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Capítulo X: De Falling Waters A Carrick’s Ford

Robert Patterson disponía de algo más de 18.000 hombres, casi 20.000, frente a poco más de 15.000 hombres de Joseph Eggleston Johnston. Pero la intensa actividad del enemigo, unida a su falta de caballería que le sirviera de “ojos” a su Ejército, le habían engañado, haciéndole pensar que el confederado al menos le igualaba en fuerzas. De todas formas y a la vista de la retirada de los confederados de Harpe’s Ferry, había acabado por ocupar aquélla posición. Y después, al constatar como ya había hecho Johnston que por sí sola era escasamente defendible, decidió hacer cruzar al Sur del Potomac el grueso de su fuerza.

La caballería de J.E.B. Stuart, que vigilaba minuciosamente al enemigo, observó como éste se ponía en marcha, y tomaba la dirección del vado llamado Falling Waters, enviando de inmediato aviso al puesto avanzado del Coronel Thomas Jackson. Este y Johnston ya habían acordado que debía investigarse la posibilidad de contener a Patterson con fuerzas ligeras, adoptando la decisión de que el Coronel se encargara de ello a la menor oportunidad, reforzado con la caballería de Stuart, que había de agregársele. Y en cuanto tuvo noticia de la marcha de Patterson procedió a dar aviso a Stuart para que concentrase su fuerza junto a sus infantes y para no perder un minuto, se puso en marcha con la tropa que teñía a mano: 380 hombres y un cañón de 6 libras.

El resultado fue que para cuando, horas después, la brigada de cabeza de Patterson, mandada por el veterano Coronel de activo John Joseph Abercrombie, de 63 años y ex comandante del 7º de Infantería, enfiló el vado, la tropa de Jackson la estaba esperando al otro lado, bien protegida en la linde de un bosque y en una posición que dominaba totalmente la salida del vado de Falling Waters. El primer regimiento que intentó cruzar, entorpecido por el agua fría y rápida y la cuesta embarrada por la que había de trepar al otro lado, se vio rechazado por el cañón y las descargas de mosquetería. Y pronto se vio que ésta iba a ser la tónica de la acción, pues todos los intentos de Abercrombie de desalojar al enemigo, (entorpecidos por el hecho de que el vado sólo dejaba pasar un regimiento a la vez), acabaron de la misma forma. Hasta el fuego de la artillería resultaba casi inútil, pues la espesura del bosque absorbía casi todos los impactos, con escaso daño para los rebeldes.

Al tiempo, la caballería de Stuart fue uniéndose a la fiesta, y Jackson adoptó las últimas medidas. Las unidades montadas más bisoñas quedarían en reserva para cargar sobre una posible penetración, el grueso de los escasos jinetes equipados con mosquetes se agregarían a su infantería, para dar más consistencia al fuego hasta que llegara el resto de sus compañías, y el resto, casi todos “raiders” experimentados en las continuas escaramuzas típicas de aquel frente, se dedicarían a vigilar toda actividad unionista, a hacer fintas en los flancos de sus columnas y, en general, a cegar y desconcertar al enemigo.

Stuart disponía aún de sólo unos 300 hombres pues, si bien estaba continuamente agregando reclutas a su fuerza y creando nuevas compañías, su tropa llevaba el peso de las escaramuzas en el Shenandoah, el Potomac y South Branch, y había sufrido su cuota de bajas. De manera que Jackson no iba a disponer en ningún momento de ni siquiera 1.000 hombres. Pero estaba manteniendo embotellada a la brigada de Abercrombie, (de más de 4.000), y tras ella a toda la fuerza enemiga, con sorprendente facilidad, hora tras hora.

La situación la solucionó al fin la brigada que seguía a la de Abercrombie mandada por el Coronel de activo George Henry Thomas, de 45 años, que había sido antes de la guerra Teniente Coronel del 2º de Caballería y luego su Coronel por unas semanas, en Mayo-Junio. Este hombre, (un gigante alto y corpulento, con una pequeña barba rubia muy recortada), procedió por su cuenta a buscar un nuevo punto de paso e iniciar el cruce con la clara intención de cortar la retirada a Jackson. Pero el confederado, advertido por su caballería, evitó su acción replegándose con rapidez y sigilo, justo cuando iba a caer la noche.

George Henry Thomas, USA

El mando de Patterson, temiendo que sus bisoños soldados se dispersasen en las sombras, aguardó al amanecer del 3 de Julio para reanudar la marcha, de nuevo con la brigada de Abercrombie en cabeza. Y casi de inmediato se encontraría con otro bloqueo, organizado por Jackson en un cuello de botella natural del terreno, donde la unidad del viejo Coronel iba a quedar tan brutalmente contenida como la víspera en el vado. Y de nuevo tuvo que ser el Coronel Thomas quien acudiera al rescate, tratando de flanquear a los confederados entre grandes dificultades, creadas tanto por el terreno, (difícil de por sí, muy cerrado de bosques y altísimas vallas, típicas de la región, y desconocido), como por la creciente actividad de la caballería enemiga, cada vez más osada.

Sucedió así que en una ocasión, unos cuarenta soldados pennsylvanos que descansaban junto a una valla, vieron aparecer ante ellos un Coronel desconocido que, muy apresurado, les ordenó derribar al momento la valla. Dejando sus fusiles, lo hicieron, y al caer, la valla rebeló tras de sí toda una compañía de jinetes confederados que les apuntaban, haciéndoles prisioneros sin resistencia. (El Coronel no era otro que el propio Stuart que, como muchos oficiales rebeldes de aquellos días, seguía llevando su viejo uniforme, e insignias unionistas).

A Thomas le costó todo el día ir tomando una posición adecuada, y a la noche Jackson desapareció de nuevo. Pero esta vez se retiraba de verdad y aunque al amanecer algunos disparos hicieron creer a los unionistas que el enemigo estaba aún en la zona, retrasando su “puesta en marcha”, sólo se trataba de los últimos piquetes montados dejados atrás por Stuart, que pronto se alejaron a su vez hacia el Sur.

Johnston se quedó satisfecho con el resultado de ésta prueba, que sería conocida como “Batalla de Falling Waters”, “de Hoke’s Run” “de Martinsburg” o “de Haynes Ville”, (lugarejos próximos). Y el confederado decidió que su plan de contener a Patterson con fuerzas ligeras, y concentrar lo mejor de su Cuerpo con el de Beauregard en Manassas cuando fuese preciso, era totalmente factible. Se realizaron consultas con Richmond y el mando de Beauregard, y finalmente se instruyó a éste para que en ningún caso tratara de presentar batalla al unionista Irvin McDowell lejos de Manassas. Beauregard por su parte se mostró conforme, indicando que sus planes previos ya incluían el usar como primera línea de defensa el cauce del pequeño río Bull Run, en la zona del apeadero.

No se sabe demasiado sobre las bajas de la Batalla de Falling Waters, que transcurrió como hemos visto en los días 2 y 3 de Julio de 1861. Parece que las de los confederados ascendieron a 31 muertos y 50 heridos, según una estadística de la Unión. Pero es inadmisible la cifra de 8 muertos y 15 heridos que la misma estadística da para las bajas de la Unión que, según todos los relatos del combate, hubieron de ser bastante superiores a las confederadas. (Además, todos los relatos de la época coinciden en mostrar que Falling Waters fue considerado un asunto poco brillante por los unionistas, y una clara victoria defensiva por los confederados; y eso sin olvidar que no hace ninguna referencia a los prisioneros unionistas, que sabemos que se dieron).

La infantería de Thomas Jonathan Jackson, bisoña pero férreamente entrenada por su Coronel, se había portado admirablemente tanto en el combate como en las marchas, y Jackson fue ascendido a Brigadier y nombrado para organizar una brigada virginiana en el mando de Johnston. La Caballería de James Ewell Brown Stuart, (pronto llamado familiarmente “JEB” Stuart), también había actuado en forma excelente, aunque con episodios locales de bisoñez en sus compañías más recientes. (Así, una de las reservadas para el contraataque, formada en la costa con jóvenes de buena familia y que habían tenido la ocurrencia de llevarse al frente sus “pura sangres” fue traicionada por el carácter nervioso de éstos y, aunque no llegara a entrar en combate, tuvo varias bajas porque los caballos, enloquecidos por el estruendo del cañón, se pasaron los dos días mordiendo y coceando, encabritándose y hasta desbocándose y organizando repentinas estampidas. Conclusión: nunca lleves un “pura sangre” a la guerra).

Así y todo, Stuart recibió el despacho de Coronel, y su tropa pasó a ser el 1º de Caballería de Virginia. Se le motejaría popularmente “Black Horse” (Caballería Negra), porque, con tanto raid nocturno, Stuart había estado esforzándose en que sus jinetes montaran caballos que se confundiesen fácilmente con las sombras, negros y castaños y alazanes muy oscuros. Más tarde, la magia del nombre prevalecería y, en sus épocas de mayor gloria, (de fines de año a bien entrado 1863), el regimiento montaría a menudo casi exclusivamente caballos negros o castaños seminegros. Pues tal es el poder de la palabra.

Poca acción más se produciría ya en el frente principal de Virginia hasta la gran ofensiva de Irvin McDowell. Tan sólo una escaramuza en Great Falls, en la que el 8º de New York logró cierta ventaja sobre los confederados, dando muerte a más de diez por dos muertos propios, el 7 de Julio. Y en las Hampton Roads, el 5, fue en cambio el 9º de New York el que salió peor parado de un breve choque con las patrullas de Magruder, cerca de Newport News, sufriendo 6 bajas por 3 enemigas.

Pero, como si la acción de Falling Waters hubiese sido una señal, frente tras frente iban entrando en actividad aquel mes de Julio. En el Suroeste de Missouri, Franz Sigel tuvo noticia en Neosho, donde había dado a sus hombres un par de días de descanso, de que la agrupación del enemigo se estaba reorganizando en la no tan lejana Carthage. De inmediato salió para allá, deteniéndose en la tarde del 4 y realizando una marcha nocturna durante la segunda parte de la noche siguiente. Pretendía alcanzar Carthage pronto por la mañana del 5 de Julio, con la esperanza de llegar demasiado temprano para que los jinetes enemigos dieran aviso.

Y al aproximarse al puente por el que la carretera de Neosho alcanzaba Carthage, lo encontró defendido por unos 1.600 enemigos. Comenzaba así la “Batalla de Carthage” Infantería y caballería apoyadas por una batería de 4 piezas de 6 libras, idéntica a la del Capitán Backof que le acompañaba. Su fuerza estaba entretanto ya reducida a 1.100 hombres, por las enfermedades y las penalidades de las grandes marchas, (agotamiento, pies llagados, etc.). Sin embargo no dudó en aceptar el combate aunque, tratando de hacerlo más económico, alineó a sus hombres a casi 300 pasos del enemigo, justo al límite de alcance de sus fusiles y fuera del de las armas rebeldes, mientras sus cañones emprendían un duelo con la artillería enemiga.

Trataba así de provocar a los State Guards para que le atacasen, seguro de poderlos rechazar. Pero aquéllos no aceptaron el reto y prefirieron adelantar grupos de tiradores equipados con rifles de Kentucky, pese a que, poco numerosos y con un armamento más impreciso y de ritmo de tiro mucho más lento que el de los hombres de Sigel, sufrían pérdidas desproporcionadamente altas.

El combate se prolongó hora tras hora en la misma tónica, con los hombres de Sigel no haciendo más bajas por ahorrar munición, hasta que, hacia las dos de la tarde los cañones del Capitán Backof, que, mucho mejor manejados, habían estado desmontando una por una las piezas enemigas, pusieron fuera de combate la última. Entonces Sigel decidió llegado el momento de emplearse más a fondo y formando a su gente en columnas de ataque, se dispuso a cargar contra el puente.

La infantería secesionista había quedado claramente desalentada por el resultado del largo paqueo, y tendía a fluir, apartándose del puente en disputa. Pero la caballería, hasta entonces en reserva y al parecer más motivada, ensilló y dando un largo rodeo para mantenerse lejos de las bocas de los peligrosos rifles-mosquete de Sigel, intentó atacar la veintena de carros de su tren de equipaje, sin duda para obligarle a hacer un complicado cambio de posiciones, y demorar largo tiempo el ataque al puente.

Sigel se limitó sin embargo a hacer frente hacia atrás con sus unidades más retrasadas y 2 de sus 4 cañones, que giraron 180 grados. Y, protegidos por el fuego de unos y otros los carros, casi sin pérdidas, avanzaron hasta integrarse en las columnas de ataque, que a continuación reiniciaron el asalto. La infantería retrocedió a ambos lados, pero la caballería regresó al galope, tratando de oponer una muralla de carne en el mismo puente. Lo que no fue una buena idea pues, siendo la carne perecedera, una descarga simultánea de metralla de las cuatro piezas de Backof bastó para dejar el puente lleno de hombres mutilados y caballos reventados, haciendo retirarse al resto.

Entonces, la tropa de Sigel pasó ordenadamente el puente y penetró en Carthage sin encontrar más resistencia. Pero pronto pudo observar el alemán que algo no “marchaba” debidamente. En efecto el enemigo, lejos de retirarse, volvía a ocupar el puente, y nuevos y crecientes contingentes secesionistas aparecían en el campo en torno a Carthage, lo que le hizo temer que Sterling Price se hubiese ya unido al Gobernador, y su tropa se hubiera metido en un buen lío.

En realidad, eso era lo que había ocurrido, y las tropas que había combatido en el puente eran precisamente las de Rains y Marmaduke, llegadas con Claiborne Jackson. Pero no había, habido una trampa intencionada, y sus contrincantes habían estado tratando de entretenerle para que Sterling Price, con el grueso de la fuerza, le atacase por retaguardia o el flanco. Lo que no quitaba para que ahora sí se encontrase metido en un serio atolladero.

En efecto, su pequeña fuerza se encontraba entre una concentración enemiga que le cuadruplicaba en número y que ahora, con sus contingentes a la vista unos de otros, no tendría tantos problemas para converger contra él si realizaba una salida. Y si, dado su superior armamento, era difícil que los secesionistas lo atacaran en Carthage en lo que quedaba de tarde, cabían pocas dudas que, cuando las sombras de la noche nulificasen en buena parte la tan citada superioridad el enemigo caería en masa sobre él para aplastarlo con su gran número.

Sigel no perdió sin embargo la calma y, observando que el enemigo concentraba sus fuerzas hacia el terreno más abierto de la carretera de Neosho por la que había venido, (y por donde era lógico que intentara irse, al prestarse más al aprovechamiento de las características de sus armas), y mucho menos hacia la de Mount Vernon, en dirección opuesta pero que a poca distancia se perdía en un bosque, que impediría aprovechar el alcance de sus fusiles rayados y nulificaría el fuego de sus cañones, decidió permanecer aún unas horas en Carthage, haciendo descansar a sus tropas. (Lo que dio a sus enemigos la impresión de que iba a intentar defenderse en la misma Carthage).

Pero no era esa su intención. Al contrario y ya comenzando a atardecer, con sus hombres más frescos tras de un descanso que bien necesitaban después de doce horas largas de marcha y combate, salió de la ciudad a marchas forzadas en dirección a Mount Vernon. Los sorprendidos secesionistas, que tenían el grueso de su fuerza al otro lado de Carthage, acudieron de inmediato, pero sólo para encontrar que, con un par de feroces choques a media luz, el unionista había roto su cobertura y penetrado en el bosque, por el que se alejaba en una marcha forzada nocturna de corte clásico.

Y fue entonces cuando hubieron de admitir que les había burlado pues, si malamente se hubieran atrevido a enviar sus bisoños soldados a un combate nocturno sobre un objetivo estático, como Carthage, en absoluto osaban hacerlo para un combate nocturno en movimiento, y en un escenario tan desorientador como el bosque. Para el amanecer del 6, Sigel les había tomado una ventaja considerable, pero continuó marchando al mismo ritmo hasta reunirse, a mediodía y en Mount Vernon, con una fuerza que Thomas Sweeny, advertido aquella mañana por un mensajero, había enviado allí a esperar a la brigada alemana. Como la anterior tarascada de Sigel contra Neosho había desalentado mucho a sus partidarios, los secesionistas, aprovechando que Sigel había abandonado el campo de batalla, llamaron a aquella “Batalla de Carthage”, o de “Dry Forks”, una victoria de sus armas. Pero lo cierto es que también los unionistas la consideraron una victoria, y quizá con más motivo; al fin, la brigada de Franz Sigel se había metido en una trampa, en el centro de una fuerza enemiga aplastantemente superior, y sin embargo se había abierto paso para escapar, atravesándola de un lado al otro como un cuchillo corta manteca, y sufriendo muchas menos bajas: (las de Sigel habían sido unas 50, con 13 muertos, y las secesionistas 200, con 50 muertos, 125 heridos y 25 prisioneros, aproximadamente).

En lo que Carthage si marcó una diferencia fue en que en adelante, y por una decena de días, Sigel y Sweeny hubieron de mantenerse a la defensiva ante la considerable concentración alcanzada por sus enemigos. Después, el 16 de Julio Nathaniel Lyon, que había llegado con refuerzos a unirse a Sturgis ante el río Osage, cruzó éste por puentes provisionales y se presentó en Springfield, dando un nuevo giro a la situación, que obligó a los rebeldes a retroceder.

Mientras, grupos guerrilleros habían comenzado a actuar en la retaguardia unionista. Y al Norte, más allá del río Missouri, la fuerza rebelde de Martin Green se mostraba cada vez más activa. Se dieron así una escaramuza en Floride el 9, y una batalla de cierta intensidad en Monroe Station el 10, en el que los regimientos 3º de Indiana y 16º de Illinois, y la Home Guard de Hannibal, causaron su primera derrota a Green, infringiéndole 4 muertos y 20 heridos, y tomándole 75 prisioneros, por sólo 3 muertos y una docena larga de heridos propios. También al Norte del Missouri, el día 16 de Julio, el 8º de Missouri, (en formación), libraría una escaramuza en Wenzville que iba a costar siete muertos a cada bando, mientras al Sur la suerte sería en general adversa a los unionistas en dos escaramuzas libradas el día 17 en Fulton y Martinsburg, y el 19 fuerzas de la Home Guard libraban otras dos, poco conclusivas, en Harrisonville y Parkersville.

John C. Fremont, USA

A la vez el ahora Mayor General John Charles Frémont, de regreso de Europa, había sido recibido el 2 de Julio por el Presidente Lincoln, el cual le confió el mando de Saint Louis, (Lyon lo ejercía sólo a titulo provisional, y no era además muy compatible con su mando de tropas de campaña más allá del río Osage), que suponía el de las tropas de Illinois y los Estados al Oeste del Mississippi. Y ya mientras se trasladaba a Saint Louis, a donde llegaría el 23, el 19 envió orden de crear un mando independiente de operaciones para la orilla Norte del Missouri, bajo la jefatura del nuevo Brigadier de Voluntarios John Pope, miembro de la escala activa de Ingeniería Topográfica Militar, que se suponía la élite de los Ingenieros del Ejército, de 38 años. Por otra parte, los unionistas que dominaban ahora el Legislativo de Missouri, tras la fuga de Jackson, reunieron una Convención y nombraron como Gobernador (unionista) a Hamilton R. Gamble, que se apresuró a desautorizar totalmente lo establecido por Claiborne Jackson, mientras aquél, desde un Legislativo secesionista establecido en Neosho, lo desautorizaba a él y al Legislativo de Jefferson City.

John Pope, USA

Más al Oeste, en la Virginia de más allá del Alleghany, George Brinton McClelland trataba de iniciar sus operaciones con una aproximación a la base confederada de Beverly que se pretendía lo más cautelosa posible. Sin embargo la fuerza empleada era muy importante, y dividida en tres columnas. La primera, mandada por Thomas A. Morris, incluía sus clásicos 6º, 7º y 9º de Indiana y 9º, 14º y 16º de Ohio y el 1º de West Virginia, mandado ahora por el Coronel Henry Capehart, y contaba con más de 5.000 hombres. La segunda, bajo el mando del Coronel William Rosencrans, alineaba los 8º, 10º y 13º de Indiana y el 19º de Ohio, con casi 3.500. Y la tercera, una decena más de regimientos con más de 7.000 soldados, iba mandado directamente por el propio Mayor General McClelland.

Por contra, el movimiento de tal masa de tropas no era fácil de ocultar, a los ojos del enemigo. Y ya el 6 de Julio, una compañía del 3º de Ohio que realizaba un reconocimiento para la columna principal, (la del propio McClelland), se vio metida en una escaramuza con una patrulla enemiga en el pasaje llamado Buckhannon o Middle Creek Fork, sufriendo 7 bajas cada uno de los contendientes: Obviamente, la columna había sido ya localizada. Dos días más tarde, el 8 y ya cerca de Laurel Hill, que era su objetivo asignado, las vanguardias de los regimientos 9º de Indiana y 14º de Ohio, de la columna de Morris, se vieron paqueadas por francotiradores rebeldes, sufriendo 2 muertos y 6 heridos.

Este segundo incidente era menos grave, pues el plan esbozado ya partía del principio de que la fuerza de Morris debía llamar la atención. Y el 10 de Julio, habiendo alcanzado las tres columnas las proximidades del objetivo. McClelland y Rosencrans ultimaron detalles.

La fuerza del confederado Garnett en Beverly, que contaba como única vía de retirada con el paso de los Alleghany llamado precisamente de Beverly, había encontrado el problema de que las posiciones útiles para la defensa de dicho paso, con los medios de la época, eran angostas, escarpadas e incómodas. Y la reacción del jefe confederado había sido dejar en tales posiciones, (el campo fortificado llamado de “Rich Mountain”), tan sólo una brigadilla de cobertura, de apenas 2.000 hombres y mandada por el Coronel John Pegram, comandante del 20º de Virginia, e ir con su segundo Henry Rootes Jackson y el grueso de la fuerza, (quizá 5.000 hombres) a ocupar la más amplia posición de Laurel Hill.

Ambos jefes unionistas habían tenido desde el principio el proyecto de fintar contra Laurel Hill con la tropa de Morris, para distraer a Garnett, y aplastar entre las otras dos fuerzas, mucho más potentes, la posición de Rich Mountain, apoderándose de la cabeza del Paso. Con ello, los confederados quedarían atrapados en un cul-de-sac, y era de esperar que se les pudiera obligar a rendirse en masa.

Ahora, y dado que su fuerza era la única que no parecía aún haber sido localizada, Rosencrans propuso infiltrarse con ella, buscando una posición de partida próxima y favorable sobre el flanco o la retaguardia de los rebeldes de Pegram, de manera que, cuando el ataque simultáneo partiera a la mañana siguiente éstos, ya saturados por el ataque que McClelland, fueran prácticamente barridos por su acción desde corta distancia Se acordó hacerlo en efecto así y, de hecho, Rosencrans encontró una excelente posición de partida. (Una historia muy común cuenta que fue guiado por el hijo de un pequeño granjero local, héroe para los unionistas, traidor para los confederados. Puede ser cierta, pues la mayoría de los granjeros pobres de la zona era prounionista, pero se parece demasiado a una docena de historias semejantes, que vienen repitiéndose desde las Termópilas, y se la debe acoger con desconfianza).

En cualquier forma, Rosencrans alcanzó su posición y envió un correo a McClelland para advertírselo, y dar luz verde a un ataque conjunto, a la hora acordada de la mañana del 11 de Julio. Sólo que la niebla de la montaña desorientó al correo, que se perdió, (y esto sí parece cierto), y fue a caer en manos de una patrulla confederada. Así, su mensaje llegó a manos de Pegram. Y aunque no incluía datos sobre la posición de Rosencrans, hizo que el confederado pusiera a todos sus hombres en alarma desde bien temprano, y enviara aviso de lo que estaba sucediendo a su propio superior, Robert Selden Garnett.

William Starke Rosencrans, USA

Así, cuando en la mañana del 11 de Julio el unionista Thomas Morris inició sus fintas amenazadoras contra Laurel Hill, Garnett tuvo la seguridad de que estaba actuando como señuelo, (lo que era cierto), y rompiendo contacto con relativa facilidad, se desvaneció de ante él, abandonando el campo fortificado de Laurel Hill y saliendo apresuradamente con sus hombres en ayuda de Pegram en Rich Mountain.

Hubo así momentos en que la victoria de la Unión pendió de un hilo, pese a su aplastante superioridad. Y más aún porque McClelland, al no haber recibido la confirmación de Rosencrans de que éste se encontraba en posición, no había programado su ataque para la hora prefijada y, peor aún, tras tener ya evidencia de que su subordinado había iniciado el asalto, (por el estrépito de la lucha que se oía en Rich Mountain), siguió dudando largamente antes de poner su fuerza en movimiento e incluso, cuando al fin lo hizo, fue dirigiéndola hacia Beverly y el paso, y no directamente hacia la posición de Rich Mountain, como se había acordado.

El resultado fue que Rosencrans, que se había encontrado atacando a un enemigo mucho más prevenido que lo que esperaba, se vio contenido, (aunque a duras penas), y pasó ciertos apuros. Finalmente la aparición en escena de las fuerzas de McClelland, bien que no llegaran a intervenir en el combate, desalentó claramente a la tropa de Pegram, entre la que se produjeron algunas deserciones, dando toda ella impresión de recular. Y Rosencrans aprovechó el momento lanzando parte de sus tropas a una feroz carga contra el centro enemigo, que dividió la posición confederada en dos partes.

Los hombres de la mitad más occidental se dispersaron de inmediato, huyendo hacia Laurel Hill, en cuyo camino se toparon con la columna de Garnett. El resto, en el que se encontraba el propio Pegram, trató de retroceder combatiendo hacia el pueblo de Beverly y el Paso. Pero Rosencrans los persiguió, ahora en gran ventaja numérica, acorralándolos finalmente junto al pueblo. La caída de la posición de Rich Mountain costó, (según estadísticas unionistas, de seguro “rebajadas”), 11 muertos y 35 heridos a la fuerza de Rosencrans, mientras sus defensores sufrían 60 muertos y 140 heridos, y se les capturaban 100 prisioneros.

Garnett, atrapado ahora con unos 6.000 hombres, decidió no rendirse y a la desesperada, atravesó los primeros montes hacia el Noroeste para alejarse siguiendo el cauce del Cheat River, que a causa del estiaje llevaba poca agua. Sin embargo, el Cheat River es un afluente del Monongahela y corre hacia el Norte, con lo que, de seguir la línea de cauces fluviales, Garnett y sus hombres acabarían en Pennsylvania. Pero lo que el confederado deseaba no era sino ganar tiempo, esperando que sus exploradores descubriesen en la montaña algún aún desconocido paso de Verano, por el que hacer huir su tropa al valle del Potomac South Branch. Thomas Morris, que había quedado encargado con su fuerza de pegarse en todo momento a la retaguardia de Bob Garnett, ya se había desorientado con la rápida partida de aquél de Laurel Hill, y la inesperada dirección de la retirada enemiga acabó de confundirle. Al fin emprendería la persecución, pero con gran retraso y algunas vacilaciones que permitieron que, el siguiente día 12, Garnett aumentara aún la distancia.

Sin embargo, la mañana del mismo 12 de Julio John Pegram, asediado por fuerzas aplastantemente superiores, se rendía en Beverly con los 600 hombres que quedaban con él. Y eso liberó al activo Rosencrans, permitiéndole adelantarse con algunas tropas para unirse a Morris en la persecución. Al día siguiente, las distancias se acortaban y una potente vanguardia unionista, consistente en los regimientos 7º y 9º de Indiana, de los coroneles Ebenezer Dumont y Robert Huston Milroy, más el 14º de Ohio de James Blair Steedman, mandados por el Capitán de activo Henry Benham, jefe de Ingenieros de Morris, trataba de hacerles trabar combates de retaguardia que sólo podrían retrasar a Garnett.

John Pegram, CSA

Se intentó cortar el paso de esta vanguardia con una batería situada en un acantilado que dominaba la corriente. Pero Benham encontró la manera de hurtarse a su fuego pegándose a la base del acantilado, y avanzó a tal velocidad que, en su apresurada evacuación la batería hubo de dejar un cañón atrás. Finalmente, el 14 de Julio Garnett, cuyos exploradores habían encontrado al fin el paso que buscaban, pero que se sabía perseguido muy de cerca, se lanzó al contraataque contra Benham con una fuerza escogida, para ganar con sangre el tiempo suficiente para que el grueso de su tropa pudiera salvarse cruzando los montes.

El contraataque, cuyo verdadero fin se ocultaba bajo el aparente objetivo de defender los carros de la impedimenta de Garnett, (que, sin embargo, habían de ser abandonados para cruzar las montañas), no duró demasiado, terminando cuando el propio Robert Selden Garnett fue derribado del caballo, mortalmente herido en el pecho por una bala de mosquete. (Iba a ser el primer general en morir en combate en aquella guerra). Pero logró frenar a los hombres de Benham, dando tiempo a que la columna principal ahora mandada por Henry Rootes Jackson, se internara en las montañas, de las que saldría al día siguiente a la vista de las aguas del Potomac South Branch.

Esta última acción de la campaña se libró en el entorno del vado llamado Corrick’s Ford, (de lo que a veces se le denomina “Batalla de Corrick’s Ford”), y suele considerarse una acción separada de la de los días 11 y 12, llamada “Batalla de Rich Mountain”. En ella los confederados sufrieron 20 muertos, (incluido Garnett), y 10 heridos, siéndoles capturados 50 hombres más. Y por su parte, los unionistas hubieron de lamentar 13 muertos y 40 heridos.

En conjunto no se había logrado aplastar a la fuerza confederada, como se planeó en principio, pero se le habían causado casi 1.000 bajas y expulsado de la mitad septentrional del Oeste de Virginia. Hombres como Rosencrans y Benham fueron ascendidos a brigadieres de Voluntarios, y el prestigio de George Brinton McClelland, al que se atribuían las victorias de Philippi y Rich Mountain, subió como la espuma, llevándole a los pocos días, (como veremos), a la cumbre de su carrera militar.

Y sin embargo McClelland ya había mostrado en este momento de gloria sus puntos flacos. Era, efectivamente, el gran organizador que había creado en pocas semanas un gran ejército razonablemente entrenado y bien equipado. Pero a la hora de combatir. En primer lugar los planes operativos de Philippi y Rich Mountain no eran suyos, (no se parecían en nada a su forma de operar posterior y, sabiendo como sabemos que el segundo fue ideado por Rosencrans, y teniendo ambos ciertas semejanzas, debemos concluir que eran de Rosencrans). Y además en Rich Mountain, su indecisión cuando estaba al mando del contingente central y más potente del Ejército, que hubiera debido ser empleado como factor decisivo, pudo crear dificultades a sus hombres.

Y mientras la ocupación de la mitad Norte de la Virginia al Oeste del Alleghany se completaba así, Jacob Dolson Cox ya había iniciado la campaña para apoderarse de la mitad meridional, el 11 de Julio. Para ello, contaba en realidad con medios mucho más modestos que sus camaradas del Norte, estando su fuerza reducida a 5 regimientos, (que sin embargo, por lo completos hacían un total superior a 4.000 hombres). Se trataba de los 7º, 11º, 12º y 21º de Ohio, y el 2º de Kentucky, (unidad reclutada entre los unionistas de aquel Estado todavía neutral y a la que por cierto, y quizá para darle un aspecto más atractivo, se le había equipado como Regimiento de Zuavos, el primero que iba a intervenir en West Virginia, aunque no parece haber registros de su aspecto).

El “truco” de los planes de Cox era que, siendo el Kanawha un río navegable casi hasta el punto en que se considera que se inicia, junto a la localidad de Gauley Bridge y por unión de dos ríos de montaña, el Gauley River y el New River, el grueso de su fuerza se trasladaba en una flotilla de vapores de río. Como sabía de buena tinta que en toda la región en que iba a penetrar no existía artillería pesada, los vapores, moviéndose sobre las aguas de un río no muy serpenteante, como el Kanawha, le darían una velocidad de traslación y una capacidad de concentración de fuerzas con la que el enemigo no podría competir.

En realidad debía fiar en ello, pues el jefe confederado del sector, el ex-Gobernador Henry Alexander Wise, disponía de su propia “Wise’s Legión”, un par de regimientos de Virginia Oriental y otros dos formados localmente, que si bien aún dispersos y sólo parcialmente organizados, vendrían a igualar en número a las fuerzas invasoras.

Para la mañana del 12 de Julio, Cox estaba penetrando en el territorio que había de conquistar. Pero, aunque Wise no había organizado demasiado la vigilancia de la línea del Ohio, un joven notable local, Albert Gallatin Jenkins, había creado a tal fin una compañía de Caballería, (cuyos efectivos pronto desbordaron el nivel de compañía), llamada “Border Rangers”. Y fueron estos “Border Rangers” de Jenkins los que observaron el inicio de la invasión y sacando todo el partido de sus caballos, mantuvieron al mando local confederado informado en todo momento de la progresión de las fuerzas enemigas.

Albert Gallatin Jenkins, CSA

La primera escaramuza en aquel teatro de operaciones se produjo ya el mismo 12 de Julio, cuando una pequeña fuerza de “minutemen” secesionistas, apoyados por un pelotón de rangers mandado por el propio Jenkins, trataron de contener en el pasaje llamado Red House el avance de una fuerza enemiga contra la localidad de Barboursville.

Barboursville está sobre el río Guyandotte, al Sudoeste del Kanawha, y el avance unionista pretendía ocuparla para dominar el valle del Guyandotte, aislando el del Kanawha del resto del territorio. Aquí no había vapores, pero se sabía que la zona estaba muy desguarnecida, y Cox había hecho avanzar el 2º de Kentucky del Coronel Charles A. De Villiers, antiguo cirujano militar de zuavos en Crimea, que había sido amigo de Ellsworth y le había ayudado en sus primeros experimentos con zuavos antes de la guerra.

Los rangers y los minutemen se pegaron al suelo e intentaron resistir, pero los zuavos no sólo eran mucho más numerosos, haciendo un fuego muchísimo más intenso, sino que parecían razonablemente bien entrenados y avanzaban por columnas de compañía, adelantándose unas mientras otras disparaban, y en muy poco tiempo pusieron a los improvisados defensores al borde del cerco. Entonces los secesionistas no pudieron resistir más y se retiraron. (Es decir, los rangers se retiraron, aprovechando la movilidad que les daban sus caballos. Los minutemen más bien huyeron dispersándose y desaparecieron como fuerza combatiente). Sobre el campo habían quedado medio centenar de bajas, incluyendo un muerto de los zuavos y diez de sus oponentes. Después, el 2º de Kentucky sólo tuvo que avanzar tranquilamente para ocupar Barboursville.

Con la ocupación de Barboursville, el Valle del Kanawha quedó virtualmente aislado de la zona más meridional del Oeste de Virginia, entre el río Guyandotte y el Big Sandy River que marca su frontera con Kentucky, y esta zona se encontró en manos de los unionistas.

De esa manera, el reducto confederado en el territorio quedaba reducido al espacio central, entre el macizo montañoso que se adelanta hacia el Oeste desde el Alleghany, (y en cuya ladera Norte estaba Beverly), hasta el Kanawha, alcanzando su máxima extensión hacia el Oeste en el valle fluvial de esta corriente de agua.

Sólo que por ella avanzaban los vapores de Cox. Y el día 17 de Julio, cuando el unionista ya se impulsaba hacia Charleston, la ciudad más importante del Valle y de todo el territorio, (que en 1863, al ser West Virginia separada de la vieja Virginia y admitida como Estado en la Unión, sería la capital estatal), se libró un segundo combate, a mayor escala, en el lugarejo de Scarrytown.

La fuerza defensiva consistía en los Border Rangers, (esta vez al completo), el grueso del 22º de Virginia y alguna compañía del 36º, que eran los dos regimientos de recluta local, y la mandaba el Coronel del 22º, George S. Patton. (El 22º estaba constituido sobre la base de su antiguo “Kanawha Riflemen”). Total, menos de 1.000 hombres. Y contra ellos Cox había acumulado, aprovechando la ventaja de sus vapores, la totalidad del 12º de Ohio del Coronel Woodruff, buena parte del 2º de Kentucky y dos compañías del 21º de Ohio, con más de 1.500 hombres.

Iniciado el combate, pronto se vio que como en Red House, la superior preparación y el avance por compañías de los unionistas los hacían aún más difíciles de resistir que su superioridad numérica. Patton deseaba sin embargo pegarse al terreno, lo que hubiera podido tener consecuencias fatales para sus fuerzas, pero por fortuna para los confederados fue pronto seriamente herido en un hombro, (peligraría su vida), y sustituido por el único de los capitanes a sus órdenes que tenía experiencia reciente de combate: por supuesto, Albert Jenkins.

Este había presenciado la derrota de Red House y no quería provocar una versión corregida y aumentada de la misma, con lo que decidió que la línea del Scary Creek, que trataban de proteger, era indefendible, dando orden de retirada antes de que el enemigo comenzara a alcanzar una posición demasiado ventajosa.

Le molestaba sin embargo dejar a los unionistas apuntarse una más en su lista de victorias fáciles y tras poner a salvo al grueso de sus hombres, regresó al campo de batalla al atardecer y dando un rodeo. Así, se presentó ante sus enemigos viniendo del Oeste, a media luz y con la claridad de espaldas, y avanzó hacia ellos por la carretera, con la tropa formada, como en una marcha. El éxito de su estratagema fue inenarrable pues no sólo los unionistas tomaron sus tropas por propias, como había esperado, sino que los dos coroneles de la Unión presentes en el campo de batalla, Woodruff y De Villiers, excitados por su éxito, salieron a caballo a su encuentro para comentarlo con el comandante del presunto refuerzo. Lo que le permitió hacerlos prisioneros limpiamente a punta de revólver.

A continuación, sus hombres lanzaron una andanada contra los desprevenidos unionistas, causándoles bajas, y se retiraron al amparo de la noche. Jenkins se convertiría en un héroe popular sureño por esta acción, recibiendo enseguida una coronelía, y la relación de bajas del día quedó finalmente establecida en 5 muertos y 16 heridos para los confederados y 14 muertos, 30 heridos y 21 prisioneros para los unionistas. Pero, en definitiva, los norteños habían tomado Scarrytown y estaban un paso más cerca de Charleston.

Las alarmantes noticias que llegaban en aquellos días de lo que había ocurrido más al Norte con la fuerza de Garnett en Rich Mountain y Corrick’s Ford, impresionaron sin embargo desfavorablemente a Henry Wise, que parecía que vacilaba en defender Charleston, considerando que las fuerzas de McClelland y Rosencrans podían enviar en cualquier momento a Cox un refuerzo importante, que apareciera operando sobre su flanco Norte.

Henry A. Wise, CSA

Mientras Cox hubo de reformar su estructura de mando, (ante la pérdida de dos de los cinco coroneles con que contaba), pero hecho esto, reanudó las operaciones, tratando de desbordar Charleston. Y en cuanto sus tropas mantuvieron una nueva escaramuza con los confederados, en Tyler Mountain, Wise decidió evacuar Charleston el mismo 24 de Julio. La acción había sido inconclusa, y mucho menos importante que las dos anteriores, pero a Wise le debió preocupar la amenaza de cerco; (quizá al producirse al Norte, pensara que ya estaban ahí los refuerzos enemigos que tanto temía ver llegar).

En cualquier caso, evacuó Charleston y toda la parte entonces más habitada del valle del Kanawha, retrocediendo hasta Gauley Bridge, poca distancia antes de la cual el río deja de ser navegable. Llegado allá hizo que sus fuerzas atravesaran el río por el puente que daba su nombre a la pequeña localidad y lo redujo a pavesas dejando sólo sus pilares de piedra para luego ir a instalar su base de operaciones en la región montañosa, entre los ríos Gauley y New, de donde parten la mayoría de los pasos que dan acceso a la Virginia costera desde West Virginia. Ya no se trataba de defender este territorio, sino de proteger los accesos a la Virginia costera. La evacuación de Charleston se produjo el 24 de Julio, y para fin de mes la fuerza de Wise ya había completado su retirada, alcanzando los condados de Fayette y Greenbrier.

Pilares del puente Gauley actualmente.

El mando secesionista de Richmond no estaba sin embargo nada satisfecho de como se desenvolvía la situación en el Oeste de Virginia, y para entonces ya estaba enviando refuerzos, y nuevos equipos de mando. El 29 de Julio, el Mayor General Robert Edward Lee fue nombrado comandante de aquellos frentes, partiendo hacia ellos junto con algunos refuerzos de Virginia, mandados por William Wing Loring, y otros de Tennessee, bajo la autoridad de Samuel Read Anderson, ambos brigadieres del Ejército Provisional. (Loring, norcarolinos residente en Florida, era un soldado que había perdido un brazo en México, y ostentaba el grado de Coronel al inicio de la contienda. Anderson, soldado en su juventud y luego banquero y político, había sucedido brevemente a Zollicoffer como Mayor General de la Milicia de Tennessee cuando aquél pasó al Ejército Provisional en Mayo, para hacer lo propio dos meses después. Tenía 48 años y su compañero 42).

William Wing Loring, CSA

Samuel Read Anderson, CSA

Lee, con sus tropas y el antiguo contingente de Garnett, mandado ahora por un reluctante Henry Rootes Jackson, (que, asustado de la guerra “de verdad”, se había negado a suceder a Garnett en el mando, y estaba ya tocando influencias para que las Milicias de su Estado lo reclamaran a un destino más a retaguardia), iba a instalarse en las montañas al Norte del Valle del Kanawha, cerrando otra serie de pasos hacia el Potomac South Branch, el Shenandoah y la Virginia costera, y dando apoyo desde el Norte a las fuerzas en el Valle. A su vez, a éste fue enviado un tercer refuerzo, consistente en los regimientos de Virginia 45º, 50º y 51º, bajo el mando del ex-Secretario de Defensa John Buchanan Floyd, convertido en Brigadier y que se hizo cargo del mando, (con malos modos), al descubrir que su nombramiento era más antiguo que el de Wise.

En Washington, la convocatoria extraordinaria del Congreso había iniciado sus sesiones el 4 de Julio, 84º Aniversario de la Declaración de Independencia, con los discursos del Presidente Lincoln y los Secretarios de Guerra, Marina y Tesoro, Simón Cameron, Gideon Welles y Salmon Portland Chase. El discurso de Lincoln no fue una de sus piezas oratorias más memorables, resultando sin embargo claro y programático. Después de hacer notar los aspectos aristocráticos de la revuelta sudista, que le permitieron aseverar que se estaba luchando no sólo por la unidad nacional, sino también por la forma republicana de gobierno, pasó a dar un vistazo a la enorme necesidad en hombres, equipo y dinero que esta contienda provocaba, con cifras y datos en la mano y planteándosela claramente a largo plazo. (Lo que le valió algún reproche los primeros días).

Después, sus Secretarios le sucedieron concretando más lo que se estaba solicitando, las sumas que se suponía necesarias para cubrirlo y la forma de obtener éstas. Cameron pidió un mínimo de 400.000 soldados, con enganches a uno, dos y tres años para el Ejército, y mostró las enormes necesidades que así se creaban en armamento y equipo vario. Welles no parecía muy necesitado de hombres, pero sufría una desmesurada sed de barcos. Empezó por pedir un presupuesto extraordinario para buques blindados, ya que se sabía de buena tinta que el enemigo iba a apostar fuerte por este tipo de unidades. A más necesitaba permiso y presupuestos para confirmar los encargos y compras que ya se habían hecho y encargar como mínimo y de inmediato los siguientes ítems:

Otros cuatro sloops de hélice, (aparte de los 8 ya encargados en Mayo), 36 cañoneros de poco calado. Veinticuatro se iniciarían de inmediato, siendo de hélice y de escaso tonelaje, (unas 500 Tn), de acuerdo con un diseño ultrasimplificado que su departamento ya había preparado, y en virtud del cual se esperaba que pudieran ser entregadas a la Marina sólo 90 días después de comenzarse a echar su quilla. (Se les llamaría “Cañoneras de Noventa Días” o “Ninety Day Gun-Boat”). Las otras doce, algo más pesadas y potentes, y no tan estandarizadas, se harían de ruedas para que su calado no excediera al de las anteriores.

Además, la Marina debía disponer de grandes presupuestos extraordinarios con los que adquirir posibles buques militares de interés que le fueran ofrecidos por astilleros nacionales, y sobre todo proseguir sus compras y equipamientos de vapores, a los que habría que añadir además la compra de veleros, para ciertos cometidos especiales y, ante todo para la creación de una flotilla de bombardas aún mucho más potente que la que se usó contra Mexico.

Tras ellos llegó Chase, detallando más cuidadosamente el costo de sus peticiones hasta estimar las necesidades del año en 400 millones de dólares, cifra para la época monstruosa. Mediante el aumento de ciertas tasas federales, y la creación de un pequeño impuesto sobre la renta, (el primer impuesto directo de la historia fiscal estadounidense), se podría elevar los ingresos corrientes a 80 millones, y se habían obtenido otros 50 de prestaciones voluntarias, pero era evidente que los sistemas habituales no eran válidos, y se hacía preciso acudir a la emisión de deuda pública, para la que debía ser autorizado. Para hacernos una idea del coste de la guerra, en 1863 se realizó un estudio por parte de la Unión y su coste ascendía a 2,5 millones de dólares al día. En 1879 y teniendo en cuenta la inflación se determinó que la guerra costó 6.190.000.000 $.

Con la ayuda de Tyler desde el Partido Demócrata, y de esta abierta y nada complaciente exposición de un programa de sacrificios, Lincoln evadió todo riesgo de que el Congreso se perdiese en discusiones sobre el sexo (político) de los ángeles, centrándose desde el principio en los aspectos prácticos de la guerra.

Y, a los pocos días el Ejército de Irvin McDowell se puso en marcha. Era, (con 40.000 hombres), el mayor ejército de campaña que se había visto jamás en el continente americano. (En sus momentos de mayor potencia y gloria, Winfield Scott no había dispuesto de más de 20.000 hombres para avanzar sobre ciudad de Mexico, y por su parte Washington tuvo poco más de 18.000 en Yorktown, y eso contando los 4.500 franceses de Rochambeau). Contaba con 41 regimientos de Voluntarios y 9 de Milicia, 3 batallones de soldados regulares, 9 baterías del Ejército Federal, 3 de Voluntarios y una sección de Artillería de la Milicia.

Las Unidades eran las siguientes:

CONNECTICUT
Regimientos de Voluntarios 1º, 2º y 3º. Llevaban un increíble uniforme copiado del Ejército de 1858, con levitón y chacó de tela, armado. Las únicas diferencias eran el pantalón, también azul oscuro y el uso de hombreras de lana, (en vez de las de latón), ¡qué incluso portaban en combate!

MAINE
Regimientos de Voluntarios 1º, 2º, 3º y 4º. Habían llegado con uniformes de quepis, levita y pantalón grises, pero de calidad tan ínfima que se desintegraron en pocas semanas, y al parecer vestían ya para esta campaña el uniforme de faena del Ejército Federal.

MASSACHUSETTS
Regimientos de Voluntarios 1º, 4º y 5º. Uniforme federal de faena. El 1º con uniforme gris.

MICHIGAN
Regimientos de Voluntarios 1º, 2º, 3º y 4º. Utilizaban la que se llamaría “guerrera estatal”, una prenda de cuello alto muy simple, y cerrada por 9 botones, sin faldones. Los de Michigan tenían el cuello, tiras de hombros y bocamangas en punta, bordeados en negro. Y aunque tanto la guerrera como el pantalón eran azul oscuro, se habían aprovechado algunos uniformes de preguerra, idénticos pero en color gris, y había compañías sueltas uniformadas en gris entre otras en azul.

MINNESOTA
Regimiento de Voluntarios nº 1. Uniforme de faena.

NEW HAMPSHIRE
Regimiento de Voluntarios nº 2. Llevaba un uniforme gris con levita larga cuyos faldones se recogían como la cola de un frac. Y con el cuello, bocamangas rectas y vivo en el costado de los pantalones en rojo.

NEW JERSEY
Regimientos de Voluntarios 1º, 2º y 3º.
Regimientos de Milicia 1º, 2º, 3º y 4º. Aparentemente, uniformes federales de faena.

NEW YORK
Regimientos de Voluntarios 8º, 11º, 12º, 13º, 14º, 16º, 18º, 27º, 29º, 31º, 32º, 38º, 39º y 41º, Baterías Bookwood y Varian. Los Voluntarios de New York usaban pantalón “de faena” y una chaquetilla estatal de faldones cortos, y con el cuello y tiras de hombros bordeados del color de Arma. Pero no hay que olvidar peculiaridades como que los 11º y 14º eran regimientos de zuavos, o que algunas compañías del 39º gastaban sombreros “bersaglieri”.
Regimientos de Milicia 2º, 8º, 69º, 71º y 79º, sección artillería del 71º. Aquí había todo tipo de variantes de uniformes, incluyendo los levitones azules del 71º, “American Guard” o las gorras y pantalones de Kilt del 79º “Cameron Highlanders”.

OHIO
Regimientos de Voluntarios 1º y 2º. Los voluntarios de Ohio vestían pantalón de faena y chaquetillas estatales azul oscuro muy lisas, (aunque con tres botones en las bocamangas), con quepis o sombrero Hardee. ¡Pero el 2° de Ohio era un Regimiento de zuavos!

PENNSYLVANIA
Regimientos de Voluntarios 4º y 27º. El primero, equipado en Washington con uniformes de faena. El segundo a la usanza de su Estado. Uniforme totalmente gris, con quepis o Hardee y con chaquetilla estatal con cuello y tiras de hombros bordeados en negro, y dos botones en la bocamanga.

RHODE ISLAND
Regimientos de Voluntarios 1º y 2º, Batería adjunta al 2º. Sombreros Hardee, con el ala recogida pero sin brillo, camisas de caza azul oscuro tipo blusón, pantalones grises y unos curiosos sarapes-manta, anaranjados, que en marcha y combate cruzaban sobre sus pechos.

VERMONT
Regimiento 2º de Voluntarios. Uniforme de faena.

WISCONSIN
Regimiento nº 2 de Voluntarios. Como todos los 8 primeros de Wisconsin, uniforme gris con chaquetilla estatal con el cuello y tiras de hombros bordeadas en negro, y un adorno negro bajo los tres botones de las bocamangas. (Desde el 9º se usaría uniforme de faena).

US ARMY
Batallón de Infantería del Mayor George Sykes, (del 14º de Infantería, pero con compañías de refuerzo hasta alcanzar 1.000 hombres).
Batallón de Caballería del Mayor Innis Newton Palmer
Baterías G e I del 1º de Artillería, A, D, E, G y M del 2° de Artillería, E del 3° y D del 5°. En general, sombreros Hardee emplumados y levitones azul oscuro con el cuello y las bocamangas bordeados en el color de Arma. El grueso de la Caballería y parte de las baterías ligeras, con quepis y chaquetilla.

U.S. NAVY
Batallón de Marines del Mayor J. G. Reynolds. No hay datos sobre su aspecto, y podían ir cubiertos tanto por chacós de charol como por quepis o las antiguas gorras de plato Modelo 1839, que la Marina apreciaba mucho, aunque el Ejército las había desterrado desde 1852.

Y cuando esta variopinta y más bien mal organizada masa de hombres se puso en marcha, el 16 de Julio de 1861, dio comienzo la campaña que sería considerada la más importante del año, y que duraría menos de una semana.

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