Capítulo VII: Planteamiento De Una Guerra Civil

Antes de continuar la crónica de lo que en aquellos días sucedió, es quizás interesante dedicar un capítulo a estudiar los lugares, los medios e incluso el ambiente que rodearon el principio de aquella guerra. Y para eso no creo que pueda haber momento más oportuno que éste, en que, realizadas las declaraciones de guerra de facto, (en las instrucciones de Lincoln del 3 de Mayo y el Bill confederado del 6), y ya despejadas casi todas las incógnitas políticas, los ejércitos y las flotas de la Unión se disponían a moverse.

1° LOS FRENTES
Si partimos como zona neutral en la guerra de la frontera texano-mexicana, que los confederados de Texas dominaban entre Brownsville y la confluencia del Río Grande y el Conchos, daremos una vuelta en el sentido de las agujas del reloj para recorrer todos los frentes.
Sobre esta frontera, la posición confederada más occidental era Fort Leaton, un puesto avanzado de Fort Davis situado exactamente enfrente de la ciudad mexicana de Presidio del Norte, a través del Río Grande. Y al Oeste de la línea Fort Leaton-Fort Davis había una amplia zona deshabitada, o casi deshabitada, hasta aquélla en que se encontraban los puestos unionistas de Fort Quitman y Fort Bliss, al Noroeste.
A primera vista pudiera parecer que la posición de los texanos en el sector no era cómoda, pues entre esa zona de Texas y Nuevo Mexico, el Ejército Federal contaba con más de 1.500 hombres, y algunos cientos de soldados más habían llegado desde Texas. Pero en realidad, no había el menor peligro de que los federales de El Paso y Nuevo Mexico entraran en acción, y ello por varias razones.
En primer lugar, los refugiados que llegaban de Texas no tenían la menor intención de quedarse allá, y menos de volver al Estado de la Estrella Solitaria. Todo su esfuerzo se centraba en ir ascendiendo hasta el Norte del valle del Río Grande, para alcanzar Albuquerque, y de allá Las Vegas y el inicio del “Santa Fe Trail” (Ruta de Santa Fe), que recorrerían en sentido inverso para llegar a Saint Louis, (Missouri), o la ruta alternativa, más al Oeste, que les depositaría en Leavenworth, en el ahora Estado de Kansas. En una palabra, sin importarles enfrentarse a un viaje de varios meses, estaban empeñados en alcanzar el “verdadero” Norte, los soldados para unirse a sus regimientos reorganizados, los escasos civiles para volver a la civilización.
Y ni siquiera se podía realizar su evacuación con demasiada premura, ya que aquellas regiones no abundaban de medios, y además cruzaban entonces por una crisis a la que nos referiremos más tarde.
Por otra parte, las tropas federales en Nuevo Mexico pasaban por una profunda crisis moral. De hecho, Nuevo Mexico era uno de los destinos más desolados y sin horizontes que podían caerle en suerte a un militar, ya sin que intervinieran otros factores. Y en aquellos días, la numerosa deserción de oficiales, que se perdían rumbo a los puestos confederados de la zona de la desembocadura del Río Conchos, había introducido un elemento amargo en el ambiente. Los soldados se sentían abandonados; y parece que los oficiales, (aunque la historiografía militar estadounidense posterior ha intentado disimularlo), se preguntaban si habían elegido el bando perdedor.
Y para colmo, las circunstancias del entorno ni siquiera eran las normales. Por el contrario, eran especialmente anormales, pues estaba comenzando la que iba a ser sin duda la peor de las guerras apaches.
Todo se había iniciado en Enero, cuando un grupo de apaches asaltó un rancho, robando algún ganado y un niño mestizo, ahijado del propietario. El hecho es que el indignado ranchero había denunciado lo ocurrido al Ejército, añadiendo que había identificado a uno de los apaches de la banda como Cochise, el cacique de la tribu de los Chiricahua Choconen, de Sierra Chiricahua.
La identificación no era fiable, pues todo el Territorio sabía que tanto Cochise como su suegro “Mangas Coloradas”, cacique de los “Cihene” de Sierra Mimbres, eran hombres extraordinariamente altos, y cada vez que aparecía un apache alto en un grupo de ellos se le identificaba como Cochise si era joven, o como “Mangas” si era de más edad. Pero debía ser investigada, y a tal fin partió para Sierra Chiricahua el Teniente George N. Bascom, del 7º de Infantería, con 54 soldados montados a lomo de mula. Llegado a Apache Pass, invitó al cacique a un pow-pow junto a la estación de diligencias del Paso, (por cuya presencia el cacique cobraba un pequeño tributo de la línea, y cuyo factor era amigo suyo).
Cochise llegó sin sospechas, con tres apaches más y una mujer con un niño en brazos, todos parientes suyos. Pero enseguida quedó claro que el Tte. Bascom había venido decidido a detenerle, fuese culpable o inocente. (Sin duda, pensaba hacer carrera política en el Territorio, donde una acción así le convertiría en un héroe público). Desgraciadamente, el indio era inocente, con lo que el doblez de Bascom le enfureció muchísimo. Y peor aún, Bascom era como traidor un perfecto incapaz, y Cochise se escurrió entre sus manos, huyendo al monte mientras el Teniente detenía a sus parientes.

“Mangas” hijo de “Mangas Coloradas”

Rápidamente, el pielroja reunió un buen grupo de guerreros y se dedicó a tomar como rehenes a cuantos blancos rondaban por las cercanías, pensando en canjearlos por sus familiares. Y como el Teniente se negaba, puso sitio a la estación de diligencias, donde los soldados se defendieron varios días, mientras algunos grupos de blancos de la zona, supervivientes de los ataques apaches, se les iban uniendo. Uno de ellos llegó llevando consigo prisioneros a tres apaches de la tribu de los Coyoteros, que no tenían mucho que ver en aquel asunto. (Curiosamente, tan lejos de su territorio, podían a cambio ser miembros de la banda que cometió el rapto por el que se había iniciado todo, que al fin resultó ser un grupo vagabundo de coyoteros).
Por fin, el 11 de Febrero Bascom y su gente fueron rescatados por la aparición de un escuadrón del 2º de Dragones, ante cuya presencia los apaches se esfumaron. Pero a poco serían encontrados los cadáveres de los 16 rehenes que Cochise había tomado, (10 mexicanos y 6 anglosajones, incluido su antiguo amigo), horriblemente torturados. Bascom hizo ahorcar sobre sus tumbas a los tres parientes varones del cacique y a los tres coyoteros, y la guerra se inició.
Apachean tribes ca. 18th century (Ch – Chiricahua, WA – Western Apache, N – Navajo, M – Mescalero, J – Jicarilla, L – Lipan, Pl – Plains Apache

“Mangas Coloradas” no tuvo el menor inconveniente en unir las dos tribus de sus “Cihene” de Sierra Mimbres a la sublevación. (Eran las “Ojo Caliente” y “Mina de Cobre”). Lo que se debía haber supuesto pues, aparte de su parentesco con el jefe de Sierra Chiricahua, el viejo tenía de tiempo atrás motivos personales para odiar a los “Ojos Pálidos”, (como llamaban los apaches a los anglosajones). ¡En realidad, Cochise había sido el “pacifista” de la familia!
Al unirse a la rebelión las dos tribus de Sierra Mimbres, (los llamados también apaches “Mimbrenos” o “Mimbrejos”), la última tribu de las que hablaban el dialecto chiricahua al Norte de la frontera también lo hicieron. Se trataba de los “Mogollon” de Sierra Mogollon, que también eran “Cihene” y, como los Mimbrenos, vivían en las zonas adyacentes al río Gila. (Por ello, a todos los “Cihene” se les llama a veces “Gileños”) Y más al Oeste, la guerra también atraía a muchos de los Apaches Occidentales, comenzando por los Coyoteros (cuyos hombres había ahorcado Bascom en el Paso Apache), y sus vecinos los “San Carlos”.
Antes de dos meses, las muertes se contaban por cientos, y para el Verano pasaban del millar y muy pocas eran de apaches. Estos, a su estilo característico, cruzaban en pequeñas partidas de un lugar a otro, matando, (a menudo de una forma espantosa), y desapareciendo con su botín para perderse en el monte reseco. Mucha gente comenzaba a abandonar los territorios situados al Oeste de Apache Pass, toda actividad de pastoreo o prospección minera se había colapsado, el grueso de las pequeñas granjas habían sido abandonadas y, en conjúntenla actividad económica se estaba interrumpiendo. Y con buena cantidad de gentes desplazadas, el viajar o conseguir provisiones para un largo viaje se estaba haciendo más caro y difícil.
De manera que los texanos no debían temer la posibilidad de una acción de los federales de Nuevo Mexico. No en largo tiempo. Por el contrario, un Teniente Coronel de la Milicia texana llamado John R Baylor estaba creando en San Antonio una unidad de Voluntarios, el 2 de Fusileros Montados de Texas, con la intención de ir a probar suerte hacia la región de El Paso y más allá si las cosas comenzaban bien.
Al Nordeste de Nuevo Mexico los contendientes estaban de nuevo separados, aquí por la región del Panhandie, por entonces más extenso, (la creación del Estado de Oklahoma lo reduciría años después), pero aún en manos de los Comanches, Kiowas y Kiowa-Apaches, y no del hombre blanco. Junto a él, las Cinco Naciones permanecían asimismo neutrales, aunque puesto que sus principales comunicaciones eran a través de la rebelde Arkansas, y las tropas federales las habían evacuado, sería lógico que se fuesen decantando por la Confederación. (Más aún puesto que algunos de sus jefes más prestigiosos cultivaban pequeñas plantaciones de algodón con trabajo esclavo).
Justo al Nordeste de las Cinco Naciones, la divisoria pasaba por Missouri, donde la situación era bastante caótica. En general, los condados al Norte del río Missouri, la región de Saint Louis y hasta la orilla Sur del río eran unionistas, y el interior al Sur y la orilla del Mississippi aguas abajo de Saint Louis secesionista. Pero no todo resultaba tan fácil. Al Norte del río había también importantes grupos secesionistas, que habían creado una fuerza militar bajo el Brigadier de Milicias Martin Greene. Y al Sur de aquél la State Guard del Gobernador Jackson tenía bien sujeta la ribera meridional del Missouri, a la vez que, muy en su retaguardia, aparecían zonas bastante unionistas. Así la región central de Rolla e Ironton, comunidades mineras unidas por ferrocarril a Saint Louis y llenas de obreros de la minería y de la industria, que procedían a menudo de estados unionistas, y eran en cualquier caso unionistas por oficio y convencimiento. Y aún más al Sudoeste, también abundaban los unionistas en la zona en torno a Springfield. En estos lugares en la retaguardia confederada, se estaban formando milicias unionistas bajo el mando del Capitán Sturgis, antiguo comandante de Fort Smith en Arkansas, y de un notable local llamado Thomas W. Sweeny.
Al Este de Missouri, la neutralidad de Kentucky separaba a los contendientes, (mientras fuese respetada). Así, y faltas de un “frente propio”, las fuerzas unionistas que se estaban levantando en Illinois tendían a gravitar hacia el de Missouri, y las que se formaban en Indiana y Ohio hacia el del Oeste de Virginia.

Estados Secesionistas en 1861

Al Sur de tal Estado, Tennessee tenía ya formado un pequeño frente en su zona oriental, donde las guerrillas unionistas y las columnas antiguerrilla del General Zollicoffer pronto andarían a la greña. Y al Este de Kentuky, la parte occidental de Virginia, como recordaremos con su organización militar muy retrasada a causa de la reticencia de muchos de sus habitantes a defender la causa sureña, estaba a punto de ser invadida por las fuerzas del Coronel Morris, enviadas por el Mayor General McClelland desde Ohio. (En realidad, la única fuerza confederada coherente de un cierto tamaño que parecía existir en el territorio era un regimiento de la Milicia de preguerra, reclutado en Charleston, la ciudad más importante de la zona, situada en el valle del Kanawha, que se denominaba “Kanawha Riflemen”. Su jefe, hombre del V.W.I, era el Coronel George S. Patton, abuelo paterno del general de la Segunda Guerra Mundial).
Más al Este, e incrustado entre dos cordilleras de las que forman la serie de barreras montañosas que, en buena parte del Este estadounidense, separan la llanura costera de la cuenca del Ohio, que es parte de la del Mississippi, corría de Sur a Norte el río Shenandoah. Su valle forma un corredor desde el del Potomac, que alcanza en Harper’s Ferry, hasta el Sur de Virginia, de lo que resultaba un pasillo natural para invadir Virginia desde Pennsylvania y Maryland, o tales Estados desde Virginia. Ante su importancia estratégica, Robert E Lee, que mandaba todas las fuerzas virginianas, había escogido especialmente al Coronel del Ejército Provisional al mando del regimiento enviado desde principios de Mayo al Harper’s Ferry.
Se trataba del excéntrico ex-Capitán de Artillería Thomas Jonathan Jackson, que pronto ganaría el apodo de “Stonewall” Jackson. Hombre extremadamente religioso y fanático de la dietética, (sobre la que tenía ideas más bien excéntricas, incluso para la época), había sido últimamente profesor de Artillería y Filosofía Natural del Virginia Military Institute. Y sus alumnos, obviamente no compartiendo las opiniones de Lee, lo apodaban “Old Fool Tom”, (“Viejotonto Tom”).

T.J Jackson CSA

Su regimiento pronto se vio apoyado junto al Potomac por tres compañías de Caballería, levantadas localmente por propietarios de la zona. Uno de ellos, el ahora Capitán Turner Ashby, iba a conocer una fama notable sí bien poco duradera. Y no muchos días después vendrían a unírseles nuevas compañías, traídas desde la costa por el Teniente Coronel James Ewell Brown Stuart, (uno de los subordinados de Lee contra John Brown, en 1859), que tenía el encargo de formar el primer regimiento de Caballería Voluntaria virginiana. Casi al tiempo se movería desde Whasington, para tomar posiciones frente a ellos en la zona, una brigada mandada por el Capitán unionista Charles Pomeroy Stone, ahora convertido en Coronel de Voluntarios.

Turner Ashby CSA

JEB Stuart CSA

Ya conocemos la disposición del resto de las tropas en el frente costero virginiano, con el mando unionista del Brigadier Mansfield haciendo frente al del surcarolino Bonham en la zona del distrito federal, y más allá el distrito unionista de Annapolis y la flotilla del Commander Ward, ante el secesionista Theophilus Holmes en Aquia. Por cierto y al partir Ben Butler para Fort Monroe, el mando del Distrito de Annapolis había recaído sobre el nuevo Brigadier de Voluntarios Nathaniel Prentiss Banks, otro general-político, y como él de Massachusetts, aunque de ideología republicana y no demócrata. Finalmente, en la Península de Yorktown, el mando del propio Butler en Fort Monroe se oponía al del confederado Magruder, centrado precisamente en Yorktown.
En el amplio Frente Atlántico, donde se sucedían las costas de Virginia, ambas Carolinas, Georgia y Florida, la organización terrestre de los confederados aún estaba en disputa, pero su recién creada Marina había dispuesto dos mandos defensivos. El primero, que incluía las costas de Virginia y North Carolina, correspondía al Capitán Samuel Barron. El segundo, con las de South Carolina, Georgia y la Florida atlántica hasta Los Cayos, al Capitán Josiah Tattnall, que había ganado cierto prestigio años atrás, como Flag Officer del Escuadrón de Extremo Oriente durante un incidente en China.
Frente a ellos, la U.S. Navy se preparaba a poner en juego dos flotas: Escuadrón de Bloqueo del Atlántico Norte, cuyo mando estaba confiado al Flag Officer Silas H. Strindham; y el Escuadrón de Bloqueo del Atlántico Sur, bajo las órdenes del Flag Officer Samuel Francis Du Pont, que había en principio izado su enseña en la fragata de hélice “Wabash”, recién vuelta al servicio activo y que, desplazando más de 4.800 Tn, era el segundo buque más voluminoso de la Flota.

USS Wabash, 1855

En el Golfo de Mexico, era en cambio la organización naval confederada que estaba sin concretar, mientras que las zonas de defensa de costas del Ejército Provisional se habían delimitado con claridad. Al extremo oriental, la fuerza de Braxton Bragg, ya llamada Ejército de Pensacola. Y yendo hacia el Oeste, otra fuerza menor, que estaba concentrándose en torno a la Brigada de Arkansas y se denominaba Ejército de Mobile, mandado por William Joseph Hardee, ascendido a Brigadier.
Más allá, entre la boca del Mississippi y la frontera mexicana en Brownsville, las costas confederadas de Louisiana y Texas estaban bajo un mando conjunto, ejercido por el Brigadier Twiggs y dividido en dos sectores, el de Louisiana subordinado a Mansfield Lovell y el de Texas a Earl Van Dorn, ahora ascendido a Brigadier.
Por parte unionista se les enfrentaban las pequeñas guarniciones de los fuertes Jefferson, Taylor y Pickens, y el gran Escuadrón de Bloqueo del Golfo, recién creado bajo el mando del Flag Officer William Mervine. Por cierto que éste, aun teniendo a sus órdenes la gran fragata de hélice “Niágara”, había preferido instalar su mando en la más modesta “Colorado” que también formaba parte de su fuerza. (Las otras tres que aún le quedaban a la U.S. Navy, tras perder al “Merrimack”, estaban al servicio de Strindham). La base de este escuadrón era Key West.

USS Niágara

Entre ambos escuadrones, otro mucho menor, mandado por el Capitán Pendergrast, había sido destinado a vigilar las islas de las que presumiblemente zarparían los buques que quisieran romper el bloqueo, se le llamó Escuadrón de las Indias Occidentales. Y aún un último Escuadrón se formó en el Pacífico, para proteger la navegación en aquel océano y las costas de California y los Territorios de Oregón y Washington, bajo el Flag Officer John B. Montgomery.
Por cierto que éste Escuadrón, que iba a tener una vida mucho más tranquila que los que frecuentaban aguas atlánticas, casi no varió de composición en toda la guerra. (Al contrario que aquéllos, que lo hacían de semana en semana, cuando no de día en día). Por ello es posible conocer los navíos de que disponía y compararlos con la estadística que suele aquí facilitarse para evaluar su exactitud.

ESCUADRÓN DEL PACÍFICO

Crucero de vapor: “Lancaster”, de 2362 Tn y con 28 cañones (26 de ellos pesados)
Sloops de vapor: “Narragansett”, de hélice, de 1.235 Tn y 5 cañones, (1 de ellos pesado)
“Saranac”, de ruedas, de 1.446 Tn y 9 cañones pesados.
Sloops de vela: “Saint Mary’s”, de 958 Tn y con 22 cañones (incluyendo 6 pesados)
“Cyane” (2°), de 792 Tn y 18 cañones, (incluyendo 4 pesados)
Cañonero de palas: “Saginaw”, de 453 Tn y con 4 cañones (1 de ellos semipesado)
Velero de apoyo: “Fredonia” de 800 Tn, con dos cañones ligeros.

Además, en su base en el Arsenal de Mare Island, disponían para acomodación de la gran fragata “Independence”, de 3.270 Tn, y también estaba surto el cañonero “John Hancock”, de 387 Tn, y ya desarmado y preparado para su venta, pero que no fue dado de baja en las listas navales y vendido hasta después de la guerra, (quizá porque se pensó que podría ser rearmado en un apuro).
El total son 6 buques de combate y uno de apoyo, con 88 cañones, pero la estadística que suele citarse da al Escuadrón de Montgomery, 6 buques, 82 cañones y un millar de hombres. De donde observamos que sólo se ha tenido en cuenta los buques de combate, olvidando el de apoyo, y se ha infravalorado ligeramente la potencia artillera, (y más aún el componente de tripulaciones, aunque no entraremos en detalle sobre ello).
Hechas estas precisiones, citaremos además las fuerzas que la misma fuente da para las fuerzas de bloqueo de Strindham y Mervine.
Escuadrón de Bloqueo Atlántico: 22 buques, 296 cañones y 3.300 hombres.
Escuadrón de Bloqueo del Golfo: 21 buques, 282 cañones y 3.500 hombres.
(No hay que olvidar que, con toda seguridad, los buques de apoyo y otros cometidos no se incluyen, ni tampoco que probablemente cañones y hombres están subestimados, y que no sabemos si las cifras incluyen, seguramente no, a las fuerzas de la Flotilla del Potomac y las Indias Occidentales. Hasta el día de hoy me ha sido imposible encontrar una información fiable)
Y como con estos últimos datos hemos regresado a Brownsville, nuestro reloj ha dado ya la vuelta a la esfera, terminando el recorrido de frentes.

2° EL ARMAMENTO
Trataremos de incluir las armas más importantes o más usadas en la época en que se produjo la rebelión.

ARTILLERÍA

1. Los Más Potentes.

Correspondían a tres familias, de avancarga y ánima lisa, todas ellas:
Los COLUMBIAD. Creados por el Coronel George Bomford, habían estado entre los primeros en sobrepasar ciertas dimensiones. Presentaban una gruesa recámara cilíndrica, desde la que el tubo se iba estilizando. En 1861 se usaban los modelos de 8 y 10 pulgadas de 1844.

(1) Calibre y longitud del ánima dadas en pulgadas
(2) Pesos del proyectil más pesado (bola sólida), y pieza en libras.
(3) Alcance máximo (en general logrado con bola sólida), en yardas.

Columbiad de 10 pulgadas en Fort Donelson hoy en dia

Los Columbiad eran pesados y engorrosos para los medios de la época. Se los empleaba en defensas fijas y sólo rara vez, (y con gran esfuerzo), eran trasladados para algún asedio.
Los RODMAN, Eran similares en características a los Columbiad, pero mucho más pesados, aunque también más baratos de fundir. Ambas cosas por emplearse otro sistema de fundición, inventado por Thomas J. Rodman, y presentaban una forma inconfundiblemente troncocónica. Existían Rodman de 8 y 10 pulgadas, (como los Columbiad), y un monstruoso modelo de 15 pulgadas que era el mayor cañón americano de 1861. Ya avanzada la guerra en 1864 aparecería un 20 pulgadas.

Rodman de 15 pulgadas en Rodger’s Battery, Washington 1863

Con su gran peso, los Rodman sólo eran usados en defensas estáticas, generalmente de puerto, y como los Columbiad usaban grandes cureñas fijadas al suelo. Y aunque en algunos puertos sureños había Rodman de 8 y 10 pulgadas, solo los enormes puertos del Norte tenían emplazados las monstruosas piezas de 15, cuyo proyectil sólido pesaba 428 libras. (En la Batería de New York City, hoy Battery Park, había emplazados 2).
Los DAHLGREN. Creados por el danés John A. Dahlgren, hijo de un diplomático, que se había nacionalizado ya adulto y era en 1861 Capitán y Comandante de Ordenanza de la U.S. Navy. Nacidos de un cuidadoso estudio de las presiones que había de soportar, tenían la característica forma de un ánfora de cuello muy alargado, y eran las piezas pesadas que usaba la marina. Había Dahlgrens de 8, 9 y 10 pulgadas de batería de a bordo y un 10 pulgadas más sofisticado y un 11, destinados a piezas principales sobre fustes giratorios, y llamados “Pivot Guns”.

John A. Dahlgren USA

Aunque más ligeros que los Columbiad y los Rodman, los Dahlgren de batería eran demasiado pesados para las típicas cureñas navales de cuatro rodillos, (al menos los de 9 y 10 pulgadas). Por ello, se emplazaban sobre un nuevo tipo de cureñas, más altas y con rodillos sólo en la parte delantera, las “Marsilly” de madera y “Ward” de hierro.

Dahlgren de 11 pulgadas montado en el USS Kearsarge

2. Otras Piezas de Gran Tamaño
OBUSES
Los obuses no podían disparar bola sólida, sino sólo “clase” incendiaria, granada y metralla. A cambio, podían ser más ligeros y móviles, aunque los más pesados sólo se empleaban en defensa de costas o en defensa y bombardeo de fuertes y campos fortificados. Su alcance era modesto, y en 1861 existían los siguientes modelos de ordenanza:

(1) Peso Proyectil y Pieza en libras
(2) Alcance máximo en yardas
(3) Calibre en pulgadas

JamesRifle de 32 pulgadas M. 1829

MORTEROS
Los morteros también ahorraban peso, siendo más manejables, a cambio de un ánima muy corta que reducía su alcance y los hacía muy trabajosos de apuntar. En 1861 estaban en servicio los siguientes.

(4) Los morteros de asedio de 13 y 10 pulgadas iban a ser empleados a menudo en primera línea, desplegándolos mediante las embarcaciones llamadas “bombardas”. El de 10 pulgadas de 1841 no era sino una reedición de un modelo anterior, de 1819, del que se habían fabricado pocos ejemplares. Ambos se emplearon indistintamente.

Batería Federal de morteros en Morris Island de 10 pulgadas M. 1841, asedio del Puerto de Charleston

(5) El viejo “Coehorn” había sido diseñado por los suecos a fines del Siglo XVII, pero su diseño fue tan extraordinario que resistía incólume el paso del tiempo. El Ejército Británico llegaría a echar mano de sus viejos “Coehorn” en la guerra de 1914-18 Finalmente, se debe advertir que existían también algunos ejemplares de un “Stone Mortar” o “Mortero-Pedrero” de 16 pulgadas y sólo 1.600 libras de peso. Era un arma defensiva, que sólo podía disparar metralla y cuyo fin era descargar un cuarto de tonelada de chatarra sobre una brecha en unas hipotéticas defensas, ¡a sólo 250 yardas! En el momento en que la infantería enemiga tratase de cruzarla.

Coehorn Morteros M.1841

Los Cañones Rayados.
Eran la tendencia del futuro, pero el Ejército U.S. aún no los apreciaba mucho. Había en oferta excelentes piezas inglesas de Armstrong y Whitworth, (aún dos casas separadas), y la nacional Parrot ofrecía un 100 Libras de 6,4 pulgadas, un 175 Libras de 8 pulgadas y un devastador 300 Libras de 10 pulgadas. Su ventaja era la mayor baratura, alcance, precisión y peso del proyectil para iguales dimensiones. Su desventaja que sufrían con facilidad averías y explosiones de recámara.

3. Los Cañones Intermedios.
Correspondían a pesos de proyectil de entre 18 y 42 libras, y todos ellos podían ser empleados como cañones navales intermedios. (De hecho, iban a serlo). Pero había que distinguir dos “familias” entre sus variantes terrestres. Una que usaba siempre altas cureñas Marsilly con ruedas delanteras de Artillería y se empleaba sólo en obras defensivas o, (tras un complicado traslado y emplazamiento), obras de asedio. Y otra que disponía de fustes de campaña y podía ser usada, (y a menudo lo era), como artillería pesada de campaña. Veremos sus principales piezas.

Parrot de calibre 6,4

(2) Alcance máximo en yardas.
(3) Calibre en pulgadas.
(4) Ambos Parrot eran de retrocarga y ánima rayada, y no estaban en el inventario del Ejército a 1 de Enero de 1861, pero los unionistas comenzaron a adquirirlos desde el primer día.

Parrot de calibre 4,2

(5) Denominado “Cañón de Sitio”, se le había dado una cureña más operativa que la Marsilly, y podía ser desplegado, (aunque pocas veces lo iba a ser), en campaña. El porqué no se dotó del mismo tipo de cureña al 18 Libras de 1839, es un misterio total. En realidad, muchos de éstos “32 Libras” recibieron al fin cureñas Marsilly, y serían desplegados como lo que hemos llamado “Cañones de Fortificación”.
1. PIEZAS DE CAMPAÑA
Eran obuses, más ligeros y fáciles de desplegar, y cañones, cuya bola sólida era aterradora para las tropas formadas al descubierto, y muy empleada. A comienzo de la guerra servían los siguientes:

(1) Peso proyectil y pieza en libras.
(2) Alcance máximo en yardas.
(3) Calibre en pulgadas.
(4) Muy utilizado en las guerras indias pero, por alguna razón, nunca fabricado en abundancia, resultaba extremadamente útil.
(5) Al comienzo de la guerra, el obús del 32 se veía a veces en las baterías pesadas, y los otros eran comunes: el del 24 en las medias y el del 12 en éstas y las ligeras. Pero se fueron haciendo cada vez más raros, sobre todo en el Norte, y el de 12, (frecuente al principio), desapareció barrido por el nuevo “Cañón-Obús” Napoleón.

Nuevo Napoleon 12 libras M 1857

(6) Ambos podían disparar sólo bola sólida y metralla. El “6 Libras”, estrella de la Guerra de Mexico y muy querido, formaba al principio las baterías ligeras, sólo o acompañado por el Obús de 12. Luego fue siendo sustituido, desapareciendo casi totalmente en la Unión, en el Este para mitad de 1862 y en el Oeste un año después. La Confederación lo iría también sustituyendo, aunque a ritmo más lento. El cañón de 12, engorroso y que no gozaba de tantas simpatías, se eclipsaría antes y en ambos bandos.

(7) Pieza rayada y capaz de tirar toda clase de proyectiles, que se comenzó a adquirir en cuanto se inició la guerra fue la primera de las nuevas piezas de campaña. Para el Verano la complementaría la “Ordenanza de 3 Pulgadas” rayado y con proyectil de 9 libras, y a poco el “Cañón-Obús” Napoleón de 12 libras 1857, de avancarga, (anteriormente no construido por falta de presupuesto), y entre los tres iban a sumar más de 3.300 de la cosa de 4.100 cañones que fabricaría la Unión. También aparecerían los Parrot de 20 y 30 libras.

Ordenanza de 3 pulgadas

Parrot de 10 libras

2-B FUSILERÍA
1. Mosquetes de Anima Lisa, de Pedernal
Hasta 1844, la Unión había fabricado un millón de ésta clase de armas, (llamadas allí a veces “Charleville”, por proceder de modelos franceses del Siglo XVIII), en los modelos 1795, 1808, 1812, 1816 y 1835. Pero los tres primeros modelos habían sido liquidados hacia 1830, (aunque los 100.000 enviados al Sur en 1859 eran probablemente los últimos de tal partida), y el 1835, cuya fabricación no se inició hasta 1840, había sido manufacturado en sólo 30.000 ejemplares, de los que todos los supervivientes, unos 27.000, se modificaron a llave de percusión.

Habría por tanto aún utilizables más de 500.000 ejemplares del modelo 1816, (en su mayoría en el Norte), y unos 100.000 anteriores, (por diversas causas, casi todos Modelo 1812), todos en el Sur.

M 1816 Flintlock Musket

Durante los primeros meses de guerra, se utilizaría cierto número de éstos “Flintlock Muskets”, para complementar las armas más modernas. Y desde el siguiente Verano, al crecer enormemente los ejércitos, ambos bandos se afanaron a modificar todos los que poseían a llave de percusión. Para fines de 1862, parece que esta tarea se terminó y hoy, cuando un coleccionista encuentra uno de los muy buscados ejemplares con llave de pedernal, nueve sobre diez veces se trata de un engaño, y el arma acaba de ser reconvertida de nuevo por el codicioso vendedor.

2. Mosquetes de Anima Lisa, de percusión

Entre los mosquetes de percusión Springfield Modelo 1842, y los viejos 1835/40 reformados, se habían acumulado entre 1842 y 1856 unas 200.000 armas de esta clase, de las que casi todas estaban aún en uso.

Springfield M 1842

Estas fueron las armas más numerosas durante el primer año de guerra aunque, a partir del primer invierno, las armas más modernas, fabricadas en U.S.A o importadas, les fueron sustituyendo. (Primero en los frentes del Este). Como los “Flintlock”, los Percussion Muskets eran calibre 69.

3. Fusiles Mosquete con munición “Minié”

La primera arma de esa clase fabricada en estados Unidos fue el “Rifle-Musket Springfield M 1855”, del 58. Para fin de Abril de 1861 se habían fabricado sólo 47.000, de los que cerca de 20.000 pasaron a manos sureñas

Springfield M 1863 y Enfield

El cambio revolucionario que suponía el uso de munición “Minié” con un ánima rayada, (que permitía unir la velocidad de carga del mosquete a la potencia y precisión del rifle), hizo que estas armas fueran codiciadísimas en los primeros días de la guerra, y luego fabricadas, compradas o capturadas hasta convertirse en las más numerosas de ambos bandos. Así, el Gobierno Federal lograría fabricar casi 1.500.000 de ellos, (en los modelos 1861 y 1863), y adquiriría más de 400.000 de los muy semejantes “Enfield 1853” ingleses.

4. Fusiles Rayados de Pedernal y de Percusión

En Estados Unidos se habían fabricado tres fusiles militares de pedernal, los Harper’s Ferry 1803, Derringer 1814 y Starr “Common Rifle”1817, todos del 54. Y existían innumerables ejemplares del clásico rifle de pedernal de caza y defensa llamado “Kentucky Rifle”, en calibres que iban en general del 40 al 54. Además también se habían producido, ya con sistema de percusión, los rifles militares del 54, Harper’s Ferry 1842 y Remington 1841, (apodado “Mississippi Rifle” por la fama que le había dado en la Guerra de Mexico el Regimiento “Mississippi Mounted Rifles” de Jefferson Davis).

Balas Miniè

El problema de todas estas armas era que, no estando fabricadas para utilizar munición deformable subcalibrada tipo “Minié”, y siendo de avancarga, eran lentos de cargar y su ánima se deterioraba con rapidez. El Norte las consideraba obsoletas desde la aparición del Springfield 1855, y no las usó. El Sur, que tardó más en proveerse de Rifle-Muskets y donde, por alguna razón, se encontraban el grueso de los Harper’s Ferry y Mississippi supervivientes, empleó cierto número de ellos. Y las milicias confederadas de Missouri, Kentucky, Tennessee y otras zonas del Sur donde abundaban los “Kentucky Rifles”, fueron muy felices de poder disponer de ellos hasta que fueron recibiendo equipo más moderno.

5. Las Carabinas de Retrocarga

El Ejército americano había sido uno de los primeros del mundo en emplear una carabina de retrocarga: la “North Hall”, de pedernal, calibre 53 Se la había fabricado de 1818 a 1848, siendo usada por ciertas unidades especiales y por los Dragones de Caballería, y en 1850 los ejemplares disponibles fueron dotados de llaves, de percusión. Pero, desde entonces, la política en cuanto a carabinas se hizo vacilante, fabricándose un pequeño número de ejemplares de distintas armas: aún en la década de 1840 las Remington “Jenks”, llamadas “Oreja de Mula”, navales, y el Springfield Percussion Musket 1856 de avancarga y del 59, que era una versión muy recortada del 1842. Y desde 1852, el Ejército había estado evaluando pequeñas cantidades de carabinas modernas, sin acabarse de decidir:

(La Greene del 54, 600 ejemplares de dos modelos distintos de la excelente “Sharps”, en calibre 52, 500 Joslyn del 54, apodada “Cola de Mono”, y últimamente se favorecía la Maynard del 50).

Sharp M1863

Henry

El Sur se vio en principio bastante desfavorecido en cuanto a ésta clase de armas, con las posibles excepciones de la “Hall-North”, cuyos últimos ejemplares en uso parecían estar todos en Texas, y algún número de Springfield 1846 y “Jenks”. El Norte, que disponía de más número, encontró oposición en el Departamento de Ordenanza del Ejército, que no apreciaba estas armas. Y así la tropa habría de luchar una batalla administrativa para lograrlas. En tanto los oficiales de voluntarios, que adquirían en general sus armas por cuenta propia, comenzaron a introducir ejemplares de la “Sharps”, de la nueva Henry del 44 anular, de 15 tiros, y de la carabina-revólver Colt 1855 del 50 de percusión, de 5 tiros. Además, algunas unidades equipaban sus “compañías de flanco”, (Infantería Ligera de los regimientos de línea), con carabinas de producción local: las de Rhode Island con carabinas Burnside del 54, y las de Connecticut con Colt de 5 tiros. En fin, el propio Samuel Colt, que se había hecho llamar fraudulentamente “Coronel Colt” durante años, financió, y equipó totalmente con tales armas, el regimiento “Connecticut Revolving Rifles” para tener derecho a tal título.

2-C. ARMAS CORTAS

En los primeros días de la guerra civil, se emplearon tantas o más pistolas de percusión, de avancarga y un tiro, que revólveres, aunque después la proporción de éstos se fuera ampliando.

1. Las Pistolas de Percusión

Salvo caso de alguna arma conservada familiarmente con especial cariño, y llevada luego a la guerra individualmente, los modelos de pistola de percusión empleados en la Guerra Civil iban a ser sólo cuatro:

Pistola-Machete “Elgin” Naval del 54 (1)
Pistola de Percusión M 1842 “Army” 54 (2)
Pistola de Percusión M 1843 “Navy” 54 (3)
Pistola de Percusión M 1855 “Springfield” del 58 (4)

(1) Fabricada en cantidades relativamente modestas, con aterradora hoja de machete, y usada sólo por las marinas.

(2) La fabricada más masivamente, muy común en 1861 y muy usada por la Infantería y Artillería de la Unión, y por los confederados de todas las Armas al principio de la guerra.

(3) Parecida a una 1842, pero más corta, y fabricada en números bastante menores a aquélla. Usada sobre todo en el mar, al menos en la Unión.

(4) Fabricadas unas 4.000 (2.000 parejas, pues eran pistolas de arzón, que iban por pares), probablemente fueron utilizadas casi todas pues, aún un poco anticuadas, eran armas excelentes, muy bien acabadas y de fabricación reciente. Se les podía adaptar una culata de carabina.

2. Los Revólveres

Lista de los principales revólveres disponibles al inicio de la rebelión:

(1) Capacidad en disparos

(2) SA (acción simple), o DA (doble acción), P (Percusión), o C (Cartucho metálico)

(3) Revólveres ingleses de importación, o fabricados bajo licencia por Massachusetts Firearms. En ésta época comprados por oficiales a título privado, y pocos. Más tarde se harían algunos pedidos.

Adams

(4) Eran más sólidos que la mayoría de los revólveres americanos, y los Beaumont Adams disponían de mecanismo de doble acción.

Beaumont Adams M1854

(5) E1 Bar Hammer era complicado de recargar, y los otros, (y un Centerhammer Army del 44 que salió enseguida para aprovechar el “tirón” de ventas de la guerra), eran fáciles de reparar, pero muy feos, y de “boca” pesada, que dificultaba la puntería. Siempre serían raros, y ninguno de ellos fue producido en más de 1.500 ejemplarses.

Allen Sidehammer

(6) Los Paterson del 36 y 34, y el Walker, fueron los primeros revólveres de Colt, con producciones pequeñas. En 1861 quedarían pocos ejemplares, la mayoría en Texas.

Colt Paterson

(7) Se habían producido desde 1848 unos 20000 “Dragoon”, un millar de ellos con culatín de carabina. Y fueron muy populares, (sobre todo entre la Caballería), al principio de la guerra.

Colt Dragoon

(8) El Baby Dragoon fue el primero de los Pocket del 31, muy faltos de potencia. Pero se habían fabricado 15.000 en 1849-50, y algunos irían a la guerra, en manos de optimistas.

(9) De este segundo Pocket del 31 se habían fabricado ya para 1861 más de 150.000, y sobran testimonios gráficos de su empleo por ambos bandos, (por mucho que podamos dudar de su eficacia).

Pocket Navy and Pocket 31 M1849

(10) El Navy 51 fue el revolver militar superventas de los 50, con cifra de producción no muy inferior a la del Pocket 50 en USA, y quizá de 70.000 en el extranjero. En 1861 era el más popular en ambos campos, y siguió siéndolo en el Sur hasta el fin. También lo producía bajo licencia la Manhattan Firearms, y varios miles de ejemplares de una copia pirata llamada “Dimick”, con carcasa de latón, se habían vendido durante los últimos meses a las milicias secesionistas.

Colt Navy M1851

(11) El Root era el mejor de los Pocket de pistón y aunque no fue fabricado en gran cantidad, se le apreciaba. (Era el revólver de Robert E. Lee).

Colt Root M1855

(12) El Army 60 ya comenzaba a difundirse en el Norte, sobre todo en la Infantería y Artillería. Al fin sería el revolver más fabricado en la guerra, con unos 240.000 ejemplares. Dos derivados más ligeros, el Navy 1861 del 36 y el Police 1862, semejante pero más corto y ligero y de 5 tiros, le seguirían aquel ano, con mucho menos éxito.

Colt Army M1860

(13) El Kerr era de mecanismo muy parecido a los Adams, poro incluso más robusto, y especialmente ideado para poder ser reparado sin uso de herramientas especializadas. Aún se veían pocos, pero iba a encantar a los sureños.

Kerr Revolver

(14) El Lefaucheux era un revólver de 11 milímetros europeo, y de cartucho de espiga. Era muy moderno y rápido de recargar, pero el sistema de espiga daba lugar a disparos accidentales. El Gobierno de Washington compró 10.000 Lefaucheux franceses justo al iniciarse las hostilidades, pero por algún motivo nunca fue muy popular, y las pequeñas cantidades recibidas después parecen haber sido copias belgas del armero Auguste Francotte (Lieja).

Lefaucheux

(15) Alexandre Le Mat, de New Orleans, llevaba producidos unos cientos, y se encontraban entre las tropas de Louisiana y Mississippi. Poseía un enorme tambor de 9 tiros, del 36 o el 42, cuyo eje era un cañón de recortada del 60, que se disparaba con un segundo gatillo.

Le Mat

(16) No muy numerosos aunque sólidos. El de doble acción lucía un muy característico tambor en forma de seta.

(17) Más sólidos y en conjunto mejor que los Colt, pero eclipsados por la fama de aquéllos, se fabricarían de 1860 a fin de1861, 12.500 “Army” y 15.000 “Navy”. Los modelos siguientes iban a ser de ocho tiros.

Remington Army M1858

(18) Más sólidos que los Colt y con gatillo de doble acción. De 1858 a fin de 1862 se fabricaría 23.000 del 44 y 3.000 del 36.

Starr M1858

(19) Dotado de un astuto sistema para poder hacer tiro de precisión en acción simple, o tiro rápido a bocajarro en doble acción. Por lo demás se parecía mucho a un Adams. Un arma excelente.

Tranter

(20) Se habían producido menos de 10.000 ejemplares y era débil, poco potente, y hasta feo. Pero hay testimonios de su uso en ambos bandos.

Warner pocket

(21) De características similares al Remington, gustó mucho a los sureños, que llegaron a obtener más de dos tercios de su producción, (de 33.000 ejemplares entre 1859 y 1863), y además harían copias piratas. La primera, en unos cientos de ejemplares y llamada “Shawn and McLanahan”, se había fabricado en Saint Louis hasta Mayo de 1861.

Whitney

(22) Un Pocket, sólido y algo engorroso, en que el tambor se movía accionando un segundo gatillo, y no alzando el percutor.

(23) Fabricado en muy pequeñas cantidades y años antes, (Colt demostró que contravenía su patente), parece que sin embargo fue usado.

Wesson&Leavitt Dragoon

NOTA FINAL. Con el tirón de la demanda generado por la guerra, aquel 1861 muchas otras empresas se sumarían al carrusel, apareciendo revólveres como el raro pero bonito Butterfield “Army” del 41 y 5 disparos, el Joslyn “Army” del 44, el Moore “Seven Shooter” de 7 tiros, del 32 anular, el Pettingill “Army” del 435, el Prescott “Navy” del 38 anular, el extraño Revólver-Carabina Savage “Navy” del 36, el Smith and Wesson “Number 2” del 32 anular y el Uhlinger del mismo calibre.

3° EL MANDO

Los Ejércitos de la Guerra Civil, que como veremos en pocos meses iban a ascender a 500.000 hombres para la Unión y 400.000 para los confederados, y las correspondientes Marinas, y que aún crecerían más a partir del año siguiente, partían de una base de oficialidad muy angosta. En efecto, el Ejército Federal de preguerra se componía tan sólo de 900 oficiales, incluidos los servicios, de los que casi 300 se pasaron a las líneas confederadas. Y la Marina 600, de los que 260, (una proporción aún mayor), se unieron asimismo a los confederados. Y aún había que restar de estas cifras la oficialidad de servicios y aquéllos, no pocos a partir de las graduaciones de Mayor y Teniente Coronel, cuyo estado de salud les desaconsejaba los mandos de combate. (Como veremos, el mismo Mayor Robert Anderson, de Fort Sumter, hubo de ser pronto declarado no apto para el servicio de campaña).
El primer recurso eran obviamente los oficiales que habían pedido el retiro anticipado durante la época de parquedad de ascensos de los últimos 10 años: Y en efecto, veremos surgir de éste origen a soldados como “Stonewall” Jackson o, en el Norte, Grant, Sherman, Meade, McClelland, Halleck, Burnside o Hooker. Para mandar las unidades de Voluntarios, se vieron prácticamente rifados. Pero en total sumaban en torno a 200.
El segundo eran los oficiales de milicia con alguna experiencia de combate; en Mexico, donde había intervenido bastante milicia, la mayoría de ésta había sido sin embargo sureña, lo que daba cierta ventaja a los confederados respecto a tal recurso. Finalmente, los sureños creían tener una ventaja considerable por el hecho de que mientras en el Norte las familias pudientes enviaban normalmente a sus hijos a la universidad, en su tierra la costumbre era mandarlos a West Point, o a un instituto militar estatal, aunque luego no fueran a seguir la carrera de las armas. La idea era que la cultura general que se recibía en éstas instituciones era suficiente, y la costumbre del mando, y del manejo de caballos y armas, podía ser más útil para un terrateniente que una cultura especialmente sofisticada. (Y quizá no les faltara razón como se vio a lo largo de la contienda).
En una guerra como aquélla, era inevitable que la concesión de altos grados tuviera un alto componente de influencia política. En el mismo Sur, donde sin embargo el margen para el error era estrecho, se hizo así, sobre todo en los primeros tiempos. Pero desde el traslado del Gobierno a Richmond, las cosas empezaron a cambiar. Jefferson Davis dio entonces los cinco primeros despachos de Mayores Generales del Ejército Provisional, y como quiera que tres de ellos fuesen a Cooper, Johnston y Lee, (convertido en un remiendo de subsecretario de Defensa informal), estos hombres se unieron en una especie de grupo de presión en favor de la profesionalidad, que a la larga fue una bendición para el Ejército Provisional. Debe decirse que, salvo en lo referente a las críticas a su amigo Braxton Bragg, que era su punto ciego, el Presidente Davis les apoyó en todo momento en sus decisiones.
Los otros dos Mayores Generales fueron el inevitable David Emanuel Twiggs y el Obispo Leónidas Lafayette Polk. Este hombre, emparentado con el antiguo Presidente Polk y Obispo metodista muy querido en Tennessee y a todo lo largo del Mississippi, había sido cortejado sin rubor por el Ejército Provisional, que esperaba que su ingreso en él aumentase sustancialmente su popularidad y el volumen del voluntariado. Y cuando al fin el hombre, (un tipo rubicundo, de grandes patillas), consintió, no se pudo menos que ascenderle directamente a Mayor General.

David E. Twiggs, CSA

Leonidas Polk, CSA

En el Norte, como en el Sur, el mando de un Regimiento financiado principalmente por un hombre iba a éste, que se convertía en su Coronel. Sólo que, con mucha más frecuencia que en el Sur, ese hombre no tenía la menor noción de asuntos militares. Entonces podía de todas formas ejercerlo, como había hecho Butler con el 8º de Massachusetts, o delegarlo en un hombre más o menos calificado, que solía empezarlo a mandar como Teniente Coronel, para respetar la coronelía del “amo”.
En Regimientos cuya financiación y organización había sido de varias fuentes, se traía un “especialista” de fuera, se daba el mando a aquél de los financiadores que más conocimientos militares tuvieran o más hubiera trabajado en su organización. Y en caso de duda, se decidía por votación entre la tropa. En realidad la votación se realizaba siempre, pero el Siglo XIX era una época realista y muy descarnada y, si existía un financiador, (o un grupo financiador), la mayoría de los soldados votaban obedientemente a quién por ellos se les indicara, dando por supuesto que de lo contrario se esfumaría la financiación.
De todas formas, a menudo la mayoría de los mandos salían de la votación, lo que tuvo efectos perjudiciales. Y no, como a menudo pretenden los militares, porque el jefe elegido no iba a atreverse a malquistarse con su “público”. Más bien era que, en ese momento, los voluntarios no tenían en general ni idea de lo que debían de exigir de un jefe, y demasiadas jefaturas fueron a manos de jumentos dotados del suficiente dinero para hacerse simpáticos pagando unos barriles de cerveza.
Y por encima del grado de comandante de regimiento, la popularidad del momento resultaba aún un factor importantísimo. Vemos así como, en pocos meses, todos los capitanes de Fort Sumter tuvieron sus coronelías, y antes de un año tendrían como mínimo mandos de brigada. O como William Tecumseh Sherman, Capitán retirado con experiencia de Estado Mayor, (pero no de combate), era recibido con el mando de uno de los nuevos regimientos de línea, seguido con una brigada, una división antes de fin de Verano y un Ejército para el Otoño principalmente porque tenía labia y estaba bien relacionado. George Gordon Meade, también capitán retirado, y habiendo sido el primero de su promoción, pero impopular, se encontraría en faenas de entrenamiento, y después habría de hacer méritos al frente de una brigada durante más de un año para ir más allá.
Este juego de la popularidad, que nunca fue tan importante en el Sur, resultaría sofocante en los más altos niveles del mando. Allí, como si también se celebrara una elección, los entusiasmos del público, conducido por una Prensa irresponsable, que “creaba” un héroe popular cada dos meses, eran muy difíciles de contrariar, y Lincoln se iba a ver año tras año obligado a nombrar, no los que él consideraba los mejores jefes, sino los menos malos de los que, por su “cotización” en el momento, resultaban elegibles.
En realidad, el Ejército Federal poseía una cúpula de altos mandos bastante bien preparados, comenzando por los mismos Winfield Scott y John Ellis Wool, e incluyendo personajes como el Mayor General George Gibson y los Brigadieres John Garland, George B. Cadwalader y Sylvester Churchill. Aunque ninguno de ellos tenía ya “cuerpo” para un mando de campaña, podían haber dado su orientación estratégica a las operaciones. (Al fin, aun muy deformada por la intervención de varios supuestos “genios” más jóvenes, y con retraso de más de un año, fue la estrategia ideada por Winfield Scott la que derrotaría al Sur). Y no faltaban hombres de su generación que podían mandar operaciones, como Joseph King Fenno Mansfield y Erwin Vose Sumner. Pero la Prensa y el público los encontraban “rancios”, y nunca les darían su favor.
Precisamente, en aquellos días Sumner salía a la palestra con motivo de otro de los errores de elección de Scott. Después de ser rechazada su oferta por Robert Lee, el Teniente General había ofrecido el mando del Ejército unionista del Este a Albert Sidney Johnston, (que curiosamente, era de Mississippi y no tenía ningún parentesco con el virginiano Joseph Eggleston Johnston). Este segundo Johnston era, casualmente, el último Brigadier habilitado por el Ejército antes de la Secesión, (como su tocayo era el último nombrado), y había sido ascendido por el éxito de sus campañas contra los mormones rebeldes y los indios Paiute, al frente del Departamento de Pacífico. Pero también este segundo Johnston, como Lee, declinó la oferta para ir a unirse a los confederados. Y el viejo Sumner le sucedió en la jefatura del Departamento del Pacífico, ofreciéndose a la vez para hacer campaña contra los confederados si hacía falta.

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