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Capítulo IX: Los Corsarios y la Orilla Meridional Del Missouri

El mes de Junio se inauguró políticamente con una necrológica. El aún joven rival “favorito” de Lincoln, Stephen Arnold Douglas, que había regresado a su antiguo Estado para pasar revista a sus bases antes de la convocatoria extraordinaria de las Cámaras, moría de unas inesperadas fiebres tifoideas en Chicago el día 3. Aún sólo contaba 48 años. Esta muerte no era una buena noticia para el Presidente Lincoln y la causa de la Unión, pues Douglas estaba haciendo una excelente labor para lograr que el Partido Demócrata no causase problemas al esfuerzo de guerra. John Tyler la continuaría aunque, si bien prestigioso, no tenía el carisma de Douglas, y peor aún, era un hombre de avanzada edad y salud ya delicada. Pero hubo de ser el aún joven y aparentemente saludable Douglas el que cayese primero, por capricho de la suerte.

Y el 8 de Junio, Tennessee confirmaba en referéndum su Secesión, mientras en su zona Este, las columnas del Brigadier Zollicoffer comenzaban a perseguir a las milicias unionistas. Con ello, se disipaban las últimas dudas políticas posibles sobre el alcance del movimiento separatista. A la vez, se reunía en Washington por primera vez la organización privada, aunque paraestatal, “United States Sanitary Commission”, que era una agrupación civil dedicada a auxiliar en el mantenimiento de la salud de las tropas. Recibiría su calificación de organización estatal el día 18 de Junio de 1861 tras la firma de sus estatutos por el propio Abraham Lincoln. Entre otras funciones, ésta organización reclutaría enfermeras para los ejércitos unionistas. (Y como, pasados poco más de cinco años del primer precedente de Florence Nightingale en la Guerra de Crimea, se trataba aún de una noción nueva, los sureños no las tendrían). Dorothea Dix, una dama que se había hecho famosa en la Unión por sus trabajos para reorganizar manicomios, y que el Secretario Cameron ya había aceptado el 29 de Mayo para que “echase una mano” en los hospitales de sangre, sería la encargada de reclutarlas y dirigirlas.

USS Red Rover, primer buque-hospital de la USNavy

Mientras, el 2 de Junio zarpaba de Charleston, (South Carolina), el primero de los corsarios anunciados por Jefferson Davis. Se trataba del minúsculo velero “Savannah”, de 53 Tn, con una tripulación de 20 hombres y sólo armado con un “18 Libras”, algo desproporcionado para el tamaño del buque y que había sido preciso emplazar en su línea anterior y posterior, apuntando hacia proa para disparar sobre el bauprés.

Lo mandaba el ex-Teniente de la U.S. Navy John Newland Maffitt, que había alcanzado cierta fama en 1858 al mando del ahora desaparecido “USS Dolphin”, al capturar en aguas africanas al negrero “Echo”. El día 2, la “Savannah” aprovechó una buena brisa y el que la fragata unionista de hélice “USS Minnesota”, que bloqueaba el puerto, se hubiera alejado tratando de detener a un mercante sospechoso, para dejar la bahía, perdiéndose en alta mar antes de que aquélla pudiera perseguirlo. Y a la mañana siguiente, sintiéndose ya seguro, inició su cacería capturando una goleta unionista que regresaba a puerto deslizándose sobre el Gulf Stream, con un cargamento de azúcar de caña embarcado en Cuba.

Sólo que aquella misma tarde, al emprender la persecución de una segunda vela, Maffitt vio con sobresalto que ésta viraba de bordo y salía a su encuentro, señal segura de que se trataba de un navío militar. En realidad era el “USS Perry”, la embarcación de vela más pequeña que le quedaba a la U.S. Navy tras perder el “USS Dolphin”. Más aun así, éste bergantín con 280 Tn de desplazamiento, 67 hombres de dotación y 6 piezas de 32 Libras, era un asesino para el pequeño “CSS Savannah”.

Maffitt, hábil navegante, pudo huir ante el unionista hasta la caída de la noche. Pero la dotación del “USS Perry”, con tenacidad de bull-dogs, logró estimar bastante aproximadamente el rumbo que el confederado mantendría durante las horas de oscuridad y no ser despistada por ésta. A la mañana siguiente, el unionista pudo así volver a avistar rápidamente al corsario y reemprender su persecución, y hacia las 11 de la mañana el “CSS Savannah” fue alcanzado y capturado por su pertinaz adversario.

Para su asombro e indignación, Maffit y sus hombres no fueron tomados como prisioneros de guerra, sino detenidos bajo una acusación de piratería. Y es que la Unión, sabiendo muy bien el daño que podía hacerle el corso, deseaba lograr que la comunidad internacional proscribiera esta práctica, en desuso desde 1815, asimilándola a la piratería. Y Lincoln y su Secretario de Marina, Gideon Welles, conocían muy bien la importancia que, en este tipo de situaciones, tiene el rápido establecimiento de un precedente jurídico.

Pese a tan mal principio, la actividad de corsarios y asimilables en aquel mes de Junio no dejó de causar ciertas molestias a la navegación comercial norteña. No hubo sin embargo corsarios en Virginia, donde las aguas relativamente angostas de la Chesapeake Bay, sellada por la Marina unionista y crecientemente patrullada por sus buques, hacían muy difícil la supervivencia de un buque corsario. (Pese a todo se dio hacia fin de mes un curioso episodio, del que hablaremos).

Los ataques de más éxito del mes fueron sin embargo los del vapor de ruedas denominado “Winslow” o “Warren Winslow”, (antes “Joseph E. Coffee”), capitaneado por el Teniente T. M. Crossen y armado con un “32 libras” y un cañoncito de 6 libras, hizo dos salidas desde su base de New Berne, en los Sounds de North Carolina, capturando tres buques en mar abierta, entre los cabos Henry y Hatteras. Una de sus presas fue el “Itasca”, bajo chart del U.S. Army, que le procuró un rico botín en equipo militar. (El hecho ha causado equívocos, al denominarse a veces al buque “USS Itasca” a causa de su relación con el Ejército. Y es que la U.S. Navy tuvo un famoso cañonero “USS Itasca”, pero que aún no sería botado hasta el otoño).

Sin embargo el “Winslow” no era un corsario, sino un buque regular de la North Carolina Navy, que un mes más tarde se traspasaría a la Confedérate States Navy. En cambio sí era un corsario y actuó desde el mismo Estado el más pequeño vapor “Mariner”, desplazando 135 Tn y con base en Wilmington, en el Cape Fear River, aunque parece que no logró sino una sola captura.

Más al Sur, otros dos veleros de corso zarparon de Charleston tras el desafortunado “Savannah”. Se trató del “Sallie”, de 170 Tn, que no parece que tuviera demasiada suerte, y el “Dixie”, de 110 Tn, cuya singladura resultó en cambio francamente agitada. Era un bergantín propiedad del capitán mercante virginiano Thomas J. Moore, que zarpó el 20 de Junio y, en un crucero de apenas una semana, obtuvo tres presas. La primera pudo enviarla a puerto sin problema, la segunda le fue arrebatada por la fragata de hélice “USS Wabash”, y la tercera y el propio “Dixie” hubieron de evitar de una forma novelesca los ataques de este mismo buque, metiéndose por pasos de fondos peligrosos, imposibles para el gran calado de la “Wabash”, para regresar a puerto.

Asimismo, parece que aquel mes realizaron singladuras no menos de tres buques con patente de corso más desde New Orleans, en el Golfo de Mexico. Se trató del pequeño velero de 95 Tn “J. O. Nixon”, armado con 3 cañones, y el vapor de hélice de 800 Tn “Isabella”, con 8 cañones, ninguno de los cuales obtuvieron sino éxitos modestos, y el vapor de paletas “Calhoun”, que lograría al menos dos presas. Mandado por el Capitán John Wilson, éste último corsario contaba con una dotación de 85 hombres, cuatro cañones ligeros y un “10 pulgadas” Dahlgren, de 118 libras.

Debe de advertirse que, de los corsarios que llevamos mencionando, ninguno de los “Dixie”, “Isabella”, “J. O. Nixon”, “Mariner” y “Sallie”, volvería a realizar otra salida como corsario. De alguno, como el “Dixie”, sabemos que fue vendido el siguiente Octubre y pasaría a actuar como mercante bajo otros nombres.

Otros buques utilizaban la patente de corso con fines bastante diferentes de los originalmente previstos. Ocurre así que algunos buques de Estados esclavistas, pero que habían quedado del lado de la Unión, y que se encontraban en aguas de la Confederación al iniciarse el conflicto, adquirieron sus patentes de corso principalmente para demostrar su “bonafides” como barcos confederados y evitar su posible secuestro. Tal parece el caso de los bergantines de matrícula del Baltimore, (Maryland), “Lorton” y “Sealine”, cada uno de los cuales fue armado con un cañón y que aún zarparon, pero nada indica que hicieran mucho más que singladuras de cabotaje. Y otro caso es el del gran vapor de 1.644 Tn “Phenix”, de Wilmington (Delaware). Su excesivo tamaño y calado, y su no muy descollante velocidad, lo hacían inadecuado como corsario, pero pese a ello obtuvo una carta de corso y fue equipado con 7 cañones ¡para nunca dejar el puerto en navegación corsaria!

De todas formas, hacia fin de mes las actividades corsarias confederadas se recrudecían, y en aquellos días zarparon dos de los tres corsarios que habían de alcanzar mayor popularidad aquel año. Así, el 28 de Junio se hacía a la mar desde Charleston una vez más el bergantín “Jefferson Davis”, de 187 Tn, con 2 cañones de 32 Libras y 3 de 18 libras, tripulado por 76 hombres. Capitaneado por Louis M. Coxetter, se trataba en realidad, (curiosa coincidencia), de aquel mismo negrero “Echo” que John Maffitt capturara en 1858. Vendido por la Marina a nuevos armadores, había recuperado el nombre de “Putnam” que ostentase antes de emplearse en la trata, y ahora, bajo nuevo nombre, era dedicado al corso. De todas formas, su ajetreada historia se dejaba ver al parecer en su aspecto: un velero negro, que nunca parecía totalmente limpio. Pero era rápido y fiable, y eso le bastaba a Coxetter.

Dos días más tarde, el 30, zarpaba de New Orleans, burlando la vigilancia del crucero unionista “Brooklyn” sobre las bocas del Mississippi, el vapor “Sumter” del Capitán Raphael Semmes, que llegaría a ser el más famoso capitán corsario confederado. El “Sumter” era un vapor de hélice, de 347 Tn y un centenar de hombres de tripulación, que había servido bajo el nombre de “Habana” en la línea regular McConnell entre New Orleans y la ciudad cuyo nombre ostentaba. Armado con un obús de 8 pulgadas y proyectil de 45 Libras, y 4 cañones de 32 libras, rápido y marinero, Semmes había ideado emplearlo no en atacar a lo largo de la costa, como acostumbraban a hacer sus compañeros, sino en ir a buscar la caza a las Indias Occidentales.

Un último y muy curioso episodio de corso que se produjo en aquellos mismos días nos remite a un hecho de guerra naval anterior, que habíamos omitido deliberadamente por estar conectado con éste. Se trata de la pérdida de un buque armado del Ejército Federal Unionista, (y no de su Marina), que se produjo el mes anterior, en la época en que el “Anacostia” se esforzaba en cartografiar la posición de las puntas de tierra y los bancos arenosos de la ribera Sur del firth del Potomac.

Al parecer, el Ejército quiso echar una mano, empleando el vapor “George Page”, de 410 Tn y armado con dos cañones, que pertenecía al Departamento de Intendencia del Alto Mando en Washington, (Quartermaster General Department). Y lo hizo con tan mala fortuna que el buque encalló a las primeras de cambio en los bancos de arena que intentaba localizar. Los confederados lograron salvarlo, y lo convirtieron en un cañonero a su servicio bajo el nombre de “City of Richmond”, pero la fortuna de haber logrado una presa sin emplear barcos puso en marcha la imaginación de los jefes sureños locales, haciéndoles concebir un plan que ejecutarían en los últimos días de Junio.

CSS George Page

Fue éste que un grupo de milicianos y marineros virginianos escogidos, bajo el mando del Capitán de Marina George N. Hollins y el Coronel R. Thomas, fueron cruzando el firth en botes y disfrazados, con armas ocultas, y concentrándose en la costa de Maryland en un par de puertos en los que hacía alto el vapor de pasajeros “Saint Nicholas”, de 1.200 Tn, que pese a la guerra seguía manteniendo regularmente un servicio de ferry entre Baltimore y Washington D.C.

En la noche del 28 de Junio, cuando el vapor de paletas se aproximaba a Point Lookout, un grupo de pasajeros extrajo armas escondidas y se hizo con su control; naturalmente, eran Hollins, Thomas y su gente, que habían ido subiendo al buque en grupos separados y en tres puertos distintos, y por supuesto bien disfrazados. (El Coronel Thompson lo había hecho con ropas de mujer, lo que le valdría más tarde numerosas chanzas).

A continuación, Hollins tomó el mando del vapor y, aprovechando que aún no se había dado la alarma, salió a la Bahía de Chesapeake y capturó en ella tres mercantes, yendo a refugiarse la tarde del 29 a la boca del río Rappahannock. Allí, el “Saint Nicholas” sería adquirido por la naciente Marina Confederada como cañonero, bajo el nuevo nombre de “Rappahannock” mientras Thomas y sobre todo Hollins se convertían en héroes. Al siguiente mes, al terminar de organizarse la C.S. Navy, un muy importante mando de zona del Golfo de Mexico recaería sobre Hollins.

También la Marina unionista tenía las manos llenas de trabajo. Ya el 13 de Junio, un convoy de cuatro buques contratados por el Ejército, escoltado por el vapor armado “Mount Vernon”, desembarcaba en Pensacola el tercer refuerzo para Fort Pickens. Se trataba del Regimiento 6º de Voluntarios de New York, “Zuavos de Wilson”, del Coronel William Wilson, que habían sido seleccionados para su desplazamiento allá porque su término de alistamiento era un año, mientras la mayoría de las unidades voluntarias estaban alistadas sólo por los tres meses solicitados por Lincoln en su discurso del 15 de Abril. (Y de nuevo se trataba de zuavos con un ropaje “a la oriental” bastante llamativo).

USS Mount Vernon

Harvey Brown, que seguía al frente de las fuerzas de Santa Rosa Island, disponía ya así de unos 1.600 hombres, amén de algunos extras. Entre éstos, un pequeño servicio de Ingenieros dirigido por el Teniente Godfrey Weitzel, (de la escala activa), y una batería móvil, que le sería muy útil si el enemigo pensaba con la cabeza y desembarcaba en botes bien al Este de Fort Pickens, fuera del alcance de sus cañones.

Bahía de Pensacola, Florida

Pero la verdad es que Braxton Bragg, que pese al tiempo transcurrido no había reunido una fuerza demasiado numerosa, (aún quizá menos de 4.000 hombres) tenía historial de artillero y obsesiones de artillero, y se empeñaba en descubrir el modo de neutralizar los cañones de Fort Pickens en vez de discurrir cómo contornearlos.

La principal labor de la Marina unionista seguía siendo sin embargo el bloqueo, en el que sus redes apenas comenzaban a espesarse al añadírseles los primeros vapores armados de origen civil. Así el Escuadrón del Golfo del Flag Officer Mervine, que estaba recibiendo sus efectivos con cuentagotas y sobre las tareas normales, debía proteger su base de Key West y apoyar a las tropas de Santa Rosa Island, se había visto durante Mayo y los primeros días de Junio disponiendo de tan sólo el “Brooklyn” y el “Powhatan” para bloquear la complicada bahía de Mobile y el delta del Mississippi, que tiene numerosas bocas de salida.

Desde luego que ambos estaban mandados por oficiales selectos, que llevaban en el mar desde la infancia: el “Brooklyn” por nuestro ya conocido Capitán David Glasgow Farragut, el “Powhatan” por el Comandante David Dixon Porter. Este último era una oficial de valía, que había hecho un gran papel en la flotilla de bombardas que apoyara el desembarco en Veracruz durante la Guerra de Mexico. Pero desde entonces había quedado estancado en la graduación de Teniente Comandante debido a su agresividad y mal carácter.

Estaba mandando el Abril anterior la vieja “Constitution” en Annapolis, (un destino que le sacaba de quicio), cuando la intromisión de Seward lo había puesto con un despacho provisional al mando del “Powhatan” y rumbo a Pensacola. Y como Lincoln, aunque enfadado con Seward, había apreciado la agresividad de los militares que intervinieron en el asunto, a continuación se encontró ascendido a Comandante y confirmado al mando del “Powhatan”. (Su compañero de fatigas, el Capitán Montgomery Meigs, se vio reclamado de vuelta a Washington, ascendido a Comandante y luego Teniente Coronel al mando de uno de los nuevos regimientos que se estaban formando, y en aquellos días de Junio sería ascendido a Coronel y puesto al frente del Departamento de Intendencia).

Pero obviamente, ni siquiera Farragut y Porter podían hacer milagros, y sus faenas de bloqueo debían dejar forzosamente considerables “ventanas” abiertas al enemigo. Así, en Mayo sólo habían apresado un buque rebelde.

Junio empezó mejor para el Escuadrón de Bloqueo del Golfo, con botes de la fragata de hélice “Niágara” capturando el 5 dentro de la Bahía de Pensacola a la goleta sureña “Aid”, que después Mervine haría hundir en la boca oriental del Sound de Santa Rosa. (Que es la que, pese a sus peligros e incomodidades, toda la navegación enemiga estaba utilizando para entrar y salir de Pensacola, al no poder afrontar el peligro más cierto de los cañones de Fort Pickens).

Y la situación evolucionó aún más favorablemente al recibir los bloqueadores el refuerzo de los vapores armados “Massachusetts” y “South Carolina”. El primero iba a capturar siete mercantes en Junio, y el segundo doce en el mes siguiente. Esto nos da una idea de la creciente eficacia de que estaba dotando a las fuerzas unionistas la adición de aquellos vapores, que seguían comprándose o contratándose en chart en forma muy regular. Así, podemos añadir a los que anotamos en un capítulo anterior los siguientes:

De ruedas laterales: “Bienville”, de 1.558 Tn, “Mount Washington”, de 500 Tn, “Quaker City”, de 1.600 Tn, y “Rhode Island” de 1.517 Tn.

De hélice: “Albatross”, de 378 Tn, “Daylight” de 682 Tn, “Flag” de 938 Tn, “Huntsville” de 860 Tn, “Montgomery” de 787 Tn, “Penguin” de 389 Tn y “R. R. Cuyier”, de 1.200 Tn.

USS Montgomery

Además, la U.S. Navy estaba procurando reforzarse por medios laterales, como lograr del Coast Survey el traslado de dos pequeños vapores de ruedas de que aquél disponía, “Vixen”, de 300 Tn, y “Hetzel” de 200 Tn, y del Departamento de faros la cesión de su mejor vaporcito, el “Coeur de Lyon”, de 110 Tn y asimismo de ruedas.

El lector, al enterarse de que en 1861 se capturó sólo uno de cada 10 buques que intentaron evadir el bloqueo, y en 1865 uno de cada dos, puede concluir erróneamente que en el segundo de estos dos años se interceptó a muchos más que en el 61. Y esto no fue así en absoluto. Cierto que las redes de bloqueo eran mucho menos espesas en esos días, pero a su vez la “caza”, abundaba y los buques sureños intentaban salir y entrar con excesiva frecuencia, y a menudo no siendo idóneos para tal cometido. Así, los mejor preparados de estos pronto llamados “Blockade Runners” o “rompebloqueos”, iban y venían con total impunidad aprovechando la vigilancia escasa. (Varios llegarían a hacer 10 o 12 viajes a Cuba, las Bahamas o la Bermuda, y algunos que otros muchos más). Pero en cambio, un puro cambio de viento podía hacer que un vapor de vigilancia bien dirigido capturase dos o tres goletas en sólo un día.

Así los bloqueadores unionistas capturarían hasta una veintena de mercantes confederados en el mes de Junio. Uno de ellos, el velerillo “Alena”, sería capturado en la Chesapeake Bay intentando trasladar reclutas secesionistas de Maryland a alistarse en el Ejército Confederado en Virginia. Lo hizo presa el “Mount Vernon”, que ya había realizado otra captura a principio de mes en el Golfo, como “propina” a su misión de escolta con destino en Fort Pickens. Y las capturas no harían sino aumentar desde el Verano, al incrementarse la cifra de bloqueadores.

Una última actividad de la Marina federal en aquél mes fueron los bombardeos contra las baterías del firth del Potomac. La flotilla del Comandante Ward, reforzada por el “Pawnee”, hizo aún un par de intentonas. Y a la vez, mucho más al Sur, los “Monticello” y “Reliance” lanzaban su desafío a las de Malborough Point, en las Hampton Roads, el 20.

Pero era evidente que el sistema no funcionaba y, al recibirse noticia de que los confederados realizaban una nueva obra de fortificación en Matthias Point, (más al Sur en el firth del Potomac que Aquia Creek, pero en un pasaje en que el estuario se estrecha, frente a la localidad de Maryland de Port Tobacco y no lejos de la virginiana de Hampstead), el Comandante James Ward decidió cambiar de sistema. Así, cuando el 26 de Junio se dirigió a Matthias Point con una fuerza integrada por el “Thomas Freeborn” y el “Pawnee”, llevaba preparado un destacamento de desembarco de 50 hombres, integrado por marinería y tropa de Marines, especialmente entrenado en sabotaje.

Y de ésta forma el 27, cuando el fuego de sus buques acabó por hacer huir a los trabajadores, (esclavos de color en su mayoría), y soldados de la nueva fortificación, desembarcó personalmente en ella al frente de su destacamento de sabotaje. Por desgracia no había contado con la presencia de alguna compañía, de infantería, equipada con armas rayadas, que si no se atrevió a cargar contra ellos bajo la amenaza de los cañones navales, sí les sometió a un nutrido fuego de fusilería.

En un momento, buena parte del destacamento resultó muerto o herido, y las obras hubieron de abandonarse sin terminar los trabajos de sabotaje. Más grave aún, al regresar los botes, se descubrió que el propio James Harmon Ward era uno de los hombres mortalmente heridos de un tiro en el abdomen. Le sucedería en el mando de la flotilla el Capitán Graven, que hubo de volver a los insatisfactorios bombardeos, rezando a la vez para que la próxima ofensiva de la Unión desalojara a los confederados de aquella costa.

Comandante James H. Ward, USN

Pasaremos ahora a tratar los sucesos de los frentes, de Oeste a Este, en los siguientes días. En Texas, James Baylor ya había terminado de organizar su 2º de Fusileros Montados de Texas. Solamente que lo había conformado como un simple batallón, con sólo cuatro compañías. Su apoyo de artillería iba sin embargo a ser desacostumbradamente alto para fuerza tan reducida, contando con un destacamento de Artillería Montada adjunto a su unidad, y la ayuda de la Batería B del 1º de Artillería de Texas. Así disponía de 10 bocas de fuego, pero el total de sus hombres, artilleros incluidos, ascendía a 438 hombres. Lo que a él mismo debía parecerle poco al ponerse en marcha a fines de Junio. Y, sin embargo, cabalgaba hacia una fácil serie de victorias.

El interludio impuesto en Missouri por el más bien extraño mandato del Brigadier William Selby Harney no había mantenido a Nathaniel Lyon con los brazos cruzados. Antes bien, se estaba esforzando en preparar tropas para una lucha que consideraba inevitable. Con la ayuda de Francis Preston Blair y Franz Sigel, estaba creando media docena de regimientos de campaña operativos a partir de lo mejor de la Home Guard. A la vez el joven ex-Capitán de Artillería John McAllister Schofield, que había dado clases de Artillería en la Academia de Sigel, aprovechaba la abundancia de piezas de 6 Libras disponibles en el Arsenal de Saint Louis para comenzar a formar las primeras baterías de lo que se llamaría luego “Regimiento de Artillería Ligera de Missouri”.

Estas tareas ni siquiera se detuvieron con la partida de Harney, porque el Gobernador Claiborne Jackson y el General Sterling Price informaron de su deseo de conferenciar con Lyon. Y hasta su llegada final a Saint Louis, el 11 de Junio, se siguió trabajando en forma febril.

Lyon recibió a los notables secesionistas acompañado por Blair. Y resultó que la propuesta de aquéllos era llevar al Estado a una neutralidad en la línea de la de Kentucky. Pero, no sólo esto resultaba en realidad también dudosamente legal, e inaceptable desde el punto de vista de los unionistas, sino que de inmediato éstos sospecharon que el Gobernador ocultaba parte de sus intenciones.

En efecto, Claiborne Jackson daba por incluida en el trato una supuesta “vuelta a la normalidad”, en que las milicias violentas de nuevo cuño, (Home Guard y State Guard), serían disueltas, quedando como única fuerza armada en el Estado la milicia estatal. Pero, en primer lugar, los mandos y buena parte de los hombres de la milicia estatal eran precisamente los de la “violenta” State Guard. En segundo, esa milicia estatal seguía estando ligada sólo por un juramento de obediencia a Jackson. Y finalmente, mientras que por supuesto el Gobernador exigía, para mantener la famosa neutralidad, que toda tropa federal saliera del Estado, no decía nada de una división confederada, (creada a medias por el Ejército Provisional y el flamante Ejército de Arkansas), que se estaba formando en dicho Estado con el propósito de intervenir en Missouri, según informes en poder de Lyon y Blair.

Claiborne Fox Jackson

Si a eso añadimos que el Gobernador ya había mentido y falseado los hechos en otras ocasiones, en bien de su “causa”, era claro que, aunque Blair y Lyon hubiesen estado dispuestos a aceptar la neutralización del Estado, (lo que no era el caso), no podían aceptarla en los términos de Jackson, que hubieran supuesto dejar a Missouri, atado de pies y manos, a los pies de tan dudoso sujeto. Asombrados por recibir la oferta tan inaceptable después de tantos anuncios de diálogo, los unionistas la rechazaron en términos claros.

Y entonces se vio que el Gobernador no tenía realmente ningún deseo de neutralizar el Estado, y lo que buscaba era precisamente realizar entre grandes gestos una oferta que no pudiese ser aceptada, para hacer ceer a sus partidarios que había intentado negociar. (Por lo visto, parte de ellos no estaban convencidos de la necesidad de la lucha).

En efecto, llegado a Jefferson City el 12, Jackson expuso una versión ridículamente falsa de lo ocurrido, manteniendo que “en su deseo de paz, había llegado a ofrecer términos de paz tan extremados que resultaban humillantes para el Estado, y que sin embargo habían sido rechazados”. ¡Menudo embustero estaba hecho el “honorable” Gobernador! Y acto seguido, y siempre con su peculiar léxico, Jackson pidió 50.000 voluntarios para “repeler a los invasores del Estado”.

Sólo que, guiado por un interés político por negar a los unionistas el uso de los recursos físicos y humanos de la ribera Sur del Missouri, donde tenían muchos seguidores, había concentrado sobre ella el grueso de la fuerza útil de la State Guard, lo que era un error de despliegue muy grave, sobre todo porque al trasladarse habían arrastrado el grueso de su embrionario aparato de encuadramiento. Así el Brigadier de Milicias James S. Rains, que había quedado al frente de la zona sur del estado, donde la base sociológica de los rebeldes era importante, estaba reclutando relativamente poca tropa por carecer del aparato necesario. Y en la orilla del Missouri, donde tal aparato existía, tampoco se podía reclutar demasiado por ser el grueso de la población hostil.

Aún peor, la conciencia de tal hostilidad había llevado a la State Guard a tratar de imponer temor, o al menos “respeto”, para lo que se había ido extendiendo por la zona, y haciendo pequeñas demostraciones de fuerza. Y ahora, llegada la hora de la lucha, estaba dispersa, muy poco entrenada a niveles por encima de compañía, y con sus hombres experimentando esa tonta sensación de autoconfianza que dos meses de hacer bajar la mirada a burgueses de mediana edad pueden despertar en el chico campesino. (Y que una sola descarga de fusilería puede disipar).

Bandera de la State Guard of Missouri

Los State Guards seguían careciendo de un uniforme propiamente dicho, aunque parece que una de sus señales de identidad en aquel Verano fue que la mayoría usaban camisas rojas de “linsey” de fabricación casera. Este paño casero, que en casi todo el Sur era mezcla de lana y algodón, solía ser también el material de sus chaquetas y pantalones, que lucían el marrón deslucido del “linsey” hecho con mucha lana. En la cabeza todo tipo de gorras, y sobre todo sombreros de alas de fieltro, aunque por lo regular muchísimo más viejos, caídos y estropeados que lo que se ha acostumbrado en Hollywood, y en una buena proporción de alas muy estrechas. Algunas unidades lucían al nivel de compañía gorros de lana cónicos, como de marinero. En cuanto a los oficiales, podían vestir ropas civiles de mejor hechura, pero casi todos gastaban uniforme, (del Ejército si eran ex-profesionales, o de la Milicia), y tocaban sus cabezas con sombreros de alas, civiles, o tipo Hardee.

Reenactments 11º Missouri State Guard hoy en día.

Los unionistas de Missouri que se les iban a enfrentar estaban equipados en el Arsenal de Saint Louis y vestían el uniforme de faena del Ejército Federal, que si bien no se había visto mucho aún fuera de los cuarteles, iba a irse generalizando durante la contienda.

Es el que el cine nos ha acostumbrado a ver, con chaqueta azul oscuro sin adornos, de cuello camisero y faldones cortos, cerrada por cuatro botones de latón, y pantalón azul claro. Los galones de los suboficiales, el fondo de los rectángulos de grado de los oficiales y un galón en los costados de los pantalones debían ir en el color del Arma, pero siendo el de la Infantería azul claro, sus pantalones de faena no llevaban galón. (Salvo los hechos a medida para oficiales y suboficiales).

Reenactments yankees hoy en día

La artillería ligera y montada, y la caballería, solían preferir una chaquetilla de montar sin faldones, con profusión de botones y cuello alto con galones “litzen”, y vivos colores del Arma. (Amarillo para Caballería y Rojo para Artillería, bien que ésta a menudo suprimía los litzen en campaña). Uniformes de faena y chaquetillas de montar se usaban con quepis, bajo tipo chasseur para Caballería y Artillería y alto y deforme para la Infantería. (En éste último la insignia del Arma y letra de Compañía, que debían ir en el quepis, habían de colocarse en la copa caída hacia adelante para ser visibles. Por más que a menudo se prescindía de la letra de Compañía, e incluso del cuerno inglés que simbolizaba el Arma de Infantería).

Principales insignias de arma

Al principio de la guerra, casi todos los oficiales no montados preferían usar la levita de faldones largos, con una fila de botones para los oficiales de Compañía y dos a partir del grado de Mayor, aunque usando rectángulos de mando y no las engorrosas hombreras de latón. Los profesionales se cubrían con sus Hardee, los de Voluntarios, a menudo, con el quepis. En cuanto a sus tropas, en Missouri los voluntarios alemanes demostraron preferencia por el quepis, y los anglosajones por los sombreros de fieltro, de alas, tipo “slouch”.

Este era el aspecto de los hombres que iban a enfrentarse en Missouri. Y tal cosa sucedería bien pronto porque Lyon, seguro de que el Gobernador hacía trampas, se puso en marcha ya el mismo día 12 en que aquél hizo su petición de 50.000 voluntarios. Ese día salía de Saint Louis para el Sudoeste del Estado una brigadilla alemana bajo el mando de Franz Sigel, nombrado Coronel de Voluntarios. Contaba con apenas 1.200 hombres, sumando los regimientos 3º y 5º de Missouri, con efectivos reducidos y bajo los Tenientes Coroneles Anselm Albert y Carl Eberhardt Von Salomon, y la primera batería operativa de la “Missouri Light Artillery”, mandada por un Capitán Backof. Su entrenamiento, ya muy avanzado, sería completado durante el largo viaje al Sur. Su misión era molestar e impedir el reclutamiento a James Rains, y vigilar la posible llegada de la división confederada de Arkansas.

Al día siguiente, 13 de Junio, el propio Nathaniel Lyon zarpaba en una flotilla de vapor Missouri arriba de Saint Louis con el resto de la fuerza: otros cuatro regimientos missourianos, su propia compañía del 2º de Infantería federal y la Batería F del 2º de Artillería, llegada en su apoyo. Sumarían 3.000 hombres.

Al Gobernador Jackson siempre le traicionaba su arraigado prejuicio de que aquellos unionistas de clase media no podían tener agallas, y el movimiento de Lyon hacia Jefferson City le tomó totalmente desprevenido. Sin fuerzas para defenderla, hubo de dejar la capital estatal el 14, y se replegó sobre Booneville, al Oeste, tratando de concentrar las unidades de la State Guard dispersos hasta la frontera de Kansas. A la vez envió a Sterling Price al Sudoeste a uña de caballo, para que ayudara a Rains a reclutar y enviase refuerzos cuanto antes.

Pero Lyon no iba a darles tiempo. Entró en Jefferson City la noche del 14 y tras una jornada para tomar algunas disposiciones políticas y abrir los banderines de enganche de la Home Guard, se puso en marcha la mañana del 16, hacia Booneville dispuesto a no dar tregua, le seguían 1.700 hombres de los 1º y 2º de Missouri mandados por los Coroneles George Andrews y Peter Osterhaus, la Infantería de línea y la Batería F, mandada por el Capitán James Totten.

Claiborne Jackson se había alarmado ante las muestras de impreparación e indisciplina, incluyendo deserciones, que había visto entre sus State Guards en los últimos días. Y, observando el excelente orden de un batallón, mandado por el Teniente Coronel John Sappington Marmaduke, ascendió a éste a Coronel y lo puso al mando de la fuerza.

John S. Marmaduke, CSA

El siguiente día 17 de Junio de 1861, los vapores de Lyon se aproximaron a Boonville, encontrando la corriente dominada por la única batería de que disponían el Gobernador y Marmaduke, hábilmente emplazada por éste. Pero el unionista sorprendió de nuevo a sus enemigos, desembarcando y emprendiendo la marcha por la orilla con tal premura, que para cuando los secesionistas le salieron al encuentro, la batería fue desbordada, y no se la podría emplear. Marmaduke, enfrentado a la superior y mejor armada fuerza de Lyon con 1.500 hombres equipados con mosquetes, rifles de Kentucky y escopetas, escogió con cuidado una posición defensiva que dominaba el camino desde la linde de un bosque.

Sólo que el Gobernador, que seguía pensando que los norteños “no tenían redaños”, ya se estaba quejando de sus “excesivas precauciones”. Y esto resultó fatal cuando Lyon, prácticamente sin detenerse a desplegar, hizo que parte de su fuerza, en un movimiento obviamente ensayado, avanzara, intercambiase una descarga con el enemigo y retrocediera en aparente desorden. Marmaduke, que veía con claridad la trampa, se desgañitó en vano ordenando a los suyos permanecer en su puesto. Sólo su propio batallón le obedeció mientras el resto, haciendo oídos sordos a un jefe tan reciente, y semidesautorizado por las protestas del Gobernador, se lanzaron en persecución de los “cobardes” unionistas en aparente fuga.

Naturalmente, en cuanto se hubieron separado lo suficiente de la linde del bosque, fueron acogidos con una brutal descarga por los cañones de Totten y la fusilería. Y aquí acabó la batalla, de poco más de quince minutos, pues el grueso huyó, dispersándose al clásico grito de “¡Nos rodean!”. Mientras Marmaduke se replegaba con su batallón, y cuantos fugitivos pudo incorporarse, protegiendo al Gobernador Jackson.

La estadística da para esta “Batalla de Boonville”, 2 muertos y 19 heridos unionistas, por 14 muertos y 20 heridos de la State Guard, aparte un pequeño número de prisioneros, liberados enseguida bajo palabra. Pero serían casi un millar, los que se dispersaron, y en los siguientes días según las otras fuerzas de Lyon avanzaban hacia la frontera de Kansas por la orilla Sur del Missouri, el resto de las fuerzas de State Guard en la zona, no menos de 1.500 hombres más, se dispersaron sin ofrecer asomo de resistencia, igualmente.

En esta batalla las principales pérdidas confederadas fueron unos mosquetes anticuados, 2 cañones de 6 libras sin munición y unos 1.200 pares de zapatos, que estaban destinados para el equipamiento de los futuros reclutas. Como detalle más adelante veremos como unos pares de zapatos que los confederados buscaban serían determinantes en esta guerra.

Nathaniel Lyon regresó de inmediato a Jefferson City en los vapores, escoltado por la infantería de línea, para preparar esas operaciones de limpieza en dirección a Kansas, donde pensaba reforzarse con tropas locales y los regulares recientemente llegados a Leavenworth desde las Cinco Naciones. Y para perseguir a los casi de 500 hombres que aún seguían al Gobernador y a Marmaduke, dejó al resto de la expedición, bajo el mando del Capitán Totten. Este fue seguramente su gran error, pues dos días después el, 19 de Junio, las fuerzas de Marmaduke lograron emboscar y contraatacar a la confiada vanguardia unionista dirigida por el Capitán Abel H.W. Cook en el pasaje llamado Camp Cole.

En esta “Batalla de Camp Cole” los rebeldes dirigidas por el Tte. Coronel Walter S. O’Kane causaron una fuerte derrota a la Unión, con 35 muertos, 60 heridos y 25 prisioneros, por sólo 7 muertos y 25 heridos secesionistas. Y así la persecución quedó frenada.

A poco, llegaría para tomar el mando y reanudarla con nuevos ímpetus el ahora Mayor Samuel Davis Sturgis. Pero entre tanto Marmaduke y Jackson habían llegado a las proximidades del río Osage donde, tras verse reforzados por una brigada mandada por James Rains, la burlarían definitivamente el 21 de Junio, cruzándolo y quemando todos los puentes sobre el río en una amplia zona.

Por su parte, Franz Sigel alcanzaría Springfield el 23 de Junio y enterado de que Rains ya no estaba en la región, y Sterling Price tenía su centro de recluta y el grueso de sus fuerzas en torno a Neosho, partió enseguida para allá. No podía sin embargo sorprender al confederado, al poseer Price unidades de caballería, mientras que él no contaba con tropa montada, y los rebeldes pudieron rehuir el enfrentamiento con una rápida evacuación de Neosho, donde Sigel entró el 1 de Julio. (Aunque la retirada supuso descrédito y deserciones en la State Guard).

Aquí, mientras el centro de gravedad de la lucha se desplaza de la ribera del Missouri al Sudoeste del Estado y los Montes Ozarks, dejamos las acciones en Missouri a comienzos del mes de Julio.

Más al Este, en Virginia Occidental, la Convención de Wheeling se había cerrado con el nombramiento de un notable local, Francis H. Pierpont, como “Gobernador unionista” de Virginia. (Sus enemigos, para subrayar como una lacra un posible origen francés del nuevo Gobernador, acostumbraban llamarlo “Pierrepont”).

Había en tanto cierta calma en los combates, pero el 21 de Junio pasaron al fin personalmente el rio Ohio, el General George Brinton McClelland y el Coronel William Starke Rosencrans, junto con una formidable fuerza: los regimientos 8º, 10º, 12º, 13º, 14º, 15º y 17º de Indiana y 3º, 4º, 6º, 10º, 13º, 19º, 23º, 24º, 25º, 27º y 32º de Ohio. Junto con los siete regimientos que habían pasado bajo Thomas Morris y los dos virginianos ya creados, hacían un conjunto bien superior a 20.000 hombres, que indicaba, el deseo de McClelland de aplastar la base rebelde de Beverly.

Mientras, Jacob Dolson Cox, nacido canadiense y miembro y motor de un despacho de abogados de Ohio muy notado por su aportación a las causas abolicionistas, había estado aplicando su gran capacidad organizativa y de trabajo a pergueñar, por encargo de McClelland y Rosencrans, un plan y una composición mínima de fuerzas para la invasión del Valle del Kanawha. Y como ambos militares encontraran satisfactorio el resultado de su trabajo, se encontró nombrado Brigadier de Voluntarios al mando de la Brigada Kanawha y con orden de llevar personalmente a la realización sus propios planes.

Jacob Dolson Cox, USA

Cox, que creía estar haciendo planes para otro, se sobresaltó y trató de rechazar el nombramiento, alegando total ignorancia de los aspectos prácticos del mando operativo. Pero sus protestas serían desoídas y se convirtió en un curiosamente reluctante Brigadier, siempre preocupado por sus responsabilidades, que consultaba frecuentemente con sus subordinados de mayor experiencia y arrastraba consigo, como si se tratara de defender un caso en los tribunales, un baúl de bibliografía militar de consulta. Y pese a lo que muchos esperaban, cuajó en un buen militar.

Más al Este, los zuavos del 11º de Indiana seguían en Romney, donde se libraría una dura escaramuza en un lugar llamado “Patterson’s Creek” o “Kelley’s Island”. Ocurrió que el regimiento disponía de un pelotón montado de reconocimiento, y el 26 de Junio éste topó con fuerzas superiores de caballería enemiga. Una patrulla de 13 jinetes zuavos mandados por un cabo se encontró de frente y de cerca, con unos 40 jinetes. El cabo tuvo el reflejo de tirar de revólver y abrirse paso por el centro del enemigo, lo que la patrulla lograría con sorprendente facilidad. (Aunque no hay que olvidar que, por entonces, los jinetes confederados de Virginia rara vez disponían de revólveres o sables).

Al anochecer, el resto del pelotón se encontró acechado por una sesentena de jinetes enemigos, que casi lo triplicaban en número. Pero el oficial al mando tuvo la buena idea de hacerse fuerte con sus hombres en la Kelley’s Island, una islilla en el arroyo Patterson. Como era de esperar, el enemigo atacó en la oscuridad, confiando en que las sombras impidiesen a los zuavos aprovechar su superior armamento. Más como el hábil oficial había anticipado, las salpicaduras los delataban, y el brillo de las estrellas, duplicado en el agua, daba una oportunidad a sus hombres para disparar a placer mientras el enemigo cruzaba la corriente.

Tras duro forcejeo, a veces al cuerpo a cuerpo, también allí los secesionistas fueron rechazados. Y si los zuavos tuvieron un muerto en la defensa de la isla y bastantes heridos, (el cabo de la patrulla recibió tres balazos sin caer de la silla), al día siguiente se encontrarían 20 rebeldes muertos en Kelley’s Island y el arroyo, y 8 más en el escenario del combate de la patrulla.

Aún más al este, el 1º de Pennsylvania del mando de Robert Patterson salió también triunfante de un choque con la caballería rebelde, en el paraje llamado Edward’s Ferry, el 17 de Junio, contándose 7 confederados muertos por sólo 1 unionista, y un herido. Pero esto ocurría cuando los jinetes confederados no lograban la sorpresa, lo que no era corriente.

En muchas más ocasiones lograron aproximarse sin ser percibidos y capturar un piquete, o tirotear una patrulla, para desaparecer después como fantasmas. El 21 de Junio y tras capturar por sorpresa al piquete que lo protegía, quemaron hasta reducir a cenizas la parte de madera del llamado “Puente de Berlín”, desde el que, a cuatro millas del Harper’s Ferry, una carretera se adentraba desde Virginia a aquélla próxima localidad pennsylvana. Sólo quedaron los pilares de piedra, como monumentos megalíticos del Siglo XIX.

En tanto, Thomas Jackson había evacuado el propio Harper’s Ferry el 14 de Junio, gracias al permiso que Joseph Johnston había arrancado a Richmond, pero Patterson no procedió a guarnecerlo hasta el 23. Y esta curiosa “timidez” a pesar de su superioridad numérica intrigó a Johnston. La fuerza de éste jefe confederado en Winchester se denominaba ya 2º Cuerpo de Ejército o “Ejército del Shenandoah”, mientras que la de Beauregard, río Potomac abajo era conocida como 1er Cuerpo de Ejército o “Ejército del Potomac”. Pero como superior en mando por su grado de Mayor General, (aunque su Cuerpo fuese el más pequeño), Johnston no desdeñaba pergueñar planes para el conjunto de ambos frentes, y creía estar descubriendo algo significativo.

A su derecha, Beauregard había creado una base de operaciones para su tropa en un campo fortificado llamado “Camp Pickens” en honor al Gobernador de South Carolina, y situado junto al apeadero de tren de Manassas Juntion, que le facilitaba el traslado de equipo pesado, munición y suministros. Frente a él los unionistas también habían sembrado de fortificaciones la orilla Sur del Potomac, ante Washington. Tenían así una batería protegiendo el Chain Bridge frente a Georgetown, Fort Runyon junto a la boca Sur del Long Bridge, Fort Corcoran en las Arlington Heights, y cubriendo con sus cañones las carreteras llamadas de Columbia, de Alexandría y del Acueducto, Fort Albany.

Entrada a Fort Corcoran

Pero pese a estos trabajos de fortificación, la acumulación de tropas al Sur del Potomac, la formación de un nuevo mando para ellas bajo McDowell, y otros indicios, señalaban a Johnston que la Unión acabaría lanzando un gran empujón en aquel sector, hacia Camp Pickens, más bien pronto. En cambio la timidez de Patterson, su total falta de caballería y otros signos, le hacían sospechar que éste no sólo no tenía más función que la de cobertura de flanco, sino que sus instrucciones eran probablemente muy restrictivas, y su único objetivo el retener a su 2º Cuerpo.

De ahí Johnston, recordando que por “su” territorio pasaba una línea de tren por la que se podía alcanzar Manassas, empezó a preguntarse si las instrucciones restrictivas de Patterson no permitirían retenerle con una fuerza nominal y fintas durante tres o cuatro días, y mientras trasladar lo más operativo de su Cuerpo a Manassas para, agregándolo al de Beauregard, adquirir suficiente “punch” para derrotar al ejército que atacase Camp Pickens. Se debe dar al confederado por ello el crédito de ser el primer general del mundo en incluir el transporte por ferrocarril en su esquema de operaciones, (lo que tomaría totalmente por sorpresa a sus oponentes en la próxima campaña).

Lo cierto es que había acertado con lo que iban a ser los planes unionistas, aun antes que los mandos de la Unión les diesen forma. El mes había pasado en Washington sin demasiados acontecimientos, con los militares aún reluctantes a adoptar un plan tan obvio como el que Johnston pudo adivinar, pero abocados paulatinamente hacia él por la lógica de la acumulación de fuerzas y la falta de planes alternativos.

La sociedad civil de la capital unionista había comentado la intervención por comisarios federales, el 5 de Junio, de varios cargamentos de armas destinados al Sur, en talleres del entorno de Baltimore y en las industrias Dupont de Delaware. Después su atención fue captada por el ingeniero centroeuropeo Thaddeus Sobiewski Lowe, que había logrado avances en materia de globos aerostáticos de aire caliente, y estaba en Washington, intentando “vender” su producto al Gobierno, con fines militares de observación y vigilancia. Una demostración de uno de sus globos ante las autoridades civiles y militares, el 17 de Junio, acabó por decidir a Lincoln a impulsar el empleo de aquellos artilugios.

Mientras, el frente de la zona se encontraba bastante calmado. Había algún mínimo incidente, pero la naturaleza del paisaje, mucho más abierto que el del Shenandoah, no animaba a las continuas incursiones típicas de aquél. Sólo que, precisamente el 17 de Junio en que Lowe estaba exhibiendo su globo, un Coronel político surcarolino llamado Maxcy Gregg realizó una incursión profunda y audaz con unos cientos de hombres y dos cañones de 6 libras. Llegó a desfilar desafiantemente a la vista de la capital, para desvanecerse en el aire cuando salieron tropas en su busca. Al cual consideraremos el primer raider de la contienda.

Maxcy Gregg, CSA

Pero por desgracia reapareció, cañoneando y atacando cerca de la localidad de Vienna un tren que llegaba al frente con tropas del 1º de Ohio. El convoy descarriló, y los hombres de Gregg tuvieron una momentánea ventaja, que utilizaron unos minutos para luego desaparecer de nuevo, ya de vuelta a sus líneas. Parece que dejaron en el campo seis cadáveres de los suyos, pero la versión oficial de las bajas unionistas es inaceptable por lo baja, (5 muertos y 6 heridos), y hemos de suponer que las bajas de los de Ohio fueron de 50 ó más hombres.

El 1º de Ohio estaba por cierto mandado por Alexander McDowell McCook, bajo las órdenes de Robert C. Schenck. Alexander era un miembro del extraño clan de los McCook de Ohio, cuyo hermano Robert Latimer McCook mandaba el 9º de Ohio del mando de Thomas Morris en la Virginia Occidental.

Ataque de Gregg en las cercanías de Vienna, Virginia

El 26 de Junio, un poderoso factor político se añadió al escenario cuando el afamado diario “New York Tribune”, propiedad del conocido editor director abolicionista Horace Greely, salió a la calle llevando en portada unos enormes titulares que eran un grito de guerra: “¡Forward to Richmond! ¡Forward to Richmond!”, (¡Adelante hacia Richmond! ¡Adelante hacia Richmond!). En la misma portada, les acompañaba un editorial que, también en tono de canción de batalla, exigía que el “Ejército Nacional” avanzara hacia Richmond para impedir que el Congreso rebelde se reuniese para iniciar sus nuevas sesiones en tal ciudad el 20 de Julio, como se había anunciado. La portada iba a repetirse, idéntica, día tras día durante semanas, y su tono visionario y su feroz “Delenda est Cartago” acabaron enloqueciendo al público, que exigía con furia una ofensiva contra la capital confederada ¡ya!

El Ejército hubiese preferido realmente pensárselo mejor, y así celebró el 27 de Junio una primera sesión de una comisión técnica de civiles y militares, creada para estudiar los problemas de la guerra anfibia y presidida por el Capitán de la Marina Samuel Francis Dupont, que planteaba las posibilidades de realizar desembarcos en la costa enemiga. Claramente, tras ella estaba Winfield Scott, presionando para lograr los primeros pasos de su plan de guerra. Pero la presión política creada por Greely impedía limitarse a estos planes a largo plazo.

Reconociéndolo, Lincoln celebró el siguiente día 28 una reunión con asistencia de los Secretarios Simon Cameron y Gideon Welles y los Generales Winfield Scott e Irvin McDowell, obligándoles a encarar sin tapujos el estado de la situación. Los planes de Winfield Scott eran excelentes, pero necesitaban aún para ser iniciados de unas disponibilidades de hombres y medios que no podían lograrse hasta después de la convocatoria extraordinaria de las Cámaras, (que se iniciaba el siguiente 4 de Julio), y requeriría mucho trabajo de organización posterior, por lo que no podrían dar frutos hasta 1862. Y francamente, el ambiente político de la nación, más aún tras la campaña de Greely, no iba a permitir tantos meses de inactividad sin producir una quiebra peligrosa. Incluso la derrota podía ser más fácil de aceptar que la inacción.

Y puesto que había quedado establecida la necesidad de llevar a cabo alguna acción espectacular en 1861, ninguna mejor que la que pedía Greely. A avanzar hacia Richmond aquel mes de Julio. Por supuesto, el objetivo no sería Richmond, sino derrotar a los confederados de Camp Pickens. (Aunque si su derrota era muy sonada ¿quién sabe?). Y para derrotar a Beauregard no habría en todo el año mejor oportunidad de la que se ofrecía aquel mes de Julio.

En efecto, como a los rebeldes les entorpecía el carácter estatalista de su rebelión, y su red de comunicaciones no era tan confluyente, se sabía que las fuerzas unionistas en Washington superaban en mucho a las de Pickens, (en realidad, les superaban en más del doble), cosa que el enemigo iría subsanando. Además, si bien era cierto que los soldados estaban mal instruidos y las unidades mal encuadradas, como se quejaban los militares, ahora a los confederados les pasaba lo mismo, y lo mismo ocurriría a los unionistas en Septiembre, pero no al enemigo, (al haber movilizado los primeros por tres meses y el bando rebelde por un año).

Ante estos razonamientos, el 28 de Julio fue adoptado definitivamente, el plan que Joseph Johnston había adivinado días antes. Johnston había consultado sus esquemas con Richmond, y obtenido un principio de aprobación. Pero, insatisfecho, hubiese deseado tener una oportunidad de probar sus “técnicas de retardamiento” con Patterson.

Y el 2 de Julio, al iniciar Patterson su primer avance por suelo virginiano, tuvo la oportunidad de hacerlo. Con ésa acción se inició el periodo, de principios de Julio hasta mediados de Agosto de 1861, de las acciones militares más violentas del año, y que nos llevará varios capítulos relatar.

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