Capítulo VI: La Unión Comienza A Moverse

La Confederación había hecho ya su primer prisionero. Entendámonos, de hecho habían sido entregados ya en sus manos el Arsenal de Charleston, Fort Smith en Arkansas, y otras guarniciones, por no hablar de todo el mando del Brigadier Twiggs en Texas, o el grueso del Flag Officer Armstrong en Pensacola. Pero, en todos esos casos en el sobreentendido, que se cumplió, de que las tropas serían simplemente enviadas al Norte. El primer prisionero retenido por los confederados fue el Teniente Comandante John Lorimer Worden. 

Tt. Com. John Lorimer Worden, USA

Este oficial de Marina había llegado a Pensacola a comienzos de Abril, presentándose ante el Brigadier Bragg y solicitándole permiso para pasar a Fort Pickens, para cuyo comandante, (Slemmer), traía instrucciones de Whasington. Bragg, quizá creyendo que iban a ser noticias desanimadoras, le dio un salvoconducto, y Worden pasó a Santa Rosa Island, regresó y dándole las gracias, emprendió el viaje de vuelta al Norte. 

Sólo que sus instrucciones eran un código de señales para cuando se produjera el desembarco del Capitán Vodges y en los días siguientes, según se sucedió tal desembarco, la acción de Fort Sumter y el sucesivo desembarco del Coronel Brown, Bragg empezó a sentir que le habían tomado el pelo, y dictó una orden de detención contra Worden. Alcanzado antes de que dejara los Estados Confederados, (que ahora estaban moviendo sus fronteras hacia el Norte), Worden fue encarcelado y, aunque no se podía formular una acusación concreta contra él, permanecería detenido hasta un intercambio de prisioneros que se realizó en Noviembre. 

En tierras lejanas, el fin de Abril quedó marcado, el día 30, por la evacuación por el Ejército Federal de sus puestos en el Territorio de las Cinco Naciones Civilizadas. En tal territorio, que venía a coincidir con el actual Centro y Este de Oklahoma, se había dado nuevas tierras a las cinco mayores tribus indias del Sur: Chocktaw, Chickasaw, Cherokee, Seminole y Creek, llamadas “las naciones civilizadas” por haber adoptado bastantes usos del hombre blanco. 

Había cuatro fuertes en el Territorio. En el Sur y ante loa ahora ocupados por los texanos, Fort Cobb y Fort Holmes, y en el Nordeste, zona de las Agencias Indias, Fort Gibson y Fort Wayne. A éstos últimos se accedía normalmente por Arkansas, por el río Arkansas y las ciudades de Van Buren y Bentonville, y a los del Sur por Texas, partiendo de Dallas a Presión y remontando el Falso Washita. Por ello, las tropas del Territorio estaban virtualmente atrapadas. Pero, no queriendo rendirse, el jefe local Teniente Coronel William Hermsley Emory, del 1º de Caballería, decidió correr un albur. 

Se trataba de seguir a Jesse Chisholm, mestizo de piel-roja y escocés y guía del Ejército, que aseguraba poder conducirlos hacia el Norte, hasta alcanzar el río Missouri en la amistosa Kansas. Así se hizo, y con éxito, de forma que la fuerza evacuada, salida el 30 de Abril de sus bases, alcanzaría el 31 de Mayo Fort Leavenworth, en Kansas. La ruta que siguieron volvería a utilizarse varias veces más en la guerra, y tras ésta se convertiría en una senda ganadera clásica, conocida como “The Chisholm Trail”, con lo que inmortalizó el nombre del guía. 

En Washington, el Presidente Lincoln había debido enfrentarse, mientras la ciudad estaba aislada, a la pequeña crisis producida por la forma inaceptable en que el Secretario Seward había dispuesto del buque de guerra “Powhatan”. Ambos hombres chocaron y Seward, encrespado, trató de dimitir, no por primera vez. Pero, tampoco por primera vez, Lincoln hubo de rechazar su dimisión. Seguía precisando del apoyo de las bases fieles a Seward, y además estaba seguro de que éste, si dejaba de meterse en camisa de once varas y se centraba en su verdadero trabajo, estaba capacitado para hacer un excelente Secretario de Estado. 

En los primeros días de Mayo se produjo al fin una alarma internacional que iba a obligar a Seward a centrarse en su labor de Secretario de Estado, para alivio de todo el mundo. Sucedía que Jefferson Davis había enviado a Europa una especie de misión diplomática, presidida por el inevitable William Lowdes Yancey y dedicada a tantear las cancillerías del viejo continente. Y ya llegada a Londres el 3 de Mayo, se filtró la noticia de que tal misión había sido recibida privadamente por Lord Russell, Primer Ministro del Gobierno Británico. 

Naturalmente, la diplomacia de la Unión se alarmó, y Seward en contacto con el embajador británico en Washington, Lord Lyons, y el nuevo Embajador estadounidense en Londres, que era Charles Francis Adams, en contacto con el Gobierno de Su Majestad, hubieron de hacer en los días siguientes esfuerzos titánicos para evitar que éste último reconociera el estatuto nacional a la Confederación. 

La pugna acabaría el 13 de Mayo en un semiempate. En efecto, en una declaración firmada ese día por la Reina Victoria, los británicos se declararon neutrales y se negaron a reconocer a los Estados Confederados como nación, pero les dieron el estatus de beligerantes. Para ello se basaban en la orden de Lincoln de “bloquear” los puertos sureños, especificando que los puertos en rebelión del propio país se “cierran”, mientras que los de un enemigo externo se “bloquean”. 

Lincoln hubo de soportar, y aun soporta a veces, mucho criticismo por esa “gaffe”. Pero es dudoso que tuviera trascendencia real. Entre la clase dirigente británica había una alta proporción de personajes a los que no les desagradaba ver a la joven República norteamericana en apuros, y el Gobierno Británico tenía  que buscar, (o inventar si no la hubiese encontrado), cualquier disculpa para  imponer la situación que se había sin duda propuesto desde un principio. 

En cuanto a los motivos de esa enemistad de la clase dirigente inglesa, eran varios. De un lado, muchos seguían reprochando a la Unión su deserción del Imperio Británico. De otro, iba perfilándose crecientemente como un rival, peligroso en el futuro, del Imperio. Finalmente y como, desde la proclamación en Francia del Segundo Imperio bajo Napoleón III, era el último país importante que mantenía la forma de gobierno republicana, muchos aristócratas lo consideraban un mal ejemplo. 

No le faltaron tampoco a Lincoln trabajos cuando su capital quedó de nuevo comunicada con la Unión. Así, una de sus últimas instrucciones antes del corte de comunicaciones había sido disponer una acción policial a gran escala en la que, a las 3 de la tarde del 20 de Abril, se irrumpiera en un gran número de estaciones de telégrafo de toda la Unión, embargándose las copias de todos los telegramas expedidos durante los últimos 12 meses, para retener los que presentaran indicios de acciones hostiles a la unidad nacional, o detalles de operaciones de venta de armas a los Estados rebeldes, devolviendo el resto. 

Era un precedente peligroso para el derecho a la intimidad de los ciudadanos, y de muy dudosa constitucionalidad. Y aunque parece que, por una vez, no se dieron abusos, (principalmente por su carácter improvisado y excepcional, y porque, al deberse realizar una labor ingente con muy poco personal y medios, hubo de ceñirse a lo estrictamente señalado), el Gobierno hizo frente a fuertes y bien fundadas críticas. 

Ante tal hostilidad del público, sólo se hizo uso de un puñado de los telegramas embargados: algunos casos puntuales, que permitieron obligar a la dimisión a un par de congresistas meridianamente culpables de colusión con los rebeldes, y la localización de personas sospechosas de actividades anti-Unión, que serían sometidas a vigilancia. Pero el mejor botín para el Gobierno era el poder probar que muchos congresistas sureños ya estaban con la Secesión desde Noviembre y Diciembre, y habían permanecido en sus escaños hasta el fin de sus mandatos, en Marzo, con el propósito exclusivo de entorpecer las reacciones que pudiera tener el Gabite Buchanan, (lo que era Alta Traición pura y dura). 

Es de notar que, sin embargo, el público ya no hubiese necesitado recibir este tipo de inyección de belicosidad. En efecto, el bombardeo de Fort Sumter, y el ataque al 6º de Massachusetts en Baltimore, habían enfurecido enormemente a los norteños, y el ambiente era extremadamente belicoso. Poesías en los periódicos instaban a dar fuego a Charleston y Baltimore, en New England muchos sombreros y solapas florecían de las escarapelas negras que, en tiempo de la rebelión contra los ingleses, significaban “guerra sin cuartel” y, en fin, por todas partes se celebraban actos de afirmación nacional llamados “Union Meetings”. 

Quizá el más importante y famoso de estos “Union Meetings” fue el que se celebró en New York City, tan pronto como el 20 de Abril. Tuvo oradores de la enjundia del famoso alcalde neoyorquino Fernando Wood que, repentinamente travestido en gran patriota, lanzó un discurso anti-Sur incendiario. También el ex-Senador por Mississippi Robert J. Walker habló, destripando las presuntas alegaciones legales de los sureños desde la autoridad que le daban muchos años de representar los intereses del Sur. Y las indudables estrellas fueron Edward Dickinson Baker y Ormsby MacKnight Mitchell, dos hombres que ya se habían presentado voluntarios para tomar las armas por la Unión. 

Cor. Edward D. Baker, USA

Baker, residente habitual en California y nacido inglés, estaba considerado un político republicano de California honrado, (lo que a decir de muchos, era cosa poco común), y era un hombre rico y entusiasta, que ofrecía una perspectiva próxima a los puntos de vista europeos. Mitchell, astrónomo de cierto nombre y director de un observatorio, recordó a la multitud con voz emocionada que él era vástago de una familia pobre e inculta, y sólo a través de la enseñanza pública, y de las ayudas que el Ejército ofrecía a sus hombres, había llegado a ser primer oficial de Ingenieros y luego astrónomo. ¡Y sin embargo, esa enseñanza pública y el Ejército eran algunas de las instituciones que los secesionistas abominaban! Los dos fueron muy aplaudidos, y quizá sea justo que gozaran de tal éxito, pues antes de 18 meses iban a morir en la defensa de las ideas que aquella noche propugnaron.

BG Ormsby M. Mitchell, USA

El 3 de Mayo se adoptaron en la Unión gran cantidad de decisiones de tipo militar. De un lado, el Capitán Alvin Pendergrast fue nombrado Flag Officer de la pequeña fuerza que había de ir visitando los puertos confederados para anunciar a sus habitantes y los neutrales su bloqueo. De otro se crearon nuevos Departamentos Militares en el Ejército de Tierra. El de Missouri se encomendó al Brigadier William Harney, y el de Washington a Joseph King Fenno Mansfield. (Ambos se encontraban entre los escasos oficiales generales del Ejército de preguerra que aún podían cabalgar). Y se dio dos despachos de Brigadier de Voluntarios a John Charles Fremont y George Brinton McClelland. 

El de Fremont fue cosa obligada por la actitud de los fanáticos votantes de California y Oregón del nuevo Brigadier, que hubieran devorado vivo a Lincoln si no lo concedía. No tuvo sin embargo consecuencias de momento, porque Fremont partía para Europa a realizar una serie de consultas y contactos con políticos europeos. El de McClelland llevaba en cambio aparejado el mando del nuevo Departamento de Ohio. 

BG George B. McClellan, USA

McClellan, que aún no había cumplido 35 años, había sido años atrás el ojito derecho del General Winfield Scott en el Estado Mayor. Así, como Capitán de dicha institución, había cumplido todas las misiones más delicadas y confidenciales en la primera mitad de la década de 1850, para ser enviado después como observador oficial estadounidense a la Guerra de Crimea. Y el informe que rindió sobre ésta aún era considerado un clásico de trabajos de Estado Mayor, y estudiado como una Biblia en el Ejército federal, como vaticinio de las futuras tendencias de la guerra. Pero, como ni todo esto le ganaba el ascenso a Mayor, McClelland acabó por cansarse y dejar el Ejército en 1857. 

Y es que el muchacho tenía cosas que hacer fuera del Ejército. De hecho, su fortuna personal entraba decididamente en el dominio de lo obsceno y pasó los siguientes años cuidando de sus negocios y haciendo de ejecutivo de unos ferrocarriles de los que a menudo era también el principal accionista. Ahora, había hasta cuatro excelentes razones para darle el despacho de Brigadier y el mando del Distrito: 

1. Que como conocido demócrata, su ascenso disipaba la aureola de nepotismo que podía haber causado el de Fremont.

2. Que era, aparentemente, un hombre no falto de calificación para él.

3. Que, siendo propietario de algunas de las pocas plantaciones explotadas con trabajo esclavo que había en el Oeste de Virginia, estaba especialmente bien relacionado en tal territorio, que iba a ser el campo de acción del Departamento de Ohio.

4. Que estaba dispuesto a gastar a manos llenas su propio dinero en poner rápidamente a punto las milicias de Ohio, a las que un Coronel Henry B. Carrington había mejorado notablemente pocos años atrás, con lo que podrían entrar en acción deprisa y con eficacia. Y este argumento sí que era totalmente definitivo. 

El mismo 3 de Mayo, Winfield Scott expuso su plan para derrotar a la Confederación. Se trataba de aislarla con la flota, y con desembarcos en su costa, y a la vez partirla en dos  con un importante ejército que avanzaría descendiendo el gran río Mississippi, para poder utilizar éste como arteria logística de su aprovisionamiento. Era probablemente la solución más lógica y económica desde un punto de vista militar, y estaba estratégicamente bien pergueñada. Pero Lincoln no se decidió a adoptar plenamente y desde el principio un plan que requería el uso de fuerzas muy voluminosas, y prometía una guerra de no menos de dos años. 

Y, el mismo día aún, Lincoln anunció un gran paquete de medidas de guerra casi todas militares, que supusieron de tacto la declaración definitiva de las hostilidades a una Confederación a la que no se le podían declarar formalmente,  por no darle una especie de reconocimiento oficial como nación. 

La mayoría eran medidas puramente militares, anunciándose que, con cargo a presupuestos a ser votados en la próxima sesión del Congreso, adelantada al mes de Julio en convocatoria extraordinaria, el Gobierno iba a obtener crédito para reforzar el Ejército y la Marina hasta alcanzar las siguientes fuerzas: 

EJERCITO 

Reclutamiento por tres años de 42.000 hombres, con los que se completaría y reforzaría las unidades, creando nuevas hasta alinear: 

            19        Regimientos de Infantería (numerados del 1º al 19º) (1)

            5          Regimientos de Artillería (numerados del 1º al 5º)      (2)

            6          Regimientos de Caballería (numerados del 1º al 6º)   (3) 

(1) El 11º, solicitado ya por Buchanan en Enero, y los 12º al 19º, iniciados ahora, eran nuevos. 

(2) El 5º había sido solicitado por Buchanan en Enero. 

(3) La Caballería era reorganizada y estandarizada, desapareciendo los colores de Arma Naranja (de los Dragones), y Verde (de los Fusileros). Ahora todos los Regimientos lucirían el Amarillo de la Caballería, y cambiaban las denominaciones, siendo: 

            1º de Dragones el nuevo 1º de Caballería.

            2° de Dragones el nuevo 2° de Caballería.

            1º de Fusileros el nuevo 3º de Caballería.

            1° de Caballería el nuevo 4° de Caballería.

            2° de Caballería el nuevo 5° de Caballería

            3º de Caballería el nuevo 6º de Caballería. (Regimiento solicitado por Buchanan  en Enero, pero que sólo ahora se creaba efectivamente) 

MARINA 

Reclutamiento por tres años de 18.000 hombres con los que se completarían fuerzas y tripulaciones. Y adquisición de nuevos buques por dos sistemas complementarios: 

            1-. Inmediato encargo para la fabricación de 8 nuevos sloopps de hélice. 

            2-. Compra en el mercado civil de 20 vapores para ser armados y equipados como cañoneros y    sloops auxiliares. 

Finalmente, el paquete incluía una medida jurídica bastante polémica: la suspensión del derecho de “Habeas Corpus” al amparo del Artículo 1º, Sección IX-2 de la Constitución, que le permite si “en caso de rebelión o invasión, la seguridad pública lo pueda requerir”. (El problema era que tal permiso no había sido aún invocado nunca). 

Dos días después, el 5 de Mayo, Benjamín Butler fue puesto al frente de un nuevo Departamento, el de Annapolis, con la misión de mantener despejadas las comunicaciones con el Distrito de Columbia. Considerando que esto incluía la pacificación de Maryland, preparó de inmediato una acción en tal sentido, sin esperar al gran barrido que Scott estaba preparando para realizarlo con la concentración que se iba creando en Washington bajo el Brigadier Mansfield. 

Butler se hizo entregar el 6º de Massachusetts del Coronel Jones, que sabía estaba rabiando por volver a recorrer Baltimore  en una forma más digna que el 19 de Abril, lo reforzó con una batería y alguna compañía del 8º, y se puso en marcha el 12 de Mayo desde Relay House, que había sido abandonado por las milicias ante sus hombres días antes. 

Fintó primero un avance sobre el Harper’s Ferry, que confundió a la milicia y le permitió capturar un curioso ingenio que un grupo de secesionistas de Maryland, que intentaban alcanzar el Ferry con él para llevarlo a los secesionistas virginianos que lo abandonaron ante la aproximación de su vanguardia. Se trataba de un producto del inventor Charles S. Dickinson de Maryland llamado “cañón de vapor Winans”, (¿una forma primitiva de autopropulsado?). Que el Ejército unionista consideraría sin interés e iría a acabar sus días en un museo. 

 

Cañón a vapor Winans

Después giró inesperadamente al Este, regresó a marchas forzadas y el 15 de Mayo, entre una tupida lluvia, se presentó ante Baltimore y emplazó sus cañones contra ella, anunciando su ocupación. El Alcalde Brown, que aunque moderado era secesionista, trató de avergonzarle por ocupar una ciudad pacífica, pero olvidaba que trataba con un leguleyo. Sin inmutarse, pero riéndose de él en sus barbas, Butler le pudo responder que, por el contrario, se trataba de una ciudad presa de anárquicos amotinados, y que acudía a salvarla por haber oído informes de que el motín iba a recrudecerse al día siguiente. 

Y Brown se tuvo que callar. Desde luego, hacía mucho que la atmósfera de motín había cesado, poco después de que, el 20 y 21 de Abril, los agentes así como los extremistas, enviados por los secesionistas desde todas partes del Estado, se habían dispersado, volviendo a su vida normal. Pero para justificar los movimientos de la milicia, se había mantenido la ficción de que el motín continuaba. En principio, esta farsa sólo iba a durar hasta que el Acta de Secesión fuera aprobada en Annapolis, pero la aparición de la brigada del propio Butler allá dio al traste con tal esperanza, y al fin el motín llevaba oficialmente durando 26 días, (pese a que las cosas estaban en realidad tan en calma, que el propio Alcalde lo había olvidado).

De hecho, no mucho antes de la llegada de Butler el 27º Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania, no deseando prolongar su viaje por mar hasta Annapolis, había tenido la osadía de desembarcar en Baltimore y cruzarla para salir hacia Washington. No mucha gente se había amontonado a su paso, e incluso habían oído algunos vítores. ¡En realidad había bastantes unionistas en Baltimore! 

En cuanto se corrió la noticia de la ocupación de Baltimore, la milicia de Maryland se desintegró, dividiéndose en pequeños grupos, que en su mayoría lograron infiltrarse a través de la tenue barrera del 8º de Massachusetts, disperso a lo largo de la línea de ferrocarril, e ir a embarcarse para Virginia en los pequeños puertos de la costa Sur de Maryland. Y con ellos huyó buena parte de las gentes más implicadas en la intentona secesionista, incluyendo buena cantidad de terratenientes y grandes burgueses del Estado. 

Ahora, el “tímido” Gobernador Hicks pudo al fin hacerse con la situación, y a los pocos días anunciaría la creación de los primeros cuatro Regimientos de milicia unionista de Maryland. Sin embargo, y aunque casi todos los cañones utilizados por los secesionistas habían sido capturados, (no eran cosa que uno pudiera llevarse metida en el bolsillo mientras jugaba al escondite con el 8º de Massachusetts en el ferrocarril), muy pocos de sus hombres lo fueron. Y Scott, furioso con Butler por haberle “pisado” su campaña, quería aprovecharlo para tomar medidas disciplinarias contra él. 

Butler nunca fue un genio de la guerra, y sus operaciones fueron a menudo excesivamente tímidas y algo torpes. Además tampoco el físico le beneficiaba, siendo un hombre de cuarenta años que aparentaba bastantes más, más bien gordo, con bigote y grandes bolsas bajo los ojos que daban un aspecto abotargado a su rostro, y dotado de una considerable calvicie que trataba de balancear sin mucho éxito, dejándose la melena bastante larga por detrás de las orejas. 

Habiendo llegado a ser además quizá el más conocido de los generales-políticos de la guerra, mucha literatura histórico-militar yankee ha tendido a tratar de convertirle en la caricatura del militar-político inepto, para compararlo con una versión idealizada en exceso del militar-profesional. En realidad y aun admitiendo sus defectos, no carecía de virtudes. Así, solía saber llevarse muy bien con sus subordinados, tenía ocasionales y brillantes relámpagos de originalidad y, sobre todo, poseía un “olfato” para la situación estratégica y política muy superior al de la mayoría de los profesionales. 

BG B.F Butler en zapatillas

En esta ocasión, ese olfato suyo había funcionado muy satisfactoriamente. En primer lugar, se había dado cuenta de que el secesionismo era mucho menos poderoso en Maryland de lo que pretendía hacer creer y, tras los reveses más bien morales sufridos, estaba “maduro” para caer ante el empleo de la más mínima fuerza, sin acudir a un gran ejército como el que con gran gasto de tiempo y despilfarro de dinero estaba acumulando el Teniente General Scott. 

En segundo lugar había percibido, mejor incluso que Scott, que la situación de Washington, para la que el puerto y ferrocarril de Annapolis, ambos de escasa capacidad, constituían un “tubo de oxígeno” algo angosto, no era saludable y paradójicamente empeoraba cuantas más tropas se acumularan alli. Y que la campaña que preparaba Scott iba a distraer durante demasiado tiempo la mayor concentración de tropa de la Unión en una simple limpieza de flanco, que se podía hacer con mayor rapidez y sin utilizarla. Tenía razón, como se vio en los días siguientes, cuando la brigada surcarolina de Bonham, reforzada por milicias y nuevas unidades de virginianos, comenzó a tomar posiciones en la orilla Sur del Potomac, frente a la capital. 

Lincoln lo comprendió así, y lo que hizo fue alejarlo del General Scott, enviándolo a tomar el mando de la nueva fuerza que se estaba concentrando en Fort Monroe con un ascenso a Mayor General de Voluntarios. (A la vez recibieron el mismo ascenso McClelland, cuya organización estaba creciendo rápidamente, y Fremont, para que los republicanos sectarios no protestaran que se hubiese dado aquel grado a dos demócratas y a ningún miembro de su Partido). 

Entretanto, los unionistas también se habían puesto en marcha en Missouri, donde los rebeldes del Brigadier Frost no parecían tener prisa por iniciar su acción sobre el Arsenal de Saint Louis. Probablemente esperaban la llegada del Brigadier Harney, que era un missouriano de buena familia, y al que sin duda esperaban poder instrumentalizar para facilitarse aún más las cosas. (A juzgar por el comportamiento posterior de Harney, es muy posible que lo hubiesen logrado, y su elección se demuestra como un error claro del Mando unionista). 

Pero, precisamente por ello Nathaniel Lyon había decidido ponerse en acción antes de la llegada de su superior. A un llamamiento suyo, el grueso de las fuerzas de la Home Guard se puso en marcha concentrándose sobre Saint Louis. Y el que, pese a que el movimiento envolvió el desplazar miles de hombres, los secesionistas permanecieran totalmente ignorantes de él prueba algo. Prueba que, si bien podían contar con cierta proporción de la ciudadanía de Saint Louis y, como en Baltimore, había llevado a la ciudad partidarios suyos desde otras zonas del Estado, no tenían un solo seguidor entre los campesinos de los alrededores. 

El 9 de Mayo, la concentración se había realizado, y los secesionistas seguían ignorándola. El Alcalde Thompson había en tanto prohibido que la guarnición del Arsenal saliera de éste, pero no podía impedir que Lyon se diese cada tarde un largo paseo a caballo, del que a menudo regresaba después de anochecido. Y cuando esa noche no se le vio regresar de su paseo cotidiano, se supuso que aparecería después de cerrada la noche. Pero en realidad había acudido al encuentro de la Home Guard. 

Esta había reunido ya sus Regimientos 1º, 3°, 4° y 5º de Infantería de la “Home Guard” que a poco comenzarían a ser denominados “de la Reserva de Missouri”, y el primero eficiente de una nueva organización de cuño más ofensivo, el 3º de Voluntarios de Missouri. Entre los cinco sumaban cerca de 4.500 hombres, aunque el último y menos instruido, el 5º de la Reserva, estaba seguramente incompleto. 

Parece que ésta última unidad no llegó a tiempo a la concentración, pero el hecho es que, en la mañana del 10 de Mayo, las Jackson Barracks se vieron al amanecer rodeadas por el resto del contingente que, con las armas preparadas para disparar, exigió de Frost la rendición del campamento. Sobre el papel, el secesionista quizá disponía de más de mil hombres, pero la mitad larga eran de Saint Louis, tenían conocidos allí o simplemente frecuentaban sus burdeles, pernoctando en la ciudad. Y, como estuviese totalmente rodeado, y en tal inferioridad que la resistencia hubiese sido vana, el Brigadier Frost hubo de capitular, con los menos de 640 hombres que tenía consigo. 

Los hombres de Lyon registraron el campamento, encontrando variado botín que incluía más de 10.000 mosquetes. Lógicamente eso suponía que casi todo el cargamento robado en el vapor del Capitán Stokes estaba allí, y demostraba a posterior que la mitad de los “espontáneos ciudadanos  amotinados” que lo habían asaltado eran hombres de Frost, y el grueso de la otra mitad, colaboradores suyos que se hacían pasar por ciudadanos y forasteros de paso.  Finalmente, Lyon puso como condición para liberar a sus prisioneros el que prestaran el juramento de fidelidad a la Constitución que era obligatorio para las milicias legalmente constituidas, (y se suponía habrían debido pronunciar al ser reclutados). 

Como se negaron a ello, decidió retenerlos, e inició su traslado a Saint Louis dejando al 5º de la Reserva, (que como recordaremos había llegado tarde a la acción), para vigilar las Jackson Barracks y a los últimos prisioneros que realizaban ciertas tareas para su clausura en ellas. Fue un error de cálculo, pues no pensó que, si había vencido militarmente, su acción era juridicamente muy dudosa, y los rebeldes podían llamar la atención sobre ello, y crearle grandes complicaciones políticas, desencadenando ahora el motín que obviamente habían planeado. 

La ocasión era ideal, pues la ciudad hervía aún de agentes enviados para organizar y “dar cuerpo” al amotinamiento, ahora reforzados con los hombres de Frost a los que el pernoctar en la ciudad había salvado de la captura. Además, la entrada de tropa aún desconocida, rodeando a un grupo tan grande de prisioneros, debía naturalmente despertar los recelos hacia la primera, y la compasión hacia los segundos, en la ciudadanía inocente, colocándola en una situación propicia a ser instrumentalizada. Y apenas entrados los unionistas y sus prisioneros en la ciudad, las provocaciones se iniciaron según el esquema que tanto éxito había logrado en Baltimore: gritos, insultos, consignas, piedras, etc. 

A los primeros tiros, se dio orden de responder al fuego. Por desgracia, había muchos curiosos en torno a los amotinados y además, al proceder la tropa a desplegarse ordenadamente, apuntar y disparar, se dio tiempo a que aquéllos se confundieran entre la multitud. El resultado fue que la primera descarga cogió de lleno las filas de los curiosos, derribando incluso cierta cantidad de mujeres y niños. Y aunque en las sucesivas se procedió con más cuidado, el daño estaba hecho. Al fin, cuatro soldados unionistas y no menos de 27 civiles resultaron muertos, y los heridos fueron numerosos por ambos bandos. 

Al final, los prisioneros fueron encarcelados y los prometidos fusiles rayados repartidos entre los Home Guards, pero el ambiente de triunfo de la mañana se había disipado, y lo cierto es que Lyon estuvo cerca de perder los frutos de su logro por aquella sangrienta chapuza. Por fortuna para él, los secesionistas quisieron remachar su labor, repitiendo la acción al día siguiente, 11 de Mayo, cuando el 5º de la Reserva, dejando cerradas las Barracks, entró en Saint Louis con los últimos prisioneros, deseoso de recibir sus fusiles rayados. 

De inmediato, los provocadores se cebaron en ellos, y a poco, al caer un muchacho alemán muerto de un tiro, (se trataba de una unidad alemana), se respondió con una descarga. Pero, paradójicamente, lo que salvó la situación fue que, como hemos dicho, eran una unidad casi sin instruir, y en su impericia dispararon al instante y en tal desorden que cuatro de los seis muertos que produjeron eran de sus propias filas. (Y, desde luego, las balas que no pararon ellos mismos fueron a los aún próximos provocadores). 

Y su torpeza y las bajas en sus propias filas abrieron de golpe los ojos a los espectadores ciudadanos, que esta vez se mantenían a una distancia más prudente y, de lejos, habían visto cómo eran acosados con mayor claridad. Los ciudadanos de Saint Louis vieron ahora que no se trataba de sádicos extranjeros que vinieran a torturar a los chicos de Missouri, sino de pobres tipos muertos de miedo, que intentaban cumplir con lo que consideraban su deber. De pronto, hasta la matanza de la víspera se hizo más comprensible, y la forma en que los secesionistas habían usado a los ciudadanos como escudo pareció clara. Y pese a los sangrientos horrores de la víspera, Saint Louis se volvió en buena parte contra los secesionistas que la tuvieron que ir abandonando. Hasta el conflictivo Alcalde Thompson acabaría por desaparecer un buen día. 

Sin embargo, todo ello corrió una vez más peligro con la llegada del Brigadier Harney. No parece en realidad que fuese un traidor, sino sólo lo que castizamente se denominaría un “pijo de buena familia”, al que le costaba concebir una situación en la que los pijos de buena familia eran los rebeldes, y los que probablemente veía como arribistas de clase media confabulados con extranjeros, representaban la Ley y el Orden. Llegó lleno de asunciones, seguro de que la Home Guard había actuado arbitrariamente, y asegurando que él no emplearía otra fuerza armada que el Ejército Federal. Al parecer olvidaba que, en Missouri, éste estaba reducido a 80 hombres, a los que por cierto una ordenanza municipal» dictada por uno de sus amigos, prohibía salir armados a la calle. 

BG Nathaniel Lyon, USA

Lyon se limitó a llevarle a ver la Jackson Barracks, y a interrogar a los prisioneros hechos en ellas. Así, Harney pudo enterarse de que las dos calles del campamento se denominaban Davis y Beauregard, que la bandera que se  izaba en su mástil era la de Montgomery, que los himnos que tocaba su banda eran “Dixie” y “Bonnie Blue Flag”, (que iba a disputar al primero el corazón de las tropas confederadas), y que los prisioneros habían sido detenidos por ser una fuerza armada que se negaba a jurar acatamiento a la Constitución. 

Aún no se había repuesto Harney de su sorpresa cuando en la capital estatal, Jefferson City, y no sin extorsión, (las calles estaban llenas de State Guards y se había impedido el acceso a muchos delegados unionistas), el Gobernador Claiborne Jackson hizo votar, si no un Acta de Secesión, sí una “Military Bill” que le daba poderes discrecionales sobre las milicias. En el acto revirtió a ellas todo el presupuesto estatal anual que quedaba, y reglamentó que el único juramento que prestarían iba a ser uno de fidelidad a su persona. 

Esto era tan obviamente ilegal que hasta William Harney hubo de protestar por ello. Pero, al ser visitado en Saint Louis el 20 de Mayo por el Mayor General de la Milicia Sterling Price, se dejó convencer por él, al calor de la camaradería de clase y acabó declarando que no realizaría ningún movimiento militar en el Estado. Se trataba de una estupidez suicida. Lyon protestó airado y él y Blair telegrafiaron a Washington sus objeciones. Lincoln y el Secretario de Guerra, Simon Cameron, trataron de disuadir a Harney del camino que estaba tomando y, ante su tozudez, telegrafiarían el 30 de Mayo su destitución fulminante, acompañada de un despacho que ascendía a Brigadier de Voluntarios a Nathaniel Lyon, y le daba provisionalmente el mando de Harney. Este no tendría ningún mando más en toda la guerra, de manera que, llegado el 11 de Mayo, su participación en ésta duró exactamente 19 días. 

La Unión también había comenzado a moverse en el mar, donde los primeros vapores de los que Lincoln habló el día 3 fueron adquiridos ya el 7. Se trataba de los “Reliance” y “Resolute”, dos pequeños pero sólidos remolcadores gemelos de hélice, de 90 Tn, que tras ser armados se emplearían en las aguas angostas de la Chesapeake Bay. Otro de los primeros vapores adquiridos sería el “Union” que, como mencionamos en un capítulo anterior, capturaría al aspirante a corsario enemigo “Hallie Jackson” aquel mismo mes. (Lo que se debió a que, en la intención de emplearlo principalmente como buque de apoyo logístico, la U.S. Navy sólo le había reformado mínimamente, dándole armamento muy ligero, por lo que alcanzó estado operativo en pocos días). 

Otros vapores adquiridos aquel mes, como el “Thomas Freeborn”, vaporcito de ruedas laterales de 269 Tn, el “Albatross” de hélice de 378 Tn, “Monticello” de 655 Tn, “Mount Vernon” de 625 Tn, o “South Carolina” de 1.165 Tn, recibirían refuerzos en sus cubiertas para poder cargar cañones más pesados, y otras reformas más complicadas, tardando  hasta semanas en alcanzar la operatividad. 

Es de señalar que, simultáneamente, otros vapores pasaban bajo el control de la Marina al adquirir ésta los contratos de chart por lo qué estaban sirviendo al Ejército. En la mayoría de éstos casos, como en los de los ya citados anteriormente “Alabama” y “Keystone State”, los buques siguieron sirviendo como transportes, y bajo las tripulaciones proporcionadas por sus armadores, hasta su adquisición durante el Verano. Pero se dieron casos excepcionales como el del vapor de hélice de 765 Tn “Massachusetts”, cuya propiedad no parece que fuera definitivamente adquirida por la U.S. Navy hasta 1862, y que sin embargo fue inmediatamente reformado, armado con 4 piezas de 8 pulgadas y un 32 libras de caza, y enviado al Golfo de Mexico con tripulación militar. 

El mismo 9 de Mayo hizo sus primeros disparos un buque unionista. Se trataba del remolcador “Yankee”, como se recordará prácticamente secuestrado por el Capitán Pendergrast en el Gosport Navy Yard, y al que en Fort Monroe se le había “reclutado”, armándole con dos piezas de 32 libras. Era un gran remolcador de ruedas, de 328 Tn, sólido, rápido y de poco calado, y se le usaba para examinar el estado de las baterías defensivas que los virginianos estaban instalando en las costas de Hampton Roads, Y en ello estaba aquel día, cuando la batería instalada en Gloucester Point abrió fuego contra él, llevándole a replicar con sus cañones. La acción fue sin embargo breve y sin consecuencias. 

Una segunda acción naval, menos casual, se llevó a cabo los 18 y 19 de Mayo por el vapor unionista “Monticello”, de 655 Tn, y el rearmado y ya citado remolcador “Reliance”, que bombardearon las baterías enemigas de Sewell’s Point bajo el mando de los Tenientes D. L. Braine y Jared Mygatt respectivamente, siendo el primero el jefe de la formación. Los artilleros virginianos, pertenecientes al mando de milicia del Brigadier Walter Gwynn, y a la zona de costa asignada al Capitán de Marina confederado Peyton Colquitt, respondieron al fuego, y la acción de tanteo no causó mucho daño en buques y baterías, aunque sí resultó en diez heridos entre ambos bandos. 

Por su parte, el “Anacostia”, como recordaremos bajo el mando del Teniente Comandante Thomas Scott Fillebrown, pasó prácticamente todo el mes subiendo y bajando el firth del Potomac, unas veces realizando escoltas, y otras simplemente registrando la orilla, y la topografía de la zona. Su misión era vigilar la posible creación por el enemigo de fortificaciones de batería dedicadas a entorpecer la navegación por el firth, de un lado, y de otro el levantamiento de nuevos y más exactos planos de éste, que si con sus numerosos bajíos nunca había sido fácil para la navegación, ahora lo era menos, al haber retirado los rebeldes “todas las boyas y señalizaciones de ayuda de la orilla virginiana. 

Algunos oficiales del Estado Mayor Naval, como el Teniente Comandante Thomas H. Phelps, le ayudaron en esto último. Pero, aunque reforzada con 20 marines, su tripulación estaba incompleta, y muy escasa de especialistas y oficiales, de forma que, en uno de sus informes, Fillebrown se quejaba de tenerlo que hacer todo personalmente, y no haber podido acostarse en cinco días. Y pese a sus esfuerzos, fue el “Mount Vernon”, otro de los vapores adquiridos últimamente por  la Marina, el que le señaló la posición de una fortificación de batería en el paraje de Aquia Creek desagradablemente cercano al Distrito de Columbia. 

Comprobado dicho informe, Fillebrown lo pasó a Washington, donde sin embargo Lincoln y Welles no se atrevieron a emprender una acción tan radical como el bombardeo de las obras, (situadas en suelo aún civil virginiano), hasta que la Secesión de Virginia no fuera confirmada en referéndum. Hacia el 20 de Mayo, el “Anacostia” comenzó a verse menos solitario, al alcanzar estado operativo en el firth el remolcador “Resolute” y el vapor “Thomas Freeborn”. Se dibujaba así el esqueleto de una futura Flotilla del Potomac, que el Capitán Gustavus Vaasa Fox, ascendido entretanto a Subsecretario de Marina y Jefe del Estado Mayor Naval, creó a los pocos días, bajo el mando del Comandante James Harmon Ward y teniendo el citado “Freeborn” como buque insignia. 

Otras dos decisiones tomadas aquel mes por el Secretario de Marina Welles, fueron el 9, trasladar la Academia naval de Annapolis, situada desagradablemente cerca del frente, al hermoso puerto de Newport, en Rhode Island, para el que la “Constitution” zarpó de inmediato, y el 16 enviar al Comandante John Rodgers a Saint Louis, donde debía dar apoyo, consejo y dirección al mando de tierra local, para la creación de una flotilla de cañoneras para el Mississippi y otros ríos. 

Por su parte, el Gobierno rebelde de Montgomery había dado en tanto nacimiento a la Marina Confederada, que durante los meses próximos iría incorporándose las marinas locales creadas por los Estados secesionistas. (Con una excepción: Texas, que siempre hace las cosas en una forma diferente, había creado su organización naval, el Texas Marine Department, no como una Marina del Estado, sino como una rama naval de sus Milicias. Y como las milicias estatales eran intocables en la Confederación, nunca podría ser absorbido). 

“Jack” de la CSNavy 1861-63

Por otra parte, una larga conferencia celebrada el día 10 entre Jefferson Davis y su Secretario de Marina, Stephen Mallory, permitió a éste dejar bien establecido su criterio de que el Sur, navalmente débil, no podría contener a las fuerzas navales unionistas sin apostar fuerte por la novedad que suponían los buques blindados, (de los que sólo se habían puesto hasta la fecha en servicio el “Lion”, en Gran Bretaña, y el “Gloire” en Francia). A este respecto, tenía ambiciosos planes, que el Presidente Davis aprobó. 

Asimismo, Mallory opinaba que la navegación unionista sólo podía ser molestada mediante el corso, y que a tal respecto sería extraordinariamente útil el empleo de grandes corsarios gubernamentales, que podían ser cómodamente construidos, equipados y en buena parte tripulados en Inglaterra. A tal efecto, se decidió enviar con esa misión a Inglaterra al Capitán James Dunwoody Bulloch, y pedir su asistencia a un viejo héroe naval que a menudo residía en Europa: Matthew Fontaine Maury, mutilado a causa de un accidente, pero poseedor de cierto prestigio en los círculos científicos americanos y europeos. 

 

“Gloire”, primer ironclad oceánico

Por otra parte, la Confederación había, según lo previsto, “crecido” aquel mes de Mayo. El 6, en que el Congreso Provisional Confederado había dictado una “War Bill” por la que se declaraba oficialmente en estado de guerra con la Unión, Arkansas aprobó su Acta de Secesión, uniéndose definitivamente al bloque rebelde. Y al día siguiente fue el turno de Tennesee aunque, como en el caso de Virginia, con la decisión supeditada al resultado de un referéndum que había de realizarse el 8 de Junio. Finalmente, el 20 de Mayo llegó la aprobación del Acta de North Carolina, el mismo día que el Legislativo de Kentucky, impulsado por un prudente Beriah Magoffin, declaraba su Estado oficialmente neutral en el conflicto que se estaba iniciando. 

Benjamin F. Cheatham, CSA

El Gobernador de Tennessee, Isham G. Harris, y sus consejeros militares, temían sin embargo las consecuencias que el Acta podía tener en el Este de su Estado, (en la región de Knoxville). Tales consejeros, que casi de inmediato iban a recibir sendos despachos de Brigadier del Ejército Provisional Confederado, eran Felix Kirk Zollicoffer, un fire-eater de origen virginiano y bastante joven, que ostentaba el grado de Mayor General de la Milicia, y Benjamin Franklin Cheatham, de más edad, que lo había poseído anteriormente y era mucho más popular entre la fuerza. 

Felix K. Zollicoffer, CSA

Zollicoffer había estado tratando de “pacificar” la zona problemática con su milicia aun antes de que se aprobara el Acta, deteniendo a varios prounionistas conocidos de Knoxville, incluido el predicador y agente político William Gannaway Brownlow, pero esto no parecía haber producido más efecto que el de enfurecer aún más a los antisecesionistas. El mismo día 7, la noticia de la aprobación del Acta había dado lugar a un violento motín en Knoxville, produciéndose un choque entre milicia y manifestantes en que había resultado muerto uno de estos últimos. 

Y lo más inquietante era que algunos prounionistas destacados habían desaparecido de sus domicilios, y existían indicios de que grupos prounionistas estaban acumulando armas, obviamente con las más aviesas intenciones. Se decidió crear un centro antiguerrilla en la misma Knoxville, que el propio Zollicoffer dirigiría bajo el disfraz de un centro de instrucción dedicado a adaptar a las milicias a los estándares del Ejército Provisional. (Pues Tennessee deseaba ocultar en lo posible a ojos extraños sus divisiones internas). Al fin, cuando se celebró el referéndum en Junio, iban a cumplirse todos los pronósticos. De un lado, la Secesión sería aprobada mayoritariamente en el conjunto del Estado, pero la opción saldría derrotada, por doble número de votos, pese a las presiones que se habían ejercido, en los condados del Este. De otro, se advertiría de inmediato la presencia de milicias unionistas, mandadas por los Coroneles electos Joseph A. Cooper y Samuel P. Carter en las zonas rurales. Para Zollicoffer debió ser un alivio tener ya dispuestas para salir en su persecución dos columnas de represalia, mandadas por los Coroneles William Henry Carroll y Humphrey Marshall. 

Los indicios eran igualmente ominosos en la región de Virginia al Oeste de los montes Alleghany, que compartía muchas cosas, geográfica y culturalmente, con el Este de Tennessee. Allí, para preocupación del Gobernador Letcher y del Alto Mando, los llamamientos de voluntarios para la milicia y el Ejército Provisional estaban encontrando un alarmante vacío. Y el Condado de Wheeling, situado en el extremo Norte, en un espolón de tierra que se adelanta entre Ohio y Pennsylvania y donde los prounionistas se sentían a salvo, era un hervidero de conspiración. 

El propio Alcalde de la ciudad de Wheeling, Andrew Sweeny, se había declarado en rebelión contra Richmond desde el primer momento. Así, al telegrafiarle el 17 de Abril el Gobernador Letcher, dándole orden de apoderarse de los edificios de la administración federal en su municipio, ha respondido enviándole por telégrafo su adhesión a los Estados Unidos de América y al Presidente Lincoln. Antes de fin de mes, propietarios venidos de distintas zonas de la región se reunían en Wheeling a conspirar, evaluando sus posibilidades de crear un Estado secesionado de Virginia, que se adhiriese a la Unión. Y abiertamente, un Coronel Benjamin Franklin Kelley estaba reclutando un regimiento de Voluntarios unionistas, luego conocido como “1º de West Virginia”. 

Benjamin F. Kelley, USA

Era este tipo de problemas los que molestaban en Mayo a los confederados, cuyo Congreso Provisional había aprobado el día 16 un acuerdo que permitía ampliar el Ejército Provisional a 400.000 voluntarios, para cerrar su ronda de sesiones el 21, acordando el paso de la capitalidad de la Confederación de Montgomery (Alabama), a Richmond, como se le había prometido a Virginia antes de que se sublevara. Así, el Gobierno Provisional saldría hacia Virginia de inmediato y las Cámaras confederadas se reunirían en esta ciudad cuando se reanudaran sus sesiones.

En la propia Virginia, la organización militar avanzaba en forma un tanto despareja. Así, ya en 1 de Mayo se había hecho pasar al Harper’s Ferry uno de los primeros regimientos del Ejército Provisional, que sustituyó allí a las brigadas de milicia de Carson y Meem, las cuales retrocedieron sobre Winchester, con el fin de reorganizarse y licenciar allí parte de sus efectivos. En cambio, en la orilla Sur del Potomac ante Washington, la desorganización fue absoluta hasta la segunda mitad del mes, en que comenzó a llegar la brigada surcarolina de Milledge Bonham y las fuerzas virginianas designadas para apoyarla. Y aún continuó después ya que, si bien sumaban cerca de 8.000 hombres bajo el mando superior de Bonham, ni siquiera se habían emplazado aún cañones apuntando a la capital. (Y ello pese a que el Brigadier Robert E Lee, que las conocía bien, ¡eran suyas!, había proporcionado un mapa detallado de emplazamientos en las estratégicas colinas de Arlington). 

La zona de Aquia Creek estaba a las órdenes del ya no joven Coronel norcarolino Theophilus Hunter Holmes, al frente de algunas tropas venidas de su Estado, y reforzadas con milicias huidas de Maryland, a las que mandaba nuestro viejo conocido Issac Ridgeway Trimble. 

Sin embargo, casi todo era aún muy improvisado, y probablemente los virginianos no se dieron cuenta que seguramente estaban cometiendo un error cuando, para poder recibir dignamente la llegada del Gobierno Confederado, celebraron apresuradamente el referéndum que corroboraba su Secesión el 23 de Mayo.

Lo cierto es que, con ese gesto, borraron el último escrúpulo legal del Gobierno de Lincoln para poner sus tropas en movimiento, y durante los siguientes días iba a verse a las tropas unionistas iniciar, aún con las vacilaciones propias de unidades bisoñas, sus primeras acciones realmente ofensivas. 

En Washington el mando del Brigadier Mansfield, que contaba ya con casi 13.000 hombres, perfectamente pertrechados y equipados ahora que la recuperación de Maryland había permitido poner en uso toda la red ferroviaria de tiempo de paz, había decidido tomar los arrabales de la orilla Sur del Potomac, frente al Distrito Federal, y ante todo hacerse con el control de las colinas de Arlington, privando al enemigo de los excelentes puestos de observación y emplazamientos de artillería contra la capital que ofrecían, y obligándole a alejarse una distancia prudencial de Washington. Para ello se iba a emplear una brigada formada “ad hoc” y mandada por el Coronel Samuel Peter Heintzelman, hombre barbudo, activo y un poco prematuramente canoso, que había mandado años atrás la guarnición de Fort Yuma, entre Arizona y California. 

BG Joseph K.F Mansfield, USA

Alineaba cinco regimientos, cuatro de ellos de New York, con un total de más de 4.000 hombres, y estaría apoyado en el río por la primera misión de la nueva Flotilla del Potomac, aunque incompleta. (El “Anacostia” estaba ausente, dando escolta a un carguero). Y la acción estaba programada para el amanecer del 24 de Mayo. 

En Fort Monroe, en la orilla Norte de las Hampton Roads, (y la costa Sur de la Península de Yorktown), Ben Butler encontraba que la vieja fortificación, si bien amplia, (tenía capacidad holgada para 4.000 defensores), comenzaba a quedarse pequeña ante las fuerzas allí acumuladas, que ya habían comenzado a instalarse en tiendas de campaña en las angostas franjas de playa frente al islote en que se encontraba. Convenía por tanto formar una cabeza de playa de dimensiones aceptables. Y la ocasión resultaba favorable para ello pues, pese a que se habían acumulado en los últimos días más de 8.000 hombres en la fortaleza Monroe, el mando virginiano no había reaccionado aún, y seguía guarneciendo la península tan sólo una brigadilla de tropas de Virginia y North Carolina, mandada por el Coronel virginiano John  Bankhead Magruder. 

Butler, que no había alcanzado aquel escenario hasta el 22, y tampoco era un hombre rápido redactando órdenes, sólo podría avanzar el 25 con unos 4.000 hombres bajo el Brigadier de Milicia Ebenezer Pierce. El objetivo de la operación era ocupar la cercana pequeña ciudad de Hampton, que daba nombre a las Hampton’s Roads, y el más lejano puerto pesquero de Newport News, y la zona entre ambos. Tratándose de un territorio que vivía prácticamente hacia y para el mar, y cuyas comunicaciones con tierra adentro no eran muy satisfactorias, se esperaba así que resultara después fácil de defender. 

Por otra parte, y como en el Oeste de Virginia el Gobierno de Richmond estaba al fin poco a poco levantando milicias e imponiendo su ley, era el momento de intervenir en aquel territorio. George B. McClelland, posiblemente impulsado por su jefe de Estado Mayor, otro capitán retirado y ahora Coronel de Voluntarios llamado William Starke Rosencrans, estaba preparando la creación de una amplia “zona libre” con centro en Wheeling, para lo que cruzarían el Ohio en pocos días seis regimientos, con unos 5.000 hombres, mandados por el Coronel Thomas A. Morris.

Y también se preparaban acciones en el mar, donde la U.S. Navy iba a ser reorganizada con vistas a emprender el bloqueo con seriedad, y por supuesto, en el firth del Potomac, el Comandante Ward se disponía a emprender una acción en fuerza contra Aquia Creek. 

Dejamos así este capítulo con el Norte, que tras las acciones de Butler en Maryland y Lyon en Missouri comenzaba al fin a pisar con pié firme, preparando su primer movimiento general ofensivo, aunque éste fuese aún de objetivos limitados.

 

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