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Capítulo XI: 1ª de Bull Run (Manassas) (I)

Irvin McDowell dictó las órdenes de marcha para su Ejército, llamado “del Nordeste de Virginia”, (Army of Northeastern Virginia), en la tarde del 15 de Julio. Y, antes de que sus tropas se pusieran en marcha al día siguiente, sus órdenes, y una descripción de su fuerza, habían llegado a manos del confederado Pierre Beauregard.

Algo así era de esperar, siendo Washington un hervidero de simpatizantes del Sur. Pero lo más curioso era que quien había enviado aquellos informes era el más conocido y vigilado agente sureño en la capital. Se trataba de Rose O’neal Greenhow, viuda rica de 46 años y aún de buen ver, y famosa anfitriona de la vida social de la capital. Estaba vigilada desde el embargo de telegramas de Abril, y tras alguna indiscreción por su parte, incluso sometida a arresto domiciliario. Pero aún encerrada en su casa, y mientras se mofaba desde su balcón de los miembros del Gobierno que pasaban frente a ella, había logrado crear la mejor red de información confederada en Washington.

Rose O’neal Greenhow

Conseguir informes era fácil, abundando los funcionarios prosecesionistas en la capital. Lo difícil era hacerlos circular, seleccionarlos y enviar la información pertinente al otro lado de las líneas. Y para ello, Rose Greenhow utilizaba un grupo de jovencitas de 14 a 17 años, aún sin formar, de la clase media-baja de la capital. En una edad en que aún no llamaban la atención, las chicas de Greenhow se acercaban a los funcionarios como si fueran sus sobrinas, y entraban y salían de casa de Rose sin llamar la atención, fingiendo ser recadistas, pinches, camareras, peluqueras o costurerillas, y tener a veces más y otras menos edad. E igualmente cruzaban las líneas como si fueran de papel, (jamás una fue interceptada), vestidas unas veces de chicos, otras de niñas, etc.

Puesto al tanto de lo que se le venía encima, Beauregard se puso en contacto el mismo día 16 con Johnston por un lado, y con el mando de Richmond por otro. Y aún recibido el permiso definitivo de Richmond para llevar a cabo la maniobra planeada, el 17 Johnston sólo mandó un oficial de su Estado Mayor a uña de caballo a Piedmont, donde pensaba embarcar en trenes, mientras JEB Stuart se adelantaba con la caballería para engañar al Ejército de Patterson, que se había puesto en marcha con 18.000 hombres desde Martinsburg, donde se detuviera tras la acción de Falling Waters.

Como le era preciso “demostrar” que iba en serio, Stuart lanzó ese mismo día un ataque contra las columnas en movimiento de Patterson en Bunker Hill, donde se produjeron bajas por ambos bandos, muriendo 4 jinetes confederados. Después, fintó aparatosamente ante él.

Es obvio que tal actuación había sido convincente, pues Patterson, que en principio avanzaba sobre la base defensiva de Johnston en Winchester, se detuvo el 18 de Julio en Charlestown, aún a veinte millas de aquella localidad. Y mientras Stuart hacía estrepitosas demostraciones en torno a Charlestown los días 18 y 19, convenciendo a Patterson de que tras su cobertura la fuerza de Johnston avanzaba para atacarle, el mismo 18 los primeros elementos del 2º Cuerpo partían de Piedmont para Manassas, mientras la Brigada virginiana del ahora Brigadier Thomas Jonathan Jackson alcanzaba Piedmont por el Ashby Gap. Y el 19, Jackson llegaría a Manassas, mientras las brigadas del Brigadier Barnard Elliot Bee y el Coronel Francis S. Bartow le seguían por el Ashby Gap.

De todas formas, ya este retraso podía haber sido excesivo si se hubiese cumplido el calendario de marchas previamente establecido por McDowell, que pretendía que su Army of Northeastern Virginia alcanzara el mismo 16 de Julio Centreville, ya próximo a la línea del Bull Run, hiciera contacto a lo largo de ésta y la tanteara el 17, y lanzara su gran ataque el 18. Por desgracia McDowell no había tenido en cuenta que su ejército era el primero que había sido movilizado en plena era del ferrocarril y concentrado en un gran centro ferroviario (Washington).

Las tropas de Johnston llegan a Manassas

En efecto, aunque él erróneamente lo hubiese dado por supuesto, su tropa carecía de entrenamiento y experiencia en marchas. Eso es grave para la formación de un Ejército, pues la marcha enseña a los soldados algunos hechos sobre la necesidad de la disciplina que es mejor que comprendan por sí mismos, y pone a los oficiales ante sus primeros problemas reales de mando. Y, por supuesto, el entrenamiento en marchas es especialmente imprescindible para un Ejército que se espera que marche.

Y simplemente, el Ejército de Irvin McDowell no marchaba, sino que apenas “paseaba” hacia Centreville. La distancia entre esta localidad y Washington, (unas no exageradas 20 millas), tardó 48 horas en cubrirse, haciéndose noche el 16 de Julio en la intermedia Fairfax Court House, y alcanzándose Centreville sólo la noche del 17. Algunas obstrucciones no defendidas, que los piquetes confederados de retaguardia dejaron tras de sí al retirarse, no explican en ningún modo tanto retraso.

El 18, McDowell decidió llevar a cabo la acción de contacto y tanteo. Su Ejército estaba dividido en 13 Brigadas, con las que justo en el momento de ponerse en marcha se habían formado por agregación 5 Divisiones:

(Las 2ª, 4ª y 5ª con 2 brigadas, la 3ª con 3 y la 1ª con 4). Y aunque, para la marcha de los días anteriores, se había llevado en cabeza a la 2ª División, mandada por el Brigadier habilitado David Hunter. Para este avance que podía acabar en combates se puso en primera fila a la 1ª División, cuyo jefe era el Brigadier habilitado Daniel Tyler.

Tyler, un hombre de aspecto amargado y 62 años, con barbita y una melena de paje blancas, tenía a sus órdenes las brigadas del Brigadier habilitado Robert Cummings Schenk y los Coroneles Erasmus Darwin Keyes, William Tecumseh Sherman e Israel Bush Richardson, con 16 regimientos, apoyados por tres baterías de campaña y una pesada. Con ellas avanzó el 18 de Centreville, con instrucciones restrictivas que le ordenaban tomar contacto evitando en lo posible combates prolongados.

Brig. Gen Daniel Tyler, USA

Tyler no estaba sin embargo conforme con las órdenes, (parece que había esperado obtener el mando del Ejército antes del mucho menos antiguo McDowell, y estaba dispuesto a no estar conforme con ninguna orden que procediese de él). Y como lo había dejado traslucir a las claras, el comandante de su 4ª Brigada, que había alcanzado el primero la línea del río, decidió que podía “reinterpretar” las órdenes.

Se trataba del agresivo Israel Bush Richardson (Apodado “Fighting Dick”), que contaba con los regimientos 2º y 3º de Michigan, 12º de New York y 1° de Massachusetts, apoyados por la Batería M del 2º de Artillería, (Mayor Henry Jackson Hunt), con 4 piezas descritas como “cañones rayados de 12 libras”. (Probablemente Armstrong ingleses recién importados, rayados pero de avancarga, que era pieza estándar del Ejército Británico).

Ni corto ni perezoso, Richardson hizo cruzar el Bull Run al 1º de Massachusetts del Coronel Robert Cowdin que, uniformado en gris, tuvo un problema al topar con las primeras fuerzas confederadas, habiendo de interpelarse unos y otros a gritos para saber si eran amigos o enemigos. Al fin, los rebeldes anduvieron más rápidos, y su primera descarga tomó a parte de los unionistas muy al descubierto, matando a un teniente de los de Massachusetts. Pero a continuación éstos, más concentrados, cargaron, y los confederados salieron corriendo, sufriendo bastantes bajas en aquella mínima acción.

Sólo que el comandante de la brigada confederada al otro lado del río era el Brigadier surcarolino James Longstreet, que iba a cuajar en una de las más sólidas figuras del mando sureño, y éste apareció rápido en escena, furioso por haberse dejado sorprender y decidido a cambiar las tornas cuanto antes. A planazos con el sable, hizo que los fugitivos formaran frente de nuevo y aprovechando que los unionistas se habían internado persiguiéndolos, fue logrando que las unidades en sus flancos presionaran paulatinamente sobre los hombres de Massachusetts.

Brig. Gen James Longstreet, CSA

Finalmente, la tropa del Coronel Cowdin, que se sentía al borde del cerco, perdió los nervios y huyó, recruzando el Bull Run en desorden. El mando de McDowell ya había entrado en sospechas de lo que Richardson y Tyler estaban haciendo, y el jefe de operaciones del Estado Mayor, Capitán de activo James Barnet Fry, apareció en la orilla Norte del Bull Run para desautorizar su continuación. Pero Richardson y el propio Daniel Tyler, que se le había unido, desoyeron esta orden directa.

Habían aproximado al tiempo la batería pesada de la división, (que era la única del Ejército), Batería G del 1º de Artillería, mandada por el Teniente John Edwards. Contaba con un Parrot de 30 Libras y dos de 20, y éstos fueron puestos a disparar a través del río, intentando desmoralizar al enemigo, mientras ahora era el 12º de New York de Daniel Butterfield la unidad enviada a cruzarlo.

Los neoyorquinos penetraron con tanta facilidad como lo habían hecho los de Massachusetts. Pero esta vez se trataba de una trampa, dispuesta por Longstreet, que los llevó así a un cruce de fuegos entre sus regimientos 11º y 17º de Virginia, de los coroneles Samuel Garland y Montgomery Dent Corse, coronado por un ataque a la bayoneta del 1º de Virginia de Patrick Theodore Moore. (Este era un regimiento brillantísimo, con pequeños chacós de charol y levitas y pantalones grises, uniforme directamente copiado del de gala del famoso “Greybacks”, 7º de la Milicia de New York). En todo caso era una unidad de elite, y cargó con tal furia que los neoyorquinos huyeron en total desorden, contagiando su pánico al 1º de Massachusetts, que les esperaba para apoyarles en la orilla Norte y se desbandó a su vez.

Cabo del 1º Inf. de Virginia

Como Longstreet tenía órdenes tan restrictivas como sus rivales, y más disciplinado que ellos, las respetaba, no aprovechó totalmente su éxito, y tras provocar la fuga del 1º de Massachusetts, su 1º de Virginia regresó a la orilla Sur. Con ello y en total, en aquel combate se registraron 15 muertos y 48 heridos confederados, por 19 muertos, 48 heridos y 20 prisioneros (en buena parte también heridos), federales. El combate, celebrado en las proximidades del vado llamado Mitchel’s Ford, fue sin embargo denominado por error “de Blackburn Ford”, (por otro vado próximo), y así permanece en la crónica.

Vado de Mitchel’s Ford

Hubo respecto a él un par de hechos curiosos. En primer lugar tanto el Coronel unionista Butterfield como el confederado Moore sufrieron pequeños accidentes, ajenos al fuego enemigo, que iban a mantenerlos fuera del mando durante la batalla principal, tres días después. En segundo y prácticamente por casualidad, uno de los proyectiles de 20 libras de los Parrot del Teniente Edwards incendió y arruinó la casa en la que Beauregard tenía instalado su puesto de mando. Esta casa pertenecía al caballero local Wilmer McLean que, muy furioso con la pérdida sufrida y no queriendo saber más de la guerra, se fue al otro extremo del Estado, a un lugar lejano y sin interés, para construirse otra: Appomattox Court House. (Lo que ignoraba era que un destino burlón lo perseguiría, para hacer que la rendición de los ejércitos confederados de Virginia se firmase, casi cuatro años después, en el recibidor de su nueva casa).

El que dos de los regimientos unionistas en que se confiaba más, el 1º de Massachusetts y el 12º de New York, se hubiesen desbandado, fue la primera de las malas noticias que Irvin McDowell recibió aquel día. La segunda fue que una pista forestal, por la que pensaba llevar a sus regimientos de ataque a la vía de tren Manassas-Alexandria, para llegar por ella ante Camp Pickens desde un lado que sabía que no estaba fortificado, resultaba impracticable. (No cabían cañones ni carros y los hombres y jinetes sólo podían pasar de uno en uno) Lo que, eventualmente, le dejaba sin plan de ataque.

Puede parecer un poco fuerte que el plan de ataque de un Ejército de 40.000 hombres dependiera de semejante extremo, pero el desgraciado McDowell había tenido que realizarlo usando mapas comerciales de baja calidad, al haber desaparecido de la Secretaría de Guerra hasta el último de los mapas topográficos del Ejército que cubrían Virginia. (De seguro un “regalo” de despedida del Secretario Floyd o en todo caso un sabotaje de los simpatizantes de la rebelión).

Así, el siguiente día 19 de Julio, McDowell se vio obligado a enviar patrullas de caballería e ingenieros a cubrir el terreno y darle datos para crear un nuevo plan de batalla. En principio este consistía en que, ya que no se podía atacar el flanco derecho del enemigo, se envolvería su flanco izquierdo, dando un rodeo hacia el Oeste e instalándose sobre la vía férrea al Sur de Manassas Junction. (Lo que obligaría a los confederados a dejar su campo fortificado e ir a atacar al Ejército unionista).

Sin embargo, el día 19 las patrullas encontraron las sendas del bosque llenas de actividad de caballería enemiga, y hubieron de pasar la mayor parte de la jornada escondiéndose, por lo que el informe favorable al nuevo plan no llegaría hasta mediodía del 20. Y como el mando de McDowell necesitó la mayor parte de la tarde de ese día para redactar las órdenes precisas, el ataque no se lanzaría hasta la mañana del domingo 21 de Julio de 1861.

Pero entretanto habían pasado bastantes cosas que desfavorecían a McDowell. En primer lugar, el 19 había llegado a Manassas Junction la brigada confederada de Thomas Jackson, y el 20 estaban llegando la artillería de campaña del 2º Cuerpo de Ejército, las brigadas de Barnard Bee y Francis Bartow y el propio mando de Johnston. Y durante el 21 llegaría la última brigada de las más operativas de Johnston, mandada por el Brigadier Edmund Kirby Smith. Esto significaba que la fuerza confederada de Manassas Junction saltaba de 20.000 hombres a casi 32.000. Y con la llegada simultánea de la brigada de Theophilus Hunter Holmes desde Aquia Creek, y algún otro refuerzo de última hora, se llegaba a 35.000 hombres.

Y a la vez la fuerza del propio McDowell disminuía, pues el 4º Regimiento de Pennsylvania y la batería de los Voluntarios de New York, habían terminado sus periodos de enganche de tres meses y se hicieron licenciar rechazando toda objeción. El Coronel del 4º, John Frederick Hartranft, quedó tan apesadumbrado de no haber logrado persuadir a sus hombres que combatiría la batalla a título particular, llevando mensajes y efectuando reconocimientos para el Estado Mayor, con tal abandono y furia que sería después condecorado.

Aún más grave, la 4ª División del Brigadier Theodore Runyon, de Milicia, y que consistía en 4 regimientos de la milicia de New Jersey, tres de su fuerza voluntaria y el 41º de New York, (un regimiento alemán mandado por el Coronel Leopold Von Gilsa), no había pasado aún de Fairfax Court House y con sus milicias muy desorganizadas, no podía influir en la batalla. Con lo que McDowell, que había confiado en poseer una superioridad de casi dos a uno, iba ahora a entrar en combate en igualdad de fuerzas, (incluso en ligera inferioridad cuando llegara Kirby Smith), con el Ejército Confederado. Y lo más grave era que, totalmente ignorante del movimiento de Johnston, confiaba en contar aún con una superioridad clara. Lo que no le favoreció, precisamente.

Curiosamente, y como el grueso de la caballería de JEB Stuart había partido a su vez hacia Manassas al anochecer del 19, el 20 Patterson, viendo que la caballería que le acosaba en Charlestown había desaparecido, y no había más enemigos a la vista, mandó un telegrama a Washington, advirtiendo de que ocurría algo raro e ignoraba el paradero de las tropas de Johnston. Pero como sus instrucciones originales eran muy conservadoras, ni se le ocurrió marchar contra Winchester, y añadió que si no recibía órdenes complementarias, regresaría a Harper’s Ferry. (Buena parte de su fuerza estaba a su vez a punto de terminar sus tres meses de servicio y licenciarse).

Increíblemente, parece que nadie hizo caso de este telegrama, y ni siquiera se informaría de él a McDowell. Se ha especulado mucho sobre la oportunidad que pudo perder aquí Patterson, pues la fuerza de Winchester estaba ahora reducida a poco más de 7.000 hombres, con las brigadas milicianas de Carson y Mem, los enfermos, heridos e impedidos varios, y una pequeña fuerza de caballería dejada atrás por Stuart, mandada por el Teniente Coronel McDonald, con Turner Ashby como Mayor y segundo en el mando, que devendría el 7º de Caballería de Virginia.

Pero probablemente la ocasión no era tan buena. (En cualquier caso, no hubiese alcanzado Winchester hasta el 22 de Julio, y por tanto no hubiera influido en el resultado de la “Primera Batalla del Bull Run” o “de Manassas”). De todas formas, al no recibir ninguna instrucción, Patterson volvió como anunciara a Harper’s Ferry y se convirtió así en un chivo expiatorio ideal para lo que iba a ocurrir en el Bull Run, por no haber retenido a Johnston en el Shenandoah. En realidad lo que ocurría era que nadie, en el bando unionista, había recordado la posibilidad de usar el ferrocarril y todos esperaban que de intentar Johnston ganar Manassas, tardaría al menos una semana.

Mientras, a ambos lados del río Bull Run, unos y otros preparaban planes de ataque. McDowell porque sabía que su ejército iba a semidisolverse al ir terminando los periodos de tres meses de los voluntarios. Y los confederados porque Johnston no sabía hasta que punto su “truco del tren” había desorientado al enemigo. Creía que los unionistas estaban al corriente de lo que había hecho, y Patterson marchaba hacia Manassas, con lo que el uso del tren sólo le había dado una ventaja de tres o cuatro días, que había que aprovechar para derrotar a McDowell, y poder luego habérselas separadamente con Patterson.

Entre la multitud que se había congregado para combatir la que iba a ser la primera batalla de masas de la Guerra Civil Americana, una asombrosa cantidad de hombres alcanzarían más tarde el generalato. Desde luego, casi todos los jefes de divisiones y brigadas que no lo tuvieran ya, pero además muchos más hombres. En el Norte, sólo una rápida mirada nos permite descubrir como futuros generales a 18 Coroneles Jefes de regimiento y dos jefes accidentales de regimiento, siete Mayores, no menos de 10 Capitanes Jefes de Compañía, 667 Jefes de Batería, numerosos miembros del personal de staff del Estado Mayor y hasta 4 Segundos Tenientes y un Soldado Raso. (Amén del enrabiado Hartranft).

Los segundos tenientes, salidos aquella misma Primavera de West Point con la tinta aún fresca en sus diplomas, eran Adalbert Ames, James Sarks Brisbin, Emory Epton y un jovencísimo y rubicundo George Armstrong Custer, que aún no había cumplido 21. Otro de sus compañeros de promoción, Thomas Lafayette Rosser, se había unido a los rebeldes y obtendría el generalato en su Ejército Provisional.

Francis Channing Barlow, USA

El soldado era Francis Channing Barlow, joven y adinerado barrister de la City neoyorquina, que servía tres meses como soldado raso en el 14º de New York “Zuavos de Brooklyn”. Terminado su periodo después de la batalla, y no deseando volver a servir a un Coronel que no le gustara, se “compró” la coronelía de uno de los nuevos regimientos en formación, el 61º de New York, y cuajó en un soldado excelente. (No fue caso único en el Norte: el soldado raso Schuyler Hamilton, del 7º de Milicia neoyorquino, no presente en Bull Run, también alcanzaría el generalato y antes que Barlow). Caso aparte es el de Frank Crawford Armstrong, Capitán de Caballería de una de las compañías montadas del Mayor Palmer, ¡qué después de la batalla se pasó al enemigo y alcanzaría el generalato en las filas confederadas!

En el bando confederado, el número de futuros generales era prácticamente el mismo, pese a que en general los confederados no verían carreras tan fulgurantemente rápidas como las que se registraron a menudo en el Norte. A cambio, las filas confederadas no estaban cargadas de hombres que habían firmado por sólo tres meses, y volverían a sus casas en una o dos semanas. (Antes bien los confederados, que lo habían hecho por un año, acabarían siendo retenidos sobre las armas hasta el fin de la contienda, de cuatro largos años).

En el capítulo anterior hemos mencionado el aspecto de las unidades unionistas, pero es imposible hacer una revisión similar del de las confederadas, que era bastante caótico. El Ejército Provisional había publicado su reglamento de uniformidad, pero éste era absurdamente pretencioso:

Prescribía levita gris cerrada por dos filas de botones, (de seis botones para clases de tropa, siete para oficiales y ocho, en parejas, para los generales), pantalón azul y quepis con una amplia banda del mismo azul en la base; la copa del quepis, el cuello (alto), las bocamangas (en punta) y un galón en el costado de los pantalones, irían en el color del Arma.

Pocos uniformes han sido tan poco seguidos en la Historia. En realidad no existía en el Sur ni tela para las levitas largas y cruzadas, que casi nunca serían empleadas sino por oficiales no montados de categoría de Mayor o superior a ésta. La mayoría de los soldados emplearían chaquetillas sin faldones o de faldón muy corto, los pantalones azules sólo los iban a usar la Infantería de Marina o algún elegante de los que se hacían el uniforme a medida, (salvo cuando se capturaba algún depósito unionista, y se usaba por un tiempo pantalones azules del Ejército de la Unión), la mayoría de los complementos desaparecerían y hasta el gris iba a ser rara vez gris, sino gris oscuro casi negro, o más frecuente “butternut” (mostaza grisáceo), o las diversas variantes de marrón que presentaba el “linsey” crudo según la proporción de lana que hubiera en su fabricación.

El ejército sureño que iba a pelear en Bull Run era sin embargo probablemente el más variopinto y brillante de los que nunca alinearía el Sur. Muchos de sus regimientos se habían formado por agregación de milicias locales o a partir de grandes organizaciones de Milicia que poseían uniformes propios, y cada cual se llevaba el suyo. Así, los regimientos surcarolinos derivados de la “Palmetto Guard” seguían usando sus uniformes enteramente azul oscuro y con quepis chasseur, el Alabama Volunteer Corps, (y de él los regimientos de Alabama), portaba un equipo similar al de los yankees de Connecticut, incluso con sus hombreras de lana salvo en que el pantalón era gris y el chacó acharolado y no de tela, y los regimientos de Mississippi portaban un uniforme gris bastante normal, pero con la pechera cruzada de tiras de tela roja imitando alamares. Y estos últimos eran aún organizaciones de una cierta coherencia. En otros Estados, (y en la misma South Carolina), la mayoría de los regimientos vestían de gris (o de los primeros sucedáneos de gris, que comenzaban a aparecer), otros de azul oscuro, algunos de azul claro y en una asombrosa cantidad de regimientos algunas compañías vestían de un color y otras de otro.

Buena cantidad de oficiales seguían llevando sus uniformes federales, y una altísima proporción de los que se habían confeccionado un uniforme al estilo de la nueva ordenanza, lo tenían en el antiguo azul claro del uniforme de Verano federal ya en desuso, para demostrar que eran viejos profesionales. Gran cantidad de chaquetillas grises de milicia llevaban alamares o falsos alamares, en negro, rojo, amarillo o verde. Cubrían sus cabezas quepis, (muchas veces sin color de Arma, o con éste en la parte baja y no en la copa, y casi siempre básicamente grises), sombreros “slouch”, sombreros Hardee, a veces chacós, e incluso una especie de fez blando con visera que llevaban compañías aisladas en varios regimientos de Virginia. Aquello, más que una batalla, iba a parecer un circo.

Y como un buen circo, atrajo su cuota de espectadores. Allí estuvieron presentes, por la Prensa Internacional, una buena representación de corresponsales, de los que los más famosos eran William H. Russell de “The Times”, y Frank Vizitelli del “Illustrated London News”. Y lo mejor del talento local, como Charles E. Page, del “New York Tribune” y William Swinton del “New York Times”, cuyo editor, Henry J. Raymond, también había acudido, o el pionero de la fotografía Matthew Brady.

También se encontraban presentes buena cantidad de políticos, incluido el joven y miope Gobernador de Rhode Island William Sprague, que caminaba junto a la “Brigada de Rhode Island” del Coronel Ambrose Everett Burnside, (de la 2ª División), o el Senador por Illinois Lyman Trunbull, en función de “ojos y oídos” del Presidente Lincoln en la batalla.

Pero además de estos espectadores, que podíamos calificar de “profesionalizados”, la batalla, que venía anunciándose varios días, había despertado gran curiosidad entre la clase alta de Washington, (los apodados “socialites” en los USA) Y, al conocerse el 20 que se iba a librar el domingo, familias, enteras y grupos de amigos de la clase ociosa de la capital tomaron a sus criados y cocheros de más confianza, se embarcaron en coches y calesas abarrotados de cestas de “picnic” y se fueron a instalar en los alrededores del campo de batalla, dispuestos a disfrutar del fin de semana más instructivo, emocionante y original de su vida. (Y si iba a ser en verdad emocionante). Casi todos se situaron en los prados en torno al puente por el que la carretera, más allá de Centreville, cruzaba el Cub Run, pequeño afluente por el Norte del Bull Run, ya que era un terreno alto que dominaba buena parte del futuro campo de batalla.

Otra originalidad de la batalla, que los unionistas llamarían de “Bull Run”, y los confederados de “Manassas” o “Manassas Junction”, es que fue la primera batalla campal librada en suelo estadounidense en que participó cierto número de mujeres. Por el Sur, como aún no se había admitido la idea de las enfermeras, sólo lo hicieron dos. De un lado Lavinia Williams, cantinera o “vivandiére” del Batallón de Zuavos de Louisiana Wheat’s Tigers: una mujer grande y fuerte, de sonora voz. De otro y clandestinamente Loretta Janetta Velasquez, esposa cubana de 19 años de un oficial de Louisiana, que porfió hasta lograr que su marido y sus amigos la disfrazaran de soldado y camuflaran como uno de sus asistentes, permitiéndola asistir a la batalla “en directo”.

En el lado norteño, la idea de las “vivandiéres”, muy “latina”, no acababa de cuajar, y sólo una de ellas entraría en acción: la emigrante francesa Marie Tepe, (llamada “Frenen Mary”), que deseaba seguir a su marido, alistado en el 27º de Pennsylvania, y consiguió ser admitida en él como “vivandiére”, estableciendo un precedente.

En cambio, los unionistas disponían de cierto número de enfermeras de campaña, que representaban un curioso abanico de personajes femeninos: desde la intelectual Mary Edwards Walker, que era de hecho médico, habiendo obtenido en 1855 una de las primerísimas licenciaturas en Medicina que se concedían en Estados Unidos a una mujer y recibió la Medalla de Honor del Congreso al final de la guerra; hasta la ingenua Anna Blair Etheridge, de 17 años escasos, que se había unido como enfermera al 2º de Michigan y sería considerada un poco la mascota de la unidad. (Le apodaban “Gentle Annie”). Y todo un plantel de interesantes y variadas personalidades más, como Amy Morris Bradley, Kady Brownell y Eliza Harris.

Mary E. Walker

Como ya hemos dicho, los sureños se proponían también atacar. Su plan, ideado por Pierre Beauregard y aprobado por Joseph Johnston, consistía en fintar un avance con el grueso de su fuerza frente al enemigo, en la zona de los vados Mitchel, Blackburn y McLean, mientras mucho más al Este, cerca de Manassas, las brigadas confederadas de Richard Stoddart Ewell y Theophilus Hunter Holmes cruzaban el río sin ser advertidas y, avanzando por el bosque, caían por sorpresa sobre el flanco izquierdo, (oriental), de los unionistas. Si todo iba bien, el ataque llevaría a los unionistas a abandonar la defensa en los tres vados, o en parte de ellos, y por ésta zona debilitada la fuerza principal cruzaría el río a su vez.

Era una idea provista de cierto encanto, pero no llegó a ponerse en marcha por dos motivos. En primer lugar su tabla de tiempos era mucho más tardía que la del ataque de McDowell, con lo que la acción unionista la iba a preceder algunas horas. Lo cual otorgó a los unionistas el papel de atacantes. En segundo lugar, Beauregard había hecho un chapucero trabajo con su sistema de transmisión de órdenes, complicado adicionalmente porque, tras arder la casa de Wilmer McLean, su mando había debido trasladarse a un nuevo emplazamiento que la mitad de los correos aún no sabían encontrar. De manera que las notas de las brigadas no llegaban al mando, y la mitad de las órdenes de éste no alcanzaban a su vez a las brigadas.

Por su parte, el plan de batalla del unionista Irvin McDowell incluía una doble finta. La 5ª División del Coronel Dixon Miles, reforzada por la Brigada de Richardson de la 1ª División de Daniel Tyler, quedaba atrás cubriendo Centreville, y a la vez debía fintar un ataque en plena zona de los vados, (precisamente en la que según su plan, los confederados pensaban fintar a su vez). Y a la vez, en el puente de piedra del camino de portazgo Warrington-Centreville, inmediatamente al Oeste de los vados, la 1ª División de Tyler, (menos la brigada de Richardson), fintaría a su vez un ataque por el puente y a lo largo de la ruta, (la Warrington Turnpike). Se esperaba que, si una finta resultaba poco convincente, a menos convenciera al enemigo de que la otra era el verdadero ataque principal.

Y éste iba a desarrollarse mucho más al Oeste por medio de las Divisiones 2ª y 3ª, que siguiendo una ruta que bordeaba el Bull Run por el bosque, cruzarían tres millas más allá del puente, por el vado situado en Sudley Springs, y llamado Sudley Ford o Sudley Springs Ford. Los confederados esperaban tan poco una acción tan al Oeste que no sólo no tenían el vado defendido, sino que ni siquiera lo vigilaban, y Johnston admitió después que el plan de McDowell les había sorprendido por completo, y hubiera tenido asegurado el éxito de realizarse uno o dos días antes, cuando las fuerzas del 2º Cuerpo aún estaban a medio llegar, y los confederados se hubiesen encontrado muy cortos de reservas. Incluso el 21 de Julio hubiera sido posible la victoria, si la acción se llega a llevar a buen ritmo y con ímpetu. (Pero su ritmo iba a ser desparejo, y su ímpetu inicial se disiparía).

Llegado a éste punto, ofrecemos un resumen de las unidades y mandos principales de ambos ejércitos.

Orden de Batalla 1ª Batalla de Bull Run

ARMY OF NORTHEASTERN VIRGINIA

Brigadier Gen IRVIN McDOWELL

Estado Mayor Operaciones Capitán J. B. FRY
Estado Mayor de Organización Coronel J. S. WADSWORTH
Ingenieros Coronel J. G. BARNARD
Artillería Tte. Coronel J. GIBBON
Artillería Avanzada Mayor W. F. BARRY

1ª DIVISIÓN Brig Gen DANIEL TYLER

1ª Brigada Coronel E. D. KEYES
2º Maine
1º Connecticut
2º Connecticut
3º Connecticut

2ª Brigada Brig Gen. R. C. SCHENCK
2º Nueva York (Milicia Estatal)
1º Ohio
2º Ohio
E, 2º U.S Art

3ª Brigada Coronel W. T. SHERMAN
13º New York
69º New York
79º New York
2º Wisconsin
E, 3º U.S Art.

4ª Brigada Coronel I. B. RICHARDSON
1º Massachusetts
12º New York
2º Michigan
3º Michigan
G, 1º U.S Art.
M, 2º U.S Art.

2ª DIVISIÓN Coronel ANDREW PORTER

1ª Brigada Coronel Andrew PORTER
8º Nueva York (Milicia Estatal)
14º New York
27º New York
Batallón U.S Inf.
Batallón U.S Marines
Batallón U.S Cab.
D, 5º U.S Art

2ª Brigada Coronel A. E. BURNSIDE
2º New Hampshire
1º Rhode Island
2º Rhode Island
71º New York

3ª DIVISIÓN Coronel S. P. HEINTZELMAN (herido)

1ª Brigada Coronel W. B. FRANKLIN
5º Massachusetts
11º Massachusetts
1º Minnesota
I, 1º U.S Art

2ª Brigada Coronel O. B. WILLCOX (herido y capturado)
11º New York (Zuavos de Fuego)
38º New York
1º Michigan
4º Michigan
D, 2º U.S Art

3ª Brigada Coronel O. O. HOWARD
3º Maine
4º Maine
5º Maine
2º Vermont

4ª DIVISIÓN (Reserva) Brig Gen THEODORE RUNYON

Tres meses alistados:
1º New Jersey
2º New Jersey
3º New Jersey

Tres años alistados:
1º New Jersey
2º New Jersey
4º New Jersey
41º New York

5ª DIVISIÓN Coronel DIXON S. MILES

1ª Brigada Coronel Louis BLENKER
8º New York (Voluntarios)
29º New York
39º New York
27º Pennsylvania
A, 2º U.S Art
Batería Bookwood de New York

2ª Brigada Coronel Thomas A. DAVIES
16º Nueva York
18º Nueva York
31º Nueva York
32º Nueva York
G, 2º U.S Art

CONFEDERATE ARMY OF POTOMAC, 1ER CUERPO EL 21 DE JULIO DE 1861
Brigadier Gen. G. T. BEAUREGARD

Estado Mayor Operaciones Coronel T. JORDAN
Estado Mayor de Organización Coronel J. CHESNUT
Artillería Coronel S. JONES

INFANTERÍA

1ª Brigada Brigadier Gen. M. L. BONHAM
11º Carolina del Norte
2º Carolina del Sur
3º Carolina del Sur
7º Carolina del Sur
8º Carolina del Sur

2ª Brigada Brigadier Gen. R. S. EWELL
5º Alabama
6º Alabama
6º Louisiana

3ª Brigada Brigadier Gen. D. R. JONES
17º Mississippi
18º Mississippi
1º Carolina del Sur

4ª Brigada Brigadier Gen. J. LONGSTREET
5º Carolina del Norte
1º Virginia
11º Virginia
17º Virginia

5ª Brigada Coronel P. ST. George COCKE
1º Batallón de Louisiana
8º Virginia, siete compañías
18º Virginia
19º Virginia
28º Virginia
49º Virginia, tres compañías

6ª Brigada Coronel J. A. EARLY
13º Mississippi
4º Carolina del Sur
7º Virginia
24º Virginia

(*) Según un informe datado el 25 de septiembre de 1861. Los informes muestran otras combinaciones durante la batalla para la distribución de artillería y caballería, así como la organización de una 7ª Brigada de N.G. Evans y la composición de la Brigada de T. H. Holmes (Aquia Force).

Las tropas no asignadas a una brigada:

7º Inf de Louisiana
8º Inf de Louisiana
Legión de Hampton (Carolina del Sur) Inf.

30º Cab de Virginia
Batallón de Caballería de Harrison 10Compañías indep. de Caballería

La Artillería
Batallón de Art.Washington(Louisiana)
Batería de Kemper
Batería de Latham

Batería de Loudoun
Batería de Shields
Compañías del campamento Pickens

CONFEDERATE ARMY OF SHENANDOAH, 2º CUERPO EL 30 DE JUNIO DE 1861
Brigadier Gen. JOSEPH E. JOHNSTON

Estado Mayor Brigadier Gen. E. K. SMITH
Mando Supremo Artillería Brigadier Gen. J. C. PEMBERTON

1ª Brigada Coronel T. J. JACKSON
2º Inf de Virginia
4º Inf de Virginia
5º Inf de Virginia
27º Inf de Virginia
Batería de Pendleton

2ª Brigada Coronel F. S. BARTOW
7º Inf de Georgia
8º Inf de Georgia
9º Inf de Georgia
Batallón de Duncan, de Kentucky
Batallón de Pope, de Kentucky
Batería de Alburtis

3ª Brigada Brigadier Gen. B. E. BEE
4º Inf de Alabama
2º Inf de Mississippi
11º Inf de Mississippi
1º Inf de Tennessee
Batería de Imboden

4ª Brigada Coronel A. ELZEY
1º Batallón de Inf. De Maryland
3º Inf de Tennessee
10º Inf de Virginia
13º Inf de Virginia
Batería de Grove

Tropas no asignadas a brigada:
1º Cab de Virginia Coronel J.E.B. STUART
33º Inf de Virginia

Irvin McDowell había tenido en principio la intención de realizar las marchas de aproximación en cuanto cerrara la noche del sábado. Pero, ignorando hasta qué punto las cosas dependían ahora de la rapidez y contundencia con que manejara su fuerza, se dejó convencer para dar a las tropas unas horas de sueño y ponerse en marcha de madrugada. Ese fue un error, empeorado por el hecho de que, pudiendo ahora cenar tranquilamente, y dando rienda suelta a su colosal apetito, hizo una cena tan desmesurada que dirigiría la batalla del día siguiente en pleno empacho.

Dada la orden de salida resultó que, (como podía haberse anticipado dadas las pobres performances de marcha diurna que acababa de demostrar aquel mismo ejército), los retrasos se acumularon sobre los retrasos. Ya los preparativos de marcha en la oscuridad fueron mortalmente lentos. Después resultó que el Brigadier Daniel Tyler, cuya 1ª División encabezaba el avance de Centreville al puente de piedra del Bull Run, había dictado instrucciones de marcha particularmente estúpidas, y sus brigadas avanzaban a velocidades de caracol, retrasando toda la columna. Para cuando se alcanzó el puente, y las tropas de Tyler se hicieron a un lado, dejando tomar más velocidad al resto, la cabeza llevaba casi tres horas de retraso, ¡en sólo cuatro kilómetros recorridos!

Luego apenas se perdió más tiempo, y el retraso final sería de sólo tres horas, pese a que los caminos eran mucho peores más allá del cruce que llevaba al puente. Pero con todo la cabeza de la 2ª División de David Hunter, que tenía que haber cruzado el Sudley’s Ford a las seis de la madrugada, justo antes de que el alba lo iluminara, lo hizo a las 9, a pleno sol de un día de bochorno y cielo azul.

La mañana del 21 de Julio

Mientras, el “30 libras” de la batería del Teniente Edwards había iniciado el bombardeo a las 06:00, mientras Tyler intentaba parecer amenazador, desplegando la Brigada de Robert Cummings Schenk hacia el puente, mientras la de William Tecumseh Sherman lo hacía río arriba, a su derecha, y la de Erasmus Darwin Keyes más a retaguardia. Y algún tiempo después se unían a su fuego las baterías de la 5ª División de Dixon Miles, que tenía desplegadas ante los vados las brigadas de Israel Bush Richardson y Thomas Alfred Davies, y la brigada centroeuropea de Louis (Ludwig) Blenker atrincherada en Centreville.

En la zona aparentemente amenazada se encontraba, ante el puente, el extremo de la línea sudista representado por la 7ª Brigada de Beauregard, (la más pequeña de todas las presentes de ambos bandos), mandada por el Coronel Nathan George Evans, que enlazaba por su izquierda con la 5ª del mismo mando, bajo el Coronel Philip Saint George Cocke, situada ante los vados de Balls Ford e Islandes Ford. Ambas unidades sumaban menos de 4.500 hombres, sobre los que convergían 9.000 largos de Tyler más otros 16.000 de Hunter y Heintzelman, que aparecerían pronto en su flanco. Beauregard, que había recibido noticias de la actitud de los unionistas en el Oeste del frente, dio orden de diferir su propio ataque. (Aunque quizá más que por tales noticias, porque no lograba contacto con los mandos de Theophilus Holmes y Richard Ewell, que habían de cruzar el Bull Run por Unión Mills Ford, cerca de Camp Pickens, y cuya aportación al plan era imprescindible).

Mientras, el Capitán confederado Edward Porter Alexander, primer discípulo del cirujano militar Alfred J. Myer , que había creado el sistema de señales de banderas terrestres “Wig-Wag”, estaba intentando dar forma a un Cuerpo de Señales confederado y hacía pruebas en el 1º Cuerpo o “Ejército del Potomac” de Beauregard, habiendo construido una torre de señales de madera. Y, a las 9 de la mañana, mirando mecánicamente hacia el Oeste, le llamaron la atención reflejos en Sudley’s Ford. Un rápido exámen con telescopio reveló columnas en marcha, nubes de polvo y brillo de bayonetas. Y de inmediato envió sendas notas, a Beauregard y a Nathan Evans, jefe de la brigada más próxima, advirtiendo que el enemigo estaba realizando una penetración masiva por Sudley’s Ford.

Sudley’s Ford

Nueve veces de diez éste aviso habría sido inútil. El mando hubiera deseado confirmar una información tan “rara”, (y no había tiempo para ello), y nadie hubiese confiado demasiado en un capitancito, jefe de un servicio nuevo y estrambótico. De hecho, Johnston y Beauregard tardaron un tiempo que hubiese tenido que resultar suicida en reaccionar al informe. Pero, por fortuna para la Confederación, Porter cogió a Nathan Evans en uno de sus días más inspirados.

Evans era un surcarolino de 37 años, con chata cara de bulldog y tronco de barril. Soldado de oficio, se le tachaba de poco disciplinado, bebía como una esponja, (aquel día lo seguiría en la lucha un ordenanza con un barrilito de whisky, por si le apetecía remojar el gaznate), y se le consideraba el segundo más notable blasfemo de todo el Ejército Provisional, sólo cediendo en contundencia y calidad de sus juramentos ante su colega de la 5ª Brigada, el virginiano Jubal Anderson Early.

Nathan Evans, CSA

Pues bien, a Evans le estaba calentando los cascos la torpe parodia de agresividad de la Brigada del unionista Schenk, al otro lado del puente, y llevaba largo rato preguntándose irritado, donde iría a producirse el verdadero ataque. Y en cuanto recibió la nota de Alexander, vio lo que debía de hacer como si el mismo Dios le hubiese hablado al oído.

Sin órdenes para ello, y aceptando unos riesgos tácticos y profesionales realmente aterradores, partió del principio de que aquéllos payasos que desfilaban ante el puente no iban a intentar asaltarlo, y dejó éste cubierto, ¡ante una división entera! con menos de 200 hombres. (Dos compañías del 4º de South Carolina y la compañía montada de los “Terry’s Texas Rangers”, única unidad tejana de todo el Ejército Confederado en aquella jornada, mandadas por el Capitán William Richard Terry). Y llevó de inmediato el resto de su Brigada, (menos de 1.000 hombres, y dos piezas de 6 libras), a cortar el paso a los unionistas que estaban cruzando Sudley Ford, tomando posiciones en la colina llamada Matthew’s Hill, que dominaba el vado por el que avanzaba el enemigo.

Contaba con el batallón de los Wheats Tigers, el grueso del 4º de South Carolina del Coronel J. B. E. Sloan y los 6 libras, a cargo del Teniente George S. Davidson. Los surcarolinos iban bastante bien uniformados, con pantalón y chaqueta grises y sombreros de alas negros. Y los zuavos del Mayor Robardeau Wheat, aventurero y soldado de fortuna virginiano, que había servido en efecto con los zuavos franceses, ¡y con los garibaldinos en Italia!, tenían un aspecto asombroso, aunque mal calificable. El batallón, reclutado en Louisiana y con una muy alta proporción de fusileros armados con rifles Mississippi, lucía polainas blancas, unos amplios pantalones tipo saroueis, blancos con anchas rayas verticales azul oscuro, camisas rojas estilo garibaldino, (también tenían una chaquetilla azul, pero no la usaron en aquel día caluroso), y en la cabeza feces rojos, o a veces sombreros de paja de ala ancha, de los que por entonces gastaban a menudo los marinos en climas cálidos.

Wheats Tigers de Louisiana

En aquel día en que iban a prodigarse las descargas prematuras, los disparos altos y otras formas de fuego errático, Evans mantuvo a sus hombres a cubierto y no les dejó tirar hasta que “se viera el blanco del ojo del enemigo”. Así, su primera descarga fue asesina y, ante el desconcierto de los unionistas, toda la fase inicial de su fuego resultó eficacísima. La vanguardia norteña estaba compuesta por la Brigada de Ambrose Everett Burnside, reforzada por las tropas del U.S. Army y marchaba en primera fila el 2º de Rhode Island del Coronel John S. Slocum.

A la primera descarga cayó toda una fila de hombres, incluyendo al abanderado del Regimiento, y la impetuosa enfermera Kady Brownell, (inglesa de nacimiento e hija de suboficial británico, casada con un suboficial del 2º de Rhode Island), saltó a la fama a los 20 años, enarbolando la bandera y portándola todo el resto de la batalla. Un momento después caía muerto el propio Coronel Slocum, (que sería relevado por el Teniente Coronel Frank Weathon, más tarde, general). Y cuando el jefe de Brigada Coronel Burnside, y el de División, Brigadier Hunter, se adelantaron a caballo para intentar reorganizar la baqueteada vanguardia, fueron a su vez recibidos calurosamente por los tiradores enemigos. (En esto serían de seguro instrumentales, los rifles de los zuavos).

Kady Brownell

Así, Burnside sufrió una grave caída y quedó conmocionado al ser muerto el caballo que llevaba entre sus piernas, y Hunter, un hombre elegante y algo presumido, que cumplía aquel día 50 años y llevaba 30 sirviendo en el Ejército sin haber presenciado un solo combate, recibió como regalo de cumpleaños un doloroso balazo en la mandíbula, que puso su vida en peligro y dejaría dolores y secuelas para el resto de sus días. Al caer, Hunter pasó el mando al conmocionado Burnside, lo que enseguida dio lugar a una escena tan inconveniente como poco edificante cuando, en pleno combate el Coronel de la Brigada, Andrew Porter, armó la gran tremolina para que Burnside le pasara a su vez el mando de la división a él, (y de inmediato), como Coronel más antiguo. Así lo hizo Burnside pero, entre tantos acontecimientos, los minutos iban pasando sin que nadie alcanzara a poner orden en su brigada.

Sus restantes regimientos habían ido llegando: eran el 1º de Rhode Island, mandado por el Mayor Balen al haber sido elevado Burnside al mando de la Brigada, el 2º de New Hampshire del Coronel Gilbert Marston, con sus extraños uniformes grises con “cola de frac”, y el 71º de la Milicia de New York del Coronel H. P. Martín, que era un regimiento muy “pijo”, y “confesionalmente” Know Knothing por el lado aislacionista, vistiendo levita larga azul oscuro, con cuello y bocamangas en punta del mismo azul claro que el pantalón y un chacó de tela armada, que lucían. Esto permitía por lo pronto a la brigada alinear 8 piezas artilleras contra las 2 de los confederados, pues el 2º de Rhode Island poseía una batería propia, con 6 “cañones rayados de 13 libras”, (seguramente cañones rayados de avancarga franceses), y el elegante 71º dos pequeños obuses Dahlgren de 12 libras, diseñados para su uso en lanchas cañoneras, pero en este caso montados en cureñas ligeras de campaña.

Entre estas ventajas de fuego y su considerable superioridad numérica, la brigada unionista debía haberse podido imponer a la débil línea defensiva de Nathan Evans. Pero éste, aún inspirado, evitó su reorganización lanzando al ataque a los Wheat’s Tigers. Estos (menos de 500 hombres), no hubiesen debido crear demasiado problema pero, atacando con gran furia, y personalmente dirigidos por el Mayor Robardeau Wheat, (un tipo impresionante, de metro noventa y más de 120 kilos de peso), desestabilizaron una y otra vez el despliegue de los hombres de Burnside, intentaron porfiadamente llegar al cuerpo a cuerpo y, con un certero fuego de rifles, hicieron mucho daño a sus desconcertados enemigos.

Así el Coronel Marston, de los de New Hampshire, que mientas duraba la disputa sobre el mando de la División se había puesto a reorganizar la confusa vanguardia de la brigada, fue empujado fuera de tal labor por una bala de rifle que lo envió, bastante malparado, a los carros de los heridos. Con todo, fueron en especial los soldados de Rhode Island los que acabaron haciendo fracasar los asaltos de los “Tigres”. Y ello probablemente porque, por cortesía del Gobernador Sprague, cada soldado de Rhode Island llevaba, además de su arma larga, un revólver Colt Army 1860, del 44 al cinto. Y estos “seis tiros” de último modelo resultaban, al inicio del asalto, mucho más mortíferos que las bayonetas y los grandes cuchillos “Bowie” de los “Tigres”.

Finalmente la furia de los “Tigres” se apagó cuando el propio Robardeau Wheat cayó derribado por una bala que, alcanzándole cuando tenía el brazo alzado, atravesó su pulmón y vino a salir por la espalda, junto a la espina dorsal. (El cirujano lo consideró muerto, pero el testarudo Wheat le informó de que tenía intención de reponerse, y lo acabaría logrando). Y ese recular de los Tigres, ya muy debilitados por las bajas, vino a coincidir con la entrada en acción de los batallones de Infantería e Infantería de Marina y de la brigada del Coronel Andrew Porter que incluía 4 Parrot de 10 libras y 2 Obuses, de la Batería D del 5º de Artillería (Capitán Charles Griffin) y los regimientos 14º “Zuavos de Brooklyn” y 27º de los Voluntarios de New York, más el 8º de su Milicia (que usaba un sencillo uniforme gris, parecido al del 7º de la misma).

El 27º, que venía algo avanzado, realizó una muy bien ejecutada maniobra de flanqueo bajo la dirección de su Coronel Henry Warner Slocum, ex-soldado y ahora importante hombre de negocios de la city neoyorquina. Y, por un momento pareció que, al fin, había llegado la hora de que la minúscula y ya muy baqueteada fuerza de cobertura de Nathan George Evans fuese aniquilada.

Sólo que para entonces el combate, iniciado a las 09:30 AM, llevaba más de una hora rugiendo, y las descargas de fusilería y el continuo disparo del cañón habían dado la alarma a todo el frente sureño. Beauregard y Johnston era ahora conscientes de donde se encontraba el peligro, y habían enviado hacia Matthew’s Hill las dos brigadas del 2º Cuerpo llegadas la víspera, y mandadas por Barnard Bee y Francis Bartow. Precisamente, mientras el regimiento unionista de Slocum trataba de desbordar a los confederados por su izquierda, (el flanco Sur), el primer regimiento de la Brigada de Bee, el 4º de Alabama del Coronel Jones, que se había adelantado, iba a ampliar la línea de Nathan Evans por el lado opuesto.

Así y cuando el 27º de New York parecía destinado a completar su maniobra, los dos regimientos que componían la Brigada confederada de Francis Bartow, los 7º y 8º de Georgia de los Coroneles Lucius Jeremiah Gartrell y William Montgomery Gardner, aparecieron en lo alto de la siguiente línea de cotas. Y un momento después lanzaron sobre él un espectacular ataque cuesta abajo, que lo rompió, mientras Henry Slocum se hacía herir gravemente al dirigir la resistencia de sus neoyorquinos.

Henry Warner Slocum sobreviviría a sus heridas, siendo en tanto sustituido en el mando del 27º de New York, ya en retirada, por el Teniente Coronel Joseph Jackson Bartiett que, como él mismo, alcanzaría el generalato en las fuerzas unionistas.

Mientras, la Brigada confederada de Bartow y el mando y el resto de la de Barnard Bee, con los regimientos 6º de North Carolina y 2º y 11º de Mississippi, llegaban a Matthew’s Hill y fortalecían su defensa, de la que como oficial de mayor grado tomó el mando Barnard Elliot Bee. Frente a ellos, comenzaba a afluir la cabeza de la columna de la 3ª División unionista con la que llegaban el jefe de la misma, Brigadier Samuel Peter Heintzelman y el del propio Ejército, Irvin McDowell.

McDowell estaba irritado porque no se hubiera logrado hacer saltar el tapón confederado de Matthew’s Hill, y se dispuso a organizar un nuevo ataque, en el que a las fuerzas ya en presencia de la 2ª División, ahora mandada por el Coronel Andrew Porter, se agregaría la Brigada de cabeza de la 3ª. Esta estaba bajo el mando del Coronel William Buel Franklin, y aunque sólo alineaba tres regimientos, (los 4º y 5º de Massachusetts y el 1º de Minnesota), aportaba también otra batería, la I del 1º de Artillería del Capitán James Brewerton Ricketts, con 6 Parrot de 10 libras más. Con ello ya eran veinte las bocas de fuego artilleras acumuladas frente a la posición confederada y sólo quedaba por intervenir una de las baterías unionistas que habían cruzado el río. El Mayor de Artillería William Farquhar Barry, al mando de éste grupo de baterías de vanguardia, había llegado por supuesto con McDowell, dispuesto a coordinar el fuego de sus baterías, y el asalto se prometía muy duro.

Pero al fin no llegaría a darse, al intervenir un factor no esperado. Ocurría que junto al puente de piedra, donde la Brigada unionista de Robert Schenk continuaba su deslucida representación ante los ojos de los 200 hombres que Evans había dejado atrás, el Coronel Sherman, que mandaba la brigada situada cerca del río, aguas arriba, distraía su aburrimiento examinando el terreno con sus prismáticos. Y a través de ellos había visto, más de media hora antes, cómo una vedette, (o centinela montado), de los Terry’s Texas Rangers surgía de los árboles al Norte del río, que sin duda había cruzado para examinar más a sus anchas a los unionistas, y recruzaba el río de vuelta a sus líneas sin hacer nadar el caballo y sin mojar mucho más que sus cascos.

Sherman comprendió de inmediato que allí había, aguas arriba del puente, un vado de estiaje no cartografiado. Y de inmediato y sin pedir permiso al Brigadier Tyler, (que era muy capaz de negárselo), hizo que sus hombres formaran en columnas de marcha y cruzasen el Bull Run por aquel vado anónimo. Fue el primer destello de originalidad de un mando unionista en toda la campaña.

Puente de piedra tras la batalla

Sherman ardía en deseos de alejarse de allí, temiendo que Daniel Tyler lo hiciera alcanzar por una orden de regreso, y no convirtió su columna hacia el Este, para atrapar a los escasos defensores del puente y poner éste a disposición de la 1ª División. En cambio dio orden de marchar a toda velocidad hacia el retumbar del cañón que venía de Matthew’s Hill. Y como, en vez de dar una interminable vuelta siguiendo el curso del río; podía marchar prácticamente en línea recta, en media hora estuvo allí. Es más objetable que, en vez de intentar cortar la retirada a los defensores de aquella cota o, advirtiendo a McDowell, lanzar desde atrás un ataque conjunto con los de sus camaradas llegados por Sudley Ford, se limitó a atacar al regimiento situado en el extremo derecho, (o Norte), de la línea confederada de defensa.

Parece que la causa principal era que quería moverse muy a la vista de los suyos, para ser fácilmente identificable en cada momento y no servir de blanco para la Artillería propia. No le faltaban razones para temer esto último pues, disponiendo de los regimientos 2º de Wisconsin, 13º de Voluntarios de New York y 69º y 79º de la Milicia de New York, los dos primeros usaban uniformes grises, el último sólo mostraba tartán y los irlandeses del 69º, únicos con uniforme azul, se habían quitado las guerreras en aquélla jornada calurosa.

En todo caso y con un feroz fuego sobre la marcha, principalmente a cargo de los irlandeses del Coronel Michael Corcoran, la brigada de Sherman hizo colapsar rápidamente al 4º de Alabama, cuyo Coronel Jones resultó muerto a las primeras descargas, cayendo muertos o heridos tras él el segundo jefe y la mitad de los jefes de compañía. El rápido hundimiento del 4º de Alabama, cuyos supervivientes huyeron, (a la tarde, parte de ellos serían agrupados en una fuerza de combate bajo el Teniente Coronel States Rights Gist), provocó un resquebrajamiento en las defensas de la colina, justo cuando McDowell iba a iniciar su nuevo asalto sobre ella, y de muy buen acuerdo, Barnard Bee ordenó la retirada general.

Y así dejamos la Batalla de Manassas o de Bull Run hacia mediodía del 21 de Julio de 1861, cuando los confederados retrocedían por el llano entre Matthew’s Hill y la siguiente línea de cotas presidida como masa principal por la colina llamada Henry Hill.

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