alcanzado, y el intento norteño de liquidarlo antes de que acabara de materializarse, (Bull Run), había fracasado, la guerra estaba ganada.

La mayor parte de los sureños tomaban por tanto los preparativos de guerra del Norte por maniobras para “salvar la cara”, y la opinión general era que los unionistas aún actuarían para conseguir mantener dentro de sus fronteras Estados como Maryland, Kentucky y Missouri, o para arrancar a la Confederación alguna zona como Virginia Occidental, o impedir que los confederados se apoderaran de “su parte” de los Territorios del Oeste, pero ya no iban a atreverse a intentar aplastar la propia Confederación, por más que deseasen mantener a su propio público ignorante de esto por algún tiempo.

Así, la furia por los asuntos de defensa había decrecido, los propios Gobernadores de los Estados no parecían muy interesados en completar las cifras de voluntarios que Jefferson Davis les había marcado como su contribución al Ejército Provisional, y aún los hombres que ya se encontraban en éste, aburridos por la relativa inactividad y no creyendo en la existencia de un verdadero peligro, se ausentaban sin permiso para ir a visitar a sus familias o simplemente cambiar de actividad. Era esto tan obvio que, cuando en Septiembre se supo que el Ejército Provisional no había llegado aún a reunir 300.000 hombres, (no digamos los 400.000 que Davis y las Cámaras había demandado en Mayo), “Stonewall” Jackson, (hombre escasamente optimista), fue visto repetidamente gruñendo que tal como iban las cosas, quizás hubiese sido mejor perder la famosa “Batalla de Bull Run”.

Los problemas del Sur para armar a un ejército de masas eran sin embargo aún mayores que los de la Unión. Disponían quizá de algo menos de 200.000 antiguos Flintlock Muskets para adaptar a llave de percusión, quizá menos de 80.000 Percusión Muskets, 20.000 Rifle Muskets y una cifra inferior de los viejos rifles Harper’s Ferry y Mississippi de percusión. Y, rápidamente organizaron la producción de un modelo simplificado de Rifle Musket, (basado igualmente en el 1855 y muy similar al 1861 norteño), en toda una red de pequeños arsenales por toda la Confederación:

Así, se fabricaría Rifle Muskets para bala Minié en:

Richmond Armory, Richmond (Virginia)
Fayetteville Armory, Fayetteville (North Carolina)
Bilharz and Hall, Pittsylvania Court House (Virginia)
Todd, Montgomery (Alabama)

Se fabricarían copias del Enfield 1853 inglés en:

Asheville Armory, Asheville (North Carolina)
Cook, New Orleans (Louisiana)
Macon Armory, Macon (Georgia)
Atlanta Armory, Atlanta (Georgia)
Columbus Armory, Columbus (Georgia)
Tyler, Tyler (Texas)

Copias del Mississippi Rifle, en su forma original o reformado para munición deformable tipo Minié en:

Davis and Bozeman, Central (Alabama)
Dixon and Nelson, Dawson (Georgia)
Lamb and C, Jamestown (North Carolina)
Mendenhall, Jones and Gardner, Greensboro (North Carolina)
J P Murray, Columbus (Georgia)

Y se fabricaron copias de Percussion Muskets Modelo 1842 en:

Palmetto Armory, Columbia (South Carolina).
(También fabricó rifles de percusión Harper’s Ferry)

De todas formas pocas de estas factorías servirían en 1861 mucho más de unos cientos de armas, y la producción principal fue la de la Richmond Armory. Naturalmente, el total era absolutamente insuficiente, y ya se había iniciado la correspondiente campaña de compras de Enfield 1853, y de mosquetes franceses y austríacos reformados para llave de percusión. Finalmente, una de las mayores fuentes de fusilería para los confederados iba a ser la captura de armas enemigas, que afortunadamente fue muy importante en la segunda mitad del año siguiente.

En Artillería, los confederados iban a seguir tres caminos:

Primero. Aprovechar las piezas, no muy modernas pero numerosas, que ya poseían. Incluso, en ésta línea realizaron modelos simplicados de los viejos 6 libras y 12 libras, la mayoría fundidos en hierro en vez de en bronce para abaratarlos

Tregedar Iron Works, Richmond VA

Segundo. Ponerse en manos del oficial de Marina John Brooke. Este nativo del Sur se convirtió de la noche a la mañana en un fertilísimo ingeniero, que ideó sistemas para rayar cañones lisos y máquinas herramientas para realizar la tarea, y diseñó más de una docena de cañones, de forma que los Brooke se convertirían en una sólida base para la defensa del Sur. La característica más clásica de sus diseños fue que sabiendo perfectamente que el Sur rara vez iba a disponer de metal de calidad, todos sus cañones rayados, llevarían añadidas 5 bañadas de refuerzo sobre la recámara y la parte posterior del cañón.

Sus “hijos” más clásicos fueron:

Un 3 pulgadas, de 10 libras, considerado el Parrott confederado.
Un 4’62 pulgadas con una banda de refuerzo (como el anterior).
Un 6’4 pulgadas con dos bandas de refuerzo.
Un 6’4 pulgadas con una banda de refuerzo.
Un 7 pulgadas con dos bandas de refuerzo.
Un 7 pulgadas con una banda de refuerzo.
Un 11 pulgadas con dos bandas de refuerzo.

También crearía un 10 pulgadas, y un 11, de ánima lisa, sin hablar de procedimientos para recalibrar y rayar Columbiads y Rodmans de 10 pulgadas, (salían piezas rayadas de 6’4), e incluso otro para tornar uno de sus 6’4 pulgadas rayados en un “anima lisa” de 10.

Tercero. La importación, pero aquí, aunque los confederados no dejaron de adquirir algunas piezas de William Armstrong y Joseph Whitworth, (para buques, defensas navales, y alguna pieza “de capricho”), el grueso de las adquisiciones fueron de las menos exquisitas, pero sólida y mucho más económica casa inglesa “Blakely”.

Y el arsenal de los Blakely era el siguiente:

Dos 12 libras (uno, largo de 3,5 pulgadas, y otro más corto de 3’6).
Un 18 libras de 4 pulgadas.
Un 100 libras de 6,4 pulgadas.
Un 120 libras de 7 pulgadas.
Un 150 libras de 7’5 pulgadas.
Un 200 libras de 8 pulgadas.
Un 250 libras de 9 pulgadas.
Un 375 libras de 11 pulgadas.
Un 650 libras de 12’75 pulgadas. (1)

(1) (Su peso era de 27 Tn, y su granada explosiva pesaba 470 libras).
(Todos eran piezas rayadas de retrocarga)

Mientras, nuevos frentes iban ennegreciéndose para la causa unionista, como si Bull Run fuera una especie de cambio de pendiente en el curso de los acontecimientos:

En Texas, el 2º de Fusileros Montados de John Baylor había avanzado en Julio a Fort Quitman y Fort Bliss, encontrándolos ambos evacuados por unas fuerzas unionistas poco ansiosas de hacerles frente. Como debía dejar guarniciones, aun mínimas, en ellos y estas disminuían su ya escasa tropa, hizo a continuación un alto tratando de reclutar un par de nuevas compañías entre los hispanos de la zona San Elizario-El Paso. Esta nunca había estado muy poblada, y menos entonces, con la creciente inquietud de los apaches, que se iba trasmitiendo incluso tan lejos de los territorios chiricahuas, (Sin hablar de lo poco que podía interesar a los hispanos aquella lucha entre “gringos”). Pero de todas formas obtuvo una escasa cincuentena de hombres, con el grueso de los cuales formó la pintorescamente llamada “Compañía de Espías de San Elizario”, (que pese a tal nombre eran en realidad guías).

Internándose hacia el Norte, llegó a continuación a los alrededores de Fort Fillmore, comandado por el Mayor Isaac Lynde, del 7º de Infantería U.S.A y que contenía casi 500 hombres del 7º y los Fusileros Montados, y algunos refugiados. Efectuados los primeros contactos el 25 de Julio, el 26, al llegar Baylor ante Fort Fillmore, lo encontró desierto. Lynde lo había evacuado sigilosamente durante la noche, cruzando el Río Grande, (que, ya en Nuevo Mexico, corre de Norte a Sur).

Por lo visto, la idea del Mayor Lynde era cruzar el río y fingir que se dirigía a la región de Socorro y Fort Craig por el viejo camino español de La Jornada del Muerto, y desorientar a los texanos tomando la ruta de los Montes San Agustín, más al Este, para alcanzar Fort Stanton, que vigilaba las zonas más montañosas del territorio de los Apaches Mescaleros. Pero, naturalmente no había tenido en cuenta que, con sus “Espías de San Elizario”, los texanos se habían hecho con los servicios de un excelente equipo de guías y rastreadores.

Así que Baylor tuvo noticia de las intenciones del unionista y, el siguiente día 27, le cortó el paso en Saint Agustín Springs, en el llamado Saint Agustin Pass. (Obviamente, en vez de perseguir a Lynde se limitó a correr a situarse en los únicos manantiales disponibles en muchas millas a la redonda, sabiendo que, en aquel paisaje reseco y en lo más bochornoso del Verano, Lynde había de pasar por ellos). Y, tras breve intercambio de condiciones, Isaac Lynde se rindió sin resistencia, pese a que su fuerza era casi el doble de la confederada.

Aquello levantó ampollas en el Norte, donde Lynde fue considerado sospechoso de connivencia con el enemigo, y expulsado oficialmente del Ejército por cobardía. Pero en realidad sólo reflejaba el estado de la moral de las tropas federales en Nuevo Mexico, de un derrotismo que tendría largas secuelas hasta el año siguiente.

Al mismo tiempo, Baylor fue nombrado Coronel por la Milicia de Texas y, un poco a su aire, se hizo un uniforme de Brigadier del Ejército Provisional, (aunque nunca recibiría tal graduación), y se declaró en Fort Fillmore, Gobernador confederado del Territorio de Arizona, (entendido, al estilo de aquellos tiempos, como la zona de los actuales Arizona y Nuevo Mexico situada al Sur del Paralelo 34). Esta jactancia lejana de Baylor tendría posteriores consecuencias, pero entretanto las guarniciones unionistas evacuaron el mismo Fort Stanton, que tropas confederadas ocuparon temporalmente el 2 de Agosto, y sucesivamente Fort Thorn, Fort Webster, y hasta por un tiempo Fort Craig, en Elephant Butte, sobre el camino de Santa Fe. (La ocupación de Fort Stanton se atribuye normalmente a Baylor mismo, pero como éste había hecho su proclamación de Fort Fillmore el día 1, y no es probable que gozase del don de la ubicuidad, seguramente la llevó a cabo el Mayor Charles L. Pyron, ex-comandante de la compañía B, que devino rápidamente en su segundo en el mando).

Los unionistas habían demostrado sin embargo que no todos eran tan derrotistas como Lynde, con una viva escaramuza que se libró el 3 de Agosto en Mesilla, cerca de Fort Craig, entre patrullas de Baylor y de los Fusileros Montados, y que dejó 9 bajas unionistas por 12 confederadas. Y después, con ambos bandos muy escasos de personal, (los unionistas aún pasaban de un millar, pero la rendición de Lynde les había dejado apenas por encima de tal cifra), una calma intranquila cayó sobre la zona, mientras de Washington se enviaba a tomar el mando de sus tropas allá situadas al Coronel de activo Edward Richard Sprigg Canby, (anteriormente dedicado a la organización del nuevo 19º de Infantería).

En la Península de Yorktown, la tranquilidad que había dado al frente virginiano del Potomac la batalla de Bull Run permitió que los refuerzos afluyesen al fin a las tropas del ahora Brigadier John Bankhead Magruder, cuya fuerza llegó pronto a unos 8.000 hombres mientras las tropas del unionista Butler, que había en cambio tenido que ceder algunos regimientos a aquel frente ya antes de la batalla, y otros después de ella, descendían a unos efectivos incluso inferiores.

Prince John” Magruder aprovechó lógicamente la oportunidad para volver a adelantar sus avanzadas a Big Bethel, e incluso para emprender un avance de cierto estilo contra las Hampton Roads a primeros de Agosto. Butler, poco aficionado a correr riesgos, replegó su tropa a campos fortificados junto a Newport News y Fort Monroe, donde los cañones de la flota, y de la propia fortaleza, podían darle un apoyo decisivo, y el confederado no se atrevió a atacarlo allí.

John B. Magruder, CSA

Pero la ciudad de Hampton había quedado descubierta por el repliegue táctico del unionista y Magruder, tomado por la tentación de hacer algo que sonase “grande” en los periódicos, decidió incendiarla. Y así lo hizo el 7 de Agosto, en parte mediante un bombardeo artillero con “case” (literalmente “carcasa”), incendiaria, y en parte mediante patrullas de soldados con antorchas, casi todos del recién llegado de Pensacola 1º Batallón de Zuavos de Louisiana “Zuavos de Coppens”.

Esta unidad, cuya denominación oficial era fácil de confundir con la de los “Tigres” de Wheat, gastaba saroueis rojos y quizá era aún más salvaje que aquélla. (Finalmente ambas serían denominadas indiscriminadamente “Tigres de Louisiana”). Los del Teniente Coronel George Auguste Gaston de Coppens, (él mismo un duelista habitual, conocido por su habilidad con el florete), eran una colección de suizos, (el segundo de Coppens era el Mayor Waldemar Hylested, un soldado profesional suizo), franceses, ingleses, irlandeses, alemanes, italianos, españoles y algún estadounidense, reclutados en los peores barrios de New Orleans.

La pequeña ciudad de Hampton fue quemada casi hasta los cimientos, y aunque en efecto la acción “quedó muy bien” en los periódicos, y pareció muy gallarda en el Sur e irritó a la opinión pública norteña, (lo cierto es que sólo a última hora intentó algo para entorpecerla el 20º de New York, librando alguna escaramuza, casi sin bajas, con los zuavos), resultó bastante insensato.

Lo malo era que, si bien Magruder aseguró que la emprendía porque Butler se negaba a entregar los ya casi 1.000 esclavos que se habían refugiado en sus líneas, sólo arruinó y en algunos casos mató, a los habitantes de Hampton, con los que Butler y sus hombres, que acampaban fuera, apenas tenían trato porque eran muy proconfederados. (O al menos lo habían sido hasta aquella fecha). Y es cierto que, por mucho que el público sureño la celebrase, hombres como Cooper, Johnston y Lee apuntaron aquella acción como un demerito en el expediente de Magruder.

El público del Norte se encrespó lo suficiente para que los enemigos que Butler ya tenía en el Ejército pidieran su cabeza. Y en efecto, el Mayor General fue destituido de su mando el 18 de Agosto. El mando fue redenominado Department of Virginia y puesto a las Órdenes de John Ellis Wool, ascendido al fin a Mayor General de activo, que llegó para ocuparlo desde New York el siguiente día 21. Sin embargo encontró que Butler, sin inmutarse, había aprovechado los días anteriores para pergueñar un plan de incursión anfibia del que hablaremos en otro capítulo, y que pondría a la Unión de nuevo en deuda con él.

El frente donde se ennegrecía más rápidamente la situación era no obstante el de Missouri, donde importantes fuerzas del Ejército Provisional Confederado iban a hacer pronto su aparición en dos zonas diferentes. En el gran Mississippi, una flotilla de vapores de río confederados, desarmados pero repletos de tropas, zarpó de Memphis, (Tennessee), y ocupó el 25 de Julio New Madrid y la Isla Número 10, en la curva del Mississippi llamada “New Madrid Bend”, y justo en el extremo suroriental del Estado de Missouri. Eran más de 8.000 hombres, mandados por el Mayor General Leónidas Polk, llevando como lugartenientes a los Brigadieres Gideon Johnson Pillow y John Porter McCown. Varios de sus transportes fluviales, como el pequeño “Admiral”, el remolcador de río “Gordon Grant” y los vapores “Charm”, “Cheney”, “H. R. W. Hill”, “Kentucky”, “Prince”, “Saint Francis”, “Vicksburg” y “Yazoo”, se hicieron bien conocidos por sus servicios a la Confederación durante los siguientes meses.

Así New Madrid, convertida en una base confederada, se tornaría en un medio de presión contra la parte occidental del neutral Kentucky, y una amenaza latente contra el Sudeste de Missouri y el extremo Sur de Illinois, e incluso contra la propia ciudad de Saint Louis, que le quedaba a no tantas jornadas de navegación río arriba. Para colmo, la presencia de tropas regulares confederadas en la zona dio origen a la aparición de una milicia confederada en aquella hasta entonces no muy belicosa región. Curiosamente y como fuera reclutada por el ex-Alcalde de Saint Louis Jeff Thompson, éste hombre muy personalista, no hizo ningún intento de coordinarla con la State Guard del Gobernador Jackson y Sterling Price, (sin duda para no quedar subordinado a ellos), y sería totalmente independiente de aquélla.

Pero la intervención que a corto plazo iba a tener resultados más importantes se produjo al otro extremo del Estado, al Suroeste, donde los unionistas, ya bien reforzados, (para los estándares de aquel frente), y dirigidos personalmente por Nathaniel Lyon, estaban arrojando a Claiborne Jackson y Sterling Price fuera del Estado.

Estas maniobras se habían culminado el 22 de Julio en el combate de Forsyth en que la vanguardia unionista, (1º de Iowa y 2º de Kansas de los Tenientes Coroneles William H. Merritt y R. B. Mitchell, y batería del Capitán Totten, mandados por el Brig. Gen.Thomas Sweeny), obligó a abandonar rápidamente el campo al enemigo, causándole 5 muertos y 10 heridos, por sólo 3 heridos propios. Aunque los confederados regresaron al retirarse los federales. En retaguardia, varias escaramuzas libradas por las reservas y los Home Guards unionistas, siempre con ventaja, en Lane Praerie, junto a Rolla, el 26 de Julio, Athens, el 5 de Agosto, y Potosí el 10 de ese mes, confirmaban el excelente momento unionista en Missouri, aunque otra librada el 24 de Julio en Blue Mills hubiera ido mal para ellos. (La relación de bajas total era de 28 unionistas a 37 secesionistas para los cuatro combates).

Pero ese mismo éxito unionista llevó a que, finalmente, la división confederada organizada en el Noroeste de Arkansas cruzara la frontera para unirse a las tropas de Sterling Price. La mandaba el Brigadier texano Ben McCulloch, que había regresado de Europa en Mayo, y estaba compuesta por dos brigadas de muy diferente composición. La primera, del Ejército Provisional Confederado y creada y mandada por el propio McCulloch, contenía tres regimientos montados, (Regimiento texano del Coronel Elkanah Green y 1º y 2º de Fusileros Montados de Arkansas de los Coroneles Thomas James Churchill y James McQueen McIntosh), y dos formaciones de Infantería, (1º Regimiento de Louisiana del Coronel Louis Hebert, y Batallón de Arkansas del Teniente Coronel Dandridge McRae). La segunda, del Ejército de Arkansas y mandada por el Brigadier de éste Nicholas Bartiett Pearce, estaba formado por lo más operativo de su “División del Oeste”, con dos baterías, el 1º de Caballería de Arkansas del Coronel De Rosey Carroll y los 3º, 4º y 5º de Arkansas de los Coroneles Gratiot, Walker y Dockery. El total era de casi 5.000 hombres.

Lo más curioso respecto a la brigada de Pearce era que, sin que él fuera plenamente consciente, le estaba ganando a su jefe una especie de “suspensión de sentencia”, puesto que los mecanismos del Ejército Provisional ya habían llegado a Arkansas, y el curioso Ejército de Arkansas empezaba a ser desmontado, dejando a sus jefes en una especie de limbo, en los mismos días en que la división de McCulloch se internaba hacia Missouri. (Con el apoyo del Gobernador Rector, que en esa labor estuvo de nuevo de acuerdo con su rival y socio, Hindman).

Así, el 23 de Julio fue defenestrado de su cargo, con diversas excusas, el Mayor General de Arkansas James Yiell, (que volvería a la vida privada, y moriría de muerte natural en 1864). Y a los pocos días caía también el Brigadier Thomas H. Bradley, mientras su “División del Este” era disuelta, y sus unidades absorbidas por el Ejército Provisional. En éste caso, Bradley había colaborado involuntariamente en su propia caída, cometiendo algunos errores tontos de mando, y enzarzándose en un contencioso con sus propios subordinados. El portavoz de éstos había sido precisamente alguien a quien ya conocemos, el irlandés Patrick Romayne Cleburne, ahora Coronel del 15º de Infantería de Arkansas. En todo caso Bradley desapareció a su vez de escena, rumbo a la vida privada, y mientras Pearce se internaba hacia Missouri con su brigada, a sus espaldas el resto de su División del Oeste era a su vez disuelta y encuadrada en el Ejército Provisional.

Los efectos de la llegada de tan masivo refuerzo, que más que duplicaba el volumen de las fuerzas secesionistas en el extremo sudoeste de Missouri, se hicieron notar enseguida con un fuerte ataque de caballería sobre el puesto avanzado de Lyon en el paraje de Dug Springs. El 1º de Iowa y el 3º de Missouri, que lo defendían, lograron rechazarlo, causando 80 bajas al enemigo por la mitad de las propias, gracias a un juicioso uso de la artillería. Pero era obvio que la “División de Arkansas” había al fin llegado y, tras pedir refuerzos a Saint Louis, Nathan Lyon hubo de preparar la evacuación de Dug Springs, (que se llevó a cabo el día 5 de Agosto, al avanzar el enemigo masivamente sobre tal punto), y la concentración de sus fuerzas en Springfield. Sterling Price y Benjamin McCulloch no intentaron desalojarle de allí de inmediato, deteniéndose en las Oak Hills, junto al arroyo denominado Wilson’s Creek.

Ambos altos jefes sureños no habían precisamente simpatizado al primer golpe de vista, siendo dos individuos personalistas y no muy tratables. Price, héroe público desde el asunto de Taos, ex-Gobernador y largo tiempo mayor General de la Milicia de Missouri, pretendía tener el mando, como tal Mayor General y como jefe de la fuerza del Estado anfitrión. McCulloch, que había sido unos de los capitanes de Rangers de la Batalla de Pum Creek, contra los comanches, en 1840, y después había realizado valiosos servicios de exploración y antiguerrilla para el General Taylor en la Guerra de Mexico, no estaba dispuesto a ser segundo de nadie, y alegaba ser el jefe de la tropa regular, y el único oficial-General del Ejército Provisional en aquella parte del mundo.

Finalmente, y como quiera que Sterling Price estaba bastante empeñado en aprovechar la ventaja numérica aplastante de la que ahora disponían para desalojar a los unionistas de la región, McCulloch se valió de ello, obligándole a reconocerle como oficial al mando a cambio de secundarle en su planteamiento ofensivo. (Júzguese este semichantaje, cual era el grado de animosidad en las relaciones entre ambos hombres).

Sterling Price, CSA

Price, al que le faltaban unas semanas para cumplir los 52 años, era un hombre alto y corpulento, de mejillas sonrosadas y elegantes patillas no muy grandes. La próstata le ponía a menudo difícil el cabalgar, por lo que dirigía la mayoría de sus campañas desde un calesín que llevaba a todas partes. La fuerza con que se había unido a McCulloch, que no era la totalidad de su State Guard, (Marmaduke operaba en aquéllos días más al Este, Martin Green seguía al Norte del Missouri, y otras fuerzas, como la de D.R. Atchinson, seguían aislados más al Norte), comprendía cuatro “divisiones” mandadas por los Brigadieres de Milicia James Rains, John B. Clark, William Y. Slack y James H. McBride, de las que las tres últimas tenían aún una composición apenas digna de una brigada, y efectivos bastante por debajo de los 1.000 hombres. El total apenas pasaba de 5.200, con casi 3.000 en la unidad de James Rains.

Con todo, la unión de estas fuerzas con las de Ben McCulloch suponía un total superior a los 10.000 hombres, que creaba un problema casi insoluble a Nathaniel Lyon, que tan sólo había podido concentrar hasta entonces en la zona menos de 6.000 hombres. La lógica indicaba que, de intentar defenderse en Springfield, a 120 millas de la terminal ferroviaria más próxima, en Rolla, y en un territorio en general hostil. Donde bastaría la noticia de que estaba asediado para hacer acudir a muchos reclutas a las filas enemigas, estaba condenado a la aniquilación. Pero dudaba en realizar la operación estratégicamente correcta.

Esta hubiese consistido en replegarse sobre Rolla-Ironton, donde con sólo sumarse las milicias unionistas locales y recoger los destacamentos situados en ruta, su fuerza ascendería a 8.000 hombres, y se encontraría en una posición central, en territorio amigo y servido por dos terminales ferroviarias. Pero sucedía que, en el Sudoeste de Missouri, sólo su aparente dominio de la situación, que había desprestigiado enormemente a la State Guard, estaba impidiendo que aquélla recibiera muchos más voluntarios. Y Lyon sabía que retirarse sin luchar rompería esa imagen de poder que sus fuerzas habían logrado crearse, haciendo retroceder la situación del Estado a la inmediatamente posterior a la batalla de Booneville, lo que le parecía inaceptable.

Así, no pudiendo defenderse, y no queriendo retirarse, Nathaniel Lyon adoptó la arriesgadísima alternativa de atacar. Algunos hechos le permitían suponer que ésta no era tan suicida como pudiera parecer. Probablemente no sabía nada de las tirantes que eran las relaciones entre Sterling Price y Ben McCulloch, pero sus exploradores le habían informado bien sobre la consecuencia física que tal tirantez había tenido: en las Oak Hills, los campamentos de la State Guard y la División McCulloch estaban muy separados, no habiendo opción a que se apoyasen mutuamente ante un ataque por sorpresa.

Claro que los rebeldes estaban seguros de no poder ser sorprendidos, por haber 9 millas entre Springfield y el Wilson’s Creek, que podía vigilar su numerosa caballería, (con 3.000 jinetes confederados frente a los apenas 500 unionistas). Pero Lyon calculó que sus tropas, (que pese a la época temprana tenían ya un entrenamiento de marcha como pocas veces se iba a ver en toda la guerra), eran capaces de salvar aquellas nueve millas, tomar posiciones y atacar al amanecer aún en una corta noche de principios de Agosto. Y sobre tal premisa montó su plan de batalla.

Este consistía en que la veterana Brigada de Sigel, un poco disminuida desde Carthage, pero apoyada por dos compañías de caballería regular mandadas por el Capitán Eugene Asa Carr, se adelantara y flanqueando sigilosamente las bases confederadas, se situara a distancia de ataque del campamento de Ben McCulloch al Sur de Skegg’s Branch. Con la caballería y la Batería Backof reforzada a seis piezas, (y mandada por el Teniente Schaefer), sumaba más de 1.200 hombres.

Le seguiría el mismo Lyon al frente del grueso de la fuerza, otros 4.100 hombres y 10 cañones, incluyendo algunas reservas a disposición directa de Lyon, y tres pequeñas brigadas bajo el Mayor Samuel Davis Sturgis, segundo jefe de esta columna, y los coroneles George L. Andrews, (del 1º de Missouri), y George W. Deitzier del 1º de Kansas. Esta fuerza atacaría por sorpresa, al alba, a la cobertura de Caballería de la State Guard que, a lo largo del Wilson’s Creek, protegía el campamento de Sterling Price. Y arrollándola, caería sobre la propia State Guard antes de que ésta se organizara. Entretanto Sigel, advertido por los primeros ruidos del combate, abriría un fuego lo más mortífero posible contra el campamento de McCulloch, obligando a éste a formar frente contra él en vez de marchar en ayuda de Price.

La idea era que, si Sigel lograba retener a McCulloch un par de horas, Lyon podría en tanto dispersar a la State Guard, y luego hacer frente a McCulloch en cierta igualdad de condiciones. Y, aunque excesivamente “pendiente de un cabello” en todo momento, el plan era agresivamente atractivo y fue definitivamente adoptado el día 9. Así, en la noche del 9 al 10 de Agosto, la columna de Franz Sigel partió a primera hora y la principal de madrugada, y a las 5 de la madrugada todos habían llegado a sus posiciones de ataque. (Es notable observar que a Sigel, que debía recorrer 12 millas, le llevó 6 horas, y a Lyon, que debía recorrer 9 millas sólo 4 horas, cuando el ejército de McDowell en Bull Run, para un recorrido de 19 millas, tardó tres días en completar estas maniobras).

Y el ataque se desencadenó a las 5 de la madrugada del 10 de Agosto, dando inicio a la segunda batalla más sangrienta de 1861.

Anuncios